Los Aj-Sa cocodrilos tenían agrupados a todos los espíritus por etnias. Luego de ver la derrota del Soberano de Kush a manos del Necher, sucumbieron a las órdenes de estos por prudencia y seguridad. Los sargentos pasaron de grupo en grupo, mostrando pergaminos con un retrato pintado.
—¡Escuchen! —llamo la atención un sargento con voz firme—. No nos interesa meternos con ustedes. Lo que acaba de pasar es un asunto entre Kemet y Kush. Sin embargo, apreciaríamos su colaboración. Buscamos a esta necher—explico deteniéndose frente a un grupo de dinkas con el retrato de Input en el pergamino—. Si alguno de ustedes la ha visto o tiene idea de ella, será mejor que nos lo revele—dijo endureciendo su semblante—. O tendremos que aplicar justicia por su silencio ante una falta contra nuestras leyes.
El sargento percibió a un dinka hiena susúrrale a un chico serval. Dio paso delante para que lo dejaran pasar hasta ellos y estos se paralizaron arrepentidos de tenerlo de frente. Junto a ellos estaba un anciano toro y un tejón. El kemetita alzo el pergamino en forma de amenaza.
—Ustedes saben algo, hablen—ordeno.
Alek dio un paso adelante para interponerse entre ellos.
—Esa chica—dijo Alek—, me parece que es una Sangre de Atum. ¿o me equivoco?
—Así es—afirmó con los ojos entrecerrados— ¿Qué sabe de esa familia?
—Conocí a Lord Asir hace más de un millón de años, en una visita a mi mundo e igual algunos de mis siervos durante su niñez—señalo a varios dinkas que estaban a su mando—. Tenemos figuras con su imagen como recuerdo, y algunos de mis chicos vieron la comparativa con la imagen que nos muestra.
Ngor y Chan afirmaron lo mismo para librarse. El sargento los examino detenidamente, en especial a Chan que no dejaba de temblar.
—Estas muy nervioso—señalo.
—Chan es muy cobarde—intervino Makoi con sumisión—. Su presencia lo atormenta como si de su amo se tratara.
—¿Han tenido comunicación con algún otro kemetita? —interrogo el teniente, apoyado de su pelotón rodeando al grupo de dinkas.
—No conocía este lado tan “amigable” de Kemet—acuso con sarcasmo y disgusto Alek—. ¿seguros que son kemetitas? Porque no se parecen en nada a lo que todos sabemos de ustedes.
El teniente poso su mirada en el anciano.
—Estas muy desactualizado, viejo—le dijo con desdén—. O quizás no has conocido nuestra cultura como te hicieron creer. Y si no hablan, lamentaran hacerlo.
***
Un babuino común y corriente en apariencia, corría entre la actividad militar como si fuera ajeno a la atención. Entro al edificio que estaba lleno de charcos de agua y una humedad que recordaba a las zonas luego de inundarse. Se trepo a la mesa donde estaba Sobek siendo atendido por uno de sus cocodrilos. El ayudante lo estaba vendando en las áreas que fueron atravesadas por las flechas, mientras su amo daba un trago de araqi.
—Me decepcionas, hermano—se burló el babuino con la voz de Baba. El animal se sentó en la mesa dándole la clásica sonrisa del primate—. Yo tarde menos en hacerme cargo del mocoso y sin ningún rasguño.
Sobek lo ignoro examinando la punta de flecha que acababa de sacarse. El mono de Baba se rasco el trasero con un bostezo.
—Esos nehesus deben estar experimentando con conocimientos de otras partes —le pregunto Sobek con la voz un poco dañada, recargándose en el respaldo una vez terminaron de vendarlo. Le volvieron a llenar la copa.
—Pero que mal suenas.
