El río de Kush era un completo misterio.
No existían leyendas sobre su origen o de que deidad lo dominaba. Era como si fuera un elemento ajeno a su mundo, y al mismo tiempo primordial para su existencia. Se desconocía incluso su principio y fin. Era un río de casi tres kilómetros de ancho y de una profundidad inexplorada.
Entre los rumores sacerdotales, se contaba que en el pasado la humanidad seguía sin rumbo el camino del río sin encontrar un destino diferente al anterior, y para no volverse locos viajando surgieron las cinco cataratas para tener referencias de donde estaban. Antes de la primera catarata y entre la segunda y tercera, y de la cuarta a quinta se encontraban los poblados humanos. Y entre la primera y segunda catarata, al igual que entre la tercera y cuarta, no habitaban los humanos ya que se consideraba el habitad natural para los animales y criaturas misteriosas, ya que se pensaba que incluso ellas sufrían por el infinito del río.
El rio corría de norte a sur, por eso los del norte se dejaban llevar por la corriente cuando descendían, solo cambiando de barcos al llegar a una nueva catarata, y regresar remando contra corriente para retomar al norte. Lo que a muchos no les gustaba era viajar por las zonas naturales. Cuando los navegantes llegaban a esas zonas, rezaban a sus deidades para que los protegieran contra los peligros que albergaban esos lugares.
Sin embargo, al día siguiente de la masacre de Buhen, ocurrieron hechos paranormales jamás vistos antes en Kush. Primero, en Aniba, la última ciudad lejos de la primera catarata, un pescador fue visto gritando como loco mientras se aferraba al mástil de su barco jurando que vio la sombra de un monstruo colosal pasar bajo su barco. El segundo, fue cuando unos niños en la ciudad de Ballana, salieron llorando del río porque sintieron algo rozar sus pies mientras jugaban en el agua.
Y el tercero, fue esa misma noche, cuando un barco militar que trasportaba presos a la prisión de El Kurru (sin saber aun lo que paso en esta) pasando la segunda catarata, alertas por la neblina y los peligros que podrían asechar, escuchandoon una banda de tambores resonando en la oscuridad acompañado de un grito brutal y estremecedor como de un babuino monstruoso. El susto de su vida fue que esos ruidos se aproximaban a toda velocidad a ellos, orillándolos a casi lanzar a los presos al agua como sacrificio de paz. Y cuando estaban a la par de los ruidos, vieron un barco colosal pasarle de largo a toda prisa lleno de sombras negras y un fantasma blanco que se balanceaba por los mástiles gritando como loco gritando casi ahogado:
—¡Ra, Ra, Ra!
***
Ese mismo día, justo al medio día cuando el sol estaba en su apogeo y vista. Un lagarto gigante de proporciones que rozaban con el ancho del rio cuando nadaba debajo de sus aguas, perseguía a un singular barco que corría en el agua.
El barco era de unos cuarenta y tres metros de largo, con forma de luna menguante y dos mástiles. Tenía una figura de babuino blanco sentado en la punta de la proa y popa. Sus velas eran rojas y poseía una cabina en medio con cortinas del mismo color que ocultaban lo que albergaba dentro.
Viajaba una velocidad abrupta por dieciséis remeros que lo daban todo por seguir el ritmo brutal del tamborista. Vestían shentys negros con el pecho al descubierto, bañados de un sudor frío y miedo. El resto de la tripulación eran mujeres vestidas con una toga ceñida negra que les llegaba hasta las rodillas y estaba sujeta por un cinturón negro de tela traslucido. Ambos sexos usaban un collarín rojo que era visible gracias a que no estaban usando sus capas negras como de costumbre. Sus cabellos eran lacios y variados en cortes y tonos cafés y negros. No eran de la misma altura todos, pero compartían una complexión delgada.
Delante de ellos, a unos kilómetros de distancia, se encontró su destino: la segunda catarata.
—¡Ra, Ra, Ra! —gritaba su capitán sentado en la punta de un mástil—. ¡Aceleren! ¡Ese reptil está casi cerca!
