Tardo en retirarse del área para volver a la ciudad. Miu no dio brazo a torcer para que se quedara mientras lidiaba a Maahes con el peculiar arma o instrumento que ella portaba.
Siendo sincero consigo mismo, Nefertum estaba muy agotado como para prestar atención a lo que fuera a hacer. Se fue a paso lento y débil por los residuos de drogas que aun circulaban por el ambiente. Conforme se alejaba del aroma, recuperaba algo de fuerza y orientación. Conservo su forma infantil hasta estar seguro en la ciudad de Nuri.
Fue la primera vez en su existencia, que se alegró de estar en la ciudad. Oler humanos y aromas que en otras ocasiones respingaba. Allí no llegaba ni verse la tormenta y el aire estaba limpio. Entro a un cajetón oscuro. Dio un bocado de esta y rompió su hechizo para retomar su verdadera forma jovial. Exhalo y renovó cualquier daño en su cuerpo. Se recargo en el muro detrás de el y miro al cielo nocturno.
Tal vez, debería tomar la propuesta de Anqet.
Se dirigía al Estanque, ignorando el fuerte aroma a feromonas y lujuria que encontraría. Cualquier aroma “normal” le parecía mil veces mejor que lo que le metía a su hermano. Toco la puerta y nadie le respondió. Toco otra vez, y paso lo mismo.
—Dedun—gruño entre dientes y esta vez golpeo la puerta— ¡Déjenme pasar!
Nadie le respondía. Estaba por golpear nuevamente cuando un abrupto aroma a sangre divina lo alcanzó. Se detuvo a analizarla. Era escasa pero fuerte, como si estuviera lejos. Olfateo el rastro del aire y busco su origen con alarma. Era muy parecido al aroma de Dedun.
Salió al mirador y el rastro venia del rio, adelante de la catarata. Corrió por las calles que daban fuera de la ciudad, a las orillas del rio colindando con la catarata. Agradeció que la ciudad dormía en esas horas, para no descubrir el caos biológico que emanaba del rio bajo.
Desde el borde de la caída del agua, Nefertum presencio como peces, ranas y plantas acuáticas, sufrían mutaciones leves que las deformaban para adquirir características hibridas entre león, halcón y serpiente. Los animales mutados salían del agua, conservando sus pequeños tamaños, pero luciendo como anomalías naturales. La causa era la sangre diluida de un cuerpo flotando en el agua, arrastrado por la corriente.
—¡¿Dedun?! —exclamo Nefertum al reconocer al inconsciente Soberano boca abajo.
Sin pensarlo dos veces, creo una gran flor de loto justo a tiempo para detener el cuerpo en medio del rio y se lanzó al agua. Nado a toda velocidad hasta donde estaba Dedun acostado sobre la flor abierta. Se trepo y volteo el cuerpo. No tenia heridas externas. Su sangre salía por la boca, presentaba moretones y hematomas por todo su pecho y brazos. Reviso sus signos vitales y no percibió nada. Toco su pecho y hundió como si adentro estuviera aguado. Lo habían dañado internamente, como si estrujado una fruta sin que esta rompiera su cascara. Sus órganos y costillas debían estar molidas.
—¿Qué…Karma? —intento hallarle sentido Nefertum, impactado—. Si tu estas aquí... ¿Qué esta pasando en el Estanque?
Rápidamente, uso Heka regenerativo en él. Tardo unos minutos, hasta sentir que ya todo estaba reparado. Prosiguió a imitar la reanimación que aplico en Anpu con el mismo aroma que invoco de la flor sobre la que estaban. Funciono y sintió el pulso volver. Rectificó los signos vitales y se calmo una vez lo sintió estable.
Los animales infectados alzaron gritos de alarma y salieron asuntados del agua. Nefertum no tubo tiempo de darse cuanta del motivo hasta que Dedun se despertó súbitamente y lo llevo consigo volando frenéticamente por el cielo. Nefertum, colgado de las garras de Dedun, contemplo las fauces del colosal cocodrilo salir del agua para devorar la flor, y dejarse caer nuevamente sobre el rio.