—Alguna planta extranjera que consiguió de otro mundo. Necesitare que Dyehuty me examine llegando a Kemet, es el único que podrá descifrar la toxina que me metió—alego y le enseño el metal de la flecha—. Sus armas no eran así. Es el mismo metal, pero su acabado se siente diferente. Ojalá supiera donde desapareció el maldito de Sokar para que lo viera.
—Y aun nos falta enfrentar el mero mero… ¡Ah! Por eso me enviaste a someter a ese mocoso de Meruel—comprendió al fin.
—Por eso y para encontrar más rapido la ubicación de los otros ¿ya encontraron donde esta Input?
—El mocoso jura no saber nada—respondió el babuino con molestia—. Si yo tuviera la habilidad visual de los halcones, podría buscarla sin tanto problemas. Ya estoy en el plano celestial de todas formas. No te enojes, pero tendré que usar mis métodos infalibles.
—¡Ni se te ocurra hacerle daño al mocoso! Mantenlo ileso hasta que nos veamos en la necesidad —amenazo con el dedo. Luego suspiro con frustración—. ¿En dónde está esa malcriada? El rastro nos llevaba a este lugar.
—Ya tenemos a la niña. Asumamos que compensara…
—¡No nos podemos ir hasta encontrarla! —lo interrumpió con un golpe en la mesa que hizo saltar al babuino—. Fue la orden del rey. Y mucho que mejor que nos hayamos topado con los desertores.
—Hasta parece que Maat nos guio a ellos—sonrió el babuino como si el mismo Baba estuviera presente—. Creyeron que los dejaríamos salirse con la suya.
***
En las alturas celestes de Kush, donde Meruel vivía administrando su luz para el ciclo del día y la noche. El chico estaba amarrado a una silla por cadenas que le cortaron de sus poderes y forma divina, viendo con desapruebo al necher babuino que estaba acostado en su diván como si fuera todo suyo. Baba tenía en la mesa un cadáver abierto del estómago, del que sacaba órganos para comérselos como manjar y chuparse los dedos. Junto a ellos, estaban dos Aj-Sa: el sargento Soknopaios de Sobek, y un babuino de Baba que creo a ese día.
Fue un cambio de acontecimientos y suspensos durante todo el día. En la mañana, Dedun estuvo a punto de irlo a ver para reclamarle por lo que acababa de descubrir de su charla con Anqet, de no ser porque recibió el llamado de Sobek para reencontrarse y Dedun se empeñó en alejarlo lo más que pudo de ir al Estaque. Un alivio momentáneo para Meruel, hasta que los nechers metieron cuestión sobre la sinceridad de su “amistad”.
Los nechers ya estaban sabidos que Kush albergo desertores de Kemet y exigían saber la ubicación de Hor y su familia. Con mayor motivo, Dedun intento convencer a Sobek de no ir a donde tenía escondida a Anqet, pero cedió de entregar a los Sangre de Atum. Para evidencia de ser “sinceros”, exigieron enviar a dos Aj-Sa a donde Meruel para que vieran la ubicación de estos con sus propios ojos mientras sus amos esperaban en tierra.
¡Gran error!
Meruel siempre creyó que los famosos Aj-Sa, eran una raza de espíritus nativos de Kemet, como los que visitaban Kush de otros mundos.
¡Fue un tonto!
El chico no alego de tenerlos junto a él, considero que al ser “seres inferiores”, con facilidad podría manipularlos o ejercer poder sobre ellos para despistarlos de la ubicación real de Hor y su familia. Obviamente, que todo eso paso después de que le enviara a Hor esa lanza para acabar con los infectados del Mar Primigenio. Allí el por qué el ultimo menaje que le envió fue tan cortante y apresurado.
Los Aj-Sa se portaban con sumisión, acatados a las ordenes e indicaciones del Soberano de Kush. Le hicieron creer que le tenían respecto y temor.
¡Valla engaño!