—¡A la orden, Señor Baba! —respondieron su tripulación y el tamborista golpe más duro el tambor para sobre esforzar a los remeros.
Su amo y capitán, Baba, era un necher con aspecto de alrededor de treinta años mortales, no era alto, pero si atlético. Vestía un shenty blanco con un cinturón de tela y bata rojas, unos aretes de tachuelas plateadas con forma circular y estaba descalzo. Sus ojos eran un azul zafiro y su cabello era un afro muy corto de color blanco.
El lagarto logro llegar hasta ellos y sumergirse más al fondo para rebasarlos sin que rozara el casco del barco. Ya delante de ellos, el lagarto abrió su hocico y de ella salieron cocodrilos humanoides nadando hacia el barco. Cuando todo el pelotón salió, el lagarto se adelantó a llagar a la caída de la catarata. Mientras eso pasaba, los cocodrilos treparon por el casco y subieron a la cubierta del barco sin problemas con la turbulencia con que se movía.
La tripulación los identifica al momento. Eran Aj-Sa de dos metros, toscos y fornidos, en contraste con los Aj-Sa perros del barco. Estaban calvos y portaban un shenty y pecto escamoso de color marrones oscuros con cinturones verdes olivas. Uno de ellos portaba un cinturón similar, pero con dos líneas negras en el diseño.
-¡Oh! —exclamo Baba desde lo alto finciendo sorpresa— ¡Polisones!
Los Aj-Sa cocodrilos le dieron una reverencia y el de cinturón distinto se presentó cuando Baba bajo hasta la cubierta de la cabina.
—Señor Baba, soy el sargento Soknopaios. Aj-Sa y heraldo enviado de mi amo, Lord Sobek—se presentó el líder de ellos—. Mi amo nos envió con usted mientras él se adelantaba. Y de esa forma, comunicarle ciertas observaciones sobre su desempeño en la misión—informo azolando un poco la mirada con disgusto.
Sin embargo, Baba lo ignoraba por completo al revisar las flechas que estaban por usar sus caninas.
—Lord Baba—llamo Soknopaios enderezándose seguido de su pelotón—. Mi amo exige una explicación de lo ocurrido en la ciudad de Buhen—pero Baba ni le prestaba atención. Se fue a la tamborista para indicarle el cambio de ritmo—. Lord Baba—volvió a llamar conteniendo su irritación dando pasos al necher—, exigimos que responda a nuestro mensaje.
—Dile a mi hermano que lo que tenga que decirme, que me lo diga en la cara y no a través de sus lagartijas—amenazo Baba al sargento con una flecha sobre su cuello penetrándolo con sus ojos encendidos—. ¿Quiere una explicación? Allí la tiene—le señalo con la misma flecha al babor del barco.
Detrás de la extensa vegetación selvática que ofrecía la orilla del río, entre los huecos de los árboles y palmeras. Un bulto de tierra viajaba con movimientos serpenteantes a la misma velocidad que el barco. Alzaba sobre ella cual planta se le atravesaba e incluso derribaba a aquellos que no estaban firmes.
Los cocodrilos se turbaron al creer reconocer quien era.
—Esa es…? —quiso preguntar al sargento con su irritación pisoteada por miedo— ¡¿Qué hicieron?! ¡¿Solo teníamos la misión de ir por la Sangre de Atum?! ¡¿De dónde salió ella?!
Baba estallo en risas y llamo a su perro líder.
— ¿Qué le da tanta gracia? —cuestiono el sargento desesperado al ver a Baba negar con la cabeza, acompañado de risas contenidas de sus perros.
—Sargento Sokno—le hablo Baba.
—Soknopaios—corrigió.
—Sí, como mar. Déjeme enseñarle a la Sangre de Atum que “esperaban capturar”—dijo y dejo al líder de sus perros a carga mientras el conduce al sargento hasta la cabina.
