Reafirmaron su agarre en cuento su padre se mostró ante ellos.
Sutej, un necher cuya identidad animal era indescifrable. Alto, atlético y de aspecto de adulto treintañero. Sus orejas eran negras y largas, al igual que su cola que parecía un látigo con una punta partida en dos. Pero lo que más destacaba de su aspecto, y ocasionaba horror, el escarlata de sus ojos y cabellos cortos y desalineados. Vestía una bata a medio poner de color roja y negro, que al igual que Heqet, se notaba que fue puesta de emergencia.
La necher rana miro a ambos extremos buscando a donde escapar. Retrocedió al muro sin quitar su vista del impacto visual que estaban teniendo padre e hijos. Y al cerciorarse que se olvidaron de su existencia, huyo. Su padre los miro uno a uno, analizando con cierta borrachera la comparativa entre sus dos hijos. Se froto el rostro y soltó un suspiro.
—Me pase de copas—se dijo a si mismo con molestia y frustración—. O eso espero ¡porque sería un maldito error haber enviado a Sobek, Baba y Mehyt a buscarte en Kush! —declaro enfadado despejándose sus mechones de los ojos.
Ni Anpu, ni Input esperaban esa revelación. Los nechers cazadores que atacaron Buhen y los persiguieron a Anpu y los demás, estaban buscando el rastro de Input en primer lugar. En cambio, ella, no tenía ni idea de que su ausencia desato una misión de alto rango, ni que por esa causa Hor y los otros nechers fueron descubiertos.
Y acababa de mencionar a Sobek. Anpu ya había atestiguado la presencia de Baba y Mehyt, pero desconocía que ellos estarían bajo órdenes de otro necher, y no cualquiera, uno tan peligroso y casi imparable como Sobek. Bien pudo enviar solo a Sobek y la misión seria igual de letal. Lo de Baba si era una estupidez, siendo un Sanguinario psicópata. Mehyt, ella era un elemento funcional, solo si Anhur y sus sobrinos no estuvieran atravesados en su deber.
Tenia de volver a Kush. Hor y los demás estaban a punto de acabar en algún malentendido político si no sabían que Input regreso a Kemet. Anpu se aferro mas a la mano de Input, con intención de usar su don. No llego a invocar nada por causa de una rápida contención de su cuerpo hecha por Input. Le invirtió el agarre y atrapo sus manos con las palmas adentro, por su espalda. Inmovilizado, ella saco las vendas que Anpu le regalo antes y lo amarro antes que reaccionara.
—¡¿Qué haces?! —exigió una explicación Anpu. Input lo pateo en las rodillas y el cayó sobre estas—. Input—trato de verla sobre su hombro, incrédulo.
Input estaba firme, sujetándolo de las manos y mirando al frente tal soldado ante su líder. Sus lobos se posaron a los lados de Anpu, inclinados ante Sutej con reverencia. Anpu negaba en su cabeza lo que estaba pasando ¿era esta, la venganza de ella por haberla enviado al Duat? ¿compensaría esto todo lo que ella vago sin él?
Su padre mostro algo de impresión. Los efectos del alcohol no le permitían visualizar la presa que le ofrecían. Tuvo Input que explicárselo.
—Padre—hablo ella con respecto, en un tono que evocaba reconocimiento—, hui de tu presencia para traerte lo que ninguno de tus cazadores logro—miro de reojo a Anpu—. El paradero de tu “inepto heredero”, y la ubicación de Hor.
Sutej perdió la ebriedad apenas escucho el nombre de su sobrino. Enfoco su mirada en Anpu, detallando cada especto de el como si viera algo inferior e inservible. Dio unos pasos a ellos, acechantes como los de un depredador alerta. Input trago seco. Su padre freno delante de ambos. Ambos dejaron de respirar ante su cercanía.
Para Anpu, tener nuevamente cerca a su padre, le generaba náuseas y horror. El mismo pavor que le dejo de niño, era el mismo que sentía ahora de grande. Sutej lucia más deplorable que antes, más ojeroso, mas miserable. No estaba a la altura del gran líder militar que sus pinturas presumían. Este era un Sutej caído en la perdición y deshonor.
Este, fijo su vista sobre su hija, y le dejo caer una cachetada que resonó por los pasillos.
—¡Input! —grito Anpu preocupado.
La cabeza de ella giro con el azote, pero ella se mantuvo firme en su posición. Mostrando la completa sumisión que todo soldado recibía cuando fracasaba. No emitió ninguna queja, ni manifestó algún gesto.