Pues paso el show de la revelación de Anqet y la pelea de Dedun contra Sobek, que solo Meruel vio por su habilidad visual. Sabido de lo que pasaba, disimulo al pasar cerca de su arco y flechas para eliminar a sus visitantes. Pero como si de alguna forma, los nechers tuvieran comunicación directa con los Aj-Sa, estos reaccionaron como si les hubieran dado la orden.
Primero, el cocodrilo uso magia de agua para atacarlo sin previo aviso, mientras el babuino permaneció quieto. Meruel esquivo y disparo. La flecha se detuvo en el aire antes de darle al Aj-Sa, y el quedo paralizado en su posición contra su voluntad. Como si el tiempo a su redonda se hubiera detenido. Había sido el babuino, que carcajeaba de forma espantosa.
Meruel estuvo confundido. ¿Cómo es que un espíritu normal tenía el nivel de poder para imponer su tiempo sobre el de un Soberano? En eso apareció Baba por la puerta que conectaba el Estaque con su morada, la misma que uso Hor días pasados para entrar a verlo y que odiaba que usaran sin su permiso.
Baba llego con aires de victoria y una sonrisa burlesca. Rebusco entre sus ropas y saco un grillete similar al que vio que le pusieron a los nechers que ya habían capturado y, de alguna forma, tenía el poder para anular sus poderes. Meruel pensó que era una idea estúpida, porque si el perdía sus poderes, se extinguiría la luz celeste en Kush y sus padres se darían cuanta de que algo le paso.
¡Que ingenuo fue!
—Ese truco siempre funciona—alardeo Baba caminando hacia él, sin afectarle el área hechizada—. Todo el mundo piensa que estos son “espíritus comunes”, cuando en realidad son todo lo contrario—se detuvo frente a él y lo miro como si un mocoso despistado. Meruel no podía mover ni sus labios, de lo contrario continuaría la plática. Baba imagino que el chico tenía sus dudas y le explico por presumir—. ¿Sabes porque les decimos Aj-Sa? —señalo al babuino y al cocodrilo que estaban relajados—. Significa “Hijo inmortal” o “Aj hijo”, porque no son creaciones independientes, son fragmentos directos de nosotros los nechers—Soknopaios alzo el mentón con orgullo y el babuino siguió riéndose—. Es por eso que poseen el poder y personalidad de sus amos respectivamente, en otras palabras, ellos son extensiones de nosotros. Pensaste que estabas seguro porque Sobek y yo estábamos lejos, cuando en realidad te enviamos una parte de nosotros—se burló en su cara—. Y ahora—al mismo tiempo que Baba la coloco el grillete y perdió sus poderes, el necher irradio una luz zafiro que consolido en una luna sobre su cabeza—, es tiempo del relevo nocturno.
Y así fue como Meruel se volvió rehén sin que nadie se diera cuenta.
Sin sus poderes, no podía ver lo que pasaba debajo de él y Baba no dejaba de atosigarlo con que revelara donde estaba Input y los demás nechers. Que del paradero de Input fue la única verdad que le dijo, salvo que se perdió por una puerta de Anpu. Ya que sabía que ese don del primo de Hor era secreto y el método que usaban para escaparse de los peligros.
El necher era asqueroso y repulsivo. Se la pasaba rascándose las bolas con desaparición y murmurando maldiciones hacia Serket y Merseguer por haber envenenado a sus perras. Mando a su babuino por algo para calmarse y le trajo un humano que tenían ubicado por lujurioso. De no ser porque tenían al Sanguinario de Apedemak, Meruel pensaría que Baba era un demente.
—¿Te cuento algo, mocoso? —hablo de la nada Baba ante la mueca del chico—. Yo antes también trabajaba en el plano celeste en Kemet—relato tomando una rebanada de sandia—. Estaba en la barca lunar, junto a los otros nechers lunares—dio una mordida que degusto—. Hasta que un maldito pichón igual a ti me dio una patada en el trasero—confeso resentido y escupió las semillas cerca de Meruel.
—No creo que fuera difícil atinarle—mofo Meruel.
