Tasenet celebraba su nueva victoria contra Meruel. Jugaban una réplica de tablero kemita para distraerse del aburrimiento y falta de ocupaciones. Ya había pasado un mes desde que paso la inundación y los cazadores de Kemet se retiraron. Y como tal, los mas chicos no tenia de otra que observar a los adultos encargarse de las consecuencias.
La humanidad aun temía un inesperado acto destructivo de sus dioses sin razón aparente. Ni los sacerdotes conciliaban el sueño, por miedo de perderse una señal profética que les salvaría. Los espíritus extranjeros habían recibido atención medica inmediata, apoyada por Ast y Nebet-Het, y para disminuir reclamos de sus Soberanos una vez regresaran a sus tierras, los kushitas tuvieron que pagar por los daños materiales que perdieron en el ataque del Estanque. O más bien, los nechers quedaron en deuda con los kushitas por ser los verdaderos culpables. Los animales mutados por la sangre de Dedun, fueron erradicados antes de que alteraran el orden natural del ecosistema. Y Dedun…la última vez que lo vieron, Apedemak lo llevaba arrastrando de los cabellos al inframundo.
—¿Aun no aparece tu tío? —le pregunto Hor a Meruel, cuando este se rascaba la barbilla analizando su siguiente movimiento en el tablero.
—Viene por las noches a recoger las almas—respondió Meruel, y lanzo los dados—. Pero es escoltado por mi tío Arensnufis y se la pasa nervioso—movió su pieza—. Desde que le quitaron las drogas, se pone ansioso y se volvió más miedoso. Y eso que no sabemos que le hizo mi papa allá abajo ¡Tasenet, estas haciendo trampa! —irrumpió cuando la niña alcanzo la meta en su último turno.
—¡Hor, dile que no sabe jugar! —se defendió Tasenet.
Hor puso los ojos en blanco. Él no jugaba porque alguien debía ser el juez. Pudieron jugar otros juegos de mesa, pero en la mayoría Meruel fácilmente podría hacer trampa por su visión. El kemita tablero era un juego exclusivo de Kemet, y funcionaba al azar, ideal para frustrar algún intento del halcón para llevar ventaja. Tardaron un buen tiempo en que Meruel entendiera las reglas del juego, pero este no se contentaba con nada.
Una vez acabo el desastre, Meruel confeso todas las verdades que por mucho tiempo callo para el y Dedun. Sus padres determinaron que su secuestro funciono muy bien para que aprendiera una lección, y por no cumplir su labor como debía, lo desterraron del cielo por tiempo indeterminado. Apedemak y Amesemi regresaron a ser los astros de Kush, mientras su hijo quedaba a merced de sus demás hermanos para ayudarles en sus deberes. Castigo que comparado al de Dedun, no era tan malo, pero para Meruel, era la peor del mundo.
En cuanto a ellos, innegablemente, se irían. Se escatimaba que esa semana el Mar Primordial volvería a la normalidad y podrían reactivar los puentes dimensionales. Necesitaban que Anpu volviera por ellos, para crear un atajo a Kemet. Mientras esperaban, los kushitas los dejaron hospedarse en Meroe, apoyando en lo que pudieran para alivianar la carga.
—Este juego ya me aburrió—alego Meruel—. Hor, entrena conmigo. Derrotarte es más divertido que mover figuritas con tu hermana.
—Creí que tu papa te confisco todas tus armas—dijo Hor.
—Pues a puño limpio—sugirió, y luego se quedó pensativo un rato viendo la nada—. Ya apareció tu primo—anuncio señalando la ubicación.
Hor se sobresaltó.
Siguieron a Meruel hasta el patio, donde un desorientado y estérico Anpu miraba a todos lados en pleno atardecer. El joven portaba su disfraz de humano kushita, al igual que Tasenet y Hor. Pero al divisarlo Hor, se lo quito mientras corría a abrazarlo antes que Anpu se percatara de lo que pasaba. Anpu parpadeo unos segundos, luego alejo a Hor para verlo mejor de frente.
—¡Hor! ¿Estas bien? —pregunto rápidamente—. ¡Rapido! Debemos llegar a la cuarta catarata.
—Ya fui—respondió Hor.
—Hay que encontrar a nuestras madres.
—Están con nosotros—respondió Meruel llegando con ellos.
—Aun debemos localizar a Tasenet.
