Miu había fracasado en darle platica a Nefertum durante el regreso a casa. Remarcaba que estaba estresado y el seguía negándolo de mala gana. Se detuvieron unos kilómetros y le dijo que se bajara del buey. Ella obedeció llena de dudas que el no le quiso responder. Soltaron al animal y este salió corriendo al oasis luego de que le punzara por detrás.
—Esperemos un rato—le indico acariciando el otro buey que, a diferencia del otro, este si se mostraba tenso y nervioso, consiente del destino que le deparaba en ese lugar.
Ella se trepo para terminar de relajarlo antes de que los gritos del otro animal llegaran a ellos. Empezó como el bramido de un buey en agonía, que poco a poco fue evolucionando al de un grito humano lleno de martirio y terror. Y en menos de un minuto, ceso en silencio abrupto.
—Nefer—le hablo ella.
—¿Sí?
—¿Sabías que ese animal era un humano maldecido?
—Si—confirmo sin prejuicio—. Pero no te sientas mal, era de esos que rozan con los demonios.
—Si, me lo imagine.
Permanecieron unos minutos esperando hasta que Nefertum ya no sintiera aromas de ese animal en el aire. Mas por el asco que le generaba su aroma que por ver a su hermano comer de forma salvaje. Miu bostezo de aburrimiento, igual de indiferente al muerto. Para el fue reconfortante saber que no era el único que no se paniqueaba por los gustos de Maahes.
—Nefer—le volvió a hablar y el gruño leve, esperando cualquier pregunta sobre lo ocurrido— ¿puedes oler la corrupción de los Ibs? —pregunto curiosa.
No era lo que el anticipo, pero era comprensible luego de su escena de asco con los dinkas cuando le dieron a oler la sangre del animal.
—Puedo oler en dos sentidos—explicó el—. De forma intangible, puedo percibir el nivel de corrupción o pureza en el corazón de cualquier ser. No necesariamente que sangre, porque así el aroma se libera por completo, y es muy fuerte para mí. Como me paso cuando lo compramos. Tampoco soy el único que puedo hacerlo, Maahes también puede y muchos de mis tíos.
—Estoy segura que Maahes lo huele de forma distinta—dijo risueña.
—A mi me da asco, para él es jugoso.
—¿Alguna vez probaste carne de pecador? —soltó sin escrúpulo.
Nefertum se horrorizó. Una ley autoimpuesta por el mismo, era no consumir lo que su nariz despreciara. Y los pecadores estaban entre las cosas mas nauseabundas que a olido en su existencia. Jamás comprendería porque los Sanguinarios se deleitaban con ellos, existiendo tantos castigos, ellos preferían el de comérselos. Una vez su tío Shesmu le dijo que su nariz y paladar estaban mal por percibir de forma diferente a ellos, pero su tía Mehyt argumento que no estaba mal que hubiera nacido con una percepción diferente de las cosas y que por eso el no era un salvaje como los demás.
—Nunca—respondió—. Y jamás lo hare. ¿Tu sí? —ella negó— ¿a que vienen tus morbosas preguntas?
—Estoy aburrida—dijo estirando los brazos por detrás.
El ladeo la cabeza y una idea se le ocurrió.
—¿Sabes? En el sentido tangible soy mil veces más sensible que un ser normal, especialmente las reacciones bioquímicas de los Dyets, algo que Maahes no—continúo explicando el—. Por desgracia, no tengo el mismo alcance en lo intangible, más allá de la corrupción, no sé a que huelen las emociones o sentimientos en un plano espiritual. Para darme una idea, tengo que basarme en lo tangible.
—¿No sabes a que huelen? —cuestiono intrigada. Nefertum negó.
—No conozco a nadie que pueda saber.
—¡Yo sí puedo! —confeso ella orgullosa.
—¿Tu qué? —se sorprendió.
Ella se bajo del buey y le señalo su nariz con emoción.
—Puedo oler las emociones—dijo meneando sus orejas gatunas—. Creí que los demás también podrían hacerlo, por eso te pregunté si tu olías de forma diferente a mí ¿entonces eso me hace única?