—Tan arrogante como todo halcón—se sentó al borde con las manos entrelazadas—. Agradece que Sobek no me deja usar mis métodos o ya te hubiera lanzado por la ventana.
—Hazme algo y mi papa te hará lo que tú a ese humano ¡Maldito mono!
—¡Achs! —exclamo fastidiado— ¡Tápenle la boca a ese mocoso! No dice nada que valga la pena.
El Aj-Sa babuino hizo caso y le pusieron una venda en la boca. Meruel intento forcejar en vano. Mientras Baba alegaba con Meruel, este mantuvo comunicación con Sobek por medio un Ba suyo, que era el Babuino que envió. Cuando terminaron de hablar ambos nechers, llego un sargento de Sobek. Dio una reverencia a su amo y aviso de una noticia.
—¿Supieron algo sobre Input? —pregunto Sobek.
—Me temo que se trata de otra cosa—explico su Aj-Sa—. Logramos extraer información de unos dinkas con respecto a la identidad de algunos nechers.
Sobek y el Ba de Baba se enderezaron interesados.
—¡Habla! —ordeno.
—Se trata de Sangre de Ptha, my lord.
Desde el cielo, Baba se atraganto con unas semillas al escuchar tal revelación. Meruel y los Aj-Sa se sobresaltaron de su reacción. Su Ba resintió lo mismo, pues imito el ahogamiento del necher.
Sobek se alzo alarmado y tomo al Ba como muñeco.
—Investiga donde están—le ordeno Sobek a Baba por medio del Ba—. Y averigua que tan lejos están de Mehyt.
—¿Permiso para ejercer mis métodos? —pregunto Baba a atreves del Ba.
Sobek entrecerró los ojos con indecisión. Baba esperaba una respuesta, ya erguido sobre un asustado Meruel. Sonriendo de oreja a oreja mostrando sus colmillos blancos y brillantes. Sobek bajo el Ba sobre la mesa y volteo a donde otros cocodrilos volvían de buscar a Anqet.
—No—rechazo—. Creo poder sacar información de otra fuente.
***
Sobek se adentro entre la maleza de papiros enormes por la costa del rio. Ordeno a sus soldados que se alejaran para tener privacidad con la posible ubicación de Anqet. Cuando inundo el edificio, no sintió su presencia en el agua, y tampoco la sentía en el rio. El campo era abierto para captar la presencia de los que andaban por él.
La necher y su rebaño estaban mezcladas entre la vegetación. Este fue su mejor escondite, y les permitía estar atentos en caso de poder fugarse. Desafortunadamente, Sobek también sabia eso y usaría la misma estrategia que uso con Dedun para acabarlas en segundos.
—Anqet—la llamo en voz baja. Dio un paso en el agua sin hundirse, caminando sobre ella con suma naturalidad—. Se que estas aquí. No tienes a donde más esconderte—prosiguió creando ondas en el agua con cada paso que daba hasta el centro. Se detuvo y sonrió de lado—. ¿Recuerdas cuando de niña te gustaba esconderte entre los juncos de papiro porque creías que tus presas no te descubrirían? No quería decirte esto, pero fingía que no me percataba para no arruinarte la emoción. No eras muy silenciosa como pensabas—confeso con diversión. Camino contra corriente, en dirección a la catarata, alerta por cualquier respuesta—. Debes extrañar esos tiempos, cuando eras la princesa de la catarata. Hija de la Segunda Madona, heredera de la Casa de Net…este lugar no hace justicia a tu realeza—sermoneó y un leve crujido detrás de él, lo detuvo—. Anqet—suspiro—. No tienes que fingir conmigo, se lo que paso con tus cuernos. Tus padres…me contaron tu accidente con el hijo del Gran Visir.
