66Please respect copyright.PENANACYBGlviceg
El hotel duerme, y yo me pierdo en la rutina mecánica de siempre: platos que chocan, agua tibia, jabón que se me queda en las manos como un guante invisible. La radio suena, pero ni las canciones de turno consiguen tapar el tedio. Falta un día, solo uno, y Sofía volverá. Me repito eso como un mantra, aunque el cansancio ya me pesa más que las bandejas.
—¿Siempre trabajas tan seria o es para impresionar al público invisible?
El vaso casi se me cae. Levanto la vista y, en el marco de la puerta, aparece ella. Sofía. Con el pelo algo despeinado del viaje, una camiseta sencilla, la maleta pequeña a un lado y esa sonrisa suya que no necesita permiso para entrar.
-¿Sofía? —mi voz me traiciona, mezcla de sorpresa y alivio. —En carne y hueso. —Cruza los brazos, divertida—. ¿Y esa cara? ¿No piensas darme la bienvenida o prefieres que me vaya a recepción?66Please respect copyright.PENANAOug7lFCpU8
No pienso nada, solo actúo. Dejo el plato en el fregadero y camino hacia ella a zancadas. El abrazo llega como un golpe, como si lo hubiera estado conteniendo toda la semana. La aplasto contra mí y ella suelta una risa sofocada.
—Vaya, vaya… —susurra contra mi oído—. ¿Quién diría que la mujer de hielo tenía brazos de koala? —Cállate. —Pero no la suelta. Aprieto más, escondiendo la cara en su cuello, como si con eso pudiera disimular todo lo que me quitó su ausencia. —Aida, me vas a dejar sin aire —se burla, aunque yo siento cómo sus manos se clavan en mi espalda para mantenerme igual de cerca. —Pues aguantate. —El murmullo me sale bajo, casi en su piel—. Ya sabes que cuando me da por abrazar… no suelto. —Mentira. —Su tono cambia, ahora con picardía—. A las demás las sueltas rapidito. Conmigo es distinto.66Please respect copyright.PENANA9LEVwkPAsj
66Please respect copyright.PENANAicNWONKFec
66Please respect copyright.PENANAzjZ3Wn6QaJ
66Please respect copyright.PENANAG3VkkXqcO3
Me aparto lo justo para mirarla con media sonrisa torcida. —¿A las demás? ¿De qué hablan los demás? —Vamos, Aída. —Se encoge de hombros, pero en sus ojos brilla el reto—. Seguro este hotel está lleno de gente que suspira por ti.66Please respect copyright.PENANAEQecgdKpg8
66Please respect copyright.PENANAMJjnOIwigl
Suelto una carcajada, volviendo un poco al fregadero para terminar indiferencia. —Claro, Sofía. Entre fregar ollas y doblar servilletas, soy un peligro para cualquiera. Ella se acerca más, hasta casi rozarme el brazo. —Te lo digo en serio. Cuando suenas, eres peligroso.66Please respect copyright.PENANAM7FL6KwTCj
66Please respect copyright.PENANAwSzjmSSyGW
66Please respect copyright.PENANADU9JqUhHol
El silencio que sigue lo dice todo. Quiero agarrarme al jabón, al ruido del agua, a cualquier cosa que me distraiga, pero su mano roza mi muñeca y me corta el escape. —No me ignora —dice bajito.66Please respect copyright.PENANAgQmRfrxLQN
Respiro hondo. No contesto, porque temo que se me escape algo más fuerte de lo que debería. Y ella lo nota. Lo nota demasiado.
—Sabes ¿qué es lo peor? —rompe la tensión con una sonrisa—. Que contigo aquí, hasta fregar platos me parece planozo. Me río, empujándola con el hombro, aunque no me separo. —Definitivamente, el viaje te dejó más rara. — ¿Rara o encantadora?66Please respect copyright.PENANA74ePGq4Za9
66Please respect copyright.PENANAqPN9PjeJkD
66Please respect copyright.PENANAjPl0JvVm94
Trago saliva. Mejor no contesto. Ella me guiña un ojo, como si lo supiera todo.66Please respect copyright.PENANAWGMKZ7l0hY
No sé qué cara pongo, pero Sofía lo lee al instante. Me toma de la mano con total naturalidad y sentencia: —Vamos, la cocina no es lugar para un reencuentro. Tengo cervezas en la mochila.66Please respect copyright.PENANAAwodsC97wQ
El silencio que sigue no es incómodo. Es electrico. Como el de la cocina, pero ahora bajo un cielo abierto, con la ciudad como cómplice. Nos quedamos así, hombro contra hombro, riendo, bajito, bebiendo despacio, como si ninguna tuviera prisa en romper este instante que huele a reencuentro y peligro.
