Hola, mis fieles lectores.
Azama ¿qué significa esto? Bueno, verán. Este libro fue subido en el mes de febrero del 2023 en esta plataforma (también en wattpad, pero esa es otra historia), estuvo en hiatus por dos años hasta que lo retome en ¿adivinen que mes? Marzo del año pasado. Por lo que este año se cumplen 3 años de existencia.
¿Y porque no terminas de subir los capítulos finales de una vez?
Esta bien, es algo que he querido hablar con ustedes desde hace meses pero que no veía la necesidad hasta ahora. PERO NO ES QUE ABANDONARE EL PROYECTO. Para no hacerles el cuento largo, estoy pasando problemas fuertes en mi familia (si checan mi instagram, veran algunos detalles y el porque e tenido dificultades para poder continuar escribiendo los demás capítulos).
Por ese motivo, y en vista de que no quiero dejarlos otro mes sin nada, decidí compartirles capítulos extras que he hecho en relación con esta saga. La mayoría fueron participes de concursos y el resultado.
Añoro traerles el resto de los capítulos y poder interactuar con ustedes. Me despido por ahora, pero nos veremos en Meroe.
¡Mil gracias por su apoyo, los quiero mucho!
Relato perteneciente al universo de Crónicas de Re, para el concurso Premios Estelares Infinitos con el disparador de: Un ultimo día de vida.
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(Link del relato narrado) 88Please respect copyright.PENANARguPIGfk15
¿Sabes quién es Adroa?
Nuestros ancestros cuentan que es el creador de todo nuestro mundo, Lugbara. El creo al hombre, a la mujer, a los animales, la selva, el rio y a sus hijos, los Adroanzi.
¿Sabes que es un Adroanzi?
Nací en una tribu que vivía junto al lago. Mis padres, eran agricultores de maní y yuca, de los mejores de nuestra tribu. Solíamos salir a intercambiar nuestras cosechas con tribus vecinas, por el precio de gallinas o ganado. Solo teníamos un peligro, y no eran ladrones: los Adroanzi.
"Si escuchas pasos detrás de ti, no mires." Le advertían sus padres. "O el Adroanzi te matara".
Y así, crecí con esa costumbre. A mí me ponían en medio, para tenerme controlado a la hora de ser tentado. Mi padre sudaba nervioso cuando unas pisadas de más nos seguían. Mi madre cantaba himnos de paz para disimular su miedo. Yo estaba alerta, viendo a mi padre mientras escuchaba a mi madre, solo para asegurarme de que ninguno de ellos quedara en el camino.
Nadie sabe cómo lucen, ni deseaban saberlo. Los mismos chamanes negaban el riesgo de descubrir su misterio. Informes decían que mataban a los ladrones que acechaban a los viajeros, ya sea por verlos accidentalmente o por molestar a aquellos que los respetaban.
Con el paso de los años, me case y forme una familia. Nos dedicamos al cultivo de maní y yuca, al igual que mis padres. Le enseñamos a nuestros hijos las reglas para cruzar la selva sanos y salvos, e hicieron lo mismo con mis nietos. Tuve una vida plena y prospera. Llegue a la vejez, enviude y permanecí en mi choza. Mis hijos me visitaban cada vez menos, ajetreados por las exigencias de tener un hogar que mantener. Yo seguí trabajando mi campo, dedicándole mis reducidas fuerzas. Pero Adroa me dio una premonición de que mis días estaban contados.
Esa mañana, salí a recoger mi cosecha de manís. Y al meter la mano en tierra, una mordida me hizo gritar. La pequeña serpiente salió de entre tierra, huyendo de regreso a la selva. Un vecino me escuchó agonizar y salió a mi rescate. Llamaron a mis hijos junto con el medico chaman.
"Ya no tiene esperanzas." Anuncio el chaman a mis hijos luego de examinarme la mordida. "Se muere esta noche".
Mis hijos me lloraron. Mis amigos lloraron. Mis nietos lloraron. Yo llore.