Nefertum saco el tema por mera especulación, no esperando ese resultado, solo queriendo tantearla para ver que le decía. Juzgando su comportamiento ante otros, y la falta de comprensión que ella tenía por las emociones de los demás. Parecía una mentira mal justificada. Era eso o ella tenía una comprensión de la realidad distorsionada.
“En su sano juicio” recordó las palabras de An.
—Supongo que si—le siguió la corriente y prosiguió a revolverle el cabello de forma juguetona—. Eres una cosita singular—le dijo con sinceridad, reforzando que ella estaba fuera de su lógica y conocimiento.
En la esquina de la casa, estaban amontonados los huesos limpios y con marcas de cortes. Encontraron a Maahes secándose el cabello y vestido con un shenty limpio. Desde niño, se había acostumbrado a bañarse después de ese tipo de comidas. Su principal escusa era la nariz de Nefertum, sin embargo, ambos ocultaban otros motivos. Se encontraba mejor de sus cicatrices, sin señales de sangrar. Por lo que Nefertum se alivió de su mejoría y que volviera a estar de pie, comparado a como estuvo en la mañana.
En cuanto Maahes cruzo mirada con Miu, quien apareció montada en el buey detrás de Nefertum con una pose de entrada triunfal, esta le sonrió. Él se quedó estático. Tiro la toalla. Se enderezo, y eso sumado a su cuerpo restaurado que exhibía su complexión física atlética llena de cicatrices y sus ojos escarlatas entrecerrados detrás de su fleco, daba un aire amenazador. Regreso a la casa y volvió con un puñal.
Ella le dio un golpe al buey como si fuera caballo y salieron corriendo al otro extremo del oasis. Maahes arranco a correr detrás de ellos, pero Nefertum se lanzó a tumbarlo por detrás para frenarlo. Ambos lucharon para ver quien le aplicaba una llave al otro. Maahes era más fuerte que Nefertum. Nefertum sabia evadir los movimientos de Maahes. Ambos conocían los puntos débiles y fuertes del otro gracias a sus juegos de la infancia. Maahes era fuerza y precisión, Nefertum prevención y cuidado.
Maahes evito usar el puñal contra su hermano, en su lugar embestían con el mango de este. Nefertum igual con su espada envainada. Se contratacaron un rato así hasta que en su ultima envestida se les salieron volando sus armas y quedaron a puño limpio.
—¡¿POR QUÉ LA TRAJISTE DE REGRESO?! —le reclamo Maahes cuando quedaron de frente, con Nefertum sujetando sus muñecas para arriba. Nefertum sonrió de lado.
—¡¿De verdad te molesta tanto?! —reto y él gruño.
Bajo los brazos para invertir el rol de sujetar las muñecas de Nefertum y tras media vuelta, alzarlo sobre el para dejarlo caer de espaldas. Miu veía la lucha del otro lado del estanque, recargada sobre el animal con mucha comodidad.
—¡Dijiste que la dejarías con la ramera! —acuso Maahes. Nefertum se enfadó y jalo sus brazos a los costados para acercar sus miradas.
—¿A cuanto que hubieras ido por ella? —le desafío en voz baja para que solo el escuchara. Maahes empuño los dientes—. Tuse.
Maahes se soltó, listo para dejarle caer un puñetazo. Nefertum rodo de lado antes del golpe, se puso en posición de defensa y salto para atrás cuando Maahes trato de darle otro puñetazo. Se paro firme y lo pateo, pero Maahes detuvo su pie con la otra mano en seco y lanzarlo al agua. Nefertum emergió riéndose y se quitó el cabello del rostro mientras Maahes permanecía parado en su lugar bufando.
—¡Scarlet uno, Nefer cero! —anunciaba Miu divertida—. ¡Segundo round!
—¡El segundo round ira a tu boca! —le amenazo Maahes con el dedo.