—Aquí estoy—anuncio la niña también llegando a su lado.
Anpu miro a los tres anonadado.
—¡Los cazadores!
—Ya se fueron—contestaron los tres al mismo tiempo.
El mayor se rasco la cabeza.
—¿Y los demás?
Allí si, ninguno quiso responder. Bajaron las cabezas con sentimiento.
—Ya veo—dijo Anpu igual de desanimado.
—¿Qué hiciste con Input? —esta vez, interrogo Hor.
Meruel había confesado la verdad sobre Input, y su paradero. Al enterarse los Sangre de Atum sobre su miembro desbalagada y lo que se desato tras ella, rogaron que Anpu regresara lo más pronto posible para asegurarse de su bienestar. Anpu no sabía que ellos ya lo sabían, esperaba hacer la gran revelación. Y cuando llego a Kush, apenas tubo aprobación para abrir puertas, dio directo a Meroe al azar creyendo que iba a Nuri, donde se separaron él y Hor.
Durante ese mes de no saber nado de lo que ocurría en Kush, vivió incertidumbres junto con Asir e Input. Aunque los detalles de cómo les estaba yendo en el Duat, los cantaría más adelante.
—¿Cómo sabes de ella? —pregunto Anpu confundido.
***
Hor termino de empacar lo poco que recaudo en Kush. Algunas gemas y ropas similares a las que usaban en Kemet. Reajusto el envoltorio de la lanza de Anhur y cargo el bolso donde llevaba sus pertenencias. Su familia hacia lo mismo, pero al ser hembras tenían más cosas que guardar. En especial, por un paquete misterioso que ocasionaba disputas entre su madre y tía. Al parecer, era un “regalo” de parte de la Kandake a Ast, pero Nebet-Het renegaba de no llevárselo, ni, aunque estuviera loca. Por eso, Hor se adelantó al punto de partida.
Mientras caminaba por los pasillos del templo, recordó el día que llego a Kush. Él tenía poco más de un millón de años, y Tasenet apenas medio millón. Fueron recibidos por la familia de Meruel sin ningún perjuicio, salvo el de la Kandake por sus nanas, las Ojos Solares. Pero dejando eso de lado, y aun con lo ocurrido, los Soberanos de Kush fueron bondadosos y misericordiosos con ellos. Les dieron hogar, libertad y protección.
Al principio, no se sentía cómodo estando en ese mundo. Si bien Kush se parecía un poco a Kemet, jamás serian iguales. Siempre serian como hermanos mellizos. Y habitar en el hermano de tu hogar, era estar en familia. Por lo que al final, se sentía incomodo de irse.
Además, había conocido seres de otros mundos y sus culturas. Comprendió el deseo de su padre al explorar en su juventud esos mundos y forjar amistades con ellos. Quizás cuando fuera más grande, y se resolviera la situación de su mundo, él podría visitar nuevamente Kush u otro lugar. Recordó a los Jentilaks ¿en cuantos lugares estaban regados? ¿algún dia podrían regresar también a su mundo, si es que aun existía? También pensó en Hat ¡¿Por qué no le pregunto el nombre de su mundo?!
Freno a medio camino para pegarse en la frente.
—¡Eres un tonto, Hor! —se reclamó a el mismo.
—Valla, al fin lo reconoces.
Hor descubrió a Meruel esperándolo detrás de una columna junto a la salida, y suspiro por costumbre.
—¿Pensabas que te dejaría ir sin recibir el honor de admirarme una última vez? —se atribuyó Meruel, atravesándose en su camino—. Hor. Hor. Se que te cuesta despedirte de mí, por eso vengo a verte llorar cuanto me extrañaras.
—La verdad, me estas animando más a irme—dijo Hor, burlándose—. Pero ya que te tomaste la molestia de esperarme y decirme adiós.
—¡No finjas que tu no querías!
—Meruel, eres insoportable, engreído, malcriado, presumido, arrogante, odioso…
—Te las tenías guardadas ¿verdad?
—…y al mismo tiempo, creo que eres mas o igual de inmaduro que yo.
Meruel bufo con una sonrisa ladina.
—Te hubieras muerto en el desierto sin mi ayuda, reconócelo.
Hor forzó una sonrisa.
—Y a ti te hubieran vuelto a secuestrar si yo no te hubiera visto—dijo Hor.
