Volvió al Estanque derrotada sin haber peleado. Agradecía la falta de testigos ante su humillante intento de valor. ¿Qué más necesitaba para afirmar por qué perdió sus cuernos? Sus honorables cuernos, que quizás jamás recuperaría.
La gacela en el turno de la recepción abrió los ojos con una mezcla de horror cuando la vio llegar cabizbaja. Estaba temblando y parecía nerviosa.
—My lady—dijo impotente—. Creímos que estaba en su habitación—confeso muy desesperada.
An suspiro y se recargo en el mostrador con la cabeza escondida entre sus brazos.
—¿Dónde estaba? ¿Por qué lleva su arco? —la bombardeo la gacela— ¿Cuánto tiene que se fue? Por cierto, su nueva corona es linda ¿nueva moda?
—¿Podrías callarte? —respingo An sin ánimos—. Vengo huyendo de un caos y no quiero recibir otro.
—Es muy tarde para eso, llego Lord Dedun con un misterioso Soberano—confeso la gacela inquieta.
An alzo la cabeza desconcertada. Ahora que lo mencionaba, el lugar volvió a estar silencioso como de costumbre ¿será que se acabó la fiesta cuando Miu se fue?
No tuvo tiempo de preguntar detalles cuando la puerta de entrada fue azotada y una ola de calor se acercó desde el pasillo acompañado de pisadas fuertes y gruñidos. An percibió algo familiar en esa presencia y se escondió velozmente detrás del mostrador, justo en la parte de abajo donde no la vieran. Le hizo una señal de silencia a la gacela y esta obedeció con los nervios de punta mirando al visitante de frente.
El visitante golpeo el mostrador con rudeza, emanando un calor que le quemaba la piel a la gacela. Esta no dejo de temblar ante su presencia como si temiera que la dañara en un movimiento en falso. An vio la expresión de su gacela desde abajo, preocupada por quien era el ser que amenazaba con la estabilidad de su personal.
—¡¿Viste a una lagartija gigante por aquí?! —exigió una voz molesta y temible desde el visitante. O mejor dicha, la visitante. An se tapó la boca de la impresión.
La gacela trago saliva antes de responder.
—¿Busca a un cocodrilo? —pregunto tímidamente la gacela.
—¡Lagartija, cocodrilo! ¿¡Donde esta?! —amenazó golpeando con la otra mano sobre el tablero.
—Con Lord Dedun—confeso asustada encogiéndose contra la pared detrás de ella—. En el tercer piso, en una habitación principal. La identificará porque tiene la caracterización del Soberano.
La visitante respingo y se fue din agradecer con pasos que hacían temblar con su ira. Cruzo la cascada y el agua contra su cuerpo creo una nube de vapor que invadió el lugar. La gacela se dejó caer sentada frente a su ama con alivio, y fue turno de An para interrogar.
—¿Era una leona? —pregunto An. La gacela asintió. An la tomo de los hombros y la acerco con intriga—. Explícame que está pasando.
Los ojos de la otra chica temblaron. No era que su ama le aterrara, sino la amenaza que estaba cerca. Una que podría afectar incluso a su ama, y por consecuente, a todas las demás.
—Lord Dedun trajo a un invitado cocodrilo—relato la gacela—, pero antes de dejarlo entrar al lugar, nos preguntó en secreto sobre donde estaba usted y nosotras le dijimos que estaba en su habitación. Porque creíamos que allí estaba, no sabíamos que se había fugado. El Lord nos ordenó que no saliéramos de las habitaciones, que finjamos estar muy ocupadas, aunque no lo estemos. Y como todos saben que usted no sale de su habitación durante las noches, nos encomendó que cuidáramos que no saliera por algún imprevisto.
¿Desde cuándo Dedun era celoso con que la vieran? Anaka era conocida por los Soberanos Extranjeros justo porque Dedun la usaba como distracción en sus negocios, además de presumirla como su socia local.
Todo se respondía con la visitante que acababan de topar. Esa voz. Ese calor. Esa furia.
—¿Dedun sabe de Miu?
—¿Quién es Miu? —pregunto la gacela confundida.
An frunció el ceño.
—La gata que acompañaba a Nefertum.