El corazón de ella se estrujo al oír esa desgracia. Sus padres fueron los primeros en procurar el secreto luego del daño que a su hija le ocasiono…además, de otros motivos. Que se lo hayan revelado a Sobek era alarmante y hasta imprudente ¿desde cuando lo sabe? ¿se lo conto a alguien más? Con mayor razón debía intervenir entre el recuentro de Mehyt con sus sobrinos.
—Es una tragedia lo que esa bestia te hizo—lamento Sobek—. Siempre creí que Maahes sería peligroso algún día. Pobre Mehyt. Desperdicio milenos tratando de convencernos de que ese bastardo no acabaría como todos predecimos. Y pensar que te forzaban a jugar con él y Nefertum cuando eran niños, para demostrar lo contrario—afirmo dando media vuelta—. Para venir a ver, como termino.
Inocentemente se llevó sus manos a la cabeza. Deseaba que se callara. Que la dejara irse de una vez por todas en vez de obligarla a escuchar aquellas verdades que la orillaron a irse.
—¿Sabias que tus primos están aquí? —soltó al fin Sobek y la paciencia de Anqet colapso—. Al parecer, Nefertum anda merodeando en Kush casi el mismo tiempo que tu llevas de desaparecida. Que casualidad. Si no mal recuerdo, tu y el siempre se llevaron de maravilla. Escuchaste que envié a Mehyt detrás de unos leones, y algo me dice que pueden tratarse de tus primos. Estoy seguro de que tú tampoco deseas que ellos se reencuentren.
Desgraciadamente, estaba de acuerdo con él. Pero tampoco podía irse de su lado ¿Qué debía hacer?
—Llévame con tus primos, y te prometo que estarás bajo protección en Kemet—propuso sin titubear—. El rey no te pondrá una mano encima a cambio, de que le demuestren lealtad…y yo te daré mi resguardo—aseguro.
Anqet salió de su escondite caminando sobre el agua a lo lejos, como una gacela asustada, con la cabeza gacha. Sobek abrió sus brazos en espera de un abrazo.
—¿Y que les pasara a esos tontos? —cuestiono ella tímidamente.
—¿Te preocupas por ambos o por Nefertum? —insinuó—. De eso se hará cargo su padre.
—Entiendo—dijo y alzo su porte con firmeza—. Perdóname, tío.
Un golpe salido de los juncos a lado de Sobek, lo impacto como miles de proyectiles potentes, capaces de lazarlo fuera del río a tierra. Lo recibió en la costilla anteriormente dañada por la flecha de Dedun. Sobek se paró rapido y supo que se trataban de las Aj-Sa gacelas de su sobrina. Cuya característica de esos animales, era su super velocidad y complementado con sus cuernos, se volvían proyectiles letales para cualquier despistado. El ataque reabrió su herida y lo hizo gemir por el anterior daño que ya sus órganos sufrían por la toxina.
Supuso que recibiría otro ataque cuando perdió la ubicación de Anqet en el rio. Obtuvo otro golpe por el pecho cuando estuvo por pararse. Vino otro y otro, hasta que entendió que el plan era noquearlo con golpes.
—Se acabo mi misericordia—sentencio cuando al fin pudo sostenerse de pie.
Endureció su mirada, y con la siguiente embestida, hizo desbordar el rio para inundar los campos. Los espíritus que no eran animales acuáticos, entraron en pánico por las olas de agua que venían sobre ellos para arrastrarlos. Los Aj-Sa cocodrilos reaccionaron diferente, estuvieron más cómodos por el cambio. Las baces del edificio fueron debilitadas por la fuerza de las corrientes. Las casas y campamentos, se desmoronaron a la primera. Y como el lugar no tenía limite, no sabían hasta que extremos serian llevados con esas aguas.
Los espíritus que alteraban su forma animal a una aérea, buscaron protección en el techo del edificio. Que, para su desgracia, pronto seria cubierta por agua. Los cocodrilos se compadecieron de los que no podían salvaguardarse, y les ayudaron a flotar en la superficie. Y los que eran acuáticos, se escondieron dentro del edificio.
