Así no planearon que sucedieran las cosas. Pareciera que Maat los estaba castigando injustamente.
Asir e Input estaban congelados en sus lugares con la misma interrogante de que refutar. Se entienda que esto fuera muy fuerte para ellos. Anpu también tardo en asimilarlo al inicio, pero al menos el tubo milenios para superarlo. Ella estaba desorientada y seguramente engañada.
Sokar tosió.
—No estaba en una reunión familiar tan incomoda desde aquella donde que Jnum y Satet anunciaron su compromiso—comento el necher halcón con ironía, que los Sangre de Atum ignoraron.
Asir bajo lentamente su copa. Se mordió los labios y jugo con sus dedos sobre la mesa. Miro a Anpu detrás de Input y tampoco le ofreció alguna iniciativa. Francamente, olvidaron el enorme trasfondo que debían aclarar con ella. Ni pensaron en que palabras usarían.
Input se giró con una cara de pocos amigos para descubrir a Anpu ya liberado.
—¿Qué hace el aquí? —fue lo que pregunto al fin ella.
Anpu le dio una sonrisa nerviosa, intento decir algo múltiples veces sin lograr emitir algún sonido. Input se paró de la mesa y se alejó de ellos para ir sin rumbo por la cuesta de la colina.
—Eso no salió bien—soltó Sokar, ganándose la mirada pesada de los otros. Asir retomo su copa y se la empino de una—. Con calma.
—¿Con que calma? —élego Asir bajando la copa con fuerza sobre la mesa—. Vieron cómo me miro. Ella debe odiarme, y con justa razón.
—Solo debemos explicarle las cosas, esta confundida. Asir, tu quédate aquí. Muchacho, sígueme de lejos y has lo que te diga—indico levantándose de la mesa.
—¿Qué piensa hacer? —pregunto Anpu.
—Ablandar su corazón…espero.
***
Input bajo por el otro lado de la colina para evitar volver al bosque de sicomoros infestada por Bas. Deseaba gritar. Romper. Golpear. Maldecir.
¿Y a dónde iba?
Llego a un infierno y acabo en un paraíso. Ayer corrían en un desierto infértil, y ahora caminaba en un campo fértil. ¿Cómo Karma podía haber un campo así en el Duat? Irónicamente, tampoco podría compararlo con un campo de la creación, ya que esos menguaron a lo largo de los milenios hasta volverse casi un tesoro invaluable.
El lugar era extenso, incluso más que el desierto. El rio lo atravesaba igual que en las regiones pasadas, siendo la luz que iluminaba. Era la mitad de ancho que lo visto del otro lado del muro, y se ramificaba en deltas a sus costados que llevaban luz hasta los confines de esas regiones verdes. El pasto era sueve, y fresco a sus pies. Había arboledas de todo tipo, principalmente de sicomoros. Y existía una calma que no vivió al inicio de su viaje. Podría afirmar, que en ese lugar no había tormento por los demonios.
—Es increíble ¿no cree? —Sokar apareció de entre sombras a su lado. Input se sobresaltó—. Discúlpeme, es la costumbre.
—¿En dónde estoy? —pregunto ella—. Anpu me dijo que no había paso por el muro ¿entonces que es esto? —señalo su alrededor—. ¿Por qué me mintió sobre que podríamos cruzarlo?
Sokar hizo una mueca.
—¿Te conto eso? —medito—. De seguro, te lo dijo en su momento porque se confió en que te sacaría del Duat con mi ayuda sin tener que exponerte.
—¿Por qué haría eso? —cuestiono molesta—. Se ha portado como cretino y no me explica nada ¿cree que soy muy tonta para comprender lo que pasa?
—No tonta, sino delicada—Input lo miro ofendida—. Dígame ¿no se siente abrumada de todo lo que ha descubierto hasta el momento? —pregunto y ella no pudo responder—. Lo ve, no es fácil hablar sobre algo tan complicado en tan poco tiempo. Deseábamos confesarle las cosas de a poco, pero la situación tomo otro rumbo.
—¡Es culpa de Anpu! —refunfuño ella golpeado el piso— ¡Yo solo quería escapar de casa para encontrar a mi familia! ¡No perderme en esta caverna sin sentido!
