—Hor—lo llamaba la dulce voz de su madre—. Hor, mi cielo.
Lo tomo entre sus brazos con sumo cariño y lo abrazo como si se hubieran reencontrado después de mucho tiempo.
—Mi niño, estas muy grande—le dejo acariciándole su pequeña cabeza, sin poder evitar derramar unas lágrimas, contendiendo romperse—. Hor…mi amor…mama ya está aquí…mama no dejara que nada te pase.
Hor apenas acaba de ser destetado. Su inocencia no le dejaba entender el peso de las palabras de su madre, desconocida aun el peligro que asechaba sus vidas y lo vulnerable que era.
—Te voy a curar—juro con la voz de un hilo— ¡Juro por mi existencia que encontrare una cura! ¡Iré hasta lo profundo del Num si hace falta! ¡Pero prometo que no descansare hasta que estes sano y salvo? —y lo apretó contra su pecho.
***
Delgados rayos de luz chocaban en su cara y el piso se sentía fresco y acolchonado. El viento le golpeo con restos de arena suelta y estornudo. Entonces abrió levemente los ojos y contemplo un cielo verde decorado con puntos rosados amarillos. Abrió un poco más los ojos e identifico el sicomoro rebosando de dátiles sobre él. Estaba algo soñoliento, pero con energía. Saboreo su boca y los restos de un dulce sabor a dátil lo termino de despertar.
En Buhen y en todos los lugares donde estuvieron, su madre siempre cultivaba sicomoros. Pero no eran sicomoros normales, eran arboles rebosados de Heka de su madre. Con sus frutos, su madre preparaba su medicina cada día mezclado con otras hiervas que mataban el buen sabor del higo.
“—Esta fruta revitaliza el Ka—le explicaba su madre mientras les sacaba el jugo—. Te ayudara a mantener el tuyo estableé. Procura siempre cargar con unos para casos de emergencia—termino de preparar la medicina y se la entregó a un Hor muy pequeño. Hor hizo una mueca y su madre se lo acerco firme con un mano en la cintura—. ¡Hor! Si no tomas esto, tu Ka y Ba se debilitarán. Si eso pasa tu…—se callaba al no poder completar la oración—. Por favor—se bajó a su altura y paso su cálida mano sobre su mejilla—. Me estoy esforzando por ti, pero necesito que tú también luches.”
—Mama—llamo Hor con nostalgia.
Permaneció viendo el árbol unos segundos más sintiéndose cómodo en su peculiar situación. Estaba relajado y algo contento por alguna razón que no se explicaba. Muy similar a cuando estaba en casa con sus seres queridos…o tal vez si estaba con ellos ¿de qué otra explicación habría un sicomoro en medio del desierto?
Miro a los lados, eran varios sicomoros agrupados como una especie de tienda de campaña ¿acaso había llegado a la cuarta catarata? No, le quedaba mucho para llegar y al fondo se veía el desierto ¿Y si su madre regresaba de ese lugar y lo encontró en el camino? La ilusión lo levando de su cama de hojas. Se sacudió las ropas y una leve melodía capto su atención. Un canto sobre el amanecer y el buen día. Una voz armoniosa y divina que le alzaba el ánimo.
Su madre no cantaba.
Asecho con cuidado el origen de la voz. Fuera de la sombra de los sicomoros, encima de una gran roca plana que parecía tarima, bailaba una chica con un ritmo que solo ella escuchaba. Como si le bailara al sol para darle las buenas nuevas, moviendo la cadera con devoción y sus pasos con seguridad. Sus manos decorando sus movimientos con orgullo y su voz siendo la música de fondo.
Hor se mantuvo el borde de la sombra admirándola de la misma forma que ayer en la fiesta de Nuri. Mientras ella daba su show a ciegas y perdida en ella misma. Se manifestaba tan libre, que por descuido o por dejarse llevar revelo su cola y orejas de vaca, coronando su cabeza con unos cuernos de novillona.
Acabo con una reverencia al borde de su improvisado escenario y Hor por instinto aplaudió. Ella se asustó y se resbalo del borde.
—¡Lo siento! —se disculpó Hor corriendo a ella— ¿estas bien?
La encontró sentada como si nada del otro lado de la roca.
—¡¿Eh?! No, no me paso nada—sonrió ella sobándose la cabeza apenada desde el suelo—. Y tú ¿Cómo estás? —lo miro revelando sus verdaderos ojos, verdes esmeraldas con bordes amielados.
Hor la analizo un rato antes de responder. Se suponía que la mando con los niños cuando él era cazado por los ogros ¡¿Y los ogros?! ¿Qué paso? Su cuerpo estaba sano y sin rastros de los daños de anoche. Y su clavícula, ya no dolía y se movía sin problemas ¿Cómo se curó?