Anqet emergió rápidamente y volvió a pararse sobre el agua. Pero sus gacelas eran perseguidas por algunos cocodrilos bajo el agua, impidiéndoles reunirse. Ellas atacaban como torpedos, y ellos recibieron los golpes con resistencia y algunos leves noqueos. Sobek apareció frente a ella con una clara molestia. Ella retrocedió.
—Te di una oportunidad—reclamo Sobek—. De esta no podrás escaparte.
—¡De todas formas no hubiera podido escaparme! —bramo con impotencia—. Conozco tus farsas y juegos, tío ¿Quieres saber porque escape? ¡Porque mi madre se iba a entregar para ocupar mi lugar en el harem! ¿Crees que aceptaría eso?
Sobek bufo.
—¿Preferiste volverte una ramera subyugada en este mundo inferior?
—¡Prefiero ser una ramera tratada con respecto y poder, antes que una concubina esclavizada para el infeliz que llevo a la mierda nuestro mundo! —declaro sin contenerse—. ¡Y tu solo eres su lameculos! ¡Anhur tubo mas bolas en revelarse que tú!
El adulto la fulmino con la mirada. Alzo sus manos a los costados para crear dos olas para atrapar a Anqet. Ella corrió rápidamente. Sobek creo cocodrilos de aguas colosales que la persiguieron. Anqet los evadió desviándose de sus mordidas o trepando sobre ellos para que se abalanzaran entre ellos antes de desmoronarse como olas chocando.
—¡¿Por qué no usas tu arco?! —le señalo Sobek creando más reptiles— ¿tanto tiempo lejos de casa hizo que olvidaras lo que tu madre te enseño?
Anqet emano un Ka del color de sus ojos y la difundió en el agua. Creo una ola de agua colosal debajo de ella, superior a los cocodrilos de agua, que cubrió con su sombra a todos. Los espíritus gritaron de terror.
—¡Con mi madre no te metas! —amenazo furiosa y lanzo el muro de agua sin piedad.
Sobek sonrió con ironía. La tromba de agua termino de ahogar a los que quedaban y arrastro hasta el fondo a los que vagaban en el agua. El edificio fue destruido por la fuerza de la masa de agua, ahuyentando a los que se refugiaron dentro. Los espíritus aéreos tampoco lograron escapar.
Anqet espero sobre la marea. Aguardando una señal de sobrevivientes. El fondo estaba oscuro por la tierra suelta, no veía nada. Bajo el agua, flotaron los cuerpos inconscientes tanto de los kemetitas como de los espíritus. Se llevo las manos al pecho arrepentida de lo ruda que fue para con los inocentes espíritus, y del daño que ocasionó a sus mismas gacelas.
De la nada, unas manos la arrastraron bajo el agua. Fue un descenso brusco que le alzo el vestido hasta zafárselo, le volara su corona, se zafara su arco y se despeinara. Deteeindose en el fondo, Sobek la sujeto en un abrazo nada amable contra su pecho y la apretó sin delicadeza.
—Si hubieras usado tu arco, quizás me abrías dañado—dijo Sobek. Anqet lucho para zafarse, sin embargo, el abrazo era más que físico, la estaba presionando con el agua también—. Pero debo reconocer, que, pese a que no naciste con la misma marca que las demás Ojos Solares, dejas en alto el porque la heredaste de tu madre.
Sin ropa que la ocultara, la marca del disco solar en la espalda baja de Anqet al fin era revelado. Siendo una no tan intensa y algo descolorida a comparación de las otras. Ya que Anqet no fue diseñada para ser una Ojo Solar como sus tías, ella nació con la marca por ser la hija de una Ojo Solar. La única hija hasta la fecha de una Ojo Solar.
—Y como tal, tendré que llevarte junto a las demás Ojos Solares: al harem—sentencio Sobek antes que Anqet sucumbiera en sus brazos y perdiera la conciencia.
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