—Por favor, mi tío Dedun me vio primero.
—Yo convencí a tu padre de que te perdonara muchas cosas que le ocultabas y de que las Ojos Solares no fueran prohibidas en Kush en un futuro—revelo, cruzando los brazos sobre su pecho.
La sonrisa de Meruel se desvaneció. Debido a que estaba encadenado cuando paso la charla privada entre Hor y su padre, el no pudo ver nada del exterior o imaginarse que el Soberano que al que se la pasaba molestando como débil, fuera mas capaz que el para encarar al temible Apedemak.
—¿Cómo lograste allegarte a mi padre? —pregunto Meruel.
Hor también disminuyo cualquier rastro de seguridad.
—Solo—busco las palabras correctas para explicarlo—, fui sincero. Supongo—hizo una pausa para ver el aspecto del kushita. Meruel miraba el atardecer, cuando su padre terminaba su jornada para darle lugar a la de su madre—. Tienes suerte de tener a tus dos padres juntos—elogio con un poco de invidia contenida.
—Si…juntos—dijo con voz pagada y una mirada triste.
—Meruel—hablo Ast acercándose a ellos con sus cosas cargadas por unos Aj-Sa recién creados por ella misma para llevar sus pertenencias. Los chicos se incorporaron como si nada.
—Lady Ast—saludo Meruel, como buen caballero—. Mi madre me encargo despedirlos en nombre de ella. Dice que fueron buenas amistades.
—Bueno, al menos no nos vamos siendo odiados—se alivio ella—. Envíale mis mejores deseos y gratitudes por el tiempo que nos permitió habitar con ustedes. Juro que le compensaremos lo que acaba de pasar, y que nos vuelvan a disculpar.
—Sobre eso, mi papa dice que Hor ya lo resolvió—Ast miro de reojo a su hijo, quien sintió el interrogatorio de su madre.
Hor evadió la mirada a donde venían su tía y hermana.
—Si, algo así me tiene que explicar cuando volvamos a casa.
Las tres prosiguieron al patio, donde Anpu los esperaba acompañado de Arensnufis, como supervisor de que su retirada estuviera bien. Tasenet le dio un abrazo rapido a Meruel, y este correspondió fingiendo desinteres.
—Gracias por cuidarme—le dijo la niña con una sonrisa y se fue corriendo con su familia.
Anpu creo una puerta, pero esperaban la llegada de Hor para abrirla. Arensnufis intercambio algunas palabras con las nechers entre tanto.
—Meru—hablo Hor—. Gracias, por habernos ayudado—confeso al fin, y Meruel lo miro incrédulo—. Y siento, que nuestra presencia les haya traído tanto caos.
El kushita no supo cómo reaccionar. Podría burlarse de la sinceridad de Hor como se esperaría. Mofarse de que lo elogiaran. Pero en su lugar, se contuvo de acongojarse, o notarse muy obvio.
—Hor—se esforzó por hablar—. Gracias…por ser mi amigo…y siento haberte ocultados cosas.
Ast le grito a Hor que ya era hora de retirarse, impidiendo que procesara la extraña faceta que Meruel le mostraba. Sus familiares volvieron a insistir que se apurara. Y de forma rapido, Hor le extendió el brazo a Meruel.
—Hagamos una promesa—propuso Hor con una sonrisa retadora—. Juremos que nuestra amistad se mantendrá siempre y cuando no seamos la perdición de nuestros mundos.
—O sea, que si mandas todo al infierno ¿nos volveremos enemigos? —pregunto intrigado. Hor se hundió de hombros de forma sugerente. Meruel ensancho una sonrisa—. En ese caso, mas te vale que no destruyas Kemet, Necher—se agarraron del antebrazo.
—Ni tu Kush, Nehesu.
Y ambos se dieron un apretón en confirmación.
Hor fue a su familia, a abrazar de lado a su madre, mientras que esta hacia lo mismo con Tasenet del otro lado. Nebet-Het se aferro al brazo de su hijo Anpu, y este asintió listo para abrir la puerta. Meruel y su tío siguieron despidiéndolos a los lejos. Los Sangre de Atum miraron de frente la puerta, inseguros de lo que les depararía detrás de esta.
Anpu la abrió, y los Necher regresaron a Kemet.
—Hogar, dulce hogar—comento Hor devastado.


