En el transcurso de todo el día, Anpu y los adultos dieron vueltas sobre el caos que acarreaban.
La urgencia, era recibir la llave del maestro para liberar a Anpu. La prioridad, que fuera lo más pronto posible a Kush por Hor y los demás. El detalle, que debían sacar a Input del Duat sin que los Camefis se enteraran del error de Anpu. El interrogante, como reaccionaria ella al reencontrarse con ellos.
Anpu evito volver con ella, precaviendo que ella lo forzaría a dar explicaciones de forma inoportuna. Mato tiempo en su cuarto, anotando sus recientes observaciones sobre el sanguinario de ojos escarlatas. Pese a que su cuerpo ya no tenía secuelas, en su mente revivieron las imágenes de lo ocurrido ahora que se relajó en su hogar…o lo que para él se volvió un hogar.
Pausaba su escritura al concluir una frase u oración. Sería poco decir que no se sentía incrédulo de haber sobrevivió a su encuentro. Ese sanguinario era muy diferente a los que conocía. Empezando por sus motivaciones para matar, y seguidas de para que fin lo hacía. En Kemet, los sanguinarios mataban para purgar lo que pudiera afectar la religión y la moralidad en las especies inferiores bajo órdenes de los superiores. Este sanguinario, que le parecía ser un novato, trabajaba con libre albedrio.
“No sé qué me da más miedo de él” pensó Anpu con los dedos temblando sobre el pergamino. “Que sea un asesino que actúa sin restricciones, o el terror que sus ojos genera a sus víctimas”.
De solo recordarlos, le recorría un escalofrío.
—Me dan más miedo los de mi especie que los demonios—confeso y anoto la advertencia sobre los ojos.
Un Aj-Sa chacal toco a su puerta para informarle que el heraldo del maestro acababa de llegar y se encontraba con su tío en la palapa del jardín. Anpu dejo sus cosas y fue con ellas después de cambiarse de ropas. Se puso un nuevo shenty negro con cinturón blanco y le dio el viejo al chacal.
Le preocupaba que su tío pudiera mantener la compostura frente al heraldo. Desde que le dio la noticia sobre los nechers que buscaban a su familia, más las represarías de Sokar sobre una guerra racial entre Kush y Kemet, su famosa personalidad dócil se derrumbó. Juraba que se iría sobre los Camefis si algo le pasaba a su esposa e hijos por culpa de su negligencia. Rara vez tuve arranques de ese tipo, pero eran por situaciones con cualquiera menos con la máxima autoridad de Kemet.
Confiaba en que Sokar lo mantendría a raya. Error de Vala.
Cuando llegó Sokar lo tenía sujeto con sombras, mientras este le reclamaba al heraldo como si fuera el mismo Camefi en persona. El heraldo ni se inmutaba, lo veía tan sereno e indiferente que confirmaba la falta de empatía del maestro.
—Tío—le llamo Anpu y llamo la atención de todos.
El heraldo lo miro con un poco más de interés y culmino su enfrentamiento con Asir.
—Como le dije antes, Lord Asir—dijo el heraldo—. Los Camefis están al tanto de lo que está pasando. Confié en sus acciones al permitir que el rey enviara por los nechers que están en Kush. Y usted, Lord Sokar—miro al necher halcón que había permanecido callado—. Mi amo ya envió algunos patecos a revisar los pasadizos.
—En nombre de los aquí presentes, me disculpo por la reacción que tuvimos—se disculpó Sokar con la educación que le fallo a su tío—. Que los Camefis entiendan nuestra incertidumbre tras no estar al tanto de lo que ocurre fuera de este infierno.
—¡Yo no! —reclamo Asir colérico luchando por liberarse de las sombras—¡Prometieron que mi familia estaría a salvo! ¡Si les llegar a pasar algo…
—La palabra de mi amo es ley, y le dio su palabra a usted el día que llego a este lugar—señalo el heraldo—. Respecte su palabra, Lord Asir.
—Si, Asir—advirtió Sokar—. Te lo digo por experiencia, no subestimes al Gran Visir.
—Que bien que usted confía, Lord Sokar.
Asir se mordió la lengua de impotencia. El heraldo se acercó a Anpu acompañado de un pateco que cargaba una caja. El joven necher procuro mantenerse serio y confiado.