—¿Me hiciste cometer una estupidez por traerme este inútil? —reclamo entre dientes su padre—. Dices que sabes donde esta Hor ¿y en lugar de traerme al maldito mocoso, me traes la escoria que yo deseche hace mucho? ¡¿Qué hare con el?! ¡¿Eh?!
Input acomodo su cabeza, cabizbaja.
—Si me permites explicarte—pidió ella intimidada.
—¡¿Qué me vas a explicar?! —bramo su padre—. Pensaba que por lo menos me servirías como elemento entre mis filas, ya que no eres candidata a la corona ni para Madona. Pero me acabas de demostrar que eres igual de traicionera que tu madre.
—¿Por qué dices eso? —cuestionó atreviéndose a mirarlo de frente—. E estado a tu lado…
—¡Me dejaste para irte en cuanto tuviste oportunidad! —interrumpió—. Y no es casualidad que fueras a dar con tu dual, lo buscaste porque querías estar con alguien que te hiciera sentir “completa”. No volviste porque desearas, lo hiciste porque descubriste que no te convenia estar lejos de mi y lo trajiste a el para tener algo que te diera seguridad de tu superioridad… ¿o me equivoco?
Anpu volvió su mirada a ella. Tenia los ojos abiertos y húmedos, igual que su madre cuando luchaba por no llorar. Aquella no era la Input osada que en su niñez fue capaz de tratar de apuñalar a su padre por defenderlos, era una copia de su madre cuando se sentía impotente de luchar por miedo.
—Tu silencio me basta—dijo Sutej y les dio la espalda sin ningún cuidado—. No se como llegaron los dos aquí sin que me avisaran otros, pero tampoco permitiré que regresen con los demás.
Los lobos de Input se estremecieron al sentir un cambio en el aire desde le fondo del pasillo. Sutej se alejaba confiado de que su invocación los mantendría a raya. Una figura oscura y grande se levanto de entre las sombras como si despertara de su sueño. Obstruyo el paso completo, y amenazo con gruñidos.
Para los nechers era un Aj-Sa inconfundible, pero para los recién creados de Input, era una anomalía. Tan indescifrable como el animal que simbolizaba Sutej, era una bestia negra con un hocicó y extremidades alargadas y delgadas, orejas semi rectangulares, ojos escarlatas y cola de látigo similar a su dueño. Un intento de darle lógica, seria decir que era un hibrido entre perro, burro y oso hormiguero, por no mencionar otras que también podrían encajar.
—Sha—llamo Sutej a su Aj-Sa—. Escóltalos, ahora no me siento en condiciones para lidiar con ellos—ordeno sobándose la cabeza adolorida por la prematura resaca.
Sha dio unos pasos a los nechers. Los lobos esperaron una indicación de su dueña, y no solo ellos, Anpu tampoco sabia que hacer. Aprovecho que Input aflojo su agarre sobre el para zafarse y forcejear las vendas que limitaban sus manos.
De la nada, Input hizo un chasquido con la lengua y sus lobos captaron sus órdenes como si siempre supieran que significaba esa señal. Se lanzaron corriendo hacia Sha, y a medida que lo hacían, crecían en tamaño. Sha se detuvo en pose defensiva a tiempo cuando los lobos internaron morderlo en las patas. Y mientras los Aj-Sa se enfrentaban, Input saco al fin las dos dagas que estuvo ocultando en el bolso. Las mismas “colmillos rabiosos” que envidio en la forja de Sokar. Corrió hacia su padre sin que Anpu pudiera alcanzar a detenerla, con ambas armas listas para apuñalarlo por la espalda.
Sutej no estaba en sus mejores sentidos, y ella lo conocía tan bien que sabia que estaba en una fase emocional que lo vulnerabilísaba. Era un delito dañarlo, y estaba dispuesta a recibir el castigo por matar al desgraciado que se hacia llamar su tutor. Con tal, que fue el quien le enseño todo lo que estaba a punto de poner en práctica.
Envistió, pero los cuchillos no atinaron. Sutej la evadió girando de lado, rozando espalda contra espalda.
—¿En serio creíste que bajaría la guardia ante un soldado? —le confeso su padre.
Acto seguido, acabo la vuelta detrás de ella y con su cola la sujeto de las piernas para que cayera sobre ella misma. Input se estrelló de frente contra el piso, empuñando las dagas para no soltarlas.