—Esa no forma de hablarle a tu esposa—dijo ella fingiendo indignación de forma teatral. El abrió los ojos perplejo y Nefertum estallo en risa aun flotando en el agua.
—¿Qué estupidez acabas de decir?
Ella se cruzo de brazos con el mentón en alto y mirada fija.
—Maahes, cariño ¿ya olvidaste el día que me declaraste tu amor? —dijo jugando acompañado de movimientos rebuscados—. Recuerda aquel día que nos conocimos en esa cueva y tu me clamaste que permaneciera a tu lado.
Los varones quedaron perplejos ante sus palabras. Nefertum miro a su hermano expectante de su reacción. No recordaba la última vez que Maahes quedaba sin palabras, y mucho menos con los ojos así de abiertos. Significaba que ella dijo algo que no podía refutar, entonces revelo una verdad. Permaneció callado y atento al drama.
Maahes sacudió la cabeza para volver en sí.
—¡No cambies la historia! —se defendió el— ¿De dónde maltita sea te sacaste una mentira tan ridícula? ¡Yo jamás me casaría con una loca!
Miu soltó una carcajada tan fuerte que se fue de espaldas sobre el lomo del buey ahogándose de la risa, y caerse al piso.
—¡Ay, por favor! —grito muriendo de la risa en el suelo—. ¡Todo el mundo dice que es al revés!
—¿Cómo que todo el mundo? ¡¿estuviste divulgando esa tarugada?! —grito enfadado y Nefertum se hundió en el agua—. ¡Acabas de arruinar mi reputación!
—¡¿Cual reputación?! ¿la del antisocial peligroso que parece mito? —se sentó y le dio una mirada juguetona—. Me atrevería a decir que gracias a mi te volviste alguien envidiable. No cualquiera se logra “casar” con una minina como yo.
—¿Y se puede saber con bendición de quien nos casamos?
—De el—delato a Nefertum que estaba a medio plan de escaparse del agua sin que lo vieran.
Su hermano lo fulmino con la mirada y se lanzo al agua con amenazas de matarlo. Nefertum se lo tomo a juego, después de todo, el agua era su territorio. En tierra, Maahes ganaba. En agua, Nefertum aventajaba. Duraron una hora entre persecuciones y luchas acuáticas, hasta que Miu les recordó sobre el animal para la cena y salieron del agua. El mayor perseguido por el menor.
***
A cada uno los puso a hacer algo para mantenerlos alejados. Miu despicaba los maníes dentro la casa y Maahes se encargaba de despedazar el buey en el patio, mientras Nefertum creaba una infusión para revivir la flora dañada de anoche. Una vez lista, les añadió una gota de su sangre disuelta en menor porcentaje para potenciarla y reforzar el efecto regenerativo.
Guardo sus nuevos insumos y por accidente encontró una caja rectangular que mantenía oculta. Era de madera fina y oscura, con gravados de lotos y leones color escarlatas. La había escondido allí porque Maahes antes intento deshacerse del contenido de esta. Estaba arriba de otra igual, pero con los detalles de color lapislázuli, la cual estaba vacía. Suspiro y se digno a salir con el jarrón lleno de la infusión.
Primero fue a ver a Miu, quien le entregó una vasija llena de maníes pelados y dijo que comenzaría a preparar el pan con la masa que dejo fermentando durante el día. Tomo un puñado y se lo llevo a la nariz, olían de maravilla. Tapo la vasija y se fue con los que ya cargaba para donde estaba Maahes. Tenía colgado la res de las patas traseras, con una vasija debajo para recolectar la sangre. En una rama bajo el sol estaba dorándose en una pieza limpia la piel, y en otra esta colgada la cabeza con otra vasija para recolectar su sangre.
—Me apartas la manteca, la necesito para un macerado—le pidió a su hermano mientras acababa de sacarle las entrañas. Maahes lo ignoro cargando el estomago para levarlo a la mesa—. La ley del hielo ¿en serio? ¿te vas a portar como leona berrinchuda? —Maahes lo miro de lado y lanzo un gruñido que rozaba con un rugido. Nefertum rodo los ojos—. Mañana volveré e intentarlo ¿feliz?