Dedun tambaleo en el aire y descendió en picada hacia la meseta de Berg Barkal, donde aterrizaron bruscamente en su cima. Nefertum logro estabilizarse sin sufrir daños, en cambio, Dedun cayo sin cuidado. Seguía muy débil, y lo poco de fuerzas que tenia las uso para escapar a tiempo. Nefertum se acercó a él sacudiéndose la tierra.
—¿Qué esta pasando? —pregunto el necher intrigado— ¡¿Qué hace ese cocodrilo aquí?! —Dedun tosió acostado boca arriba sin poderse mover. Nefertum se desesperó y se arrodillo sobre él, inclinado cara a cara— ¿Dónde está Anqet? —El kushita comenzó a reír entrecortado y con dificultad. Nefertum no aguanto más, lo tomo de los hombros para alzarlo y encararlo lleno de furia—. ¡¿Dónde esta mi prima?!
Dedun carraspeo con burla y algo de molestia.
—Se fue a llorarle a Sobek—confeso con desprecio. Nefertum abrió los ojos, sintiendo que flaqueaba en su lugar—. La ramera de tu querida prima y todos ustedes…se irán al demonio.
Nefertum lo apretó del cuello con impotencia. Ansiaba rompérselo o golpearlo. Soporto a ese tipo por milenos solo por no ocasionarle problemas a Anqet, y resultaba que ella cavaba de mandarlo por la borda.
—Anqet no se iría con el—corrigió el necher—, ella no regresaría a los brazos de Kemet. Dime que fue lo que paso—exigió.
Aflojo su agarre para que el otro hablara.
—Eso fue…lo que paso—reafirmo Dedun recuperando la respiración—. Al fin me desharé de ti…y de tu salvaje hermano.
Como si acabara de romper su contrato, Nefertum exhibió sus orejas, cola y colmillos con rabia. Levanto su mano con el puño en el aire. Fijo en golpearlo.
—¿Qué? —se burló Dedun— ¿vas a terminar conmigo de una vez? Niño bonito—lo reto—. ¡Hazlo! De todas formas, ya se declaró la guerra.
Dejo caer un golpe potente que hizo temblar la meseta. Dedun estuvo tieso, atrapado con la fulmínate mirada azulada del joven. Su oreja derecha sangro por el impacto de a lado, dejándolo medio sordo. Nefertum se inclinó rozando sus narices, emitiendo un aroma fuerte y agrio, anormal de él.
—Agradece que mis principios, no me permiten dañar a débiles como tu—dijo el necher.
Nefertum se paró con intenciones de irse, dejando solo a Dedun aun en estado débil. El Soberano de Kush apretó su mandíbula y rechino sus colmillos. Cuando el chico estaba por saltar de la meseta, el adulto le grito maldiciones que el otro ignoro. Porque para Nefertun, no valía la pena mancharse con una venganza que seguramente ya se cobró Anqet. Pero si el infeliz volvía a dañarla o descubría que fue el culpable de que algo les pasara, Maahes se desquitaría de mucho mejor manera.
Ahora su prioridad, era advertirle a su hermano y ver la manera de rescatar a Anqet…si es que podían.
***
Ansiaba que las cosas estuvieran en calma cuando llegara al oasis. Corrió a máxima velocidad, preparado con otro pañuelo aromático tapando su nariz en caso de que aun existieran restos de droga en el aire.
La carrera se le hizo eterna. Temeroso de que algo los asechara y aun no se dieran cuenta. O mas bien, se daba una idea. Si alguien del calibre de Sobek, acababa de llegar a Kush y Anqet estaba bajo su poder: las cosas se irían al demonio. Sospecho que la culpa era de los Sangre de Atum, debían haber venido por ellos. Nefertum viajo a Kush sin que nadie de su familia materna más que Anqet lo supiera, y seguido, ella se le pego. Por es lado no le sorprendía que Sobek a primeras fuera por ella, sabía que Anqet se fugó dejándoles solo una nota a sus padres que no daba muchos detalles.