—Reconozco esas armas—menciono Sutej—. Le pertenecieron a una loba que pereció durante la guerra—movió su cola para arrastrar a Input, luego la alzo con fuerza para estallarla contra el muro—. Fue terrible, me toco ver como un demonio de categoría diez la devoraba—volvió a alzar a Input, esta vez en el aire e impactar contra el suelo otra vez—. Una lástima, ya que era una guerrera de respecto—. Input, furiosa, lanzo una daga en dirección a su padre. Este lo esquivo, errando un poco, costándole un corte en la mejilla. Sutej se llevo una mano para comprobar que estaba sangrando, miro el líquido y sonrió apático—. Intenta hacerme un corte con armas hechas de tus huesos—la jalo nuevamente con cola hasta bajo de él. Teniéndola a sus pies, la piso—…si es que lo logras.
En la otra batalla, Sha tenia atrapado entre sus fauces a uno de los lobos, chillando de dolor. El otro estaba bajo una de sus patas, incapaz de moverse o intentar defenderse. Input se encendió de coraje y lanzo otra apuñalada sobre la pierna de su padre. Solo que, este la freno a tiempo en el aire, sujetándola de la muñeca. Intercambiaron miradas llenas de recelo e ira.
—Eres un infeliz—le dijo Input sin titubear.
Sin embargo, Sutej no se inmuto. Esas palabras eran tan parte de él, que decírselas sobraban.
—Y tú, una… ¡AG! —grito paralizado con la vista en blanco.
Sutej se arqueo de espaldas, sufriendo una convulsión. Input lo observo sin enterder que le pasaba. Su padre aflojo inconscientemente sus agarres en reacción por querer centrar sus fuerzas en mantenerse estable. Perdió el equilibrio, y cayo de lado, junto a su hija. Input se apartó gateando de reversa, librándose de sus agarres y tomando distancia.
Alzo su murada. Anpu estaba parado justo en donde estuvo su padre, con una mano suspendida en el aire, a la altura de la cabeza de Sutej. Su mano estaba desnuda, y estaba tan impresionado como ella. Volvió a ver a su padre desmayado.
—¿Qué hiciste? —pregunto ella.
Anpu parpadeó y meneo su mano frente a su cara.
—Otra cosa que me prohibieron hacer con los vivos. Pero no salió tan mal como otras veces—dijo esto ultimo sin estar convencido.
—¡Anpu, detrás de ti!
El Aj-Sa de Sutej, apenas vio lo que Anpu le hacía, clavo sus colmillos y garras en los lobos, y los boto para ir al rescate de su amo. Input tomo de la mano vendada a Anpu y lo jalo dentro la habitación. Cada uno tomo una puerta y las cerraron con candado antes que los alcanzara. Sha gruño a la puerta cerrada, y desvío su atención a Sutej. Froto su cabeza contra la suya, después, con su hocicó flexible como elefante, lo paso por sus cabellos delicadamente. El necher soltó una pequeña exhalación en respuesta, antes de comenzar a mover un dedo.
Dentro la habitación. Los jóvenes seguían pegados de espaldas a la puerta con el pulso a mil por hora. Input se dejo caer sentada sin indicios de soltar la daga. Anpu la imito y miro a todos lados.
La habitación estaba impregnada de vino y sudor. La cama desarreglada y varios objetos tirados, daban la impresión de que su padre no tuvo una noche tranquila. Cortinas y sabanas rojas, con mueblería dorada y negra, tallados con aspectos de la misma creatura que representaba Sutej. Era un espacio enorme, digno para ser el cuarto real.
Anpu se alzo y dio unos pasos delante. Ya no preguntaría si podía o no hacer aquello. De todas formas, el Gran Visir ya estaba enterado que rompió la regla una vez. Dos veces saldría sobrando. Invoco una puerta doble al Duat, que llevaría directo a la fortaleza. Input alzo la mirada, observando la seriedad con la que Anpu la abría. Del otro lado estaba una sala que identifico en la fortaleza.
Ella se acercó justo al momento que él estaba por decirle algo, cuando de pronto, una descarga eléctrica viajo por el suelo y trepo en ellos. Ambos abrieron los ojos asustados por el presagió. Esa fue leve, pero la segunda fue una descarga de alto voltaje que ilumino toda la habitación.
Cesando la corriente, ambos cayeron al suelo debilitados. Sha rugió contra la puerta y la abrió con una envestida. Sutej se encontraba de pie, apoyado en una pata de su Aj-Sa mientras se sobaba la nuca. No estaba del todo bien, y haber usado su Heka de tormenta retraso su revitalización. Miro a sus hijos adoloridos por su ataque y no pudo evitar sentir coraje por los sensibles que eran ante algo tan débil que apenas tuvo fuerzas de realizar. Sin embargo, la puerta abierta capto rápidamente su atención. Sus pies flaquearon y su rostro se pasmo como si hubiera visto un fantasma.