—Gusto en verlo, Sir Hepu—saludo Anpu.
—El gusto es mío, Lord Anpu. Hago entrega de la llave que solicito—informo y el pateco le abrió la caja para mostrarle la llave.
Anpu agradeció y extendió la mano para tomarla. La felicidad duro poco cuando una bola de fuego cruzo entre ellos y se robó la llave frente a sus narices como ave rapaz. Tardaron unos segundos en reaccionar hasta que Sokar señalo molesto al travieso ladrón que volaba en círculos sobre ellos.
—¡Bennu! —le grito Sokar— ¡Otra vez abandonando tu trabajo!
La bola de fuego mitigo su fuego mientras descendía a ellos, visibilizando su aspecto de garza. Apago sus llamas al pisar el suelo junto a ellos, con la llave en su pico.
—¿Qué haces aquí, Bennu? —esta vez cuestiono Hepu con un tono de reproche—. No debes descuidar el desierto frente a la fortaleza.
Bennu trasmuto su cuerpo a uno humanoide. Era muy alto, de cabello azabache recogido en una coleta alta muy corta. Vestía similar a Hepu pero sin tocado y con colores rojos y dorados. Tomo la llave con la mano e hizo una reverencia a los nechers. Su presencia alerto a Anpu y a Sokar.
—Tu amo te dejo al mando de Lord Asir, Bennu—le recordó Hepu—. Deberías ser mas obediente.
—No todos los heraldos tenemos libertad de movernos donde sea, Hepu—dijo el Aj-Sa garza—. Me aburro de volar por el mismo desierto durante día y noche. Es fácil para ti criticar cuando tu amo te manda a varios lugares diferentes.
Hepu entrecerró los ojos.
—¿Y tú amo te da permiso de usar esa forma? —pregunto el con disgusto.
Esa platica ya no parecía la formal de hace unos momentos, era la de dos subordinados charlando sobre su vida laboral. Olvidando que estaban junto a tres nechers que estaban acostumbrados a escucharlos hablar como títeres de sus jefes.
—El Gran Soberano no es rígido—presumió Bennu sonriente—. Me da libertad de sentirme cómodo y relajado.
—Acabas de interrumpir mi labor mientras descuidas tus deberes. Me parece que te da libertad de más.
—Te equivocas, Hepu—corrigió Bennu ladeando la llave en su mano cerca de Anpu. El necher se tensó por el tono de su insinuación—. Solo vine a dar mis observaciones de ayer en la noche cuando custodiaba el desierto.
Anpu se vio de reojo con Sokar, sabían a lo que se refería el otro heraldo. Estuvieron intentando pasar desapercibidos frente a el esa vez para que no descubriera Input. Asir observo cuando Bennu se arrodillo frente a él con una mayor devoción que los demás Aj-Sa. Sokar lo libero de sus sombras con la promesa de comportarse.
—My Lord—hablo Bennu a Asir—. Los demonios han tenido un comportamiento extraño desde ayer. Han llegado más de lo normal a la cuarta región, con una desesperación injustificada por hallar algún punto ciego para atravesar la fortaleza. Casualmente, pude ver a su sobrino—dijo viendo de reojo a Anpu—, junto con una Devoradora y me pareció distinguir a otro individuo.
Asir mantuvo su porte, fallando solo con un leve gesto con la mano. Miro a Anpu con una mirada de complicidad y fingió que todo estaba bien.
—Estoy al tanto, Sir Bennu—anuncio Asir—. Anpu me conto que rescato un alma de los demonios, y estos como siempre, trataron de seguirle la pista. Es normal que se pongan así cada que Anpu les roba víctimas—encubrió—. Sobre la Devoradora—busco una respuesta viendo a su sobrino con duda. Anpu no le conto sobre Ammyt todavía—, no veo problema.
—Lo sé, my Lord. Lord Sokar me conto lo mismo cuando fui investigar a su herrería. Pero me tomo por sorpresa que Lord Anpu haya realizado tal hazaña en ese aspecto—señaló la condición humana de Anpu—. Y más aún que este huyera de mi en cuanto me vio. Ni parecía que me reconociera.