Cruzaron las cortinas y entraron en una enorme y amplia sala, llena de camillas de madera negra con respaldos de cabezas de caninos. No era sorpresa que el tamaño del interior fuera descomunal con la apariencia externa que aparentaba, ya que el barco de Baba no era uno normal y parecía absorber una energía plateada de el con cada paso que daba. En las camillas, se encontraban moribundos y en estado lamentable más de la mitad de la tripulación.
Algunos perros tenían ojos rojos e inflados que parecían estar por salir, otros con un anillo de carne morada en su cuello que seguramente no les dejaba mover la cabeza, otros vomitando sin descanso como si no les quedara nada más que expulsar sus órganos y otros desmayados escupiendo salivas de forma rabiosa y convulsionándose. Soknopaios no se atrevió a preguntar impresionado por el panorama.
Baba los condujo hasta una puerta al fondo decorada con imágenes de babuinos y estrellas. Del otro lado, una habitación elegante digna de un necher. Pintada de azul zafiro con decorados de estrellas y una iluminada por una pequeña luna. Había una gran cama al fondo con sábanas blancas, sillones de piel de babuino cuyos mangos tenían forma de sus cabezas, cortinas colgantes rojas, alfombra de piel de leopardo y mesitas de madera negra.
En medio de esa habitación, atada del pie con una cadena de metal que la ataba con la cama para que solo pudiera moverse dentro del cuarto, estaba una niña asustada. Una pequeña necher con el peinado de las niñas de Kemet, y unos ojos azul lapislázuli con bordes negros que, si los veías de cerca y atención, ocultaba la forma de una flor de loto abierta en un abismo.
El cocodrilo quedó con la boca abierta anonadado de su descubrimiento.
—Sargento, le presento a la pequeña, Lady Tasenetnefert—le presento Baba con orgullo y se volvió a la niña—. Pequeña, el es el sargento ¿Soknop? Como se llame…vino a conocerla. Sea buena niña.
Soknopaios se acercó lenta y anonadado hasta sentarse de rodillas. Ella se alejó asustada con unas marcas en sus ojos de haber llorado antes de que llegaran.
—Impresionante ¿no? —sugirió Baba sentándose en un sillón con suma comodidad y una sonrisa de satisfacción—. Me costó la salud de mis perros, pero valió la pena. Resulta que descubrimos a esta pequeña por accidente y gracias a eso encontramos a los nechers fugitivos. Se nos escaparon los otros dos, y seguimos sin rastro de sus madres—Soknopaios estaba intrigado por la pequeña, como si intentara descubrir algún punto que delatara que se trataba de una farsa—. Lo sé, yo tampoco me explico cómo es que existe esta niña cuando se supone que Ast y Nebet-Het están separados de sus maridos desde hace más de un millón de años—comento con ironía juntando las puntas de sus dedos—. ¿Será que es una bastarda?
La niña no dejaba de vigilar a Baba sin soltar la cadena que la sujetaba.
—Esas son cadenas del maestro—señalo el cocodrilo disgustado—. Esa niña no debe tener ni un millón de años ¡¿Cómo se le ocurre ponerle algo tan drástico como si fuera una amenaza?! No debe ni saber aun que heka usa.
—Ella no, pero las tóxicas de sus nanas si—afirmo Baba asertivo y se levantó con intención de irse.
— ¿Dónde está el Ojo Solar que lo estaba supervisando? —cuestiono Soknopaios—. ¿Dónde está Lady Mehyt?
Baba se hundió de hombros divertido.
—Se escapo con su ex amante—soltó sin importancia. Saco unas rejillas y un frasco sellado de la caja de marfil que estaba sobre una mesa. Mientras Soknopaios se quedó perplejo.
—El Capitán Anhur? ¡Y usted anda como si nada!
—Excapitán—corrigió—. Y si ustedes no cooperan con nosotros, mis hermanas nos dejarán igual o peor que a mis perros—sentencia saliendo del cuarto.
Soknopaios se disculpó con Tesenet por dejarla en esas circunstancias, prometiendo que se aseguraría de mantenerla a salvo de las locuras de ese desquiciado babuino. Porque sí, Baba no era ningún loco, sino uno de los muchos Sanguinarios de Kemet. Fue por eso que se le asigna a Mehyt para tenerlo bajo control, sin jamás esperar la aparición de ese desertor.