—¿Sin sentido? Señorita, déjeme decirle que este lugar tiene más lógica de la que se imagina. Acompáñame, se lo demostrare—dijo ofreciéndole su brazo de forma caballerosa. Ella acepto con un poco de inseguridad y lo siguió sin rebuscar algo mejor en esa situación.
Sokar la condujo a unos campos labrados cerca de los canales del rio. En ellos, figuras de almas luminosas merodeaban con herramientas de campo y canastas de semillas para sembrar. Esas almas, eran personas vestidas de ropas blancas y cuerpos perfectos. Sus cabellos eran azabache y su piel parecía oro. Sonreían y trabajaban en paz, con un gozo que seguro no desfrutaron en vida.
El adulto la detuvo antes de opinar para que viera lo que hacían. Las almas regaron agua del rio con mucho cuidado de no tocarla, y las semillas germinaron a gran velocidad. Celebraron y fueron por hoces y cestas para recoger la cebada y trigo que florecía.
—Vea esa flora—señalo y explico—. Se que este lugar no se parece en nada a lo que vio del otro lado del muro, pero déjeme decirle, que esta caverna siempre ha sido un lugar de vida. Para que las plantas crezcan, necesitan tres cosas: luz, agua y nutrientes. El rio funciona como luz y agua, y yo y…el otro tipo—evito decir el nombre de Asir—, usamos nuestro Heka para aportar los nutrientes de la tierra—dijo con orgullo y se puso nostálgico—. Antes de la guerra, toda la caverna estaba así y mucho mejor. Ahora solo podemos proteger unas cuantas regiones.
—Y la creación de Kemet está acabando igual—completo Input.
Sokar se entristeció de solo recordar los testimonios de los muertos y Anpu sobre el deterioro de su mundo. Por ese otro motivo, el no deseaba volver con los demás, no soportaría ver como lo que alguna vez fue su hermoso hogar, moría en impotencia.
—¿Le gustaría saber más? —cambio de tema el halcón y ella asintió—. Solo prométame que le tendrá paciencia.
Caminaron entre los campos a media actividad. Las almas reconocían a Sokar y se postraban ante él, en cambio, con Input se maravillaban. Divagaban entre si era el joven necher que los cuidaba, o si era alguien más a juzgar por su diferencia de género.
—Debe ser tedioso—menciono Sokar—. Las únicas féminas que tenemos son almas de mujeres. Tener la visita de una hembra inhumana que no sea demonio, se siente irreal.
—Ya me habida dado cuenta—confeso ella algo incomoda. Seguía sin acostumbrarse a que la vieran como lo que en verdad era.
Se detuvieron bajo un sicomoro a medio campo. Tenía Bas en sus ramas mirando abajo, a donde Anpu sentado con uno de ellos en sus manos. El Ba llamaba a Cleo, y se lo repetía a Anpu constantemente. Él le acariciaba la cabeza y examinaba sus extremidades. Cuando los vio junto a él, se alzó de un salto con el Ba pegado a su pecho.
—Input—le hablo él.
—Anpu—respondió ella con los brazos cruzados.
—Iré a supervisar los campos—anuncio Sokar—. Procuren no dañarse en mi ausencia.
Se retiro y los dejo solos. O casi solos, con la compañía de los Bas atentos a lo que pasaría. Se miraron, diferente a como con Asir. Ellos se veían con incertidumbre y necesidad. Fue Anpu quien decidió enfrentar la situación de una vez por todas con la verdad. Y justo cuando iba a hablar, el Ba lo interrumpió con su nombre Cleo.
De lejos, un alma simple y desnuda, como las que vieron huyendo del rio cuando llegaron, grito con el mismo nombre de Cleo. Era un Ka. El Ba y el Ka se llamaron por su nombre sincronizadamente. Anpu soltó el Ba y este voló a su encuentro con el Ka de forma desesperada. El Ka lo recibió con un abrazo y se fusionaron en una luz. En su lugar, una alma luminosa y perfecta cobro forma.
Pestañeo de forma pesada y contemplo su cuerpo con asombro y lágrimas. Se abrazo a sí misma con alegría y se postro ante Anpu agradecida. El asintió satisfecho. La nueva alma se retiró contenta, reuniéndose con las otras que le dieron la bienvenida con ropa y herramientas para trabajar.
—Imposible—dijo Input incrédula—. Los humanos no pueden crear Aj, solo nosotros tenemos esa habilidad.
Anpu sonrió de lado.
