Señora Anaka.
Un nombre que ahoga a los machos con solo verla…o sentirla.
Dentro de la habitación más lujosa y majestuosa del “Estanque”. Decorada con cortinas azules-verdes y amueblada con sillones de maderas extranjeras de alto costo. La emblemática Soberana se negaba a dejar su diván, no porque estuviera cansada o desocupada, sino porque no estaba molesta.
Ayer sedujo a dos espíritus leones bastante apuestos a su recámara, o, mejor dicho, les dio permiso. Sacio su asiento de lujuria hasta ahogarlos de placer, y los pobres seguían durmiendo de impotencia en su amplia cama. Mientras que ella, se mantenía fresca, con una sed que seguía sin saciarse.
—Aj—resoplo bajando su copa de araqi con aburrimiento—. ¿Por qué los machos no pueden mantenerse flotando en el agua? —cuestiono con burla acomodándose en su lugar vestida con su bata traslucida de tela acuosa y su emblematica corona de plumas altas. Se rio para si llevándose la copa a sus labios mirando a los espíritus—. Se veía muy vivaces. Tendré que salir a cazar nuevos para el día de hoy.
Sus subditas tocaron la puerta y ella se acercó. Entraron un par de espíritus gacelas con sus debidas reverencias trayendo consigo frutas y cereales. Una se dedicó a prepararle la mesa y la otra a buscar ropas para su ama.
—Usted no le tiene piedad a nadie mi lady—comento jugando una viendo a los leones sin señales de despertar.
—Y pensar que esos dos hacían temblar a muchas de nosotras en la cama—añadió la otra—. Mi señora, no hay macho que escape de sus olas.
Anaka emocionada orgullosa mientras se sentaba de piernas cruzadas sin pena de que su bata se desacomodara. Ciertamente, ella no consentia a ningún macho, solo a aquellos que sus concubinas le recomendaban. Ni aun los de su especie sobrevivían a sus corrientes. Y si acaso escuchaba de la existencia de posibles rivales, estaban en otros mundos con los que anhelaba algún día interactuar.
—¿Quiere que despertemos a los leones? —pregunto una de sus gacelas.
—No lo sé aun—dijo Anaka con desinterés mordiendo una barra de cereales con miel—. Me da pena correrlos en esas condiciones, no podía ni sentir sus piernas en la madrugada.
—Los llevamos a nuestros cuartos entonces?
-Si. Eso suena bien—afirmo señalándole a la otra gacela que vestido escogía de los que le mostraban—. Y denles alicientes cuando se despierten, para que no digan que soy insensible.
Las gacelas obedecieron y fueron por ayuda para moverlos. Anaka termina su barra justo cuando otra gacela pidió permiso para pasar. Estaba nervioso y venia de cumplir su turno en la recepción.
—Mi señora—reverencio preocupada.
—Ah ¿ya terminaste tu turno? —pregunto Anaka— ¿Cómo estuvo el movimiento anoche?
—Muchos clientes satisfechos, mi señora—respondió
—Excelente—se alegre y dio el último mordisco a su barra. Noto la inquietud en su gacela y se ajustó la bata— ¿Por qué tienes esa cara? ¿Qué paso? Déjame adivinar ¿otro salvaje se porto rudo contigo?
-¡No! No es eso, mi señora—corrigió ella—. Los clientes se han metido a ralla con sus reglas. Muchas gracias.
—Entonces? —interrogo con la boca llena.
—Pues…llego el joven Nefertum—confeso y Anaka escupió lo que tenia en su boca, olvidándose de su porte sensual.
—¡¿Mi príncipe azul está aquí?! —pregunto emocionada con los ojos brillosos. La gacela avanzando.
Anaka se paro de un salto y corrio por todos lados seleccionando sus ropas menos reveladoras y perfumes elegantes. Ordeno a la gacela que le preparara un baño purificante y que limpiean el cuarto.
—Nefertum vino a verme antes de lo esperado—chillo contenta con las mejillas sonrojadas—. De seguro me extraño.
Las demás gacelas se arrimaron por la puerta con miedo, viéndose de reojo con la gacela recepcionista que estaba pasando por un dilema. Pues mientras su ama estaba escogiendo el collar que resaltaría sus ojos aguamarinas, ellas temían confesarle que su “príncipe azul” fue visto con otra chica.
