Esa madrugada, luego de la visita de Apedemak. Los tres felinos permanecieron pensativos sin dirigirse la palabra mutuamente. Maahes afilaba sus cuchillos con rabia, maldiciendo su humillación ante cada enfrentamiento con el kushita. Nefertum se sobaba las cienes como si le doliera la cabeza. Ambos sentados junto al agua dando la espalda a su casa, en donde estaba Miu sentada al borde de la azotea desintonizada de ellos.
Ella jugaba con los reflejos en las arracadas llena de interés. Los primeros rayos del amanecer embellecieron el brillo de estos y se cautivo por lo que generaban dentro de ella. Traía con ella un espejo de mano que encontró en el cuarto de Nefertum junto a sus productos de belleza. Acaricio los aretes y se los coloco con cuidado. Tomo el espejo y se contemplo atrapada en su propio reflejo, ajito sus orejas para jugar con los reflejos solares y sonrió emocionada.
—¡¿Cómo se me ven?! —les pregunto ella bajando el espejo.
Maahes la arrojo un cuchillo y ella atravesó el espejo. El cuchillo quedo incrustado a mitad de este casi rozando con su nariz.
—Con un “no me gusta”, bastaba—respingo ella meneando el artilugio dañado.
El necher se alzo girando su otro cuchillo en la mano con ansias de calvárselo.
—¡No me gusta! —le grito Maahes fulminándola con la mirada.
—¿Y a ti Nefer? —le pregunto al otro que hasta el momento los estaba ignorando.
Nefertum suspiro pesadamente y negó con la cabeza en respuesta.
—Pues…a mi si me gustan—declaro ella.
—¡No creí que fueras tan materialista! —le recrimino Maahes y le lanzo su cuchillo.
Miu lo esquivo doblándose para atrás y cuando paso el cuchillo, equilibro sus piernas para adelante y saltar de la azotea la suelo con elegancia felina. Aterrizo de pie justo cuando Maahes iba a su dirección. Quedaron de frente, mirándose con la misma osadía que se dedicaban entre ellos.
—¿Materialista? ¿yo? —cuestiono con el ceño fruncido ella—. ¿Me estas llamando interesada?
—Te estoy diciendo lo que veo—afirmo él.
Ella se cruzó de brazos.
—Si es así—dijo con una sonrisa de lado—. E estado a tu lado sin recibir un solo regalo de tu parte—dicho eso, Maahes enmudeció y Nefertum se giró igual de perplejo. Miu enlisto con sus dedos—. En cambio, yo: te he hecho de comer, te cosí tus ropas dañadas, limpie tu espacio, cure tus heridas, te cuide en más de una ocasión ¿quieres que siga?
Nefertum clavo su mirada en su hermano, expectante de la reacción de este. Maahes no se movía, había quedado con el dedo alzado sin poder escusarse, mientras Miu sonreía triunfal con las manos detrás de ella. ¿Qué era mas sorprendente? ¿Qué se burlará en su cara sin miedo a las consecuencias? ¿o que le afectara a Maahes?
El susodicho evadió la mirada con la respiración pesada y los puños apretados. Maahes jamás en su vida había hecho eso. Escondía su rostro bajo su fleco para que las personas no se traumaran, pero no por eso les quitaba los ojos de encima y mucho menos se doblegaba ante nadie. Incluso, a pesar de que no lo vieran directamente de frente, muchos temblaban ante se presencia, tan solo sentir su mirada puesta en ellos bastaba para intimidarlos e incomodarlos.
Estaba acostumbrado a estar rodeado de personas que le temían, a pesar de que él no lo deseaba. Su tía Mehyt. Su tío Anhur. Toda su familia. Toda Kemet. Y quien sabe que opinaban los Camefis de él. Su mismo padre parecía evadirlo o ignorar su existencia.
—Me quedare con ellos—concluyo ella con intención de irse, pero el la detuvo del brazo.
Ella rodo los ojos.
—Aunque sea por eso—comenzó el—. Usarlos es como si aceptaras su cortejo—dijo y la miro con firmeza—. Quítatelos.
Miu mantuvo su postura. Su semblante cómico fue descendiendo al punto de que se sentía forzado. La conocía de pocos días, pero Nefertum sentía que esa faceta era anormal en ella. Incluso Maahes la miraba con cierto cuidado, siendo que el llevaba milenios interactuando con ella.