Los chicos contemplaron su cambio radical. Siguieron su mirada al otro lado de la puerta del Duat. Igual de tieso que él, pero con una expresión seria y cierto desagrado, estaba Asir parado. Seguía vestido en su túnica cerrada.
—Asir—rompió el silencio Sutej, incrédulo—. Es imposible… ¿Cómo es que pudiste recuperar tu Dyet? Fuieste despedazado con metal de Necher ¡No tendrías que estar entero!
Input, con sus pocas fuerzas, lucho por separarse del piso. Miro a su padre, y luego a su tío. Quiso suponer que, por el ataque, sus sentidos fallaban, porque le pareció escuchar algo curioso que jamás le habían mencionado antes ¿de que estaba hablando su padre?
Asir entrecerró los ojos y apretó la parte donde su túnica se cerraba.
—Así es—afirmo Asir, enfadado—. Porque tu me partiste—confeso y se arrebata la túnica.
Input abrió los ojos igual de impactada que su padre. El cuerpo de Asir era un rompecabezas trazado por trece cicatrices, que deban a estar dividido por catorce partes. Era algo insólito un cuerpo así en un necher. Tan dañado y sin gracia. Se le vino a su mente la charla de ayer con Anpu:
“Un día, me propuse investigar la forma de rearmar un Dyet dañado por armas de huesos. Anhelaba llevar al límite mis investigaciones y rebasar a mi maestra. Desgraciadamente, no tenía con quien confirmar mis teorías. Los nechers experimentados evitan usar esas armas entre ellos y luego Sokar se robó la mayoría tras la caída del Bajo Kemet.
Entonces—Anpu miro al horizonte divertido—, se me presento la oportunidad. Un cuerpo de necher completamente dañado por un arma de huesos. Estaba cortado en catorce trozos y sus piezas estaban desgastadas. Eran un caso perdido para cualquiera...pero una esperanza para mí.”
¿Qué significaba todo eso? Conocía la historia que todo el mundo. La de que su padre, el rey del Alto Kemet, se deshizo de su tío, el rey del Bajo Kemet, para obtener el reino entero. Se divulgó por milenios el rumor de que lo envió a perderse por el Num, y que por eso nadie volvió a saber de Asir hasta la fecha. Pero jamás supo que también lo hirió con armas letales. Vivió cerca de el como ningún otro necher por más de un millón de años ¿Cómo es que nunca supo nada?
Miro a Anpu, quien tenía más dificultad que ella para levantarse.
—Chicos—les hablo Asir a ambos sin perder contacto visual con Sutej—. Vuelvan aquí, ahora—ordeno sin discusión.
Sokar apareció del suelo entre sombras bastante molesto y fijo en ella.
—Y mas te vale traer de regreso esas armas, ladrona escurridiza—le reclamo de golpe.
—¡¿Sokar?! —exclamo Sujet al descubrirlo.
Sokar se emplumo alarmado.
—¡Me lleva el Karma! —maldijo antes de desaparecer de vuelta a las sombras con prisa.
En esos segundos, Input termino de pararse y ayudo a Anpu por igual. Paso uno de sus brazos por el cuello de ella y juntos cojearon hasta la puerta del Duat. Sha los descubrió y quiso detenerlos, de no ser porque los lobos de Input (aun medio regenerados) se treparon a morderlo en el cuello. La sacudida tumbo a Sujet.
Los An-Sa lobos se pescaron con uñas y dientes sobre la bestia. Esta trato de quitárselos de enésima con sus patas delanteras y cola. Sutej se arrastro como pudo lejos de la pelea, para solo alcanzar a ver cuando sus hijos cruzaron a donde Asir y las puertas se cerraron detrás de ellos.
Con una última mirada de su hermano, lanzándole una sentencia.
***
Desaparecidas las puertas, los chicos cayeron sin fuerzas.
Asir siguió fijo en su lugar, tan sofocado por lo ocurrido que debatía entre sentarse o maldecir. Sokar volvió a aparecer, miro a cada uno y se contuvo de volver a reclamarle a Input. Fue Ammyt irrumpiendo en el lugar, quien trajo en si a todos. La pequeña corrió alegre sobre sus padres adoptivos, brincando entre ambos con mucho gozo.
