Se volvería loca si permanecía un día más en ese infierno. ¿Cómo era posible que Anpu estuviera apoyando a Asir?
Ambos fueron testigos cuando su padre revelo el motivo por el que le tenía mucho resentimiento a su madre. Aquel día que le corto las manos a Anpu y lo desecho de su presencia. Todo por culpa de que una aventura “indeseada”. De niña, su tío Asir junto con su tía Ast eran un amor. Siempre generosos y amables con todo el mundo. Anpu y ella eran los consentidos de la familia por ser los más chicos, pues Hor no fue concebido hasta mucho después, por eso sus tíos eran como otros padres para ellos…hasta que la verdad salió a luz, y aquella bella imagen que tenían de su familia, cayó en pedazos.
Para empeorar su vida. Input quedo encerrada y aislada del resto de su familia contra sus deseos y voluntad, por no decir que se sintió más bien abandonada. Sus bisabuelos y abuelos entraron en hibernación antes del caos, ajenos al desastre que sus descendientes sufrían. Su padre le advirtió que jamás debían despertarlos, o desatarían más problemas. Y sin contactó de otros, la palabra de su padre era la única verdad que conocía.
Al abandonar el balcón en la mañana, se adentró sin saber por la fortaleza a donde no la molestaran. Volver al almacén estaba descartado, no presto atención de la ruta luego de todo el ajetreo que se armó. El cuarto de Anpu, era el peor lugar para alejarse de él. Muchos Aj-Sa seguían confundiéndola con Anpu y esta ni les volteaba a ver.
Su parada fue un ventanal con vista a las primeras regiones, del otro lado del muro con vista a la entrada del Duat. La puerta se abrió a la hora del anochecer, mostrándole a Input las nuevas víctimas de aquel lugar de tortura y extinción. Con buena suerte y el favor de Maat, algunos de esos Bas y Kas serian rescatados como los que moraban en la fortaleza.
¿Qué se sentiría perder un elemento de tu ser?
Input jamás se cuestionó eso, y dudaba que los demás Nechers por igual. Si perdía un Ba o Ka, podría reponerlo con otro. Tan simple y accesible les era, que no concebía el valor que un humano le tenía a las únicas que poseía.
Libero un Ka morado de su cuerpo hasta las palmas de sus manos e invoco dos Bas en forma de lobos emanar de ella. Su Ka y Bas se fusionaron en dos grandes Aj-Sa lobos en su forma animal.
—A tus ordenes—dijeron ambos inclinados ante su dueña.
Les encomendó una orden y estos se retiraron. Saldría de ese lugar, con o sin ayuda de Anpu.
***
Asir se levantó de la camilla y procedió a colocarse su túnica de lino, mientras Anpu guardaba sus instrumentos de trabajo. En esa ocasión empleo menos vendas y sus recientes ungüentos no lo convencían del todo. Le había sugerido a su tío usar el perfume milagroso, pero hasta no saber con certeza la identidad del perfumista, no se sentía seguro de usarlo.
Se habían dedicado a charlar sobre las inclemencias de esos días, con tal de tranquilizarse. Asir seguía angustiado por saber lo que pasara con su familia en Kush, y el que no pudieran acceder a través de puentes y atajos por culpa de la auto-creación en el Num, les enfermaba de ansiedad. Sokar les brindo bebida relajante para el Ib, que funciono lo suficiente para conservar la calma en la actividad.
—No creas que descarto lo de Input—rompió la comodidad Asir con ese tema.
Lo estuvieron evadiendo luego de su rechazo ese amanecer. Su fallido plan de llevársela ese día sin ser descubiertos por los Camefis fue la gota que derramo la copa. Y aún quedaba otra cosa sin resolver como debiera con ella.
—Nunca debí traerla—confeso Anpu con las vendas en el aire—. Soy tan tonto—se llevó el puño a la frente—. Debi rescatarla en cuanto domine mi don—giró a Asir—. Ahora no sé si se tomara bien el reencontrase con mama luego de como reaccionó contigo—añadió sin medir y calló al percatarse. Asir suspiro con pesades—¡Perdón, no quise…
—Está bien, hijo—mitigo con una mano en el aire—. ¿Recuerdas cuando tú también nos guardabas rencor?
Anpu bajo la mirada a sus manos jugando con las vendas, y volvió sin muchos ánimos a guardar sus pertenencias. La charla estaba yéndose por grietas frágiles
—Anpu—lo llamo Asir—. Tu ¿aun sientes rencor hacia lo que paso entre tu madre y yo?
