¡Ahora sí!
Para cerrar con broche de oro estos especiales, les traigo la primera versión que escribí para el prólogo de esta novela. Creo que también es bueno para entender el inicio y profundizar el mundo que hemos explorado.
A lo lejos del lugar, una chica con capucha caminaba por las arenas del desierto rumbo hacia la próxima salida del sol por el noreste. La noche no era su momento favorito para entrar en acción. Y ella lo sabía.
Los guardias deambulaban constantemente, solo seguían su rutina laboral, asegurarse de que ningún preso realizara alguna actividad sospechosa que implicara una posible fuga. Aunque eso era imposible en esa prisión.
No por nada la prisión del noreste de El Kuffu era considerada desde hace más de un siglo como la condena eterna para cualquier criminal. Si bien su ubicación no era en medio del desierto remoto como las demás, si era considerable su fortificación y alta seguridad establecida. No era más que una fortaleza de altos muros con solo dos entradas opuestas y cuatro torres de vigilancia, cuyo interior era un gigantesco patio abierto que en su centro no había otra cosa que un enorme hoyo profundo. Solo los guardias se paseaban por el área cargados de espadas y lanzas.
Algunos guardias rodeaban el hoyo, otros cuantos entraban y salían de el para cambio de turno por medio de la escalera de caracol que se formaba en las paredes de este, iluminado por antorchas colgadas para que ninguno pudiera ir mal y cayera por el espacio vacío. Aunque, los verdaderos peligrosos eran los que merodeaban por los muros y torres. Arqueros nubios. Expertos en matar con una flecha. Capaces de darte en un tiro aun con poca visibilidad. Si alguno lograba salir del hoyo y no era reconocido como guardia, era seguro que no pasara del primer paso en el patio.
Era por eso que solo unos cuantos pudieran ser condenados a tal lugar. Algunos como los que esa noche traían. Criminales de cadena perpetua que se ganaron el miedo y odio de muchos ciudadanos a través de sus viles acciones. Muchos de ellos tenían fama por haberse escapado de una o más prisiones. Los soldados que los escoltaban los movían a golpes. Era imposible que no voltearan arriba para ver a los arqueros en los imponentes muros. Y solo con volver su vista al frente rumbo al hoyo sentían terror. Ser condenados a vivir hasta su muerte en lo profundo de un hoyo oscuro y posiblemente insalubre, no era lo que ellos soñaban al haber cometido sus actos.
Más de uno solo gritaba o forcejaba con la esperanza de que algún guardia se fastidiara y cediera a matarlos en ese instante. Pero esa no era lo que a los guardias les importara. Preferían verlos morir en sus celdas después de su tortura antes que cumplir un capricho que no significaría mucho.
—¿No es muy joven para estar aquí? —dijo un guardia señalando al más joven de los presos tras ver su mirada perdida en el suelo—no debe de rebasar los catorce, es un niño.
—No tienes ni idea—dijo luego de que unas gotas de lágrimas cayeran del rostro del chico—lo atraparon ayudando a los otros a fugarse de la prisión cerca de Aniba, además, era buscado por matar a la hija de un rico comerciante al intentar robarle. Es un hecho que así empiezan los peores criminales. Es mejor darles un alto antes que su maldad crezca y solo genere más daño a inocentes.
Tras los primeros escalones que ascendían los presos solo pensaban en lo que les deparaba al llegar al fondo. Aun con las antorchas era imposible ver más al fondo del centro. Una caída desde ahí podría ser una buena forma de morir, nada que no considero uno de los presos al abalanzarse al interior y dejar atónicos a los demás, solo para quedarse un rato en silencio hasta que por fin se escuchó el impacto de la caída. Era realmente profundo. Al legar abajo no podrían estar más seguros, unos guardias que ya estaban pasaron a su lado con el cadáver rumbo arriba, en el suelo se notaba las manchas de sangre que dejo el impacto.
El fondo era duro como piedra firme. Habían oído rumores sobre el fondo del hoyo contados por los guardias. Muros y pisos de piedra lisa y gruesa de gran tamaño y peso, pasillos y cruces que generaban a cualquiera que no poseyera un mapa y conocimiento del lugar una sensación de estar atrapado en un laberinto, celdas con barrotes de madera reforzada con metal y sin nada más en su interior. Hubieran deseado no tener que comprobar con sus propios sentidos esos rumores.
Falto que les mencionaran sobre el olor asqueroso que les azoto tan solo llegaron abajo y que hizo que más de uno deseara vomitar, sobre hombre sucios que no parecían haberse bañado en años, sobre los restos de excremento, vómito y orina hechos un lodo batido en la que pisaban los reclusos, sobre los pobres que sin cama ni nada más que su rota ropa con la que llegaron se abrigaban del frio que hacia abajo, sobre los que yacían inconscientes sobre el asqueroso piso, sobre los cadáveres envueltos que eran llevados por guardias totalmente arropados y cuyos pies estaban llenos de ese lodo asqueroso.
Claro que los guardias sabían de esto, pues antes de bajar ya tenían puesto ropa que los cubría como defensa de la suciedad y sus hocicos envueltos de tela que inhibe el olor la más que puede. Hasta sus manos estaban vendadas en dado caso. Mientras que los recién llegados solo podían ahogarse en la fétida escena de su futuro. Tal vez hubieran deseado seguir al que se había suicidado.
Los presos ya antiguos solo se acercaban a los barrotes gritando y sacando las manos tratando de alcanzarlos. Algo que los guardias evitaban golpeándolos con sus armas. Algunos mostraban sus chimuelas sonrisas mientras se burlaban de los nuevos. Otros incluso tomaban con sus manos el lodo del suelo y lo lanzaban asía afuera como si fuera un juego mientras insultaban a los guardias. Sus movimientos eran torpes, como si les faltaran fuerza, y sus acciones solo dejaban pensar que no sabían de qué otra manera desahogarse por el martirio que cargaban. En sus miradas solo se veía la falta de cordura que poseían por estar quien sabe cuánto tiempo en ese lugar encerrados sin salir.