—Así que eres una vaca—afirmo Hor con satisfacción y esta se alarmo—. Sabía que no eras normal—ella se paralizo como si la hubieran descubierto.
—Pero…pero ¿qué dices? —negó jugando con sus dedos evitando su mirada.
—Descuidaste tu disfraz mientras bailabas—le señaló sus cuernos y ella se los toco sorprendida—. Eso explica mucho.
—¿Qué explica eso? —cuestiono ella.
—Un poco tu inocencia—respondió Hor como si nada.
Al menos en Kemet, las vacas tenían el mismo comportamiento ya sean nechers, Aj-Sa o espíritus. Eran dulces e ingenuas, no eran violentas pese a lo que sus cuernos aparentaban. Solían ser presa fácil para otros los intimidantes, por eso se mantenían en grupos, para protegerse entre ellas o sentirse seguras. Una vaca solitaria como ella, lejos de su manada o protector, era vulnerable a desorientarse.
—¿Me veo muy tonta? —pegunto con las orejas caídas.
—No dije eso—corrió Hor—. Por cierto ¿tu hiciste los árboles? —ella asintió con más ánimo.
—Tengo poderes vegetales—confeso apenada—, y sus frutos son revitalizadores. Como ya te disté cuenta.
—¿Me diste de ellos mientras estaba inconsciente? —pregunto moviendo su brazo que antes estaba herido—. Muchas gracias, te debo una… ¡¿y los niños?!
—Fui detrás de ellos cuando tú me corriste, y a mitad de camino unos sacerdotes de un tal Meruel venían de la ciudad. Al parecer, su dios les dio la orden por medio de visiones.
—¡¿Meruel?! —exclamo sorprendido—. Ese maldito nehesu me escucho—susurro para si—¿Y tú volviste por mí? —ella le dedico una mirada acogedora y una sonrisa dulce—. Pudo haberte pasado algo—le regaño.
—No te preocupes—dijo mientras se levantaba y sacudió sus ropas—. Cuando llegue los ogros estaban pelando entre ellos. Logre pasar sin que me vieran y rescatarte cuando te dejaron tirado en el suelo.
—¿Y qué paso al final?
—Pues—prosiguió ella de frente—, volvieron a su campamento justo al amanecer. Yo te traje aquí para escondernos de su vista y supongo que deben estar retomando su viaje como anunciaron…eso espero.
Hor no recordaba muy bien lo de anoche, pero sentía que la versión de ella no se parecía a la suya, salvo porque si lo dejaron tirado de la nada y de allí perdió la conciencia hasta ese día. Que, a juzgar por la posición del sol, ya era medio día.
Curiosamente, Meruel intervino en el rescate de una manera discreta. Que no haya encarado directamente a los ogros daba a entender que no quería problemas con ellos. Y el que se haya tomado la molestia de enviar a su clero ya decía que le importaban esos niños. Hor no se esperaba esa accesibilidad de él, y menos siendo una petición suya. Quizás el si se preocupaba por esos niños, pero estaba obligado a contribuir. Negó con la cabeza creyendo que estaba sacando conclusiones absurdas dado lo que conocía de ese chico.
—Ok. Bueno, muchas gracias por tu ayuda—agradeció Hor con una reverencia—. Te debo una muy grande, prometo regresarte el favor algún día. Pero por ahora debo seguir mi viaje.
Dicho eso se retiró a la sombra por su capa casi destruida que quedo en el piso cuando se despertó. Ella frunció el ceño ante el comentario de él y lo siguió.
—¿Es necesario que ya partas? Acabas de despertar—le pregunto preocupada—. Necesitaras mucha energía para llegar a la cuarta catarata.
—No hace falta, yo… ¿Qué dijiste? —se detuvo de sacudir su capa y se giró a verla con los ojos entrecerrados— ¿Cómo sabes a dónde voy?
Ella se puso nerviosa, saco una nota que tenía guardada en su escote y se la entrego. Hor la tomo con cautela y reconoció la letra de Meruel.
—Me la dio un halcón esta mañana mientras acondicionaba el lugar.
—“Buen día, preciosa damisela—comenzó a leer Hor en voz alta—. Tu aun no me conoces, pero quiero que sepas que me he vuelto fan de tus bailes.” ¿es en serio Meru? —rodo los ojos—. “Tu belleza me ha cautivado desde que pusiste un pie en Kush…
—Si quieres sáltate al segundo párrafo—le sugirió ella igual de incomoda que él. Hor acepto sin dudar.