—¿Así se llamaba? Nunca nos dijo su nombre—respondió sorprendida—. De hecho, cuando llego Lord Dedun y vio la fiesta, pregunto el origen de esta, pero nadie pudo explicarle la identidad de Miu. Y tampoco sabían que era acompañante de Lord Nefertum, más que nosotras, pero nuestra intuición nos detuvo de delatarlos. Vimos unos dinkas que estaban susurrando algo, y una de las gacelas los callo con alguna compensación.
—Reúne a las otras y refúgiense—le ordeno An sin rodeos—. Empaquen lo más valioso y vístanse para salir.
—¿Por qué mi señora? —cuestiono intrigada—. ¿Esto acabara muy mal?
—Si mis sospechas son ciertas, esto se hira al demonio—dijo seria y desapareció con la misma rapidez de siempre.
***
Corrió hasta la habitación donde debía estar Dedun con su misterioso invitado antes la otra Soberana llegara. Soltó una risa irónica de lo lejana que estaba de su habitación.
“Te crees muy listo. Eh, Dedun.” Pensó An.
Pego su oído a la puerta, pero no escucho nada. Algunas habitaciones estaban diseñadas para que nadie pudiera espiar las negociaciones o husmear en la privacidad de los Soberanos. Ella no era curiosa, pero saber que Dedun intentaba ocultarles a sus invitados le daba mala espina. Tenía que saber estaba tramando ese maldito o el porque no le advirtieron antes que ellos estaban aquí.
El calor de la otra Soberana se aproximó por los pasillos y se escondió detrás de un muro a la vuelta para que no la viera. La Soberana azoto la puerta de una patada casi como deseando destruirla. Entro insultando y maldiciendo. Justo la ocasión perfecta para que An corriera a suma velocidad con ellos sin que la notaran.
Fueron solo unos segundos suspendidos cuando cruzo para esconderse, pero le bastaron para confirmar la identidad de los visitantes misteriosos. En el centro estaba sentado un Necher de más de dos metros, fornido, calvo y de ojos aquamarines como los de ella. Su porte era militar y duro, con aspecto de hombre de cincuenta años. Vestía un shenty y bata verdes oscuros, con un cinturón aquamarin. Una vestimenta que disimulaba el nivel de peligro que el presentaba.
Por otro lado, la leona portaba el uniforme de las Ojos Solares: falda larga blanca con aberturas a los costados, peto de cuero que dejaba al descubierto su espalda baja con tal de presumir su marca solar despertada. Ojos ámbar anaranjados y una melena mal peinada que se notaba fue a último minuto. Sin embargo, sus ropas lución rasgadas como si la hubieran pasado cuchillos y su piel portaba cicatrices y moretones que seguían regenerándose.
Una vez dentro sin haber sido vista por los ojos de los presentas, se escondió detrás de la cortina que daba al balcón. Era una locura atreverse a espiarlos tan cerca, pero era su única forma de entender lo que pasaba. El único que podría descubrirla es Dedun por su olfato, y si realmente no deseaba que los otros la descubrieran, se quedaría callado.
Ya no habría vuelta atrás, esta reunión cambiaria todo.
—¡SABIAS QUE EL ESTABA AQUÍ! —le reclamo ella al cocodrilo tirándole copa que tenía en la mano.
Dedun estaba sentado en la otra silla con su copa en los labios nada impresionado por la agresividad de la Ojo Solar. La veía con diversión contenida, como si no fuera la primera vez que veía espéculos de ese tipo. El kushita había atestiguado miles de fugas de Ojos Solares a su mundo en el pasado y el cómo enviaban a alguien de Kemet para tratar de traerlas de regreso. Anticipaba el resultado de esa disputa.
—No sé de qué hablas—afirmo Sobek con voz grave.
Mehyt se paró frente a el agitada. Con ganas de golpearlo.
—¡No finjas, Sobek! —bramo ella—. Me enviaste por delante con el estúpido de Baba para que me reencontrara con Anhur. Porque si hay un Necher que te puede derrotar es el, pero no podrá si debe enfrentarse a mí.
Sobek se inclinó a la mesa de centro para servirse otra copa.
—¿Y en qué momento te di la orden de enfrentarte a el? —cuestionó. Mehyt no respondió. Sobek se inclinó sobre el respaldo con la copa en la mano—. Exacto. Tu misma reaccionaste a lo que el deber te dictaba antes de que yo te lo dijera. Anhur es un traidor, y lo recuerdas muy bien—Mehyt apretó sus puños y dientes—. ¿Crees que temo enfrentar a Anhur? Yo me volví capitán, desde inicio de la guerra y sin que amenazan mi cargo. Él lo obtuvo porque Shu ya se quería retirar de la guerra. Si me lo hubiera encontrado antes que tu—se inclinó a ella—, desde el primer día me habría hecho cargo de él. ¿Viniste a confirmarme que acabaste el trabajo o quieres relevar tu deber? —reto dando un sorbo.