Y cuando al fin se lo dijeron, hasta sus amantes de anoche salieron huyendo por mero instinto de supervivencia antes de atravesarse al tsunami que Lady Anaka estaba conteniendo.
***
Alek llevo a Nefertum hasta el buey que le pidió. En apariencia era un animal normal y con muchas imperfecciones físicas, casi como un chiste de lo caro que era. Nefertum se tapó la nariz en cuento Alek le hizo un leve corte en la oreja y unas gotas de sangre brotaron. Apestaba, justo como su valor lo aparentaba, y era asqueroso.
—Que asco—dijo Nefertum casi vomitando—. Nunca entenderé porque les gusta algo tan repulsivo.
Alek cerro la herida apretando un poco y untando algo de lodo. El animal estaba atrapado en un coral que lo inmovilizaba y asegurado con tres estacas. La “cuñada” de Nefertum apareció acompañada de Ngor y Chan que pasaban por allí. Ngor parecía entusiasmado contándole sobre la cultura de su mundo mientras Chan no lograba articular palabras y solo sonreía con torpeza.
—Ese es el buey especial? —pregunto ella subiéndose a la madera frente al animal.
—Así es—confirmó Nefertum pasándose un trapo perfumado por la nariz— ¿crees que le gusta a mi hermano?
Ella tomo la cabeza del animal con cuidado y este no se niega. Lo miro a los ojos y también sus orejas con mucha atención. El buey soltó un ruego bajo buscando consuelo en ella.
—¡Es perfecto! —afirmo ella—. Justo lo que le gusta a mi esposo—conto como si fuera verdad la fachada ser esposa de Maahes.
Incluso Nefertum se impresiono de lo realista que sonaba. En cambio, los espíritus se lamentaron ante la mentira, pues ellos no habían pensado quien era ella más haya de una clienta muy hermosa que los trataba con mucha aceptación.
—¡¿Casada?! —se lamentó Ngor desilusionado—. Por supuesto que es la esposa de uno de ellos.
—Se los advertí—dijo Makoi llegando detrás de ellos—. Una chica así debe estar lejos de nuestro nivel. Era más que obvio que se trata de…
—¡¿Qué hacen holgazaneando?! —les llamo el anciano contemplando el espectáculo de sus empelados— ¡Ngor, no te traje para que estes acostando a las clientas, muchacho! —el chico serval se escondió detrás del ganado— ¡Y tu Chan! —la hiena no supo cómo responder y se fue detrás de Ngor—¿Por qué esta tan callado?
—Castigo divino—le dijo Makoi riéndose.
—Y tú también, Makoi.
—¿Eh? ¿Yo qué?
—Dejaste que esos dos se salgan con la suya. Vuelvan a trabajar o se los descontare de su sueldo… ¡No! Mejor aún—cambio de parecer y si se dirige a Nefertum—. Mi señor ¿podría maldecir a estos inútiles?
Los espíritus se asustaron y salieron corriendo con promesas de cumplir sus trabajos. Nefertum, quien de todas formas no tenía intención de aceptar, tranquilizo al anciano justificando la actitud de sus empelados ante la presencia de su compañera. Además, ella le dijo que eran muy agradables para pasar el rato mientras esperaba. Alek cedió.
Antes de retirarse, Nefertum anuncio que regresarían luego por el animal, después de ver unos asuntos. Y antes de retirarse del luak de Alek, nuevamente los empleados de este salieron disparados de sus trabajos para ver la sensación de que caminaba por el río.
—Y ahora que es? —reclamo Alek ante las miradas perdidas de sus empelados—. Oh, ya se quien es.
En la orilla del río, caminando por delante seguida de sus doncellas gacelas, Lady Anaka robaba la atención de todos. Vestía un vestido azul con escote abierto hasta el ombligo y aberturas a medio muslo, portaba su debido tocado de plumas altas con su cabello bien peinado para que solo unos pechos salieran por debajo. Su andar era elegante y fluido, como el trote de una gacela en libertad, de manera que sus curvas solo eran una sobra de su sensualidad.