—Si causa problemas—amenazo.
—No puede causar mas estragos que tu—cotejo y le extendió la mano con maníes— ¿me ayudas a probar su calidad?
Maahes dejo lo que hacía. Tomo algunos sin molestarse en limpiar su mano o cruzar mirada con su hermano. Los probo y regreso a despedazar al animal. Maahes poseía un sentido del paladar muy potente y fino, equivalente al olfato de su hermano. Cada que Nefertum compraba o cambia un insumo, pasaba por el filtro de su nariz y luego por el paladar de Maahes.
—Son muy buenos—le respondió afilando un puñal grueso para partir las piernas— ¿de donde los sacaste?
—An me ayudo a conseguirlos con una chica Adroanzi—dijo y se comió unos.
—Y supongo que bajo su supervisión—insinuó clavando el puñal en la coyuntura previamente aflojada de una pierna.
—Ya sabes cómo es ella. Por cierto, te manda saludos.
—En forma de insulto obviamente—supuso con seguridad y profundizo el corte.
—En el fondo te quiere—Maahes lo vio de reojo—. En lo muy, muy profundo de su lago…o abismo marítimo.
—¿Conoció a la enana? —pregunto cauteloso.
Nefertum alzo la ceja.
—¿Enana? ¿le dijiste “enana”?
—¿Qué te dijo An? —insistió clavando nuevamente el puñal. Nefertum contuvo una risa—. Nefer.
—Ya, lo siento—alzo los brazos en señal de paz. Luego ablando su mirada de recordar su disputa con ella—. Me imagino que ya sabias que Preciosa era una creación—Maahes detuvo el puñal en el aire—. Si, ya lo sabias…An dice que no se parece a las Ojos Solares que conoce, que su existencia no tiene sentido y que no cree su cercanía contigo.
Nefertum vio de reojo la casa donde Miu estaba distraída amozando. Maahes dejo caer el puñal y cortar la primera pierna.
—Al menos dijo algo cierto—dijo Maahes pasando a su lado para dejar la pierna sobre unas hojas de palmera en el suelo y volver.
—¿Y que fue? Ah. Preciosa dice que se llama Miu.
Maahes se dignó de verlo con el ceño fruncido.
—No se llama así—refuto él.
—¿Entonces cual es su verdadero nombre? —pregunto curioso.
—Ni idea. Pero Miu, no es. De eso estoy seguro.
Nefertum se sobresaltó.
—¡Maahes! —lo llamo agobiado antes que mochara otra pierna.
—¡¿Qué?! —exclamo molesto.
—¡¿Cómo puedes conocer a alguien que ni su nombre sabes?!
Su hermano clavo el cuchillo en la carne y lo encaro.
—¡¿Por qué te empeñas en saber sobre ella?! Ya te dije, que solo es una gata que le gusta molestarme y es todo.
—Si. Una gata que a logrado sobrevivir a ti y restregártelo en la cara—evidencio firme y Maahes endureció su semblante—. Una gata que, pese a tu fama, te busca. Una gata que por más que disimules luchas por medir tu violencia con ella, porque ha logrado lo que creí que solo yo podía hasta la fecha… ¡verte a los ojos!
—¡BASTA! —lo agarro del cuello con ambas manos e inconscientemente apretó.
Quedaron viéndose mutuamente en un duelo silencioso entre un fuego escarlata y un acuoso lapislázuli. Nefertum ni trato de apartarlo o mostrar signos de miedo y dolor. Maahes respiraba agitado, firme en no soltarlo hasta que Nefertum dejara de interrogarlo con la mirada.
—Te cuesta mentir, hermanito—se burló Nefertum.
Lo soltó brusco y se alejó unos pasos. Sin decir alguna palabra, ambos supieron que llegaron al limite de su platica.
—Te dejo para que termines—dijo Nefertum retirándose con la frente en alto—. Ah. Y Miu, o enana, como quieras decirle, preparara Llamas Solares para le cena. Al menos ten la molestia de darle pantorrillas para guisarlas.