—No. No, pequeña—llamo la atención Sokar.
Ammyt lo ignoro y dio mordiscos cariñosos a ambos jóvenes. Asir vio el espectáculo con cansancio. Era la primera vez que veía la cría de Devorador después de tanto escuchar sobre ella. En otras circunstancias, le negaría a Anpu traer un espécimen de esa especie a la fortaleza debido a la naturaleza de estas, pero al presenciar la ternura con la que buscaba el calor de sus sobrinos, le carcomió el tener que separarlos. Estaría en veremos. Sokar lo cubrió con la túnica que se quitó, y Asir agradeció.
Al fin, Input giro su cabeza ante Ammyt ronroneándole en el hombro. Se acomodo de lado con cuidado de no pisarla, y la acerco mas con su mano libre para abrazarle. La cría se acurruco hecho ovillo. Anpu las contemplo a ambas y sonrió débilmente.
—Lo siento—dijo ella con la voz temblorosa—. Perdóname, Ammyt—se disculpó acercándola contra su cara para besarla en la frente—. Prometo que no te volveré a abandonar—prometió derramando una lagrima. Ammyt la mordisqueo en su barbilla con el mismo afecto y Input sonrió.
—Y yo lamento que tengan que vivir todo esto—contribuyo Asir y ellos alzaron la mirada—. Merecen una buena vida, en un lugar seguro. Si mis hermanos y yo no hubiéramos hecho tanto desastre—se condeno con amargura y arrepentimiento.
Asir proseguiría culpándose, de no ser porque Anpu lucho por sentarse en el suelo a como pudo y pedirle silencio para hablar.
—Tio—empezó a decir—, ustedes tomaron sus decisiones. Y nosotros estamos tomando las nuestras—declaro viendo de reojo a Input y Ammyt.
Ella también se sentó a como pudo, sin dejar de abrazar a Ammyt.
—Yo también tengo culpa—añadió ella avergonzada—. Gracias a mí, Hor y los demás están en peligro.
—No sabias que nuestro padre enviaría a los cazadores—trato de consolarla Anpu—. Tenias tu derecho de buscar un lugar seguro.
—Pero sabia que si me cruzaba con ustedes les traería mas peligro de parte de él.
—Entonces ¿porque nos perseguiste a pesar de eso? ¿Por qué te enojaste si estábamos en un lugar inmoral? ¿Por qué volviste conmigo?
Input tardo unos segundos en responder, hasta que se animo con lágrimas en sus ojos.
—Porque…este es el único lugar seguro que he encontrado hasta el momento—confeso. Luego cruzo con Asir, endureciendo su rostro—. Para mí, no eres mas inocente que mi padre…pero tampoco creo que me dañes o intentes perjudicarme—Asir asintió conforme con su declaración.
—No te obligare a que hagas algo contra tu voluntad—dijo Asir—. Y eres libre de estar o irte cuando desees. Anpu y Sokar será testigo si cometo algún crimen contar ti.
Después apunto a Sokar con cierta pena. Busco con su mano la daga, y al verificar que se le quedo cuando fue por Anpu, agacho la cabeza.
—Perdóneme, Lord Sokar—se disculpó—. No debí robarle. Me dejé llevar por la ira y las perdí durante la lucha. Entenderé si ya no aprueba algún día forjarme un arma. No soy digna después de rebajarme tanto.
Sokar suspiro y se rasco la cabeza.
—Señorita Input—hablo Sokar—. Confieso que al inicio si me moleste por lo del arma, pero mi verdadero enojo fue que no me lo espere de usted.
—Sokar—intervino Asir.
—¡Deje que termine! —renegó y persiguió—. Aunado a eso, mi paradero fue descubierto por quien menos deseaba.
—Eso fue culpa tuya—corrigió Asir.
—¡No interrumpa! Eso significa que tendremos que estar al pendiente y preparados pro cualquier cosa. Y en vista de que le llaman la atención las dagas, y carece de practica en campo. Me parece adecuado que, si se quedara aquí, aporte con su formación laboral—ante eso, todos lo miraron con curiosidad—. ¿Qué? Anpu no esta de gratis, tu tampoco—le señalo a Asir—y yo tampoco. Además, solo en el trabajo la señorita podrá romperse los huesos necesarios para formarle un arma. Amenazas poderosas requieren armas poderosas, y no pienso perdonarle si me pierde otra arma ajena ¿o piensan mandarla a pelear con varas?
Volvieron a centrar su atención en Input.
—¿Le parece justo, señorita Input?
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