—Nosotros podemos crear muchos Aj—corrigió el—, tenemos demasiados Kas y Bas para formar todos los Aj que queramos. Las demás especies—dijo hacia al grupo de Aj humanos—, solo pueden crear una Aj con las únicas Ba y Ka que poseen.
—Tu ¿ayudas a estas almas a reunirse? —pregunto ella.
El asiento con una sonrisa ligera.
—Solo las que logro rescatar de los demonios—confeso el—. Cuando el Dyet deja de funcionar, y los elementos del alma ya no pueden mantenerse unidos en el plano terrenal, ocurre la muerte. El Ib vieja dentro del Ba, el Sheut dentro del Ka y el Ren queda gravado en ambos. Durante su viaje hasta aquí, los fragmentos del alma se llaman con su Ren para reencontrase y volverse a unir—prosiguió serio—. Por desgracia, muchas de estas partes se pierden en el viaje—señalo con lastima los Bas en el sicomoro—. Algunos de esos Bas no saben que su Ka pereció en el camino. Y también hay Kas que perdieron su Ba.
—¿Entonces esas almas jamás podrán volver a estar completas? —se lamentó ella.
Anpu negó.
—Es por eso que estoy aquí—confeso él—. Bueno, fue por lo que escogí estar aquí.
—Anpu.
Lo llamo sorprendida y a la vez conmovida. Su concomimiento del Duat. Sus estudios e investigaciones sobre las almas. Los Ibs que guardaba. Todo era para eso.
El tomo aire y se puso frente a ella.
—Input—dijo firme—. Perdóname, por traerte a este lugar y ocultarte tantas cosas—soltó arrepentido—. Tenía miedo de contarte todo, porque sé que no es fácil de explicar. Y también, porque rompí las reglas al traerte.
—¿Reglas? ¿te metiste en problemas por mi culpa?
—No, fue por mi culpa. Tu no debiste venir en primer lugar. Lo importante—dijo y saco la llave de sus ropas—, es que te saque de aquí.
Se arrodillo a ella y tomo con cuidado su pie. Input se sobresaltó un poco cuando la toco con sus manos vendadas, pero no negó cuando debió alzar su pie para facilitarle el trabajo. Anpu la sujeto con cuidado y abrió el grillete con la llave. De forma súbita, el Ka de Input la invadió por completo y de forma involuntaria recupero su aspecto de loba.
Anpu la contemplo desde abajo sin palabras. Como si fuera la primera vez que la veía tal cual. Siendo la primera, en aquella madriguera de demonios donde las circunstancias opacaron la primera impreciso. Y esta segunda, algo protagónico.
—Señorita Input—anuncio admirado Sokar volviendo con ellos—. Mire nada más, es toda una loba. Le aullaría, pero los halcones no podemos—dijo y se dirigió a Anpu con complicidad—. Hágame el honor, joven Anpu.
—¿De qué? —pregunto fuera de si Anpu distraído.
Sokar abrumo la cara de lo depositado que era el necher chacal. Input se safo del pie y miro a otro lado.
—En vista de que ya se contentaron—dijo Sokar—. Señorita Input, debemos continuar con nuestro recorrido.
Sokar los guio por las diferentes arboledas y campos, explicando cada función y administración en esas zonas. Visitaron a los Aj que moraban felices en sus propias casitas de adobe. Le dieron a probar sus frutos y cosechas como muestra de gratitud, estaban deliciosas y revitalizaban su ser. Luego la llevaron a un tour dentro la fortaleza a cargo de Anpu, emocionado de hablar sobre como trataban a las diferentes almas y que hacían en cada habitación con ellas, desde sanar a las heridas hasta hospedar a las cansadas. Mas de un Aj-Sa miraba a los duales con curiosidad.
Al final, llevaron a Input hasta un balcón de la fortaleza. Desde allí, se observaban las extensiones de los campos desde la quinta a octava región. Pero a partir de la novena hasta la doceava región, era todo seco y de cadenas montañas altas, rocosas y deformes. Sokar se retiró plegando sus alas, con la excusa de que tenía trabajo.
—Disfruten la vista—les dijo con un guiño y descendió a los campos.
Evadieron verse una vez solos. Anpu jugueteaba con su manos e Input las tenía escondidas detrás.