Pensó en otra posibilidad ¿también venían por Maahes? Nefertum tenía la orden de parte de su padre de traerlo de regreso apenas lo encontrara, y ambos hermanos se negaban a culminar el mandato de su padre. Que, de cierta forma, no tenia sentido que su padre exigiera sobre su hijo menor, cuando le traspaso la custodia a su abuelo ¿no debería su abuelo ser quien mandara por Maahes antes que su padre? ¿Por qué esperarían tantos milenos para de pronto ordenar que regrese?
En el pasado, cuando sus tías, las Ojos Solares, se escapaban a Kush, su abuelo no esperaba ni una década para mandar por ellas a como fuera lugar y saliera lastimado en que fuera. Aunque, claro que era ridículo, comparar el valor de una Ojo Solar por la de un nieto indeseable.
Durante el retronó, descubrió que la tormenta se extinguió como si jamás hubiera pasado. El cielo estaba despejado y el clima era suave. Al fin llego a su hogar, todo lucia en calma. Las evidencias de la masacre se borraron entre la arena sin posibilidad de saber que fue zona de múltiples muertes unas horas antes.
Nefertum no se sintió tranquilo ¿Dónde estaban esos dos que se la pasaban peleando como niños?
Azoto la puerta de su casa. No había nadie. Reviso los cuartos. Estaban vacíos. Salió al patio. Se encontraba solo. Fue a su taller, y sobre su mesa de trabajo, encontró una nota en medio de fracasos rotos, artefactos destruidos y estantes tirados. La nota era un trozo de pergamino, escrito con una ortografía de jeroglifos normal para un kemetita.
“Hola, Nefer. Escribo yo porque el sangrón se niega a decirte algo, pero como yo no soy igual que el, te informo para que no te estreses de más. Scarlet me está apurando, por lo que iré al grano: regresamos a Kemet. Perdón por no esperarte o decírtelo de frente. Esperamos (bueno, ojalá pase) toparnos haya. Cuídate mucho, y mándale un abrazo de mi parte a An.
Posd: te dejé una olla de comida en la cocina por si tienes hambre, hice un poco de Llamas Solares con aves que Maahes cazo. Y gracias por recibirme en tu casa, eres el mejor “cuñado”.”
Nefertum se dejó caer sentado en el piso, incrédulo de lo que acababa de leer. Volvió a revisar la nota una, dos, tres…incontables veces y sin seguir entenderla. Solo para comprobar que no era una broma o que aspiro droga por accidente (que a este punto ya estaba muy perdido de su realidad), busco las cajas de las espadas. Encontró la suya, pero la de Maahes, la que el siempre rechazaba, la que incontables veces amenazo a Nefertum de que la desapareciera, la que quiso destruir desde el minuto uno que se la mostró: NO ESTABA.
—¡MALDITO KARMA! —maldijo golpeando el suelo.
Si ellos se habían ido, y si Anqet posiblemente estaba por ser llevada también ¿para que se quedaba?
Lo pensó un momento ¿de verdad deseaba volver a Kemet? Y más aun cuando sonaban rumores de una guerra con Kush, teniendo latente todavía el conflicto interno. Sumado a eso, que no sabía el destino de Anqet y Maahes ¿en serio valía la pena regresar a Kemet?
—Al demonio.
Mando todo a la porra y empezó a recolectar los perfumes y reactivos que estaban ilesos, empezando por el agua del Nun y su espada. En lugar de guardarlos en su bolsa, creo una flor de loto en la palma de su mano y con Heka fue introducido todo dentro de él. Una vez metido todo, lo cerro y desapareció de donde la saco. Se sacudió las manos y salió.