Fue a su taller y se encerró azotando la puerta. Vio que Miu le dejo la vasija de maníes en su mesa de trabajo y aprovecho para llevarlos a un montero y comenzar a triturarlos con rabia.
“No quiero sonar mal hablado, pero no me parece normal que se oculten estas cosas entre hermanos. Y menos cuando son tan unidos como usted siempre me lo demostró” recordó lo que le dijo Alek.
¿Cuándo empezaron a ocultarse cosas? ¿Por qué Maahes era tan hermético?
Miles de interrogantes lo atormentaron como buitres sobre carroña. Y antes que se diera cuanta, rompió el montero por sobrepresión. Maldijo en nombre del Karma y golpeo la mesa. Se llevo las manos al cuello sintiendo aun las manos de Maahes apretando sin medida.
¿Qué fue lo que le paso ese día que escapo de la casa de su padre para que Maahes cambiara tanto?
Ciclos antes de que su padre prohibiera su regreso con Mehyt, cuando aun vivían pensando que duraría para siempre ese vínculo con sus tíos.
—Nefer—lo llamo Maahes—. Nefer ¿sigues despierto?
Ellos compartían el mismo cuarto en el templo de su tía. Esa noche, Maahes subió a la cama de Nefertum con clara muestra de que no podía dormir y le daba igual molestar a su hermano. El mayor respingo y se cubrió hasta la cabeza con la sabana para ignorarlo.
—Maahes, háblame cuando salga el sol—reclamo soñoliento.
—Pero quiero contarte algo—rogo emocionado, sacudiéndolo.
—¡¿No puedes esperar mañana?! —grito destapándose molesto.
—No puedo dormir hasta contarte mi idea.
Nefertum suspiro resinado. No le ganaría a la terquedad de su hermano menor ni con sobornos de carne. Se sentó y bostezo. Maahes cargaba a su lado al Señor Colmillo, un león de peluche viejo que tenía desde que era bebe, regalo de su padre. Jamás lo exhibía en público, lo cargaba en secreto donde fuera, o de lo contrario no podía dormir. Nefertum se burlaba de él, aunque a escondidas se lo robaba para olerlo. No podía explicarlo tan fácil, pero ese peluche tenia un aroma especial.
—Está bien—se rindió Nefertum—. Cuéntame para que pueda seguir durmiendo.
Maahes sonrió lleno de emoción.
—Ya se como lograr que todo el mundo deje de tenerme miedo—conto esperanzado. Nefertum se tenso preocupado—. Seré un guerrero de Maat como el tío Anhur, me uniré e la guardia real.
El mayor enmudeció. Maahes sonaba convencido, y podía jurar que bajo su fleco vio sus ojos brillar.
—¿Estas…seguro de lo que dices? —intentó preguntar con miedo de desilusionarlo.
—¡Por supuesto! —afirmo sin perder su ilusión—. Todo el mundo ama a los héroes como el tío Anhur. Cuando los ven, se sienten seguros y en paz ¡Quiero que las personas me vean así! Cuando llegue a la mayoría de edad y sea mi circuncisión, me convertiré en un león como el tío Anhur y la tía Mehyt—se paro sobre la cama con los brazos alzados—. ¡Seré uno de los mejores defensores de Maat que hayan existido en toda la eternidad!
¿Cómo matarle la ilusión a su hermanito?
Maahes toda su vida fue señalado sin explicación alguna, justificándose de que era idéntico a su madre. Una madre de la que no sabían ni su nombre y que fue una Ojo Solar desposada por su padre, el Gran Visir. Nefertum era el único que podía verlo a los ojos sin miedo. Ni aun su tía Mehyt soportaba verlo sin perder la compostura. Por eso lo obligaban a dejarse largo el cabello y taparse mínimo la mirada.