La necher entrecerró los ojos con una mirada asesina.
—Tienes hoy para terminar lo que empezaste o yo tomare cartas en el asunto—amenazo Sobek y se empino el resto de la copa.
—Si no es mucha molestia—interrumpió Dedun—. Me gustaría ayudarles con el exilio de otros dos nechers que me han estado dando dolor de cabeza.
An se paralizo llena de coraje, miedo y confusión. ¿Qué demonios están haciendo esos dos nechers aquí? ¿Cómo que exilio? ¡¿Anhur y Mehyt se reencontraron?! ¿Desde cuándo Anhur estaba en Kush y ella ni enterada?
¡Nefertum y Maahes! Si ellos se enteran de que sus tíos están aquí, su rección seria inimaginable.
—Que conveniente—dijo Sobek—. Como ya descubrimos que ocultabas a los Sangre de Atum y a mis hermanos. Esperas que te la dejemos pasar al revelarnos a los otros.
—Siento no haberte dicho antes sobre ellos—se escuso Dedun—. Espero entiendan, que, al estar en suma vigilancia, no tenía manera de revelarles la verdad.
An puso los ojos en blanco molesta. Dedun hacia muchas cosas bajo las narices de los otros gracias a las amenazas que tenía sobre Meruel. Y lo sabía porque de la otra vez que se vio con Meruel, el mocoso le conto que así Dedun podía hacer muchas cosas que ella desde hace rato notaba ilegalidades en los negocios del nehesu. Usar de escusa a Meruel en esta ocasión era excusa para no evidenciar que les quiso ver la cara de tontos.
—Sin embargo, nos confirmaste que Input huyo aquí—aseguro Sobek, sirviéndose otra copa.
Dedun ladeo el araqi de la suya para aparentar.
—Ustedes ya tenían pistas desde Kemet sobre el destino de ella—justifico Dedun—. Siendo así, no podía negarles nada. Y los deje entrar con la mentira de que venían a hacer tratos hasta que descubrí que en realidad vinieron a buscarla.
“¿Input? ¿esa Sangre de Atum también estaba aquí?” pregunto mentalmente An.
—Espero que sea uno de los nechers que mencionaste antes.
An contuvo la respiración y lucho por controlar sus nervios.
—Me temo que no. Siento decirles que la necher que buscaban se la trago la tierra—los nechers lo vieron sin creerle nada—. Les juro que se perdió de nuestra vista en un santiamén y hasta el momento seguimos sin localizarla. Pero estaba aquí, en este burdel antes de desaparecer.
—Entonces ¿Quiénes son esos otros nechers? —pregunto Sobek con desdén.
Dedun sonrió de lado.
—Dos leones muy problemáticos—An se estremeció—. Viven en un oasis a diez kilómetros de la ciudad, al noreste. Recomendaría enviar a Lady Mehyt—la señalo con mucha seguridad.
Mehyt gruño y se giró a Sobek.
—Hazlo—ordeno Sobek en seco.
Estaba por tomar un sorbo, cuando Mehyt le arrebató la copa. Se la tomo de un trago con prisa antes de retirarse y la lanzo derretida como metal fundido.
“¡No! ¡No! ¡No! ¡No!” grito con impotencia An en su mente “Mehyt no sabe que va por Maahes y Nefertum. Y menos en las condiciones que estaban. Debo detenerla ¡debo advertirle a Nefer!”
Fue corriendo como flecha detrás de Mehyt, cuando sintió que una barrera invisible le impidió salir por la puerta a tiempo. Actuó rapido y fue al balcón, pero ocurrió lo mismo al intentar salir de la habitación. Cayo sentada. La barrera se sentía como partículas de agua suspendidas en el aire.
—Ahora que estamos solos—retomo Sobek—. Lord Dedun ¿podrías decirme quien es nuestra infiltrada?
A sus espaldas, Sobek tenía clavada la vista en ella, mientras Dedun la fulminaba con la mirada por haberse metido en ese lio.
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