Algunos espíritus silbaban bajo ante tal modelaje. Otros susurraban sobre lo majestuosa que lucía esa mañana. Y otros se desvanecerían con el ritmo de su andar seductor.
—Mira, que linda—menciono la chica con naturalidad— ¿Quién es ella?
—¡¿No lo sabes?! —pregunto sorprendido Alek—. Es Lady Anaka, la Soberana que rige el burdel. Suele salir a caminar por este río en las mañanas y tardes.
—Ah—dijo y se dirigió a Nefertum—. Nefer ¿A dónde vamos ahora?... ¿Nefer?
A diferencia de todos los demás que estaban contemplando a la Soberana con una mezcla de deseo y respeto, Nefertum estaba de brazos cruzados con apatía. Y no era para menos, ya que cuando Anaka iba por la zona de los dinkas Nefertum salió rapido con la minina a donde no hubiera mucha gente. Para que sorpresivamente, como si de un pestañeo fuera, Anaka apareciera lanzándose a abrazar de Nefertum con familiaridad y robarle un beso. Mientras que Nefertum no se sorprende pero tampoco la rechazaba.
—¡Neferum! —le llamo Anaka pescada de su cuello con cariño— ¿Ibas a venirme a ver verdad?
—Hola, apestosa—saludo el con normalidad y ella mantuvo un momento su sonrisa antes de pasarle el pie.
—¡Que no me llames así, príncipe! —le reclamo mientras el gritaba por el pisotón que le dolio.
—¡¿Qué te pasa, An?! —contraataco—. Ya vas a empezar con tus cosas.
—Mis cosas? Tu empezaste, Nefer—se defendió indignada—. Te vengo a saludar luego de arriba y lo primero que haces es insultarme.
—¿Cuál toparme? Estoy seguro que viniste a buscarme por que tus gacelas me vieron antes—ella aporto la mirada mordiéndose el labio— ¡Aja! Ya te conozco.
—Y ¿por qué no viniste a verme primero?
Nefertum también la ceja.
—Pensé que estabas “ocupada”.
—Si, pero ya sabes que por ti me desocupo—se escuso jugando con un mecho de pelo. Luego se recargo en su pecho con una mirada de reproche mezclada con camarera— ¿Por qué no viniste antes? Me aburro sin ti.
—Pues tu hueles a que te divertiste toda la noche—señalo el con victoria y ella amenazo con pisarlo otra vez— ¡¿Qué?! Virgen no eres.
—Ella es An? —interrumpió la minina admirando el espectáculo con diversión.
Los dos se giraron a verla recordando su presencia, ya que estaban solos los tres porque las doncellas de Anaka se quedaron en el río y los espíritus no supieron a donde se fue ella. Anaka la vio de arriba abajo con recelo disfrazado de modestia.
—Nefer, mi príncipe ¿Quién es ella? —interrogo Anaka, pero antes que Nefertum respondiera, la minina se adelantó con intención de saludarla amablemente y sin malicia.
—Hola, es un placer. Soy la esposa de Maahes.
Anaka no esperaba esa respuesta ¿estaban tomandole el pelo o bromeando con ella?
***
Dando el medio día, los tres fueron a un local que estaba en la cima de una catarata. Era un pequeño comedor con gastronomía variada, muy frecuentada por algunos espíritus que iban a comer. Estaban sentados en una mesa aislada en la parte de afuera, con la mejor vista a la caída del agua. Anaka se había pedido una ensalada de verduras, Nefertum un filete asado con un jugo de sandía y la minina un pescado frito y unas galletas de miel con frutos secos.
—Pues me niego a creerlo—afirmaba Anaka tomando su copa de jugo de melón y señalando a la otra chica con el dedo—. Es absurdo que sea esposa del salvaje de tu hermano—la chica dejo de degustar su galleta un momento—. Es más, es imposible que tu hermano llegue a casarse algún día. Ese salvaje no tiene emociones.
Nefertum le había contado la misma mentira que a los dinkas, salvo que Anaka era otro caso muy diferente. Empezando porque ella los conocía mejor que nadie en Kush.
—Pero es verdad—afirmo la chica luego de pasarse la galleta—, Maahes y yo tenemos algo. Y actualmente, vivimos juntos en la casa de Nefer.