—Maahes—quiso decirle algo. Pero ¿qué? ¿Qué quizás no funcionaría? ¿Qué las cosas no eran como creía? ¿Qué no soñara tan alto? Maahes lo miro expectante aun con las manos en alto—. No creo que…—se detuvo al ver la sonrisa de Maahes desvanecerse—…que puedas ser un león—cambio y tomo al peluche—. Un león no juega con peluches de bebe.
—¡Eh! —reclamo indignado e intento recuperar su peluche—. ¡No metas al Señor Colmillo! ¡Regrésamelo!
Su hermano escapo saltando a la otra cama meneando al peluche.
—Eres muy suave para ser un león—se burló Nefertum—. Apuesto que serás un dulce gatito.
—¡No! Seré un león ¡Y seré más fuerte que tú y los demás!
—¿Quieres apostar?
—¡Apuesto a que tú serás el gato!
—Y si es así, me da igual. No importa en lo que me transforme, lo que te define es tu persona y yo soy todo un personaje—se exalto el mismo.
—Eres un princeso.
—Y tu un animal—dicho eso Maahes le salto encima.
Lucharon entre ellos hasta que su tía los fua a regañar de las orejas, seguido con un castigo al día siguiente de ir a jugar con su odiosa prima.
Nefertum volvió a buscar las cajas de hace rato y las saco. Se sentó en el suelo con la espalda recargada en la alacena y las dos cajas sobre sus piernas. Delineo los dibujos con sus dedos recordando el día que recibió esas cajas.
Cuando Nefertum y Maahes regresaron permanentemente a casa de su padre, al año escapo Maahes sin nunca explicarle por qué. Y cuando volvió acompañado de su abuelo Ra, fue para despedirse. Pues sin decirle nada, su abuelo llego a un acuerdo con su padre de adquirir la custodia de su nieto mas pequeño. Estuvieron seiscientos mil años separados sin verse o comunicarse en forma.
El año que llego la circuición de Nefertum, lo paso sin él y sin la presencia de su demás familia materna. Ya que Maahes hace tiempo había escapado de Kemet y sus familiares estaban pasando crisis por las recientes ordenes del rey. Tras cumplir el rito, sufrió su metamorfosis. Y al verse al espejo para descubrir su nueva forma, contemplo un joven león que lo tomo por sorpresa.
Su padre le entrego su regalo sagrado, el que recibían tras cumplir su rito de metamorfosis. Le puso delante las dos cajas que parecían haber sido hechas con anticipación ya sabiendo su padre la imagen futura de sus hijos. Nefertum abrió la caja con detalles azules y se maravillo de la espada khopesh que albergaba. Su padre le dijo que la otra caja tenia la misma arma y que era para Maahes, quien en unos milenos mas también seria circuncidado.
Fue allí cuando le revelo que todo este tiempo supo que Maahes había huido a Kush, y que era el único que podría traer de regreso a su hermano, tarde o temprano. Le dio su bendición y Nefertum emprendió su viaje acompañado de su prima, la cual se le unió luego de ayudarlo a cruzar el puente fronterizo.
Ya en la actualidad, su caja estaba vacía. Siempre cargaba su espada, aunque la tenía hechizada para aparentar ser de menos valor de lo que era. Bajo su caja y tanteo la de Maahes, la de detalles rojos. No tenía derecho a abrirla, le corresponde a su hermano. El inconveniente, era que Maahes aborrecía el presente de su padre. Incluso aquel peluche que tanto quería cuando era niño, fue abandonado sin remordimiento luego de que se fuera con su abuelo.
Seria tonto rechazar un regalo de una figura tan reconocida como su padre, el maestro artesano. Todas sus obras tenia un valor invaluable. Ellos crecieron rodeados de sus invenciones y creaciones. Lo que muchos no entendían, y que solo Maahes y Nefertum aprendieron viviendo con él. Es que todo lo que hacía era de alguna forma insípida y hueca. Las únicas artesanías de su padre que llegaron a generar sentimientos en ellos, fueron el Señor Colmillo, ese peluche cuyo aroma siempre se sintió familiar y cálido, y sus espadas, que curiosamente, tenían el mismo aroma que ese viejo peluche.
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