Regresaron a cubierta donde todo era nervios de punta. Las perras se posicionaban en las puntas con sus arcos listos y apuntando al montículo que los perseguía. Baba separo a una de ellas y destapo el frasco que contenía un líquido ardiente que solo él podía soportar en la mano. Sumergieron la punta de la flecha y este se tiño de un rojizo potente que emitía calor abrazador.
—¡Espera! ¡Espera! —abierto el sargento alarmado—. ¡¿De dónde saco ese líquido?!
—Pues del lago de fuego—confeso Baba y dio la orden de que disparara al punto donde calculaban pasaría su perseguidora—. ¡Sujétense!
Le fecha aserto y una leve explosión empujo la vegetación y el barco con sus ondas. El ruido asusto a manadas de pájaros y demás animales que huyeron aterrados. Los remeros lucharon por recuperar el control del barco y no acercarse a la otra orilla. Los demás tripulantes se estabilizaban de sus caídas, en especial los cocodrilos que por su peso se les dificulta más.
—¡¿Le dieron?! —amonesto el teniente. Baba se lanzó algo de metal para que lo cachara.
—Úsalo sabiamente—le dijo antes de trepar por el mástil y colgarse de un barco.
En el lugar quedo un pequeño hueco de tierra muerta, que por muy inofensivo que pareciera, cualquier curioso que la tocara se desintegraría por los residuos del líquido dispersos hasta que se terminara de evaporar. El necher dio una sonrisa de oreja a oreja que incito suspiros de paz entre los presentes.
—¡La maldita toxica sigue viva! —grito sin inmutarse al volver a visualizar el bulto de tierra el doble de velocidad. Esto corto la breve alegría de los Aj-Sa—. Karma ¡Apúrense, debemos cruzar la catarata antes que nos alcance! —ordeno y se dirigió a los cocodrilos—. ¡Ustedes, saquen sus escalas y no pierdan de vista el agua!
Los cocodrilos se vieron entre ellos y optaron por obedecer. Trasmutaron su piel humana a una llena de escalas gruesas y puntiagudas, acompañadas de sus garras afiladas y colmillos. Baba subió a la punta, libero su Ka para que el barco lo absorbiera y guiarlo a una ruta que evitara chocar con las rocas del acantilado.
—¡Ra, Ra, Ra! —vociferaba Baba con adrenalina colgado del mástil en el aire—. Vemos quien gana, hermanita ¡Ra, Ra, Ra!
Tres kilómetros para la catarata. Baba dio orden de lanzar otra flecha bañada en fuego líquido.
Dos kilómetros para la catarata. La flecha error en el blanco.
Un kilómetro para la catarata. El bulto desapareció.
Medio kilómetro para la catarata. Algo levanta las rocas del acantilado de agua desde abajo.
Cien metros para la catarata. Un muro de rocas se alza en el acantilado de agua, cortando la caída de agua y que se estrella como una gran ola. Baba gira rapido su barco hacia los desviaos de agua laterales que surgen a los costados del muro, pero no logra evitar chocar su costado con el muro.
Oportunidad en la que una figura negra sale de entre el agua y el muro y trepa al barco. Los perros no alcanzan a advertir su presencia cuando un aguijón fugaz les inyecta y caen con espasmos. Los cocodrilos reaccionan e intentan atraparla o golpearla. Esta los esquiva e ignora para dirigirse al mástil donde está Baba. Todo mientras el barco está por caer del acantilado.
Cuando el polizonte esta por tocar el mástil, Baba se tira encima del fuego líquido que contenía su frasco. Bañándose en llamas y evitando ser tocado por una cola de escorpión larga como cadenas que provenían del agresor. El barco se estancó repentinamente en el borde como si algo los hubiera atrapado desde abajo. Las arqueras apuntaron al agresor y lanzaron flechas mientras los remeros desfundaban sus dagas en caso de ser atacadas. Antes de llagarle, del muro fue expulsado una nube de tierra que cubrió el barco e impidió la visibilidad u olfato de los perros.