La azotea parece otra con Sofía al lado. El aire fresco ya no molesta, la noche no se siente tan larga. Nos sentamos en el suelo, espalda contra la pared, con dos cervezas sudadas en la mano.
—Te lo digo en serio, Aida —empieza Sofía, mirándome con media sonrisa—, no sé cómo sobrevives aquí sin mí. —Pues mira, fregando platos como una campeona. —Lo que decía: un drama.66Please respect copyright.PENANAqAif6PvlOH
66Please respect copyright.PENANAg8Zs9xiOKW
Le pego un empujón con el codo, y ella me lo devuelve más fuerte. La cerveza casi se me cae, y Sofía se ríe a carcajadas. —Vas a provocar una catástrofe —le digo, intentando mantener la seriedad. —Ya la provoqué viniendo. —Me lanza una mirada de esas que se quedan flotando.66Please respect copyright.PENANAKgjFHqJ7VA
66Please respect copyright.PENANA6MY4R8lcWz
Trago saliva, pero finjo que no me afecta. —Sí, la catástrofe de aguantar tus tonterías otra vez. —Anda, reconoce que me echaste de menos. —Ni de broma. —Ah, ¿no? —Se inclina hacia mí, retadora—. Pues yo sí. Mucho.66Please respect copyright.PENANAUVDbd6Kb81
66Please respect copyright.PENANAZlB9rohymW
66Please respect copyright.PENANACxu4KzvO6h
66Please respect copyright.PENANAl1opjzyxnq
Me pilla desprevenida. Lo dice sonriendo, con ese tono de broma que siempre usa, pero en sus ojos hay algo más, algo que me desarma. ¿Y si va en serio? ¿Y si todo este tiempo la he echado de menos más de lo que quiero admitir? Yo intento responder al juego. —Claro, claro… seguro que lo dices para que me levante a por otra cerveza. -No. —Baja un poco la voz, y por un instante parece que se olvida de reír—. Lo digo porque es verdad.66Please respect copyright.PENANA0bDqzr1oJK
66Please respect copyright.PENANAZc0FbhX1Gm
El silencio me golpea fuerte. No sé qué contestar. Mejor no decir nada. Me obligo a apartar la mirada ya dar un trago largo, como si la cerveza pudiera salvarme del nudo en la garganta.
Sofía se ríe otra vez, rompiendo la tensión como si nada. —Mira que eres rara, ¿eh? Para ser tan fría, me has abrazado como si quisiera escaparme. —Y deberías estar agradecida. —Consigo sonreír, devolviéndole el vacil—. No todo el mundo recibe abrazos míos. —Sí, sí. Yo soy la excepción. —Levanta la botella en un brindis improvisado—. La excepción favorita.66Please respect copyright.PENANAz7ikJal6wF
66Please respect copyright.PENANAaYcTK2AFXV
66Please respect copyright.PENANA43PKYjBk62
Chocamos las botellas y brindamos. El aire nocturno se llena de risas otra vez, pero esa frase, ese “yo sí te eché de menos”, se queda flotando entre nosotras, aunque las dos fingimos que no pesa.
Recibo la llamada a media tarde. La voz al otro lado de la línea está pausada, casi tímida. Es la mujer de Marcos… sí, ese Marcos, el científico que hace posible lo imposible: que viaje en el tiempo. Gracias a él conozco a Silvia.
Qué ironía. Silvia, que se ha convertido en una de mis mayores torturas, es en su momento la razón por la que me lanzó a desafiar las leyes del tiempo. Al principio, todo entre nosotras es luz. Hay algo tan sincero, tan profundamente humano en la forma en que me mira…
Pero las cosas cambian. Ella cambia.
Lo que más me duele no es el silencio, ni siquiera la distancia, sino esa forma suya de actuar como si nada hubiera pasado. Como si no recordara —o no quisiera recordar— que fui yo quien viajó en el tiempo por ella. Que cada paso, cada decisión, fue una batalla para recuperarla.
Y ahora, es como si todo ese esfuerzo, todo ese amor, hubieran sido solo una ilusión mía. Como si yo fuera una extraña en su historia.
Las tornas cambian, sí. Ya no soy la que persigue, la que sueña, la que espera. Ahora solo me queda preguntarme si vale la pena. Y lo peor de todo es que ya sé la respuesta.
—¿Aída? —dice la voz al otro lado, temblorosa.