Anaka acuso con la mirada a Nefertum. Este la capto y bajo el cuchillo con el que cortaba su comida.
—No es broma, te lo juro—aseguro el—. Yo aún estoy asimilando la que tienen esos dos—confeso esto ultimo con cierta verdad. Ya que, si bien no eran pareja, tampoco negaba que su relación ocultaba algo. Anaka no se vio convencida.
—Y se puede saber ¿desde hace cuento están casados? —le pregunta a la chica.
—Claro, somos esposos desde hace…—intento sacar cuentas—. Nefer ¿hace cuanto llegamos?
Nefertum se llevó una mano a la cara y Anaka chasqueo la lengua.
—Lo sabía—dijo Anaka triunfal— ¿Quién iba a creérselo?
—Bueno, los dinkas se la creyeron—dijo Nefertum.
—Los dinkas no conocen a tu hermano. Claro que se la creyeron.
—Creo que ya entendí porque no querías que me hiciera pasar por tu novia—dijo la minina reflexiva y los señalo ambos— ¿Por qué tu ya sales con ella?
Nefertum y Anaka se miraron entre si antes de responder.
—No somos nada—confesaron ambos sin rodeos y ella parpadeo confundida.
—No entendí—dijo ella y los dos respondieron al mismo tiempo.
—Es mi acosadora—la señalo Nefertum.
—Es mi favorito—lo señalo Anaka.
La chica siguió sin entender rotando la cabeza.
—No le pienses mucho, preciosa—le sugirió Nefertum.
—¿Preciosa? —interrogo Anaka con los ojos entrecerrados.
—Así me llama el—explíco ella.
—Si, porque no me has dicho tu nombre—se escuso él.
— ¿Cómo? ¿No sabes con quién estás? —le pregunta Anaka. Nefertum se hundió de hombros apenado— ¿Quién eres tú niña?
—Mmm—pensó ella y al final soltó—. Miu.
Los dos la vieron en shock.
—Ese nombre se escucha tan falso como tu mentira sobre estar casada con Maahes—reclamo Anaka.
—Concuerdo contigo—complemento Nefertum cruzado de brazos—. Pero bueno, ya es un avance a tener que pensar como dirigirme a ti.
—Y que dejes de decirle preciosa—añadió Anaka con recelo.
Nefertum puso los ojos en blanco.
—¿Y tú eres la amiga de la que me hablo Nefer? —le pregunto Miu a Anaka.
—Eso espero—respondió Anaka con tono amenazador— ¿a qué vinieron ustedes dos?
—Nefer dice que puedes ayudarme a encontrar a mi hermana.
Anaka abrió los ojos con fastidio.
—¿Estás con el porque buscas a tu hermana? Nefer, explícame que está pasando aquí porque ya no entendí nada ¿desde cuando ayudas a chicas desconocidas?
—No lo sé, solo se que desde antier me pasan situaciones fuera de lugar—confeso él cansado.
—Y si encontré a mi hermana cumpliré mi promesa de dejar a estos dos—explíco Mui y un brillo de emoción apareció en los ojos de Anaka.
—¡¿Por qué no mencionaste eso antes?! —reclamo ella—. Dime como puedo ayudarte a encontrarla.
***
Fueron a la habitación de Anaka por una ruta privada para evitar cruzar el piso del burdel en “El Estanque”. Nefertum le dijo que antes de explicarle debía ver algo relevante sobre Miu.
Al llegar, Anaka les dijo a sus gacelas que no merodearan hasta que les diera permiso. Su recamara esta impecable y limpia, sin rastro alguno de su aventura de anoche. Justo como sabía que Nefertum se sentía cómodo, que era lo que más le importaba.
—Y bien ¿Qué es eso que quieres que vea? —pregunto Anaka intrigada una vez solos los tres.
Nefertum miro a Mui que ya se había sentado en un diván con confianza. Se rasco la cabeza y dio un suspiro antes de contarle.
—Dice que es un Ojo Solar—dijo neutro.
Anaka borro la leve sonrisa que tenía y poso sus ojos en Miu quien no se inmutaba. Estaba tan tranquila como quien escucha una platica entre amigos casual, salvo que ese tema no era para nada casual. Anaka levanto un dedo con duda, pensando que escucho mal.
