Una sensación acuosa profanaba sus sentidos. Era un líquido familiar, y al mismo tiempo incomodo. Cuando por fin su sentido del olfato se secó, Nefertum percibió la presencia de cuatro aromas inconfundibles. Despertó de golpe y roto en el mismo lugar, suspendido en la nada.
Estaba en un espacio celeste, o bueno, un tipo de bóveda celeste plagado de puras estrellas que viajaban a diferentes distancias de él. Unas tan lejos que aprecian puntos diminutos, otras muy cercanas que parecían lámparas del mismo tamaño que él. Y a unos metros flotando de él, estaban dos Ojos Solares. Ambas en sus formas humanas, portando un brazalete hechizado. Serket vestía un improvisado top hecho con tela rasgada del vestido largo de Merseguer, y su falda larga.
—Al fin despiertas, bello durmiente—le hablo Serket, flotando con las piernas cruzadas y una Meseguer acostada en ellas moribunda—. Anqet estaba a punto de intentar el beso del verdadero amor ¡¿No, An?! —bromeo exagerando, y señalo a donde estaba Anqet flotando hecha bolita en si misma.
—¡Anqet! —se exalto Nefertum e intento flotar a donde ella—. ¡¿Estás bien?! ¿No te hicieron algo?
Anqet apenas lo vio sobre su hombro fatigado. Nefertum se detuvo a un par de metros al notar lo irreconocible que estaba ella. Esa no era la Anqet que bajo el seudónimo de “Lady Anaka” gritaba su realeza con su sola presencia, esta era una Anqet destronada y evidenciada. Sin joyas, sin vestidos provocativos y sin sus coronas ostentosas. Solo un Ojo Solar peculiar.
—Anqet… ¿Qué te paso? —intento saber, sin poder evitar ver su marca solar—. ¡Ese maldito lagarto!
—¡Cuidado como hablas, engendro! —advirtió la voz de Baba surgida de la nada—. O le pasaré tu mensaje a Sobek. Segura que deseara arreglar cuentas contigo de frente… ¿Quién dijo que es ese crio?
Nefertum bufo.
—Con razón apestaba a babuino en celo—respingo Nefertum.
Serket soltó una carcajada.
—¡Tu ni te rías, maldita tóxica! —reclamo Baba.
-¡Oh! El monito sigue sentido porque lastime sus juguetitos—siguió burlándose Serket con indiferencia.
—¡Mal agradecida! ¡No debería impedir que molieran a Merse!
—Sí, por favor. Cura a tus perras.
—¡Mentirosa! Solo les diste un analgésico ¡aún están intoxicadas! ¡No me sirven así!
—¡Bueno, tampoco me regresaste a Merse del todo bien!
—¡Tu también la golpeaste, acuérdate!
Nefertum permaneció callado junto a Anqet mientras ambos nechers adultos seguían discutiendo. Confiaba en que ella le diera el mínimo contexto sobre lo que estaba pasando. Pero Anqet volvió a ovillarse. Antes de que todo esto pasara, ella le rogo que huyeran juntos y el, la menosprecio ¿Cómo esperaba saber que todo se derrumbaría en esa noche? El descontrol de Maahes. Su regreso con Miu. La aparición de la tía Mehyt. El rapto de ellos. La derrota de Dedun y El Estanque .
Anqet lidio sola las últimas dos y de frente con el mismo Sobek. El no duro ni un minuto antes que lo ahogara. Y ahora, estaban atrapados en lo que parecía una prisión espacial hecha por Baba. Aún más inquietante ¡¿Qué estaban haciendo allí Serket y Merseguer?!
—¡Y todo este berinche solo porque no te podrás masturbar! —señalo Serket sin falta de pudor, pero si muy segura de su argumento. Baba lanzo un gruñido babuino—. Lo vez—le habló a Nefertum—. Se enoja porque gracias a nosotras, se quedaron sus “remplazos sexuales” por no lograr copular con una de su nivel. ¿Hay algo más mediocre que recurrir a tus propios Aj-Sa?