Estaba claro a donde quería llegar. Anpu quiso evadirlo para que no descubriera a Input, y acabo viéndose muy sospechoso para Bennu. Sokar también intento persuadirlo luego de que los mando en su barco a la fortaleza. Crearon una mentira que le pasaron a Asir por si se presentaba nuevamente a meter cuestión.
—Esa es la verdad, Sir Bennu—refuto Sokar con seguridad—. Duda mucho de nuestra palabra.
—Bennu—llamo Hepu—¿a eso viniste? ¿A molestar a los nechers y buscar difamar al joven Anpu? Lord Anpu luce así porque tuvo un accidente en la herrería con un grillete del maestro, y te robaste la llave que necesita para volver a su forma verdadera.
Bennu chasqueo la lengua y camino a Anpu con una mirada analítica.
—¿Dijiste que esta así desde la herrería? —cuestiono Bennu—. Pero yo claramente lo vi así caminando por el desierto con el otro que te conté ¿y porque fue a la herrería a pie cuando él se mueve por las puertas? —hablo con seguridad. Hepu dirigió su mirada a Anpu con la misma duda—. Mi ojo es poderoso, por algo mi amo me dejo al servicio de Lord Asir en este lugar como guardián aéreo. Se lo que vi. Y vi al joven Anpu tal cual luce ahora con otro similar y una Devoradora bebe ¿porque me lo niegan? —reto con una sonrisa burlona. Anpu le mantuvo la mirada. Similar a lo que sentía cuando Hepu manifestaba la presencia de su amo, Bennu estaba poseído por la esencia del suyo—¿o es que intentan ocultarle algo a los Camefis?
Nadie dijo nada. Era jaque mate. Bennu era imposible de burlar, no había duda de que reconoció a Input a lo lejos. Y no era casualidad que espero a que Hepu llegara para evidenciarlo, pudo hacerlo antes. La verdad era, que de entre todos los Camefis, al único que le interesaba que Anpu cumpliera las reglas era al Gran Visir, porque él fue quien le dio el don de abrir puertas al Duat. El Gran Soberano no podría importarle el cómo Anpu usara su don siempre y cuando no ocasionara daños a Maat. Incluso podrían suponer que era el mismo Gran Soberano el que estaba dándole instrucciones a su heraldo para forzarlos a confesar por las buenas.
—De ser así—interrumpió Hepu—. Tu supones que Lord Anpu cruzo el desierto en una condición tan vulnerable ¿Cómo justificas que haya sobrevivido hasta la herrería? Es imposible.
Los nechers evitaron soltar un suspiro. Desde esa lógica, el testimonio de Hepu sonaba imposible.
—Vi que olían algo a cada rato—soltó Bennu encarándolo—. Cuando los rastreé por el túnel hasta la herrería, sentí un rastro de aroma. Me recordó a un perfume que una vez mi amo me dio a oler, me dijo que era un perfume regenerador. Creo que fue eso. Y olía a loto.
Hepu parpadeo algo intrigado. Su mirada tomo otra personalidad, la de su amo. Y se clavó sobre Anpu con cierto interés. Parecía que el tema del perfume le era más importante que el secreto que ocultaban.
No supo porque, Anpu imagino que aquel perfumista que hizo ese perfume, estaba implicado de alguna forma en todo esto. Antes de lo que le paso con el sanguinario, el no sabía que los perfumes podían ser medicinales. Al parecer, los Camefis si lo sabían. Tal vez porque ellos habían conocido a es perfumista misterioso.
—Joven Anpu—dijo Hepu con seriedad y una sutileza que ponía nervioso a cualquiera—. Dado el testimonio del otro heraldo, pareciere ser que usted ha omitido verdades. Sin embargo, mi amo en estos momentos prioriza que nos cuente sobre ese perfume del que supone Bennu. O mejor aún ¿Conoce a un perfumista con ese producto que este morando en Kush?
Entre la espada y la pared, Anpu se vio obligado ante las miradas de todos los presentes a confesar. Su visita a Kush, la persecución, el desvío con la masacre. Al llegar a hablar sobre el sanguinario, Hepu interrogo sobre este súbitamente. Después conto como Hor fue el que en realidad conoció el perfumista y lo que él pudo descubrir de él. Misteriosamente, el heraldo les dio más importancia a estos dos misterios personajes que la confesión de Anpu de traer a Input al Duat.