—Eso es imposible—dijo ella—. Deja de inventarte tonterías.
—No es mentira—dijo Miu segura—. Tengo la marca, y mi hermana melliza igual.
Anaka frunció el ceño.
—Niña, no trates de mentirle a una experta. Eres muy chica para ser un Ojo Solar.
—¿Por qué? —pregunto Nefertum con curiosidad. Anaka se giró a él.
—La ultima Ojo Solar que surgió a existencia, nació hace más de un millón, ochocientos mil años—luego de dirigirse a Miu— ¿Cuántos millones tienes?
—Uno punto siete—confeso Miu y los otros se sorprendieron.
—¡¿Tienes nuestra edad?! —pregunto Nefertum refiriéndose a él y Maahes. Ella ascendió.
—¿Cuántos años le llevas a Maahes? —le pregunto ella.
—Diez mil.
— ¿Y tú cuantos tienes? —le pregunto a Anaka.
Ella le disgustó con autoridad.
—Uno punto ocho millones—confeso Anaka—. Por lo me soy la mayor y me debes respeto.
—Si, señora—afirmo ella y Anaka puso los ojos en blanco.
—¡No soy tan grande!
—Sí, señorita.
—De señorita no tiene nada—susurro para si Nefertum, pero Anaka lo escucho le lanza una murada venenosa.
—Ves—señalo Anaka—. La edad no cuadra.
—Mira su marca—indico él y ella pasó de mala gana.
—Muéstramela—le ordeno a Miu y antes que esta tuviera la osadía de alzarse la ropa frente a Nefertum, la paro— ¡Espera! Nefer, sal de aquí.
—¿Eh? —preguntó él.
—Ni pienses que te dejare ver a otra chica que no sea yo.
—Pero el ya me vio—confeso Miu sin cuidado. Recordando cuando Nefertum la conoció por accidente mientras se cambiaba de ropa. Anaka se fue casi sobre él, y él estaba pálido.
—¡¿Cómo que ya la viste?!
—¡Fue por accidente! —explíco el—. Y no solo le vi la espalda, y estaba en ropa interior. Es más, si hubiera sabido que estaba en esas fachas no hubiera abierto la puerta donde estaba.
Pero eso no la convención. Lo empujo con una ola de agua que creo en el momento hasta sacarlo de su cuarto y cerrar la puerta.
—Ahora sí. Quítate la ropa.
Miu se retiro su vestido sin problema y lo primero que examino Anaka fue su físico en general, mas con riña que aprecio. La chica era una gata, por lo que era normal que fuera pequeña, esbelta y delgada. Con curvas que le daban un aire de agilidad tanto como de sensualidad. Similar a Anaka, solo que ella tenía más busto y altura.
Camino a lado de ella hasta dar con su espalda baja y allí estaba: el disco rojo con bordes dorados, la marca de los Ojos Solares ¿o no?
Anaka abrió los ojos como platos. No tenia palabras para explicar lo que veía. Paso sus dedos cerca pero no se atrevió ni siquiera rozarla. De solo hacerlo, un calor indescriptible emanaba del rojo, y una luz cegadora irradiaba del dorado.
—Muéstrame tu estómago.
Se voltea de frente y bajo su vestido con el que se estaba cubriendo la zona señalada. Su vientre estaba liso, sin el hueco que quedaba en todo ser nacido.
—¿Quién te creo?
***
Nefertum se el paso caminando en círculos por el pasillo. Intrigado por lo que estuviera pasando adentro con las chicas. Anaka al fin abrió la puerta y le hizo una señal de pasar. Miu ya estaba vestida, pero ya no con su vestido sino con uno verde que Anaka le presto porque el anterior estaba desgastado.
—Todo bien? —pregunto al notar la pose seria de ella y la relajada de Miu.
—Sí, todo bien—respondió Anaka.
—Dice que ya me cree y que mañana me dirá que investigo sobre el desfile de mi hermana—conto Miu alegre.
—Así nada más? —dudo él.
—Luego te cobro este favor—le guiño el ojo Anaka—. De acuerdo. Ya arreglado este asunto, pasemos al siguiente.
—¿Hay otra cosa?
—Si—dijo acercándose al con un aire juguetón y se pesco de su cuello— ¿quieres manies?
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