El joven nunca se enmudeció por incomodidad. No era una platica que deseara escuchar, o creyera correctamente atestiguar. Se hundió de hombros, esperando evadir más preguntas de ese tipo.
—Mira quien lo dice—volvió a retomar Baba delirando de la rabia—. La típica toxica que no puede tener relaciones sin envenenarse junto con su pareja en el proceso—revelo con victoria. Nefertum abrió los ojos horrorizado y Serket palideció como si acabaran de revelar un secreto vergonzoso—. Mmmm ¿No dirás nada? —reto Baba comenzó a reírse un poco—. Claro que no dirás nada ¡por eso le huyen a las escorpiones!
Las carcajadas del babuino hicieron regresar el lugar y vibrar las estrellas. La necher escorpión rechino sus dientes de impotencia. Lugeo de un rato, las risas se disiparon junto con el movimiento y solo quedó el silencio incomodo entre los prisioneros. Una regla sagrada que aprendió Nefertum de sus tíos, era: si un Ojo Solar esta enojada, huye. Última que las circunstancias lo impedían. Anqet ni se inmutaba.
— ¿Y tú que haces aquí? —cuestiono Serket fija en él.
—Es lo mismo que quiero saber—confeso Nefertum intimidado.
Aunque, prestándoles atención, ellas tampoco parecían estar en su mejor forma. Empezando por su aspecto humano que bien sabia que odiaban usar. Y esos brazaletes, lucían y olían a ciertas grilletes que el recordaba del almacén de su padre. Volvió a prestar atención a Anqet, y también portaba uno. Se vio la muñeca, y comprobó que el igual estaba sometido.
—Karma—soltó el chico una vez comprobó que se trataban de grilletes hechizados por su padre— ¿Cuánto tiempo llevamos aquí, tía Serket? —le pregunto a Serket.
—¡¿Tía Serket?! —alzo una ceja. Merseguer hizo algo de fuerza para poder alzarmente débil sus manos y hacer unas señas—. ¿Estás seguro? —cuestiono y Merseguer afirman con otra seña.
—Tía Merse, tu si me reconociste—se alegró Nefertum, ya que también entendia el lenguaje de señas.
Merseguer le volvió a afirmar. Después hizo otras señales para Serket.
-Si. Si. Tuviste razón, es Nefertum—acepto Serket de mala gana. Luego paso la mirada entre el y Anqet y exclamo expectante— ¡Esperen un minuto! Sí, ya veo. Eso explica porque Anqet se el paso cuidándote mientras seguías inconsciente, cariño—insinuó con labios—. Anqet, querida ¿aun tienes un flechazo con tu primo?
Nefertum la vio de reojo. Ni así Anqet reaccionó.
—Pero no te apenes, querida. Si fuera de la edad de ustedes también me chivearía por un muchachón como él—confeso Serket. Nefertum se sobresaltó—. Nefer, querido. No esperaba que llegaras a ser tan apuesto—después se llevo un dedo a la barbilla, pensativa—. Ahora, me replanteo: tu no te pareces en nada a tu mamá, por lo que eres igual a tu papá, entonces tu padre, lucia como tú hace billones de años… ¡Por Ra! Tu padre debía ser un galán en su mejor época.
—Eso no responde mi pregunta—reclamo Nefertum.
Serket se avergonzó y suspiro.
—Cierto. Lo siento, cariño—se disculpó ella—. Es que llevamos tanto rato lejos de casa que me emocione de ver familiares agradables luego de ¡tolerar a imbéciles! —confeso eso último con toda la intención de que Baba la escuchara—. Y respondiendo a tu pregunta: estamos en el barco de Baba, en una prisión hecha por su Heka estelar. Aquí no hay tiempo. Afuera pudimos pasar unos minutos y nosotros llevamos años, no lo sabemos. Lo único seguro—dijo disgustada—, es que nos liberaran una vez volvamos a Kemet para ser juzgados ante el rey.