Camino frente al agua del oasis con nostalgia. Había llegado el día de al fin decirle adiós, un día que creyó muy lejano y que ahora se sentía extraño. Tanto tiempo solos él y Maahes. Cada ciclo de conflicto siglo tras siglo. Sus visitas a Anqet para sentirse mutuamente como en casa. Era hora de decirles adiós.
—Lindo oasis—dijo una voz femenina que lo helo.
Nefertum se bajó su pañuelo creyendo que era inservible por dejarlo alucinar con esa misma voz, que era imposible de ser verdadera. Negaba a creer que era de ella ¡pero había un aroma extra que se parecía al de ella! No era ella, no era posible ¿Qué tendría que hacer ella aquí? Negó lentamente con la cabeza, conteniendo sus sosollos y temblando por incertidumbre.
—Es muy grande para ti solo—volvió a hablar ella con la misma rudeza y enojo que el recordaba— ¿vivías con alguien más?
Se giro para confirmar que no era un mal juego de su mente perturbada. Y allí estaba ella, recargada en el marco de la puerta con los brazos cruzados y una mirada ámbar que te analizaba como depredador a su presa. Era su tía Mehyt. Portando su vestimenta de Ojo Solar y con un semblante mas deprimente que el que contemplo el ultimo día que fungió como su nana.
Podría ser para muchos una fiera bélica prendida en fuego, pero para Nefertum, fue como ver un sol acogedor en medio de una tormenta. Si existía un momento para dejarse romper en llanto, era ese y con ella. Igual que cuando era niño y confiaba en que ella les ofrecería ese cariño maternal que nadie más les daba.
Estaba por dar un paso a ella, cuando Mehyt se separó del marco y hablo sin rodeos.
—Me enviaron por dos leones de Kemet y solo estas tu—bufo y Nefertum se detuvo—. No importa, luego tiene que aparecer el otro.
Lo siguiente, no supo si fue por distracción de el o que ella fuera más ágil de lo que creía. Mehyt logro darle un golpe certero en el pecho que lo mando a volar hasta la primera gran duna de arena. Reacciono de lo ocurrido, al verla correr hacia el con una mirada letal incomparable a las que el conocía.
“¿Estoy drogado o la tía Mehyt me ve como un criminal?” se cuestionó Nefertum fuera de sí.
Se trato de enderezar y resintió el golpe en su pecho. Fue un dolor semejante al de una embestida bestial y ardiente. Se llevo una mano al pecho apurado para sanarse el poco tiempo que le quedaba para huir del siguiente ataque. Mehyt llego a el y esta vez fue vivaz en protegerse con el brazo, para de todas formas, salir volando nuevamente y con los huesos dañados por la patada.
El joven grito de dolor. Nunca en su vida había enfrentado un combate con su tía Mehyt, o con alguna de sus demás tías. Entrenaban con Anhur, y el era rudo. Pero Mehyt estaba a otro nivel. Eso, o él estaba descuidado o no tan capacitado para enfrentar ese rango de poder en combate. Se arrepentía de quejarse de los jalones de orejas que le dio de niño, lucían como caricias a comparación de sus puños.
—¡Aguantas bien mis golpes! —informo Mehyt a unos metros del chico sentado del dolor—. ¡Dime Aj-Sa ¿a que Necher le perteneces?!
Nefertum no creyó lo que escucho.
—¡¿QUE?! —se indignó Nefertum— ¡¿Crees que soy un maldito Aj-Sa?! ¿Te parezco el Aj de alguien?
Mehyt en vez de responderle, trato de lanzarle otro golpe que al fin esquivo con agilidad el joven necher.
—¡Estas loca! —reclamo Nefertum evadiendo otro golpe al ras.
Agradecía su experiencia luchando con un leon violento como Maahes, ya que su tía practicaba el mismo estilo de pelea. Sin armas, todo a garras y patadas, cuerpo a cuerpo, duro y brusco. Por accidente, fueron guiados de vuelta al oasis sin percatarse.
—¡Maldito bastardo! ¡Quédate quieto o te prenderé en llamas! —amenazo Mehyt enfadada, aterrando por completo a su sobrino que no dudaba de eso.