Cada nuevo fue llevado a su celda en el fondo del pasillo. Una por preso. Una celda que había sido desocupada tras la muerte del anterior preso. Una celda que ni siquiera fue limpiada del todo. Los nuevos solo mostraban una expresión de asco y horror. Ni siquiera se dejaban meter adentro sin gritar por piedad a que los maten antes que vivir lo que antes vieron. El chico fue el último en ser encerrado. Sus ojos nunca se alzaron ni dejaron de llorar. No mostro oposición cuando el guardia lo condujo a su celda.
—¡NIÑO! —gritaba un recluso al ver al joven chico —¡NIÑO! ¡ES UN NIÑO! —¡POBRE NIÑO! ...VAS A MORIR ... —le grito como maniático el recluso que estaba encerrado enfrente de su celda—. MORIRAS COMO EL OTRO QUE ESTUVO EN TU CELDA... MORIRAS COMO TODOS NOSOTROS...MORIRAS COMO YO ... NO ... MORIRAS ANTES QUE YO... MORIRAS POR TUS PECADOS ... VAS A MORIR ... VAS A MORIR... OISTE ... VAS A MORIR.
Un guardia no se limitó al momento de exigir silencio. Tenía que admitir que sentía pena por el destino del chico. Ya era mucho para un adulto ese lugar, pero, para un niño. El pobre solo lloraba mientras todos centraban su atención en él. No faltaba mencionar que todos los presos eran encerrados a una edad más adulta, cuando su fama de pecadores y fugitivos de la ley era merecedora de un castigo como eso, no cuando tuvieran una vida por delante que bien podrían cambiar.
—Tu vecino —le dijo el guardia mientras cerraba su celda—, me temo que tendrás que acostumbrarte a él, al menos hasta que se muera y llegue otro. —El chico no respondió—. Es raro que jóvenes lleguen aquí. El más joven que pensamos antes que tu no pasa de 18. Al menos cuando lo trajeron así era, ya pasaron diez años, pero no sabemos si está muerto o vivo.
—¡EL PRISIONERO DEL FONDO¡— exclamo el vecino de enfrente alarmado—. ESE CHICO ESTA VIVO.
El guardia se volteo solo para lanzarle una mirada de seriedad. Su grito solo altero a los demás presos del rededor. Su compañero guardia de alado le lanzo una mirada reprochable. No era agradable cuando los presos lo recordaban. Se ponían más estéricos de lo que ya estaban. Se pegaban a los barrotes tratando de sacar sus cabezas como muestra de querer salir mientras gritaban que estaba vivo.
—Está muerto—comento su compañero—, nunca responde a la comida que se le da por debajo de su puerta. Estaba ebrio cuando lo capturaron y encerraron. Se debió morir del susto cuando despertó de su resaca y descubrir que estaba solo en una sucia y oscura celda en lo más remoto de esta prisión. Si no fue por eso por la locura.
—NO—exclamo otro preso dos celdas más al fondo—. ESTA DORMIDO. —Si, dormido para siempre. —Respondió riendo el guardia en lo que se acercaba al preso—. Nadie puede vivir más de un mes sin comer o tomar agua. Y ese preso nunca mostro señales de vida desde que se encerró. Ahora, ya han pasado diez años. No es posible que siga vivo.
—¡COMPRUEBENLO! —exclamo otro preso con la respiración agitada— ¡Sacan a todos los presos que mueren! ¿Por qué nunca lo han sacado a el? Si son tan valientes como dicen ¿Por qué nunca abren esa puerta y lo comprueban con sus o...
No termino de hablar luego de que el guardia le diera en el estómago con el mango de su lanza. Los demás presos callaron luego de esto. Sabían que no los escucharían. Años exclamando lo mismo solo para que los guardias se burlaran de ellos. No era sorpresa que se retiraran riendo. El vecino de enfrente del chico solo espero a que se retiraran para ver al chico que apenas alzo la cara tras escuchar el espectáculo.
—Tienes que guardar silencio—le dijo esta vez en modo de susurro con un dedo tapando su boca—. Solo así puedes oír sus ronquidos.
El chico noto como su vecino y los demás reclusos guardaron silencio y volteaban sus cabezas hacia el fondo del pasillo. No era visible nada. Ni siquiera había antorchas que alumbraban, por lo que ni siquiera se sabía si había más celdas después del recluso dos celdas delante, dando a entender que había un final más allá de la luz. El chico imito a sus compañeros presos. Se acercó a los barrotes. Palideció al escuchar un casi existente eco.
¿Sería posible? ¿Que alguien pudiera dormir por diez años sin comer, sin beber, sin morir? No era posible. Era la locura que había alcanzado a los otros. ¿No podían creer que eso era suficiente para justificar la vida de un joven que fue encerrado en las peores condiciones de ese lugar? Pero. ¿Por qué el eco sonaba como bostezo?
—Ves—dijo el vecino volteándolo a ver—por fin despertó.
***
—Que mal—dijo para si ella con una sonrisa al escuchar un rugido a lo lejos—, amaneció de malas.
Hemos terminado este aniversario. Ya se que lo repito mucho, pero enserio, muchas gracias por estar al pendiente de esta historia y acompañarme por un año mas o menos. Ustedes me motivan a seguir creyendo en este proyecto. A partir de la siguiente semana ¡Regresamos con la publicación del Arco Final!
¡Nos vemos en Meroe!


