Segundo what if e idea descartada (aunque me si me dan luz verde, la desarrollo). Relato hecho con el disparador "Un Año Nuevo Diferente", para otro concurso de retos.
"Maahes se niega a sufrir otro Año Nuevo con su familia, por eso permanece en su ciudad con la excusa de que debe protegerla...hasta que cierto prejuicio lo saca de su zona de confort."
Su elección fue indiscutible. Maahes pasaría Año Nuevo cuidando su ciudad antes que soportar a su madre resumirle sus "deficiencias anuales" como actual amo de Leontopolis.
Desde que heredo la ciudad de su madre (luego de que ella fuera dada de baja por ser una amenaza cósmica, y sometida por sellos para tenerla bajo control), la muy resentida no dejaba de menospreciar su desempeño como dios patrón durante todo el año. Como si el tuviera la culpa de que fuera un monstruo.
Por otro lado, su padre...en realidad, el jamás lo atormenta hasta que toca el tema de gastos anuales por accidentes. Y su hermano, Nefertum, solo era otra víctima más de la colera de su madre y la presión de su padre por ser el futuro patrón de la ciudad de Menfis. Que al enterrase que su hermanito se escuso de pasarla con ellos, no tardo en enviarle una amenaza de intoxicación por dejarlo sobrevivir solo.
Sus ciudadanos y sacerdocio estaban acostumbrados a recibir el año sin él. El Sumo sacerdote tomaba el liderazgo del evento y al pasar el primer día, Maahes volvía de Menfis para que se retomaran los deberes. Si supieran que su dios estaría con ellos ese año, harían fila solo para tener la oportunidad de probar el abrazo de su deidad.
Y POR ESO, NO LES DIRIA LA VERDAD.
Maahes tenía antecedentes trágicos sobre abrazar humanos. El pobre no tenía la culpa de ser un león con fuerza sobrehumana, cuya "delicadeza" o mínima de tacto fuera suficiente para mandar a urgencias a sus sacerdotes cuando los tocaba por algún motivo. Y rechazar tan secamente a sus files en un día sagrado, lo dejaría mal parado y con buenas armas para que su madre, y otra cierta personita, lo destrozaran maliciosamente.
Por ese motivo, custodiaría Leontopolis a sus alrededores. Lejos de su familia. Lejos de abrazos. Pero sobre todo y lo principal que lo hizo decidir cazar en paz esa noche en especial: su vecina no estaba.
Cruzando el otro lado del rio, que fungía como frontera entre ambas ciudades, estaba Bubastis, la ciudad que nunca duerme. Si Leontopolis era diciplina y rudeza, Bubastis eran juego y diversión. No entraremos mucho en detalles para este relato, pero la diosa patrona de Bubastis y el temible dios patrón de Leontopolis, contaban con una peculiar enemistad llena de peleas, riñas y muchas diferencias de vida.
—¡Alabado sea Ra, que esa maldita gata se va a celebrar a Heliopolis! —celebraba Maahes mientras afilaba un cuchillo, sentado bajo una palmera datilera a la orilla del rio—. Si ella no está, podre estar tranquilo de que no tendré que cuidarme de sus travesuras por dos días.
Su emoción no era para menos. Ella era la causa de que reforzara cada año sus sistemas de seguridad y sobre-exigiera a las vigilias. No lo admitiría públicamente (aunque muchos lo notaban a leguas por sus reacciones), pero su vecina era casi tan peligrosa como su madre. Si tan solo supieran el historial de sus maldades para con él, o las venganzas de él para con ella.
Pero no esa noche. Esa noche recibiría el año, solito y en paz. Faltaban cinco minutos para la media noche. Nada podría arruinarlo.
—No puedo creerlo ¿de verdad recibirás el año aquí como vagabundo sin casa?
Esa voz le estremeció desde lo más profundo. Alzo cuidadosamente su cabeza a donde una minina posada sobre la copa de la palmera. Pequeña y esbelta, vestida de gala azul con un tocado que gritaba "soy la estrella de esta noche". Sus ojos verdes, su cabello corto azabache y esa sonrisa burlesca con la que lo humillaba.
—¡¿Qué haces tu aquí?! ¡Maldita gata! —reclamo Maahes parándose de un salto y tomar guardia.
Bastet, se acomodo sobre las hojas como si fuera un sillón acojinado.
—Retrae las garras, leoncillo—aspecto ella—. Este es el mejor lugar para recibir el año, y el desierto es de dominio público.
—¿De cuándo a acá tu recibes el año sola? —refunfuño— ¿Qué no se supone que te reúnes con tus hermanos en Heliópolis?