Se detuvo incomodo. Darle una respuesta rápida seria mentirle. Aun después de saber la historia detrás de esa infidelidad, y todo lo que sufrió a causa de aquello. Input tenía razón en cuestionarle vivir con el causante de su tragedia, la amputación de sus manos y rechazo de su padre. Pero, aun así, el decidió estar en ese lugar porque tenía motivos.
—Entiendo—finalizo Asir sin sorprenderse.
Se ajusto la túnica cargando con mas que su cuerpo, listo para abandonar cualquier intención de retomar palabras con el joven Necher y volver más incómodo el espacio. La sombra de Sokar aterrizo en la ventana, anunciando la entrada del ancestral Necher. Plegó sus alas como túnica polvosa sobre su cuerpo. Les conto que acababa de ver a Input rumbo al límite de los campos fértiles acompañada de dos Aj-Sa que parecían ser de ella. Le cuestionaron por qué no la detuvo y Sokar dijo que la noto muy evasiva apenas lo percibió.
Sin necesidad de comentarlo, Anpu abrió una puerta para buscarla el solo.
***
Sus Aj-Sa la escoltaban a los costados. En el camino tomo una que otra fruta que guardo en un bolso que “tomo prestado”. Apretaba el aza con sobreprotección, temerosa de que alguien se lo confiscara. Minutos atrás visualizo a Sokar volar sobre ella y acelero el paso no deseando su cercanía. Sokar se fue luego de que ellos se escondieran bajo las arboleras frondosas. Retomaron su escape sin pensar que dejar la zona fértil y entrar al valle del esqueleto no era tan simple como cruzar el desierto.
Casi al límite, una puerta apareció de la nada y Anpu salió de ella de golpe. La cerro tras de sí y le estorbo el paso con las manos enfrente. Los lobos de Input gruñeron con los colmillos de fuera.
—Tranquilos—les llamó la atención—. Anpu es muy inofensivo—dijo sin emoción y los guio por otro lado.
—¡Input ¿Qué haces?! —interrogo tratando de volver a estorbarla.
—¿Tu qué crees? Irme—afirmo pasando a su lado con brusquedad—. Me iré por la puerta trasera.
—No debes cruzar por las siguientes regiones—intento detenerla nuevamente.
—¿Por qué? ¿hay otro detalle que no quieres que sepa o es que tampoco tengo derecho a saber? —Anpu no respondió.
Input se detuvo de golpe seguida de sus lobos. Dio una vuelta y enjuicio a su dual sin necesitar decírselo. Anpu divagó su respuesta y ella chasqueo la lengua.
—Eso creí—confirmo y volvió a sus andadas.
La observo alejarse lo suficiente para meditar sus errores. Estaba decidida a tomar su camino. El decidió quedarse en ese lugar la primera vez que llego, ella lo contrario. El Duat no era para todos, y forzar a alguien a estar donde no perteneciera era condenarlo. Asir era el mejor ejemplo de eso, castigado a permanecer aquí por imposición de los Camefis.
¿Esperaba que ella formara parte de ese mundo al igual que él? ¿Qué entendiera su visión y motivaciones para estar donde estaba? Los duales, son más que complementó, son el reflejo de aquello que desentona con lo que crees de ti.
—¡Input! —la llamo y se transportó a su lado.
Ella respingo molesta y sus lobos amenazaron con morderlo.
—¡¿Podrías dejar de detenerme?! ¡Quiero amanecer fuera de este lugar! —amenazo entre colmillos.
Sin embargo, Anpu no cedió. Pese a que ella podría atacarlo, él se mostró esperanzado y acomplejado.
—¿Y a donde iras una vez salgas?
La pregunta le cayó como las olas que inundan costas. Input agacho sus orejas lentamente mientras enfundaba sus colmillos. Anpu la imito. Los lobos los miraron expectantes de una respuesta. Después de todo, querían saber a donde los llevaba su dueña.
—¿Por qué te importa ahora en donde me encuentre? —pregunto ella a la defensiva—. Estuve toda mi vida en un mismo lugar, obligada a fingir ser alguien que no soy y forjada para cumplir la expectativa del único miembro de mi familia que no se olvidó de mi existencia…y quizás no debí dejarlo.
Intento irse, pero Anpu la tomo de la mano. Esta vez, los lobos no reaccionaron.