"Este día, Adro vendrá por tu alma para volverse uno." dijo el chaman, refiriéndose al aspecto de Adroa que se asocia a la muerte.
El veneno del animal incendiaba mi sangre, era un dolor tan indescriptible, que ni en las peores sequias que he vivido, el sol me llego a quemar tanto. Mientras mi mente divagada los recuerdos sagrados de mi vida, mis hijos preparaban mi lecho de muerte. Pensé en mis campos ¿Quién se haría cargo de sembrarlos? Pensé en mis frutos ¿Quién los cosecharía? Pensé en mi legado ¿Quién los heredaría?
Frené a mis descendientes antes que me dieran al último adiós, les repartí a mis hijos mi tierra y ellos juraron cuidarla. Les hablé a mis nietos, y con el dolor clavado en mi ser, los bendije en un mar de besos.
"Es la hora". Anuncio mi primogénito.
Me acomodaron en mi lecho, aquel que compartí con mi conyugué en nuestras pasiones y luchas. Trajeron ante mi todos los maníes que mi campo tenia en cestas, me rodearon llenos de lastima eh invocaron a Adro.
En ese momento, me sentí pleno. Mi vida fue bendita y de buena cosecha. No podría agradecer más de lo que recibí. Y, sin embargo, sentía que algo me atormentaba. Una inquietud no resuelta. Pase con la mirada a mis desdientes y conocidos, ya tenia resuelto todo con ellos. No fui alguien de enemistad o contiendas, a nadie le debía dar cuentas. Entonces ¿Qué era lo que me acomplejaba? ¿a quien le debía un ultimo adiós o gracias?
"Todavía no" rogué a duras penas. "Aun debo darle las gracias a alguien." Anuncie ante las dudas de los demás.
"¿A quién?" preguntaron mis hijos.
Si les decía, temía que no le creyeran o tomaron por delirio.
"Dame uno cesta con los mejores maníes." Ordene entre quejidos. "Y ayúdenme a ir hasta la entrada de la selva."
"¿Quieres visitar a alguien antes de fallecer? Dinos quien es y donde esta, para que te traigamos rapido y no tengas que moverte."
"No." Negue. "No, mis hijos. Ustedes no podrían ni verlo."
"Pues ¿Quién es?" cuestionaron "¿acaso es alguien muy importante que no somos dignos de alzar nuestros rostros?"
Asentí sin más y supliqué.
"Permítanme un ultimo deseo antes de partir con Adro".
Mis hijos se miraron entre ellos dudosos. Se apartaron para dialogar mutuadamente, y regresaron cabizbajas.
"Lo haremos. Haz lo que necesites para partir en paz." Cedieron.
Me cargaron hasta el limite entre la aldea y la selva con sumo cariño y cuidado, similar al que yo les daba cuando eran mis retoños. El chaman me dio a beber una poción de fuerza, para poder levantarme y andar. Me entregaron la cesta con los maníes mas jugosos y brillantes. Nos abrazamos entre lágrimas y palabras de amor, besé a cada uno de mis descendientes y les dije que al final del día, fueran por mi rastro y si no me hallaban, que dieran ofrendas a Adroa.
"Mi fin se acera, pero mi sangre permanece." Me despedí emprendiendo mis primeros pasos solo, dejando atrás a mi sangre.
La poción, si bien me daba fuerza para moverme, no me quitaba el dolor que aquel ardiente veneno que corría en mi sangre. Magullaba mi voz por no permitir soltar mis lamentos, en especial mientras aún estaba a la vista de mis hijos, no fuera que se retrataran de mi condición y me impidieran cumplir mi voluntad.
Recorrí el sendero que me enseñaron mis padres, y a ellos sus padres, y yo a mis hijos. Pase junto a unos arboles que hace años eran tan tiernos como mi juventud, y que ahora imponían firmeza. Nunca lo pensé antes, pero me di cuenta que la selva creció conmigo. Las plantas grandes que señalaban mis padres, murieron al tiempo que ellos. Y los nuevos brotes eran la generación que acompañaba a mis hijos y nietos.
