Era un soleado día.
Desde las alturas estelares, Apedemak, el primer sol de Kush, administraba la luz matutina sobre su mundo. Por esa ocasión, el no estaba solo. A su lado se encontraba una Ojo Solar. Era una leona bastante descuidada con su paraciencia debido a la reciente actividad de matanza que llevaron a cabo juntos. Usaba un par de arracadas doradas en cada oreja y dejaba su melena suelta.
Sentados al borde del ventanal, compartiendo trozos de carne humana y bebiendo sangre mezclada con Araqi, ambos Sanguinarios charlaban con suma complicidad.
—No tiene muchos milenos que nació tu bebe ¿no se supone que no debas beber durante la lactancia? —le cuestionó Apedemak a la Ojo solar que bebía despreocupada.
—Cállate—alego ella sin ofenderse—. Cuando regrese me abre purificado a tiempo para alimentarlo.
El kushita negó con la cabeza con una sonrisa. Su amiga deleitaba su bebida de una manera tan pulcra, que era increíble que fuera la misma que hace unas horas masacro sin cuidado a unos pecadores que le compararon a unos dinkas.
—Sigo sin creer que hayas dejado a tu bebe para venir a verme hasta acá—señalo entre admirado y disgustado— ¿a tu esposo no le preocupa que la madre de su hijo se escape a otros mundos de la nada?
—Nefertum está seguro con su padre—se justificó ella. Luego meneo la copa en su mano, mientras se recargaba con la por detrás—. Además, no vine sola—Apedemak dio un sorbo y la vio de reojo. Ella suspiro—. Estoy embarazada.
Apedemak borro su sonrisa con la copa detenida en el aire.
—No—lo detuvo ella antes que el hablara—. No vine para que me felicitaras.
Su amigo le arrebato su copa y la vacío por el ventanal. Ella se quedo con la mano puesta como si aun la sostuviera y lanzó una risa seca.
—El gran Apedemak desperdiciando una copa de sangre de primera—dijo en tono dramático—. Siempre tan quisquilloso conmigo.
—No queras que tu hijo herede tus gustos—refuto el evidenciando que su tono amistoso quedo atrás para portarse serio.
La Ojo Solar contuvo una carcajada ante tal insinuación. Podría parecer una loca, pero sus risas tenían un toque de inocencia y diversión. Era mejor esa risa “dócil”, que su versión enfadada y injuriosa.
—¿En serio crees eso de mi bebe? Nefertum hasta ahora no se parece nada a mi ¡¿Te imaginas que este engendro se parezca a mí?!—dijo y no pudo contenerse de la risa. Llevó una de sus manos a la cara y se dejó caer de espaldas sobre el piso muerta de la risa— ¡Por favor, Mak! ¡¿Quieres maldecir a mi hijo?! —bromeo ella.
Aunque para él, no sonaba para nada a una broma.
—Supongo que los Camefis pensaron que podrían controlarme con mas de un hijo—se burlo ella.
—O quizás quieren que despiertes tu marca—insinuó el señalando su marca solar simple.
—Si…ya no saben que hacer conmigo—modulo su voz y sonrió con menos ganas—. Solo tenia que darle un heredero a ese viejo… ¡Y ahora le daré dos! ¿puedes creerlo?
La necher intento forzar sus risas, pero se notaban muy nerviosas y falsas. El kushita no sabía que decirle, desde que ella fue desposada con el Gran Visir perdió toda esperanza. Era la única Soberana que ha estado a su nivel y con la que se sentía más cómodo que con su misma raza. De cualquier forma, antes de ser desposada, tampoco le mostro señales diferentes a una estrecha amistad.
—Deberías embarazar a Amesemi—sugirió ella— ¿no has pensado en tener un hijo? Porque tus hermanos no han logrado nada con ella.
El bufo.
—¿Tu me estas sugiriendo tener un hijo? —pregunto con ironía. Ella no respondió, estaba seria—. A todo esto ¿a que viniste?
Ella chasqueo los dedos y una caja con glifos escarlatas apareció entre ellos.
—Te traje un recuerdo de mi—bromeo volviendo a sentarse sin destaparse la cara.
Apedemak alzo una ceja.
—¿Un recuerdo? No te entiendo ¿Qué planeas?
Soltó su cara y sus cabellos desordenados le cubrieron. Aun así, sus ojos escarlatas atravesaban estos.
—Mak, si valoras nuestra amistad. Prométeme, que nunca permitirás que Kush dañe a Kemet.