—Bueno—dijo Anpu nervioso—. ¿Quieres saber algo más? —Input miro sus manos vendadas—. Si, te debo la explicación desde hace rato—asintió y le invito a sentarse al diván con forma de chacal.
Lo hicieron y Input noto que sus manos temblaban.
—¿Todo bien? —pregunto ella.
—Si—mintió él.
—Anpu, no te estoy forzando.
—Pero quiero decírtelo—confeso a los ojos con determinación—. No quiero ocultarte más cosas, ya te lo dije.
Empezó a quitar el nudo de sus vendas y desenredar sus manos con mucho esfuerzo propio. Input llevo una mano a su boca al ver las manos decrepitas que estuvo ocultando. Negras y delgadas como cadáver.
—¡¿Papa te hizo eso?!
—No. El solo me corto mis manos originales. Estas son postizas.
—Sokar me dijo que a tus manos les paso algo por culpa de armas hechas de nuestros huesos ¿eso pasa cuando recibimos ataques de ellas?
—Cuando un arma de huesos de nuestra especie, corta nuestro Dyet, el daño es irreparable—explico—. El corte ocasiona una mutilación permanente, y la extremidad jamás se regenera. Por eso Sokar te advirtió que no te cortes con algún arma de este tipo. Papa me corto con un arma así.
Ahora entendía todo. Su padre era tan aguerrido que quiso forzar a su hijo a defenderse con un arma letal, confiado de que ni así lograría vencerle.
Input acerco su mano a la de él, apenas rozando su piel con intriga. Se detuvo al pensar en lo frágil que debía ser, como cuando las manoseo en los túneles.
—Tus manos postizas ¿Por qué están así? ¿Quién te las dio o como es que…?
—Fue la tía Ast—revelo con una sonrisa tierna—. Ella descubrió la forma de crear réplicas de Dyets aptos para nuestros cuerpos. Estas—movió sus dedos—, son el resultado definitivo de milenos de investigación.
—Y, aun así, están fatales—comentó ella inconforme.
Anpu negó.
—No fueron un error—nego el—, ella las hizo perfectas. Mis manos están así por otra cosa.
Input lo miro intrigada.
—¿Sera por tu habilidad de abrir puertas?
El asintió.
—Luego de que papa me corriera de la casa, mi tía Ast me rescato y llevo consigo por petición de mama. Durante ese tiempo, ella me enseño todo lo que sabia del Heka médico, porque yo deseaba saber sobre esa área—empezó a relatar—. Con el tiempo, me fui interesando en la ciencia del alma y los Dyet. Realice mis propios experimentos y observaciones.
<<Un día, me propuse investigar la forma de rearmar un Dyet dañado por armas de huesos. Anhelaba llevar al límite mis investigaciones y rebasar a mi maestra. Desgraciadamente, no tenía con quien confirmar mis teorías. Los nechers experimentados evitan usar esas ramas entre ellos y luego Sokar se robó la mayoría tras la caída del Bajo Kemet.
<<Entonces—miro al horizonte divertido—, se me presento la oportunidad. Un cuerpo de necher completamente dañado por un arma de huesos. Estaba cortado en catorce trozos y sus piezas estaban desgastadas. Eran un caso perdido para cualquiera…pero una esperanza para mí.
—¿Lo lograste? —pregunto a la expectativa.
Anpu la vio con su rostro iluminado de orgullo.
—Para ser mi primer intento, fue todo un éxito—presumió—. Con algunos puntos a mejorar, pero voy corrigiendo.
—¿Cuándo paso lo de tu habilidad con las puertas?
—Eso—prosiguió—. Lo que hice llego a oídos del Gran Visir—Input quedo perpleja—. El me solicito para un trabajo—dijo y divago un poco como si tratara de recordar—, no recuerdo que fue o que paso…fue algo peculiar y nunca me dieron explicaciones de que lo sucedido. La única pista que tengo—alzo sus manos—, es que mis manos acabaron así y nada puede repararlas.
—¿Así nada más? —recriminó ella—. Anpu, eso es…
—Ya se—detuvo el—, parece injusto. Confieso que al inicio si me genero conflicto, pero en compensación el me concedió el don que tengo…con algunas condiciones. Y dentro de lo que cabe—tanteo sus dedos con alivio—, me gusta.
—Viviste muchas cosas ¿eh? —dijo con suavidad.