—¿En verdad quieres volver con el después de cómo te trato? —le pregunto apretando con delicadeza su mano.
—¡¿Y con quien más puedo?! —lo encaro con los ojos llorosos y apretando con rudeza—. ¡Nuestro creador está muerto, nuestros antecesores ni piensan en nosotros, nuestros padres y tíos están en guerra! A Hor ni lo conozco, pero sé que tampoco está bien ¡Anpu! ¡Nuestra familia es un maldito caos! Da igual con quien me valla ¡somos un desastre!
Los lobos se agacharon chillando al instante que Input contuvo sus lágrimas. No había palabras más reales que esas. Los Sangre de Atum, la familia más devastadora de los Nechers. Solo su creador sabría porque permite que sus descendientes pasaran por eso, pero el misterio estaba igual de muerto que él. Creyendo el mito de que la ausencia de su creador, es la causa de todos sus males.
Mantuvieron firmes sus manos, incapaces de romper ese frágil vinculo que les quedaba. No se trataba solo de pertenecer a la misma sangre, ni de ser duales. Era algo más allá, algo que impedía que desearan olvidar la compañía mutua. Una compañía que, desde hace más de un millón de años, no tuvieron con nadie más. Una reconexión que creyeron perdida en esperanzas lejanas.
—Si eso quieres, entonces yo mismo te llevare de regreso—accedió Anpu contra su voluntad.
Porque, aunque deseara con todas sus fuerzas, y le rogara a Atum que los escuchara, no podría existir siendo otro que la haga vivir sin opciones como su padre. Input aflojo su agarre como si le hubieran robado sus fuerzas.
Anpu hizo aparecer una puerta frente a ellos. Era similar a la entrada de un palacio, cuya presencia los inquieto a ambos. La vieron de cara, con miedo de ver lo que había detrás, a pesar de saber que seria. Sus corazones latieron al mismo ritmo, y en sus mentes volvían aquellos momentos que construyeron en esos dos días.
—Volvamos a Kemet—dijo Anpu y abrió las puertas.
***
La pequeña e indomable Ammyt se había vuelto el mayor problema para los Aj-Sa. Se la pasaba persiguiendo los pobres Bas de árbol en árbol. ¡Y ni hablar de los lamentables Kas que no podían huir volando!
La cría, se sentía como en un bufet para ella solita. Tenía de todas las opciones y a su disposición. Por eso los Aj-Sa la perseguían y trataban de contenerla por órdenes de sus Nechers. No fuera que dañara almas inocentes. Incluso los Aj humanos huían de ella por precaución.
Llego el momento que se frustro de tantos molestándola, y otros evadiéndola, que resintió la soledad. Lloriqueo y gruño, llamando a su madre, pero esta obviamente nunca llegaría. Entonces grito más fuerte, para llamar a sus padres sustitutos, y al tardar en saber algo de su paradero, corrió a buscarlos. Paso de largo ante los gritos de las almas humanas y los Aj-Sa advirtiéndole que no causara más terror. Olafacteo y miro a todos lados para hallar una pista. Los llamo varias veces, sin importarle quien de los dos le hiciera caso primero.
Al fin los diviso discutiendo junto a dos Aj-Sa nuevos que seguían a Input. Movió su colita de hipopótamo con alegría y lanzo un dulce gruñido de emoción. Lástima que ellos desaparecieron al cruzar una puerta que invoco Anpu y ella ni los alcanzo.
***
El primer paso sobre el piso frio del palacio, refresco sus recuerdos más miseros. Ambos entraron al mismo tiempo, unánimes en el dolor que vivieron en ese lugar. Las puertas se cerraron tras cruzarlas, para luego desaparecer.
Las paredes eran rojas, con ilustraciones negras y doradas de escenas de batallas. Los templos de los nechers solían contar los momentos más añorados de estos. También tenía un truco, que, con el hechizo correcto, podían hacer que se movieran como si fueran reales. La escena del pasillo donde estaban ellos, era de las campañas militares que su padre llevo a la victoria durante la guerra contra el Duat. Siempre mostrado como un necher bélico relevante y ejemplar, al punto que detrás de él estaban Sobek, Anhur y un necher halcón de ojos dorados, los tres capitanes generales.
Caminando por estos, algo escondida entre los méritos de su marido, estaba los recuerdos de su madre. Ella era una figura opuesta, misteriosa y reservada. Escondida detrás de su familia y demás nechers para no ser comparada. En el suelo, estaban escenas del desierto, en honor a Keb, su abuelo. Y en el cielo, escenas de las constelaciones, en honor a Nut, su abuela.