Sin saber si derribaron al enemigo o si fueron burlados, los Aj-Sa permanecieron alertas en sus posiciones llenas de intriga y terror. Ninguno dijo una sola palabra, ni movió un dedo. Los cocodrilos se mantuvieron aglomerados entre ellos para evitar ataques por la espalda y cuando el polvo se dispersó, todos los perros estaban convulsionando en silencia con una exagerada morada presente en su cuerpo como evidencia de picadura.
—¡No bajen la guardia! —advirtió Baba sentado en la punta del mástil con una clara diversión en su rostro. Los cocodrilos pensaban que el necher era en extremo insensible, estando prendido en llamas sin consumirse ni quemarse mientras ellos se cuidaban de ser los siguientes.
El sonido de rocas quebrarse le indica a Baba que venía un ataque del muro, y no se equivocó. Un látigo de tierra trato de atraparlo, el hizo encoger el largo de su mástil rápidamente hasta desaparecerlo en el suelo y así esquivar el ataque. Atrajo la cabina a él con la misma rapidez para escapar dentro y de arriba salió el escorpión. Esa que envenenó a sus perros y que estaba muy molesta porque la cabina estaba vacía, ya que solo Baba podía manipular el acceso según quisiera.
Una humanoide de dos metros, su cuerpo cubierto de una especie de armadura negra que funcionaba como su piel, similar a las escalas de los cocodrilos, y solo vestía un shenty negro largo que estaba rasgado de los lados para darle movilidad en las piernas. De su espalda baja salí una cola de escorpio larga como cadenas que se blandía en el aire amenazantemente y poseía la marca de los Ojos Solares. Solo que con las imágenes de dos escorpiones entrelazando su cola de forma protectora alrededor del disco solar mirando a los costados como si lo defendieran de enemigos externos, una marca despertada. Su cabello estaba recogido en una muy larga trenza alta y negra, y su rostro estaba expuesto con su notable rabia y una letal mirada morada.
Burlándose de la impotencia del Ojo Solar al no poder tocarlo por culpa del líquido que se vertió. Baba se lazo dentro de la cabina y que esta se hundiera en la cubierta para impedir la entrada de otros.
—¡Ese maldito nos dejó solos! —se quejó uno de los cocodrilos indignado ya la vez asustado por la presencia de la necher que rechinaba sus dientes de ira.
Quisieron huir de vuelta al agua, pero de forma colérica el Ojo Solar blandió su cola como látigo sin límite de longitud y al saber que su aguijón no podía atravesar sus escamas, lo dirigió a sus ojos hasta penetrar su cerebro y alzarlos en el aire para estrellarlos entre ellos. Soknopaios aprovechó la oportunidad sujetarla por detrás mientras su cola se dedicaba a atacar a los otros. Los demás siguieron su ejemplo sujetándola antes que sacara su cola del reciente condenado, tratando de inmovilizarla en medio de sus gritos de desesperación. Libero su cola y se fue sobre los ojos de los otros, que para su desgracia los empuñaron con fuerza para protegerse.
—¡Por favor, señora Serket! —rogo Soknopaios luchando por contenerla junto con sus compañeros mientras ella forcejeaba con una fuerza rival—. ¡Se lo suplico! ¡Ríndase y la niña estará a salvo!
En ese instante, la cabina reapareció al otro extremo del barco. Las cortinas volaron un poco revelando a Baba sujetando a la niña de una cadena con una mano, y con la otra, amenazando con rozar sus ardientes dedos sobre ellas. Tasenet lloro al verso con Serket, ambas con impotencia de estar cerca.
—¡Serk!
—¡Tasenet! —se llamaron ambas.
Serket sintió su sangre arder como un sol y con una sobrecarga de fuerza desde su interior, se liberó del agarrare de los cocodrilos como si se quitara polvo de encima. Lanzándose con su cola retraída y reservada para el desgraciado que la esperaba dentro de la cabina con la pequeña. Alguien salió de las rocas con intención de parrarla y recibió un puñetazo que la estrelló contra el piso tan fuerte que retumbó el barco.