—¡¿Qué?! ¡No! —grito el—. Debe haber una forma de salir.
— ¿Cómo sin poder usar nuestros poderes? —al fin intervino Anqet sin moverse, cuestionando.
—Valla. Al fin te animas a hablar, querida—dijo Serket—. Temia que también te volvieras muda como Merse.
—Anqet—se acercó Nefertum a ella— ¿estas enfadada conmigo?
— ¿Deberías? —recrimino dándole la espalda en el aire.
—Pues…quizás—confeso cabizbajo—. Siento no haberte escuchado.
—¿Qué paso con tu hermanito? —pregunto ásperamente.
—Maahes? —interrumpió Serket alarmada, acercándose a ellos flotando sin menear mucho a Merseguer—. ¿El también?
Nefertum enmudeció. Su intuición le decía que Baba podría estarlos escuchando, y según su tía Mehyt, debía mantener secreto el desfile de su hermano. Serket presionaba con la mirada, y que se haya acercado cuidadosamente delataba lo delicado que era. Nefertum se limitó a asentir con la cabeza, y eso le basto a su tía para contenerse de hacer más ruido.
Merseguer extendiendo su mano temblis hacia él, y tomarle el brazo con nula fuerza.
—Tía Merse, te vez muy mal—se sorprenderá del estado de su otra tía.
Estaba doblada, con la cabeza apoyada en las piernas de Serket como mínimo soporte físico. Tenía sangre seca alrededor de su boca y unos hilos marcados en su cuello y escote. Su mano libre seguía posada sobre su vientre como si le doliera.
—No le has dado nada—regaño a Serket—. Quizás tenga heridas internas.
—¡¿Crees que no lo sé?! —se defendió Serket enojada—. Estoy literalmente, atada de manos y sin recursos ¡Ese maldito mono me quito mis reservas para sus malditas perras!
En el pasado, Nefertum creía que la relación de sus tías era meramente maestra y alumna que apenas se entendían, pero luego de lo que le conto Anqet sobre el lazo entre un Ojo Solar con sus hijos adoptivos o sanguíneos, comprendió porque Serket poseía una marca despertada y Merseguer no. Y su visión sobre ellas cambio.
La necher cobra presionó unas veces más el brazo de Nefertum. Nefertum colaboro y empiezo a examinar desde su perspectiva la condición de su tía. Evaluó su cabeza, cuello, pecho y bajo hasta el vientre, el cual tuvo que alzarle el vestido para revelar los hematomas en la zona afectada.
—Esto luce mal. Si no se regenera o recibe atención…
—Te asustas de más—respingo Anqet. Nefertum le miro incrédulo.
—Me preocupo por ella.
—Te preocupas por cosas que no te necesitan—declaro con firmeza.
Sus tías los miraron expectantes.
— ¿Qué pasa contigo? —le reclamo el—. Enfádate conmigo, pero no minimices el daño de los demás.
—¡Por favor, Nefer! —se desplego abruptamente—. ¿Tu que sabes del daño que pasamos nosotras? —lo encaro a unos centímetros de distancia con los brazos cruzados—. ¿Te has preguntado alguna vez como vivíamos encerradas en ese harem? —Nefertum iba a responder, pero no supo que decir—. ¡Exacto! No lo sabes. Porque convenientemente, alguien no te dijo nada—hizo hincapié en el posible referente, que Nefertum supo que se refería a Maahes.
—No, lo acepto. No se—confeso él avergonzado—. Y no sé porque irónicamente, nadie me dice nada. Como tu sabrás—se la recrimino.
Anqet gruño y acerco más su rostro.
—Yo no te dije nada porque le tenia miedo, y tu lo sabes—reclamo—. Sabias que yo le tenía miedo, pero jamás investigaste por qué.
—Porque todos le tienen miedo. Era algo muy normal.
—¡Pues…
—¡YA BASTA! —bramo Baba desesperado—. No sé porque los juntamos en un solo lugar ¡no me dejen concentrarme de tanto ruido!