Llegaron al ventanal, al final del pasillo. Y no se aterraron de los truenos ensordecedores, ni de la oscuridad perturbadora que afligía su mundo.
Era real.
Volvieron a Kemet.
Regresaron a su antiguo hogar.
—Hogar…dulce hogar—susurro Input bajo sin emoción alguna.
El viento ataco sus rostros sin consideración, y, aun así, no se inmutaron. Todos en Kemet estaban resignados a esas condiciones climatológicas ¿Qué espera de ellos que eran descendientes de los nechers del clima?
—Te equivocaste—le dijo Input a su hermano—. Papa y yo nos mudamos de este palacio hace mucho, él está en el de Iunu. Por si estar tanto tiempo en el Duat no te actualizo.
—Eso ya lo sé—confeso el sin quitar su vista del cielo.
Input apretó su agarre sobre el bolso que cargaba y sus lobos gruñeron bajo.
—Llévame a donde está el—ordeno ella, sentenciándolo con la mirada. Anpu suplico con la suya.
Traerla a ese lugar ya era mucho para él, pero acercarse a el tipo que los desprecio a ambos y al que le deben muchas heridas. Estaba con Asir porque había un peso mayor que lo fijaba en el Duat, con su padre no tenía nada. Ni siquiera le gustaba estar en el mundo de los vivos, al menos que fuera visitar a su madre y explorar las masacres.
—¿Input? —pidió una última afirmación.
Ella dio un paso frente a él, decidida.
—Tu estas con Asir, de la misma forma que yo con Sutej—afirmo ella. Anpu no mostraba brazo a torcer. Input enderezo su postura y le hablo con mayor rigor—. Solo déjame y vete, no te pido que lo encares.
Sin deseos de obedecerla, Anpu abrió otra puerta de palacio. Sus dedos temblaban de impotencia al saber que esto no sería solo arriesgarse al pasado, sino volverse a alejar de Input. Solo Maat y los Camefis sabrían cuando se reencontrarían. Abrió la puerta, acosado por la mirada de su hermana, con una lentitud que alargaba la despedida.
Cuando al fin tuvieron paso al siguiente palacio, entraron sin pedir permiso o saber en qué área estaban. Anpu pocas veces en su existencia visito ese lugar, antes de que su padre lo reclamara como suyo. En este, la diferencia eran los muros con escenas de Asir y su esposa llevando vida y prosperidad a las especies menores, desde humanos hasta creaturas espirituales. Ambos con el mismo protagonismo. El piso mostraba campos y deltas. Y el techo estaba centrado en la luna.
O ese era el recuerdo que Anpu tenía de ese lugar de cuando era niño, porque en el presente, las escenas de sus tíos estaban ocultas bajo los delitos de su padre. Al igual que una casa, a la que sobrepintan sus muros para borrar rastro de sus antiguos gustos. A de decirse, que la tormenta era la misma en donde fuera.
La puerta siguió abierta, con Anpu aun sujetando la mano de Input. Ella fue la primera en cruzar y la que desesperaba por soltarse. Sus lobos cruzaron alertas, olfateando el lugar hasta dar con un punto clave. Unas puertas a mitad del pasillo, que se abrieron de golpe. La puerta de Anpu se cerró por accidente, y ante la negación de soltar a Input, se quedó a su lado igual de atónico que ella.
Caminando lento y devastada, salió una fémina rana de la habitación. Traía sus ropas mal acomodadas, como si se las hubiera puesto a la carrera y sin ánimos. Su mirada estaba perdida en el suelo, vacíos y a punto de llorar. Una copa fue lanzada a su lado hasta estrellarse contra el muro de enfrente. El responsable se acercó por su detrás apenas en una sombra. La jalo del brazo hacia el sin nada de consideración.
—Que ni se te ocurra decirle algo de este a Sobek—amenazo con una rudeza intimidante e imponente— ¿entendiste, Heqet?
La necher rana, Heqet, asintió con sumisión y miedo. En cuando la soltó, Heqet se giró para retirarse, frenando al descubrir a los jóvenes pasmados frente a su vergonzosa presentación. El otro capto la impresión de ella, y salió por completo para colaborar quien amenazaba su secreto.
¿Qué hacia ella en los aposentos del rey?
Solo las Ojos Solares podían ser sus concubinas, y Heqet no era una.