Tardo un segundo en reconocerla. Hace meses que no hablamos. Meses desde que todo cambia. —¿Clara? —pregunto, aunque ya lo sé. El tono, esa mezcla de dulzura forzada y cansancio, es inconfundible.66Please respect copyright.PENANAnPzp9BFkrg
Hay un silencio breve, y luego viene el golpe. —Marcos ha muerto.66Please respect copyright.PENANAQWBZUZVSpD
El corazón me da un vuelco, como si el pasado se desmoronara de golpe. Marcos… ese loco brillante que me enseña a desafiar el tiempo, que cree en mí incluso cuando yo no lo hago. —Lo siento mucho… —es lo único que consigo decir.66Please respect copyright.PENANAxlt6yCpmFT
—Murió tranquilo. En casa. Pero antes de irme, me dejó algo para ti. Me pidió que te lo entregara personalmente. Dijo que sabrías qué hacer.
Frunzo el ceño. — ¿Qué cosa?
-Hacer. Los planos, las notas, los cálculos. Las piezas clave también. Incluso dejaron grabaciones explicando los fallos de la primera versión. Está todo en una caja con tu nombre. Me lo hizo prometer: "Solo dáselo a ella. Solo Aida sabrá cuándo es el momento adecuado".
El aire se me escapa. Marcos me deja su legado. No solo la posibilidad de reconstruir la máquina… sino también la responsabilidad. —¿Por qué ahora? —pregunto casi en un susurro.66Please respect copyright.PENANALDyPxynynG
—Porque él sabía que volvería a necesitarla. Porque, según él, aún no ha terminado tu historia.
Mi historia. O tal vez… la de Silvia.
Un nudo se me instala en el estómago. Todo lo que intento olvidar, todo lo que quiero dejar atrás, está de nuevo frente a mí, latiendo como una herida abierta.
¿Volvería? ¿Otra vez al tiempo? ¿Otra vez a ella?
No lo sé. Solo sé que la máquina puede ser reconstruida. Y que, por más que intente huir del pasado, el pasado parece empeñado en no soltarme a mí.
Cuelgo la llamada y me quedo mirando la nada durante largos minutos. El nombre de Marcos sigue flotando en el aire, pero lo que realmente se enciende dentro de mí es otra cosa. Una idea.
Una idea loca. Peligrosa. Tentadora. ¿Qué pasaría si reconstruyera la máquina?
Y no solo eso… ¿y si viajo de nuevo, esta vez con un plan más claro? ¿Y si regreso justo al momento exacto donde desapareció de la vida de Silvia? Podría reparar todo. Cambia el curso de nuestra historia antes de que se tuerza.
Tal vez incluso… quedarme allí. Vivir en ese tiempo. Construir una vida desde entonces. Matar más de un pájaro de un tiro.
La diferencia de edad entre nosotras, que siempre ha sido una sombra en la relación, dejaría de existir. Y su boda… esa maldita boda con otro que me parte el alma en mil pedazos… nunca ocurriría si vuelvo a tiempo.
El corazón me tarde con fuerza, pero mi mente, por una vez, intenta poner orden. Cojo una libreta vieja, la misma donde antes anoto cálculos y fechas, y empiezo a escribir:
PROS — Recuperar a Silvia antes de que todo se rompa — Evitar su matrimonio con otro — Borrar la diferencia de edad — Reconstruir la relación desde la estabilidad — Cumplir lo que Marcos creía que debía hacer66Please respect copyright.PENANAHczOkFT9Go
66Please respect copyright.PENANAA3Vw84K9OU
66Please respect copyright.PENANAibpVyQoMf8
66Please respect copyright.PENANAS6xHlufNct
66Please respect copyright.PENANAV93FMfV1LD
CONTRAS — Volver a mentir, volver a ocultarme — Interferir de nuevo con el tiempo (¿y si algo sale peor?) — Abandonar mi presente66Please respect copyright.PENANA0qUw5c1kug
66Please respect copyright.PENANA7ph436NFjY
66Please respect copyright.PENANAzHtvkxFyPP
Y ahí aparece su nombre. Sofía.
Sofía, con su sonrisa torcida, con esa forma de mirarme como si realmente me viera. Esa chica que, sin buscarlo, se me ha metido en la piel. Que me hace reír sin esfuerzo, que se cuela en mis pensamientos cuando menos lo espero.
Y, lo peor… que me hace dudar.
Dudar de lo que siento por Silvia. Dudar de si realmente quiero volver atrás… o si solo tengo miedo de avanzar.66Please respect copyright.PENANAaogaiYawxJ
Apoye la cabeza entre las manos. El conflicto me arde por dentro. ¿Y si ya no es amor lo que me ata a Silvia, sino culpa? ¿Y si lo que siento por Sofía es más real que todo lo que él construyó viajando en el tiempo?
No tengo respuestas. Solo la posibilidad. Y la tentación.
ns216.73.216.64da2