—Y tu con tu familia en Menfis—señalo ella sin molestarse en mirarlo. Maahes apretó los dientes—. Adivino—empezó a teorizar ella—, la bruja de tu madre se vuelve el doble de corajuda al ver que no lograste el mínimo de sus expectativas anuales cumplidas—se soltó a reír.
Su humor no duro mucho, en cuanto la palmera se ladeo de lado junto con ella y cayo al suelo gritando de rabia. Maahes envainó su espada nuevamente tras haber cortado el tronco.
—¡Oye! —bramo entre gruñidos ella, mientras se arreglaba su tocado arruinado—. Casi arruinas todo un día de salón de belleza.
—Tu arruinaste mis últimos cinco minutos de paz, este año.
—Un dios de la guerra que desea tener paz, ahora si lo e escuchado todo—se burlo sacudiendo su vestido—. ¡Oye ¿A dónde vas?! —le grito al verlo partir de mal humor.
—¡Si me sigues, olvídate de ese vestido! ¡Y no me importa cuanto te haya costado! —la amenazo apuntando con su cuchillo.
Cosa que Bastet ignoro por completo al faltar un minuto para la cuenta regresiva. En sus ciudades, los sumos sacerdotes anunciaban que la hora estaba cerca. Los humanos se reunían en los templos principales con sus familias, parejas y amistades, listos para recibir un nuevo ciclo.
Maahes llego hasta la punta de una roca en medio de la nada. El viento lo azotaba, meneando su melena oscura, con sus ojos rojos penetrando el cielo. Al llegar el conteo, un demonio serpiente gigante emergió de entre las arenas y el dios sonrió de emoción.
—Te recuerdo—dijo el—, eres el imbécil que se me a estado escapando todo el año—. El demonio le rugió enfadado apenas lo reconoció—. ¿Creíste que no estaría en estas fechas y por eso decidiste atacar justo hoy? ¡Pero me acabas de alegrar la noche!
Detrás de él, Bastet bufo.
Empezó la cuenta regresiva, y consigo un rapido duelo entre dios y demonio. Cada número era un ataque. Bastet ocupó sentarse en la roca de antes contemplado el show mientras de fondo escuchaba las voces de muchos ansiando la nueva entrada.
Recargo su cabeza sobre sus manos esperando el momento que Maahes dejara de martirizar al demonio y lo matara de una vez.
—Este nunca cambia—puso los ojos en blanco.
El demonio al fin se desplomo derrotado y bramando que ya lo dejara. Maahes no se apiado y le clavo la estocada que terminaría por acabarlo. La bestia soltó un grito justo en el segundo cero, opacado por la celebración de las ciudades.
Era año nuevo...y el maldito ni prestaba atención.
Maahes sacada la espada ensangrentada y la alzo con orgullo. Que mejor forma de terminar su año que acabando con un pendiente. Y eso ni Bastet le podría arruinar.
—Feliz año nuevo, tonto.
El león se crispó al sentir los agiles brazos de Bastet rodearlo en el pecho. Se paralizo incapaz de bajar la cabeza y verla abrazada a él, sin importarle ensuciarse el tan glamuroso look que portaba.
No sabia si empujarla o regresarle el gesto. No sabia ni que pensar, estaba en blanco. Para empezar, jamás se lo espero de ella. Estaba entre incomodo y extrañamente a gusto. Nunca creyó pensar esto, pero se arrepentía de no haber pasado año nuevo con su familia.
¡Esperen un momento! ¿De verdad prefería haber pasado año nuevo lidiando los insultos de su madre que un amable gesto de su Bastet?
Ella se separo de golpe como si le diera asco.
—¡Pero que asqueroso eres! —reclamo con fachoses, como si no hubiera sido consiente de la condición de el antes—. Acabas de arruinar mi vestido. Anótalo como tu primera deuda del año: reponer el vestido de Bastet con dos igual de costosos.
Maahes parpadeo confundido, y la fulmino con la mirada.
—¡¡SABIA QUE TE TRAIAS ALGO ENTRE MANOS!! ¡¡MALDITA, GATA!!
—Espera mi factura, te la enviare lo más pronto posible—anuncio sin mas dándole la espalda para irse.
El creía que ella se retiraba riendo por su maldad, pero la realidad era otra. Llegando a Bubastis ella le enviaría una carta de agradecimientos a Nefertum, por haberle chismeado sobre que Maahes estaría solo este Fin de Año, bajo la escusa de "nomas te digo por si te interesa hacerle algo". Como si no fuera su intento de venganza por la "traición" de Maahes al dejarlo solo con sus padres.
—Este año empiezo de la mejor forma—se dijo para si Bastet intentado que no se escucharan sus risitas de emoción.
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