Entro a la cabina sin pensar, y el interior se convirtió en un espacio estelar infinito, en el que solo estaban ella flotando en medio de la nada a una gran distancia de Baba y Tasenet, igualmente flotando a conveniencia de Baba. Baba flotaba con suma comodidad, ya familiaridad y seguro de su ventaja. En cambio, Serket se mantenía firme y encolerizada por la trampa. La única salida era la cortina abierta por la que entraba, que Baba alejaba cada vez que ella intentaba regresar.
—¡Maldito imbécil! —le grito Serket y Baba se río—. ¡Voy a acabar contigo!
—Igual que lo hiciste con Merse? —le señalo afuera.
Serket miro confundida. La persona que había golpeado sin fijarse, era una necher de piel escamosa como cobra y con un cabello liso y largo de color negro. Una Ojo Solar vestida de un vestido de tirantes negro ceñido, de aberturas para las piernas.
—Merseger—llamo arrepentida Serket. Merseger se llevó una mano débil a la cara para confirmar el sangrado de su nariz. Había recibido un golpe de frente que la tenía noqueada. Los cocodrilos se fueron sobre ella antes que recuperara fuerzas y esta se defendía débilmente. Llego Soknopaios y el sujeto como si no fuera la gran amenaza de hace rato—. ¡Merseger ¿Qué haces?! —grito—. ¡Defiéndete!
Se callo cuando la alzaron mientras se desvanecían sus escamas y volvía a su forma humana. Quedando su mirada café tan avergonzada de su condición como si la hubieran hechizado en un descuido. Estaba portando un peculiar grillete que antes no tenia, similar a uno abierto que flotaba cerca de Serket.
—Tu turno—le anuncio Baba.
Serket vio el grillete del maestro con ira e impotencia. Por un lado, Baba amenazaba con quemar a Tasenet y, por el otro, tenía sometida a Merseger por culpa suya al dejarla indefensa.
—Quien diría—se burló baba—, que lo que las impulsa a ser tan fuertes y poderosas, es justo lo que las vuelve débiles y perder el control—Serket apretó sus puños—. Tik. Tok. Hermana—dijo acercando su dedo al vientre de la niña, quien lloraba al sentir el aura caliente quemarla.
—¡No te atrevas, desgraciado! —amenazo con la voz lastimada—. Lástima un niño enfrente de un Ojo Solar y firmas tu castigo.
—Las Ojos Solares también deben tenerle lealtad al rey y sin embargo ocultaron a ese mocoso de Ast y Asir, cuando tenían la orden de entregarlo.
—¡Porque es un niño! Y el rey sabe bien que proteger a los niños es igual de sagrado para nosotras como servirle.
Baba bufo.
—Pues yo solo tengo la regla de servir al rey—se escuso—, dañe a quien dañe con tal de cumplir sus órdenes. Igual que los demás nechers. Entiéndenos, Serket. Viste lo que le paso a Anhur, no tenemos otra opción. Tú no tienes otra opción: sonrió cuando los cocodrilos levantaron del cabello a Merseger ya atada de las manos y piernas, y la golpearon en el estómago y luego en las costillas. Sin embargo, lo más desgarrador de todo, era que Merseger no emitía gritos de dolor ni quejidos. Su dolor era manifestado por sus muecas de agonía, mezcladas con su sangre escupida y la mirada llena de vergüenza. Serket rodo una lagrima por cada golpe que recibió ella.
—¡VASTA! —exclamo estirando su cola a ellos, pero las cortinas se cerraron para dejar solo ver las sombras de afuera. Envistió su aguijón sin éxito de atravesar la cortina que se sentía impenetrable.
—¡Lo mismo te grite cuando dañaste a mis perros! —acuso Baba resentido—. Cada golpe compensará a cada perro que envenenaron. Y si aún no te pones ese grillete para cuando terminen, seguirá la niña.
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