—No puedo—dijo ella a la fuerza, intentado mantener su tono de voz.
—¿Por qué no? —cuestiono Maahes sin concordar. Ella no le respondió, su respiración empezó a entrecortarse. Maahes apretó su agarre— ¡¿Por qué no?!
—Maahes—intento llamarlo Nefertum algo preocupado.
—¿Por qué insistes en quedarte con un regalo malintencionado? —prosiguió exasperado—. Esa baratija no tiene un valor justo. Te hace lucir corriente.
—¡No me importa! —le grito por primera vez ella, visibilizando lo frágil que estaba su mascara.
Nefertum comenzó a alzarse en caso de una emergencia. Cargaba con su espada en la cintura desde que Mak se fue, solo para darle seguridad.
—¡Es que nunca reflexionas nada! —le grito Maahes jalándola a el—. ¡Tengo que lidiar con tus descuidos, siempre!
—Yo lidio con tu descontrol y desastres—regreso ella sarcástica.
—¡No te pedí que me buscaras en primer lugar!
—Claro que no, eso lo hacías tu cada vez que te escapabas.
¿Escaparse de dónde? Nefetum solo sabia de dos ocasiones en las que Maahes se escapó. La primera, luego de que volvieran definitivamente con su padre y pasara aquel incidente misterioso. Y la segunda, cuando escapo del cuidado de su abuelo para venirse a Kush ¿se había escapado ya varias veces en ese tiempo y él no estaba enterado?
—¡Alto! —los interrumpió Nefertum— ¿de qué escapes hablan?
—Eso no te incumbe, Nefer—dijo cortante Maahes.
—No, no, no. ¿Intentaste escaparte antes cuando estabas con el abuelo?
—¡Nefer!
—Si lo hiciste—dedujo y la mirada cómplice de Miu se lo confirmo—. Y tú sabes por qué—la señalo— ¿desde hace cuánto que se conocen? No, mejor dicho ¿Qué tanto desconozco?
Miu revoleo su mano libre por el aire como diciendo que mucho.
—¿Podrían decirme algo? Al menos explicarme que pasa entre ustedes—exigió harto, señalándolos al mismo tiempo.
—Eso es difícil de explicar, veras… ¡Ah! —Maahes la jalo detrás de el antes que pudiera confesar algo.
—¡¿Por qué la callas?! —reclamo enfadado— ¿Qué no quieres que sepa?
—¡Todo! —respondió Maahes sujetando a Miu detrás de él. Reto con la mirada a su hermano mayor. Ambos con el ceño fruncido y una molestia que los tenia al borde de su considerable paciencia mutua.
—¡¿Entonces cómo puedo ayudarte?! —bramo Nefertum y ya no se contuvo —. ¡Estoy cansado de adivinar a lo tonto que pasa contigo! ¡Me siento como un estúpido buscando formas de apoyarte! ¡Vivo como un humano corriente para estar al pendiente de ti cuando puedo darme una vida a mi nivel! ¡Siento que estoy estancado en un ciclo insoportable! ¡A veces llego a preguntarme quien eres tu realmente, porque no reconozco a mi hermano!
—¡NO ME EXIJAS RESPUETAS CUANDO TU TAMBIEN ME MIENTES! —rugió tan potente que hasta el cielo tembló.
El límite se rompió. Miu asomo su cabeza por el costado de Maahes para ver a Nefertum. Ambos temblaban de impotencia y rencor, con aires fuertes y mandíbulas apretadas.
—¿Qué? —pregunto indignado el mayor.
El menor los dejo solos un momento y volvió con un paquete de tela que Nefertum reconoció con preocupación. La abrió de una azotada y lanzo los cuchillos que Nefertum le retiro a Anpu. Aterrizaron clavados alrededor de Nefertum. La sangre del de Atum se había desintegrado hace mucho, quedando las dagas aun cargadas del Ka perteneciente al dueño.
—Escurcaste en mis cosas—recrimino Nefertum enojado.
Por supuesto que lo hizo. Maahes sabia el secreto para ocultar su aroma de Nefertum. De esa forma hurgaba en sus cosas desde niños sin dejar rastros de olor que lo delataran. Pero ese ero lo que menos importaba en ese momento.
—¿De donde las sacaste? —pregunto Maahes.
—Me las entrego Dedun—mintió.