—“Pero pasemos a lo que importa por el momento”. Meru, te juro que mis nanas tienen motivos para ignorarte. “Se que estas buscando y se donde esta, te ayudare a encontrarla a cambio de un favor. Necesito que sigas cuidando a este… ¡niñito debilucho y tonto!” —leyó indignado—. “Debes ayudarlo a llegar hasta la cuarta catarata, ya que es tan débil que no sobreviviría ni un día.”
—Pues después de lo de anoche—comento ella y Hor la callo con la mirada. Luego prosiguió la lectura.
—“Perdóname que te deje esa gran y molesta carga, pero pareces la indicada.” —la vio de reojo y retomo—. “Te deseo tengas un lindo y pacífico viaje. Atentamente: Lord Meruel.” ¡Lord nehesu, mocoso engreído!
—Creo que lo de abajo era para ti—le señalo las partes finales.
—“Posdata: Hor, si lees esto. Tómalo como mi pago por lo que hiciste por esos niños.” —lo leyó anonadado. Era la primera y única vez que Meruel se portaba generoso con él, para lo interesado que era. Esto podría confirmar que esos niños si eran importantes para el—. “Posdata dos: no la rechaces, esa chica te servirá de mucha ayuda ¡y no permitas que nada le pase o te las veras conmigo.” …si, ese es Meru.
—Ustedes dos—menciono ella dudosa—, parece que se llevan.
—Ignóralo—declaro regresándole la nota.
—¡¿Qué?! ¿pero por qué? —cuestiono recociéndola.
Hor se ajustó su capa con señales de querer irse.
—Por que no debes seguirme y punto—respondió firme—. Meruel dice estupideces cuando se le ocurren. No necesito una compañera—mintió—. Y lo que sea que te haya prometido, se que puedes sin su ayuda.
—¿Cómo lo sabes? —interrogo algo disgustada.
—Meruel se aprovecharía de algo muy simple para manipularte. Es un Soberano celeste, su especialidad es vigilarnos.
—Bueno, pues me da igual si me esta manipulando—declaro sin debate—. Pero esta puede ser la única forma de encontrar a mi hermana.
Hor se detuvo antes de dar un paso. Al verla, sus ojos estaban llenos de miedo y preocupación, rogándole que apoyara. Por un instante, su mirada le recordó a Tasenet. Esa que le puso el ultimo día que la vio antes de separarse, cuando la dejo solo irse de vuelta a la ciudad sin cuidado.
—¿Perdiste a tu hermana? —pregunto Hor en voz baja. Ella asintió.
—A mi melliza—respondió—. Y mucho mas pronto te ayude, más pronto me reencontrare con ella y volveremos a casa.
Se llevo las manos a las caderas. Buscaban lo mismo de diferentes formas. El haría lo mismo si los papeles fueran al revés. Sin embargo, el riesgo detrás era diferente. A él lo perseguían para eliminarlo ¿a ella que prisa le daba? No sabía ni que era. Obviamente no era humana ¿y de donde era?
—Escucha—empezó Hor con seriedad—. Siento lo de tu hermana, pero si vienes conmigo, quizás nunca la vuelvas a ver.
Ella lo vio decepcionada. Hor no le dio tiempo de responder cuando emprendió su camino sin despedirse. Ya había arruinado la vida de muchas por protegerlo, no permitiría que una inocente pagara las mismas consecuencias.
Al salir de las sombras descubrió que su piel era morena, y que había descuidado su disfraz mientras estaba inconsciente. Si Meruel lo confía a ella sabiendo su apariencia expuesta, seguramente era porque ella no sabía quien era o que era. Y ojalá nunca lo supiera.
Retomo su disfraz kushita y se encamino solo por las arenas del desierto.
***
Horas de caminata después, se arrepintió de no haber traído suministros de esas frutas. A decir verdad, estaba teniendo buena resistencia al sol y calor. Ya sea porque acababa de despertarse o que estaba recargado de energía, Hor se sentía capaz de recorrer un largo tramo sin descanso. Su única inquietud, era que lo seguían.
—¡Te dije que no me siguieras! —le grito a la chica que estaba a unos metros de distancia detrás de él.
—¡Y yo que te acompañaría! —le respondió ella sin perder el paso con su disfraz kushita.
—¡Eres terca!
—¡Mira quien lo dice!
—¡Advertida estas!
—¡Advertencia rechazada!
Hor puso los ojos en blanco. Lo peor es que en por mas que acelerara el paso, ella lo alcanzaba sin pierde. Era un poco alta, y el apenas le llegaba al pecho. No podría definir su estatura final hasta que fuera su circuncisión para ejecutar su metamorfosis animal. En ocasiones se preguntaba que apariencia tomaría.