Al concluir, los nechers estaban temerosos de la represaría hacia el más joven, y un poco los mayores al colaborar en la mentira. Hepu no mostraba nada, contrario a Bennu que estaba impaciente por saber el veredicto.
—Dígale a My Lord que me disculpe—rogo Anpu inclinándose a tierra humillado—. No debí mentirle, fui irrespetuoso y blasfemo. Aceptare la sanción del Gran Visir sin objeción.
Sokar y Asir hicieron lo mismo contra su orgullo. Mas Asir que los otros dos.
—Levántense—comunico Hepu con voz de autoridad—. Joven Anpu, mi amo está meditando. Mañana regresare para traer su verdino—dicho eso, los nechers alzaron el rostro—. Libérate tú y tu hermana de los grilletes con la llave. Puedes usar tu don mientras regreso. Solo no abras puertas a Kush u otro mundo hasta que se te de permiso. Ya que ahora mismo, un nuevo creador surgió del mar primordial y su inestabilidad podría ser peligrosa.
—¡¿Qué?! —exclamaron los tres alarmados.
—En estos momentos, los Camefis están en el Nun, recibiendo a su nuevo hermano creador. Por eso mi amo no tiene problema de resolver su caso tan pronto. Eso es todo, me retiro—anuncio con una reverencia.
Bennu soltó una risita y Hepu lo miro con reproche. Los patecos regresaron y Hepu confirmo si habían terminado su trabajo, ellos asintieron. Les pregunto si investigaron lo que su amo les dijo y uno de ellos alzo el pulgar. Se retiraron. Bennu también hizo una reverencia y voló envuelto en llamas de regreso a su labor dejando la llave tirada en el suelo. Quedando los nechers agobiados por las indirectas de los creadores a través de sus heraldos.
Se levantaron con la frente en alto.
—La libraste muchacho—le dijo Sokar a Anpu que seguía nervioso—. Si te hubiera querido castigar, ya lo hubiera hecho.
—No entendí—confeso Anpu—. Creí que me quitaría el don al instante, pero creo que solo me está dejando disfrutarlo por última vez.
—Na. Conozco al Gran Visir desde hace billones de años. Cuando alarga las cosas, es porque está planeando algo. Es demasiado meticuloso como para dejar cabos sueltos.
—¿Entonces dices que Anpu le será de utilidad así con su don? —supuso Asir. Después bufo—. Solo hay que saber con qué intención fueron a recibir a ese nuevo creador. Lo van a manipular para unirse a ellos. Luego subyugarlo y apoderarse de su soberanía, así como lo han hecho antes con los creadores menores.
—Yo solo digo—explico Sokar—, que pudo ser peor para el chico. Pero debo admitir que no entiendo que lo hizo tenerle misericordia.
—Mañana lo sabremos—anuncio Asir sin bajar su rabia—. Igual que el destino de mi familia.
Los tres seguían preocupados por la situación en Kush. Sin más opción que tener paciencia a las palabras de los Camefis, se brincaron a lidiar a Input. Asir ordeno que prepararán una merienda dulce y embriagante para relajarse, y Sokar sugirió que trajeran a Input para acompañarlos y de una vez charlar con ella.
Anpu se quitó el grillete. Su Ka viajo por todo su cuerpo a grandes proporciones y se sintió como un abrazo de su mismo ser. Nada como ser libre y liberar sus energías contenidas. No tardo en volver a su forma Teriamorfa y abrir puertas solo por diversión. Asir lo mando por Input y este obedeció. Pero cuando las fue a buscar a la bodega, ellas no estaban. Las busco por todos lados, entran en pánico y regreso con los demás.
—¡La entrada desapareció! —anuncio alarmado frente a Sokar—. La busqué en todos lados y no encontré rastro de ella.
Sokar le señalo con los ojos que mirara a su lado. Lo hizo, y allí estaba Input sentada. Viéndose con un Asir que tenía una copa a medio beber y la misma incomodad e intriga que ella.
¿Y porque ella estaba usando su ropa?
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