En cierto punto mi dolor incrementaba, y en lugar de gritar, cante los himnos de mi madre. Escuchar mi voz invadir los huecos de la selva me hicieron sentir parte de ella, aportando un último aliento de mi ser para que me recordara.
Y de la nada, mi acompañante llego al fin. Detrás de mí, caminando con pasos calculados y un sigilo no tan disimulado. Me detuve nervioso, tanto que hasta el dolor se me fue. Él también se detuvo en seco.
"Al fin llegaste." Hable bajo y temblis.
Obviamente, el no me respondió, pero permaneció a mis espaldas cuidando mi andar. Una leve sonrisa decoro mi rostro. Toda mi vida sentí un temor de estar frente a él, sabiendo que seria el fin de mi camino en este mundo. Mi viaje acababa aquí, en donde comenzó o con quien me protegió.
Bajé la canasta, y sin abrir mis ojos, me di la vuelta. La coloqué entre nosotros y me hinqué en tierra con las manos abiertas.
"Oh, divino hijo de Adroa." Comencé a elogiarlo. "Tu me has guardado en mi niñes, en mi adultez y aun en mi vejes. Conoces cada fruto que e llevado sobre mis hombros de pueblo en pueblo. Derrotaste a aquellos maleantes y bestias que deseaban dañarme. Y aun más, proteges a mis descendientes con el mismo interés y misericordia." Le acerque la cesta. "Te ruego, recibas mi ofrenda de gratitud. Te dedico mi más humilde trabajo y anhelo tu gracia."
Un silencio dormido por leves segundos. Después, el crujido de las cascaras rompiese rompió la tensión. Mientras el tiempo pasaba, más rapido se rompían y caían los restos por el suelo. El ultimo maní fue abierto y regreso el silencio. Yo me mantuve mi postura en respecto, y aunque quisiera volverme levantar, no podía. El veneno paralizo mis piernas y mis brazos cayeron a mis lados sin fuerzas.
"Gracias." Logre apenas decirle.
Y como último acto de vida, alce como pude mi rostro y hocé de abrir mis ojos. Ante mí, una fémina enana, del tamaño de mis nietos. Sus ropas eran un vestido de piel de serpiente, parecida a la de la que me mordió, y sus cabellos estaban adornados por flores. Sus ojos eran los de serpiente y su belleza sobrepasaba a la mas bella de las princesas.
Ella tomo mi rostro entre sus húmedas manos y me recito unas palabras.
"Pocos son tan valientes y agradecidos como tú." Dijo ella con voz serpenteante y acogedora. "Descansa junto a tus ancestros y goza la paz que te espera junto a mi padre Adroa."
Al terminar sus palabras, una figura surgió de entre la profundidad de la selva. Un ser alto y blanco partido a la mitad, saltando en una pierna. Era Adro, que venia por su alma.88Please respect copyright.PENANA1Mv3eItJVo
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Hola, aquí la autora. ¿Qué les pareció este relato?
Les comparto algunas aclaraciones por si se se quedaron con las dudas. Los Lugbara son un grupo étnico africano, pertenecientes a Sudan del Sur, Uganda y el Congo. En el relato busque plasmar su visión religiosa a través de las entidades exploradas. Al ser una religión animista monoteísta en si:
Adroa: es el creador y el aspecto inmanente, estaba fuera del plano terrenal.
Adro: es el aspecto de Adroa interactúa en el plano terrenal ya sea para bien o mal, comúnmente asociado con la muerte.
Adroanzi: existen muchas versiones de que son, entre ellas deidades de la naturaleza, espíritus guardianes, o bien, almas de difuntos que alcanzaron la divinización. Y como se menciono antes, eran seres de doble cara según tu accionar con ellos.
Algo mas que agregar, es sobre su cultura agricultora y la diversidad de productos que manejan, como el maní y la yuca que se comentaron, o también frijol, sorgo, mijo, garbanzo, maíz, entre otros cereales y semillas.
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