—Encontraste la manera de masturbarte sin tus perras, monito? —reto Serket y Baba se volvió gruñir—. ¡Ja!
Los gruñidos babuinos de Baba generaron otro sismo en el lugar.
—Si volvemos a Kemet lo primero que hare será acusarte con mi padre, tío Baba—lo amenazó Nefertum y Baba disminuyó su ruido.
—¡Ay, no! No, por favor. No me delates con tu papi. No con el Gran Visir—dramatizó con sarcasmo. Luego se río—. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¿Crees que tu título de príncipe te va a librar de la ley? ¡Ja! ¡Ja! Un título es solo eso, un nombre simbólico con el que naciste porque tu madre se volvió una Madona, no por la autoridad de tu padre. Anqet también es princesa y mírala—Anqet se abrazo a ella misma, frustrada—. No son más que críticos mimados. Pero descuiden. Apenas volvamos a Kemet, el rey los bajara de sus pedestales.
—Tio Baba—llamo esta vez Anqet.
—¿Qué?
—Según lo que se nos acusa, estamos tachados de rebeldes por romper el juramento que hicimos al rey ¿cierto?
—Cierto.
—Y el juramento dice que debemos darle lealtad y obedecerlo ¿cierto?
—Cierto.
—Y eso incluye que, si apoyamos a los rivales del rey, como a Hor y su madre, somos traidores ¿cierto?
—Cierto ¡¿A dónde quieres llegar?!
—Anqet ¿Qué insinúas? —la amonesto Serket desconfiada.
Anqet la ignoraro y floto un poco lejos de ellos dándoles la espalda.
—De entre todas las Ojos Solares, soy de las pocas que se abstuvieron de colaborar con los rebeldes. No me pueden acusar de ser rebelde. Mi único delito fue huir del harén y no fue porque quiera, hubo algo que me forzó a abandonarlo—empezó a confesar, seria. Serket y Nefertum se vieron entre ellos incrédulos de lo que ella estaba revelando.
—¡Anqet! —trato de callarla Nefertum, pero ella se alejo rápido.
—Hay algo que el rey no sabe—continuo mientras evadía a Nefertum—. Y podría justificar mi falta. Si tu me ayudas a hablar con él.
—Si ¿Cómo no? —desconfío Baba— ¿Qué me garantiza que no me estás contando una mentira y lo pague con mi trasero? No nació el siglo pasado.
Serket la seguía con la mirada desde su lugar, conteniéndose de hacerle segunda y evidenciar más su secreto.
—Ayúdame… y te ayudare con tu frustración—propuso sin titubear.
Ni Nefertum, ni Serket, ni Merseguer, ni el mismo Baba, supieron cómo reaccionar. Nefertum se congelo perplejo a unos centímetros de ella. Anqet hablaba en serio, y por sus antecedentes, el tonto era el por no espéraselo.
Ella espero una respuesta ante el sepulcro silencio de Baba.
—Y bien? —presionó ella. Acto seguido, se paso una mano por cabello y puso una expresión seductora. Los restos que quedaban de Lady Anaka—. ¿Perderás la oportunidad de tener en tu cama un Ojo Solar? —pregunto con labios.
Baba aun no respondía. En eso Nefertum alcanzo a tomarla de la mano y esta se sobresaltó.
— ¿Qué estás haciendo? —le pregunto Nefertum disgustado.
—Lo que sea para que no me traten peor que a los demás—respondió ella entredientes.
El suave su rostro, lleno de preocupación.
—No así, An—le rogo—. Ya te libraste de Dedun. No vuelvas a rebajarte de esa manera.
La vio directa a los ojos. Pero Anqet lo contempla con mirada dura.
—¡Hecho! —anuncio Baba emocionado y Anqet desapareció de la nada.
Quedando Nefertum solo en el lugar de ella, con las Ojos Solares rendidas atrás de él.