—Podría contarte más, si te quedas más tiempo aquí—sugirió el sin medir sus palabras. Input quedo seria y el recapacitó de lo que dijo—. ¡No! No quiero decir que espero que te quedes—hablo apresurado—. Eso jamás, tu debes irte.
—¿Y para dónde? —soltó ella cabizbaja.
Un temblor acompañado de un crujido, los interrumpió.
—Ya casi es hora—anuncio Anpu señalando el final del rio—. Esta por amanecer.
Siendo las siete de la mañana exactamente, una puerta se abrió como fauces en la salida de la caverna. Fuera de esta, el cosmos celestial de Kemet. Las estrellas volando cerca de la entrada como golondrinas sin intención de entrar, y aunque quieran, no podrían. Y a sus pies, el mar primigenio, el Nun.
Las aguas del rio fueron expulsadas hasta disminuir su volumen a la mitad. Los deltas se secaron, dejando a su paso tierra negra. El agua desemboco en el Nun, regresando a su origen para en un futuro, repetir el ciclo de viaje por la catarata. El cual iniciaba en el manantial fuera de la caverna y atravesaba como rio dentro de esta para volver a su plenitud.
Sokar le había explicado durante su tour por los campos, que el rio cambiaba durante el día. A las siete de la mañana, el rio se vaciaba y con ellos bajaba el nivel del agua. Por eso de siete de la mañana hasta siete de la tarde, había uadis. A las siete de la tarde hasta las siete de la mañana, cuando la caverna abrir su entrada, las aguas del manantial entraban de golpe y el volumen del agua subía junto con el regreso de los deltas.
La vista era como un ventanal al amanecer del océano.
Sin embargo, el paisaje fue corrompido cuando la luz del cosmos ilumino las regiones finales. Las montañas adquirieron un color de platino con manchas oxidadas. Su deformidad adquirió una forma de huesos colosales regados por las cuatro regiones, cubiertas por arena. Y ante ellos, el monstruoso esqueleto de una serpiente gigante. Una sensación de peligro y miedo opaco la hermosa vista al amanecer del cosmos, que duro un minuto una vez la salida del Duat cerro sus fauces.
—¿Qué fue eso? —pregunto Input atónica.
—Eso que viste, es lo que debemos ocultar de los demonios y demás nechers—revelo Anpu con seriedad—. Es lo que queda del Sacerdote de Isefet.
Input abrió los ojos aterrada. Acababa de presenciar al monstruo que comenzó la guerra en el Duat y que fue por millones de años, el enemigo que buscaba extinguir a los Nechers para destruir la creación y el orden. El que sus padres y otros nechers, enfrentaron rigurosamente para acabar con heridas y secuelas.
—Los Camefis, alzaron el muro una vez finalizo la guerra para evitar que los demonios se hicieran del cuerpo de su líder—hablo Asir llegando a ellos—. Cuando me enviaron a este lugar, me comisionaron regirlo para asegurarme de que no existieran riesgos. Después reacondicionamos las ruinas de las bases militares y construimos una fortaleza en este muro.
—Con el tiempo—prosiguió Anpu—, vimos la necesidad de proteger a los muertos desamparados—miro por el balcón a los campos con melancolía—. No son muchos, pero hacemos lo que podemos.
Asir dio unos pasos medidos a Input, cuidando no incomodarla. Ella aun mantenía su disgusto ante él.
—Me acuerdo cuando eras una niña—comenzó el con una sonrisa nerviosa—, mis hermanos no dejaban de presumir la hija tan linda que tuvieron.
—Debió ser antes de saber la verdad—ataco ella con el ceño fruncido. Asir asintió avergonzado—. Si esperas que te tenga empatía solo por estar haciendo caridad en este lugar, te equivocas.
—Input—interrumpió Anpu—, escúchanos por favor.
—¡¿Escuchar a quién?! ¿al amante de nuestra madre? —reclamo ella levantándose de su asiento—. ¿El causante de que nuestro padre se volverá loco luego de descubrir que su esposa le fue infiel con su hermano y que quizás sus hijos no eran suyos?
Asir bajo la cabeza, rendido. Anpu no se doblego.
—¡¿Por qué estas con él?! —le cuestiono ella a Anpu.
Anpu miro a su tío y luego a ella.
—Input, escúchalo—le rogo a su lado—. Por favor.
—Defiendes al maldito que arruino nuestra familia ¿Qué pasa contigo?
Y se fue.
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