Los leones como Anhur eran altos y musculosos, con su melena majestuosa. Los chacales como Anpu eran delgados y de altura normal. Serket era gigante y algo fuerte, pero ser un escorpión era perturbador, e igual ser una serpiente o cobra como Merseguer. Su madre y tía eran milanos, pero solo pasaba con hembras, de hecho, algunas especies eran exclusivas para solo un sexo. Aunque, en muchas ocasiones sentía un deseo de ser igual a ellas, o al menos un animal similar. Para poder sentir lo que es volar por tu cuenta. Meruel era un halcón desde que nació, su raza no pasaba por una metamorfosis, y hacia ver el cielo como un refugio mágico,
¿Podría el llegar a convertirse en un halcón también?
—¡Oye! —hablo a la chica deteniéndose para esperarla. Ella lo alcanzo esperando otra replica de el—. Tu ¿naciste como vaca o te transformaste en una?
Ella parpadeo, se notaba que no esperaba ese comentario. Pensó antes de responder.
—¿Por qué preguntas? —pregunto ella— ¿Tienes algún problema con mi naturaleza?
—No. Olvídalo—intento olvidar y siguió su camino.
—¿Piensas que una vaca te estorbara? —pregunto cabizbaja. Hor la escucho—. Es porque las vacas somos sumisas e incapaces de defendernos ¿por eso crees que no podría sobrevivir a tu viaje?
—¡¿Qué?! —se giró Hor.
—Es que, desde que nos conocimos, siento que solo me ves como una damisela en apuros. Anoche me lo dijiste: Al menos que sepas algo más que cantar bonito y hacerte la indefensa, eres inútil ¿de qué me vas a servir?
Hor se avergonzó de escuchar sus palabras. Bajo la cabeza y reflexiono sobre el porque se las dijo ¿eso le hizo sentir todo este tiempo? Esa chica tan hermosa, que con su baile y encanto hizo rendirse a sus pies tanto humanos como ogros, que encendió la envidia de sacerdotisas y ogras, que lo ayudo a salvar a esos niños ¿se sentía menos solo por su opinión?
—Ah, eso—confirmo el—. Lo siento, no lo dije con esa intención—se disculpó. Ella alzo la mirada—. Mi intención no era menospreciarte, al contrario, creo que eres alguien muy capaz—confeso y la miro—. Sin tu ayuda, no hubiera podido salvar a los niños, fue un milagro que estuvieras allí. Lo que hiciste por mí, eres muy valiente y sorprendentemente habilidosa. Además, creo que alguien con tu talento artístico merece un publico mas amplio. Y eras muy…—iba a elogiar su belleza, pero en ese instante el sol alumbraba a la chica de tal forma que resaltaba sus ojos. Hor quedo perplejo mientras ella estaba expectante de lo que decía. No entendía porque, pero ella tenia algo sobrenatural y peligroso que lo dejaba sin palabras.
—¿Todo bien? —pregunto preocupada por su estado y él se sacudió para volver en sí. Imagino que ella no era consciente de lo que generaba en los demás, o no tenía cuidado.
—¡El punto es! —dijo en voz alta para reafirmar su estabilidad—. Que no quiero que alguien así se vea envuelta en mis problemas. Cuando le dije a los ogros que estaba maldito, era verdad—confeso desanimado y ella se llevo la mano al pecho con pena—. Quiero protegerte, pero…posiblemente no pueda.
—¡Entonces lo haremos mutuamente! —dicto animada.
—¿Escuchas lo que te digo?
—Tu escúchame—le regaño—. Si tu amigo me dijo que era la indicada para acompañarte, quizás es porque si lo soy.
—A Meruel no le debes creer todo. Lo mas seguro es que solo vio una oportunidad para pagarme el favor y de paso reírse de mi porque me tacha de debilucho.
—Para mi no eres un debilucho—confeso y Hor se sorprendió—. Quizás algo imprudente—Hor respingo y ella se rio—. A decir verdad, pareces alguien con mucho ímpetu sin control…eres como—pensó y le llamo la atención unos halcones volando en el cielo—un pichoncito.
A Hor le tembló el ojo.
—¿Pichoncito? —cuestiono indignado y ella contuvo una risa.
—Si, porque eres un pequeño que está aprendiendo a volar.
—¡No soy un pichoncito! Para tu información, estoy pronto a cumplir la mayoría de edad.
—En ese caso debes apurarte a madurar, pichoncito—se burló y camino de largo—. ¿continuamos? Pichon…
—No lo repitas—advirtió detrás de ella—. Y ni creas que te dejare llegar al final conmigo… ¿Cómo te llamas?
La chica se paró a responderle y el igual.
—Soy Hat—se presentó con una reverencia teatral.
—Hor—le revelo sin interés—, pero eso Meruel ya te lo había dicho.
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