El rio volvió a su forma original, dejando restos de arena húmeda en tierra firme. Los chicos se vieron arrastrados por la corriente que recupero su flujo normal, como si nada hubiera pasado. Fue gracias a Anqet, que salieron del agua por una ola. Acabaron al sur de las afuera de Meroe, teniendo a Meruel como luz para la inmensa oscuridad que los rodeaba.
—¡Tierra! —exclamó el kushita aferrándose a la arena con sumo éxtasis—. ¡Oh! ¡Firme, segura, estable y…! —luego de frotarla entre sus manos y bañarse en ella, la vio con un naciente asco—. Sucia y arenosa. ¡Regrésenme al cielo!
—Y dicen que yo soy quisquilloso—replico Nefertum viendo el drama.
El y Anqet fueron los primeros en pararse sin problemas. Tasenet se paró por su propia cuenta y le ofreció ayuda a Meruel. La rechazo con desdés disimulado, y se alzó con un aleteo que voló su suciedad, pero que le cayo a los demás. Aterrizo de pie y se sacudió los restos de sus brazos. Anqet los limpio con una pasada suave de agua y se la dejo caer al kushita sobre su cabeza. Los nechers ahogaron una risa ante la cara del halcón.
Meruel los fulmino con la mirada y estuvo por reclamar, hasta que vio a los lejos como su padre venia.
—¡Mi papa! —alerto y se hizo bolita cubierto por sus alas.
Los nechers percibieron al sol acercarse, y junto a el estaba Hor tratando de seguirle el paso. Tasenet le grito a su hermano con los brazos agitándose en el aire. Hor la diviso y doblego sus esfuerzos para rebasar al adulto, regresándole el llamado.
—¡Es mi hermano! —grito llorando, Tasenet, llena de gozo—. ¡Hor esta aquí! ¡Mi hermano esta bien! ¡Chicos…! —para cuando se giro a donde los grandes, ya no estaban, más que Meruel tratando se esconderse— ¿Anqet? ¿Nefer?
—¡Tasenet! —le llamo Hor corriendo.
Tasenet lo recibió con los brazos abierto y Hor la alzo sobre de el para estrecharla en su pecho. Ella se colgó sobre su cuello y caderas. Y ambos lloraron sin contención. Solos dos niños. Dos hermanos, que al fin se reencontraban. Se llamaron por sus nombres para confirmarle al otro quienes eran, y se acariciaron las espaldas como seguridad de que no se separarían.
Apedemak paso de lado, a donde Meruel. El chico no alzaba la cabeza, y su padre solo se paro frente a el con el arco colgado en su espalda. Cuando el adulto se atrevió a posar un mano sobre su hijo, Amesemi llamo a lo lejos y Meruel voló disparado a su madre. Volando sobre ellos, Ast aterrizo sobre sus hijos. Los cubrió con sus alas de milano y abrazo en un baño de lagrimas compartido. Nebet-Het aterrizó junto a ellos, igual de conmovida.
***
En el barco, los cocodrilos de Sobek entraban en fila rápida por la escotilla. Los cocodrilos colosales, en cambio, su amo los mando a hibernar en las profundidades del rio hasta que les diera órdenes. Sobek fue recibido por Mehyt en la cubierta. Al verlo solo e irreconocible de la última vez que se vieron, ella temió preguntar.
—¿Baba? —pregunto Sobek.
—Envenenado—respondió ella de forma sosa—. Mis hermanas están nuevamente selladas. ¿Y los chicos?
Sobek destapo el frasco medicinal y se lo dio a oler a ella primero. Mehyt entreabrió la boca.
—¿Nefertum? —intuyo ella preocupada.
—El desgraciado supo librársela—dijo el y olio el contenido. Se sintió con mas fuerzas, mientras su cuerpo recibía la dosis con necesidad—, y Anqet también. Puedes relajarte, no nos conviene evidenciar nuestra derrota.
Mehyt suspiro de alivio.
—Entonces ¿los Sangre de Atum? —interrogo ella—. No encontramos a la princesa Input. Esa era nuestra misión inicial.
Sobek gruño.
—Tenemos cosas mas importantes que decirle al rey—guardo el frasco y dio una señal a sus Aj-Sa para no quedar ninguno abandonado—. No podemos esperar a que se reactiven los puentes, iremos por el Mar primordial.
La leona abrió los ojos.
—¡¿Quieres arriesgarte en esa condición?!
—Para eso te tengo a ti de respaldo—señalo Sobek antes de ordenar que condujeran el barco con dirección a un punto de salida—. Mas vale que estes atenta, o usare a tu querido amante de carnada por cualquier emergencia.
***
La caída del muro de agua y el retomar de Apedemak como sol, fue una señal de paz y renovación para los humanos. Los sacerdotes salieron a las calles, pregonando las buenas nuevas del cambio establecido por los dioses. Su versión, o mentira, era que el dos Meruel tuvo un berrinche adolescente y sus padres aplicaron una sanción.
En parte, se merecía la tacha, fue parte culpable de todo el desastre. Y, por otro lado, era una tapadera creíble para evitar la mínima sospecha de que todo fue un ataque seres ajenos a su mundo y su existencia.