—Ese cobarde no se atreve ni a recoger los cadáveres, y yo no uso esa técnica al menos que perciba un usuario de Heka—movió su mano y el Ka de las dagas volvió a su dueño como líneas escarlatas—. ¿Qué hacías en la masacre?
Hacía tiempo, Maahes obligo jurar a Nefertum que pasara lo que pasara, el jamás debía estar cerca de las masacres. Ni porque la vida de el estuviera en juego. Nefertum cumplió, y cada que pasaba una masacre el se resguardaba como todos los inhumanos hasta que Apedemak pusiera un alto.
—¡Ves! —señalo Maahes con la mirada acusativa—. Tu tampoco me dices nada.
—El cómo las conseguí…
—Estuviste en la masacre ¡te advertí que no te acerques! ¿Como sé que no rompiste tu promesa varias veces? ¡¿Cómo se que no te he lastimado por accidente?!
—¡Ok! Si, estuve solo una vez—confeso—. Y no, no me lastimaste a mí.
—De todas formas ¿Qué hacías allí?
—Eso no importa.
—¡Tampoco importo ocultarme que degradaron al tío Anhur! —revelo Maahes entre el rencor y dolor. Nefertum se pasmo—. O que el rey humillo a nuestras tías ¿Cuántas cosas pasaron en Kemet luego de que me fui?
Muchas. Nefertum tuvo miedo de como reaccionara si le revelaba las injusticas que estaban viviendo en su familia. Dudo muchas veces de contarle, creyendo que despertara un sentimiento aun mayor del que ya sufría y su condición empeorara. An también le presionaba para que dejara de ignorar la realidad, empezando por sus pasados.
—¿Cómo te enteraste? —fue lo único que se le ocurrió expresar.
Su hermano miro de reojo a Miu. Ella se dio la media vuelta en su lugar para evitar empeorar la situación.
—Y sabes—continuo Maahes decepcionado—. Siempre supe que me ocultabas cosas…pero confiaba que en algún momento hablarías.
—Y si te las decía ¿qué harías? —argumento—. No quieres volver a casa, solo por eso estamos varados en este mundo como simples habitantes. ¿Qué te importa lo que le pasa al lugar que abandonaste?
—¡Tu no sabes porque me fui!
—¡Es lo que llevo milenos tratando de descubrir! —grito desesperado.
Sin brazo a torcer, aquella daga escoltarla apuñalo el loto lapislázuli con la mirada. El loto no se inmuto, pues estaba acostumbrado sobrevivir cualquier devastación que lo azotaba. El viento alzo sus cabellos con el afán de revelar sus ojos. La tormenta nacía sobre ellos.
Miu miro las nubes oscurecer en el cielo y frunció la boca.
—Otra vez—dijo para si con aburrimiento. Se giro y camino en medio de ellos para cortar su visión, de no ser porque su estatura no rebasaba del cuellos de los leones—. Creo que necesitan darse un respiro, y no hablo de este tipo—dijo refiriéndose al viento. Camino a Nefertum y le jalo del hombro—. Vamos a ver a An, Nefer.
La ignoro. Ella repitió, hasta que le hizo caso y este le tomo la palabra cuidando que su hermano no se moviera de su lugar. Paso a lado de su hermano con desdén mutuo. Fue por unas cosas a su taller y ella recogió los cuchillos que Maahes le lanzo antes, junto con los que estaba clavados en la arena.
Nefertum se fue sin despedirse o esperarla. Miu le ofreció a Maahes sus armas y este se los arrebato bruscamente. Ella le dijo algo antes de retirarse y se fue detrás de Nefertum.
Cuando ambos estuvieron lejos, y Maahes volvió a quedarse solo. Al fin dejo que la ira y el coraje que estaba conteniendo se liberara como un bramido del cielo. Respiro con la misma intensidad del viento. Desde antier que no se administraba las drogas de su hermano y sus heridas estaban cicatrizadas. Sus huesos restaurados y sus energías estables. Y su apetito, no tardaba en acosarlo.
¿Cuál era el frasco que Nefertum le acababa de hacer?
Olvido donde quedo o que hizo con él. Corrió a buscarlo dentro la casa sin éxito. Fue al taller, y con desesperación hurgo entre los estantes. Maldijo que Nefertum jamás les ponía nombres a los frascos. Maldijo más cuando encontró por accidente su caja y se lanzó para atrás como si esta lo fuera a morder.
Nefertum no tenia idea del porque el rechazaba a muerte el regalo de su padre.