Los humanos estaban tan colapsados, que no sabían si eso ameritaba una fiesta de paz o un ritual nuevo. Aunque sinceramente, no tenían ganas de nada, más que de reposar mientras asimilaban que vivieron el susto de su vida, por culpa de una inmadures. En las demás ciudades, se envió el mensaje por medio de los sacerdotes locales.
Nefertum se mezcló entre la población de la ciudad cuando esto paso. La situación le ayudaba a pasar desapercibido. Su plan era irse apenas abrieran el puente a Kemet, y si no, pues probaría nadar por el mar primordial. Jamás la había hecho, pero siempre tubo curiosidad por hondar en él. Para su suerte, contaba con la compañía de Anqet para protegerse mutuamente.
Aprovecharon su primera oportunidad para huir de un forzado reencuentro con los Sangre de Atum y los Soberanos de Kush. Llevaron a cabo su tarea de traer a los pequeños a salvo, y eso hicieron. Mas juntas con ellos, y con los antecedentes que tenían, era mucho pedir.
Anqet le había pedido que lo esperara unos minutos en lo que iba a investigar las circunstancias de los puentes dimensionales. Nefertum supuso que ella tenía una leve esperanza de escapar a otro lugar que no fuera Kemet. Por lo que el permaneció recostado contra un muro en la zona menos concurrida de Meroe. Hasta que un aroma cruzo por su camino. Suave, dulce y tierno. Le recordó como el de cierta gatita, pero con notas mas nerviosas e inseguras. No dudo en perseguir a la dueña del aroma: una figura femenina encubierta como él.
Esta lo percibió y acelero su paso. Nefertum acelero y ella empezó a correr. No conto con que el necher fue más rapido y la emboscara en la acorralara en la siguiente esquina. La chica grito nerviosa y retrocedió a espaldas con el muro. Trato de huir por el otro lado, pero Nefertum la atrapo del brazo. Ella, inconscientemente, creo un sicomoro que lo atrapara. Nefertum saco su espada con la mano libre y la podo sin problema.
—Lo sabía—dijo Nefertum. Envaino su espada y le arrebato su capa—. Tu tampoco eres humana. Eres… ¿Quién eres tú? —cuestionó incrédulo.
La chica ante él, parecía ser Miu en su forma kushita, o bueno, parecida. Su rostro era idéntico, pero su compleción física muy diferente. Su cabello era largo y rizado. Era más alta que Miu y Anqet, poseía mas busto y caderas. Estaba algo robustita, aunque no tanto como las mujeres hermosas de Kush. Aun así, era tan hermosa como Miu.
Nefertum le revelo su verdadera forma, esperando que ella entrara en confianza de hacerlo también. Ella lo miro con ojo crítico, y abrió sus ojos de sorpresa.
—Eres el hermano de Maahes ¿no? ¿Nefertum? —pregunto ella, sorprendiendo a Nefertum por su rapido reconocimiento.
—¿Cómo me reconociste tan rapido? —interrogo él. Ella se crispo—. Déjame adivinar ¿eres la hermana melliza de una gata?
—¡¿Viste a mi hermana?! —se acerco ella de frente.
—Primero quítate ese disfraz, hermosa—ordenó. Hat obedeció dudando, y revelo la misma apariencia que le mostro a Hor—. Tu verdadera apariencia—recalco. Ella obedeció de mala gana. Sus facciones físicas eran intermedias como las de cualquier kemita, piel morena y sus ojos, eran verdes esmeraldas, solo que en lugar de un borde azul zafiro, era un dorado amielado—. Y supongo, que también debes poseer una peculiar marca solar, como ella.
Hat abrió la boca, y luego se llevó una mano a la frente. Maldijo en voz baja a su hermana ignorando que Neferum la escuchara. Se volvió desesperada sobre el como si le apremiara el tiempo de vida.
—¿Dónde están ellos? —pregunto ella, revirtiendo el acoso.
—¿Te refieres a nuestros hermanos? —Nefertum dio un paso atrás y la soltó del brazo—. No lo se. Regresaron a Kemet juntos, antes de que comenzara todo este caos. Ni se despidieron de mí…y al parecer se olvido de ti.
—¡¿Esta con Maahes?! —gruño Hat, frustrada—. Entonces vine hasta aquí para nada—reclamo para sí, luego volvió a el—. Por supuesto que se olvidó de mí, siempre hace lo mismo cuando se escapa.
—Disculpa, no entiendo—comento confundido— ¿a que te refieres con que se escapó? Ella nos pidió ayuda para buscarte.
—¡¿Qué?!
—Nos dijo que estaba buscando a su melliza—la señalo a ella—. Aunque, no lucen como dos gotas de agua como decía su descripción.
—¿Buscándome a mí? ¿Cómo supo que la estaba persiguiendo? Yo soy la que la está buscando—Nefertum no respondió. Su rostro exigía una explicación de ella. Hat gruño bajo—. Ella vino para llevarse a Maahes de regreso a Kemet.