Nefertum logro al fin contener un puño de ella en su mano para inmovilizarla.
—¡Tu deja de atacarme como si fuera tu enemigo! —reclamo él. Se arrepintió de lo que dijo cuando el puño de Mehyt comenzó a quemarlo.
Flaqueo su agarre y Mehyt aprovecho para sajarse e irse directo a su cuello. El calor de su mano le secaba la garganta. La sujeto de los brazos para zafársela, pero ella lo sometió como trapo al obligarlo a hincarse.
—¡Vasta de juegos tontos! —rugió acercando su rostro al de el— ¡No tengo porque perder el tiempo con un Aj-Sa rebelde! ¡¿Eres de un Sangre de Atum o quizás de mis hermanas?! ¡Dime donde están para que acabe con esta de una vez!
Apretó el cuello de Nefertum sin piedad. El lucho por hablarle y que la escuchara, pero su garganta estaba dañada y conocía la terquedad de su tía. Se rindió dejando caer sus brazos en señal de ceder, creyendo que así ella lo soltaría. Mehyt estaba centrada en violentar contar el, como si lo quisiera usar de saco de boxeo. Termino lanzándolo llena de colera, contra la casa, destruyendo la pared.
Nerfertum tosió mientras regeneraba su garganta casi inconsciente en el suelo. Mehyt llego como depredador listo para matar. Y como ultimo recurso para ser escuchado, repitió el hechizo infantil por leves segundos a el aspecto que tenia la ultima vez que se vieron. Mehyt se detuvo antes de preparar otro ataque.
—¡Tía Mehyt! —la llamo Nefertum desde el suelo, con su mirada Lapislázuli triste y voz quebrada.
Mehyt abrió los ojos y tambaleó para atrás como si acabara de ver un fantasma. Su expresión cambio a confusión y dolor, sin perder de vista el niño. Flaqueo en su lugar como si se fuera a desmayar y Nefertum rompió el hechizo para volver a su edad. Ella entrecerró los ojos con la boca entreabierta pasando la mirada por todo su sobrino. Negó con la cabeza incapaz de decir una palabra. Nefertum se esforzó en pararse, con su mano sana en el pecho.
—¿Nefertum?
Nefertum se acercó lentamente a ella. Se vieron a los ojos unos segundos, analizando lo diferentes que lucían después de tantos milenos. Aunque para Mehyt, Nefertum era muy distinto aquel niño que crio como su hijo. Ella acerco su mano al rostro de Nefertum con miedo, e hizo lo que nunca había hecho frente a él, derramar una lagrima. Nefertum recargo su cara sobre su palma y ambos sollozaron.
Y como madre e hijo reencontrándose, se abrazaron.
***
—¡¿Cómo que se fue con una chica?! —interrogo Mehyt.
Ambos estaban sentados en la mesa, poniéndose al tanto de las cosas. Nefertum intento abreviarle todo lo que paso en los últimos trecientos mil años que habito en Kush, pero su tía no dejaba de interrumpirlo con preguntas que desviaban el tema, por lo que dudo de hablarle de Miu al mero final.
—Debiste empezar por esa parte—reclamo Mehyt—. ¿Quién es ella? ¿de donde es? ¿Qué dominios tiene? ¿Dónde la conoció?
Nefertum se tallo la cara. Estaba arrepentido de haberle dicho sobre ella. Ahora no la sacaría de ese tema.
—Eso es lo de menos ahora—disuadió Nefertum—. El chiste es que Maahes regreso y Anqet esta con Sobek.
—¿Y esa mocosa que hacía aquí en primer lugar? Satet nos tiene abogados en lagrimas por culpa de su hija. Si hubiera sabido que estaba en ese lugar cuando estuve allí—refunfuñó con los brazos cruzados.
—¿Fuiste al Estanque?
—Sobek se quedo negociando con Dedun por la ubicación de los Sangre de Atum. Por lo que me cuentas, no termino bien—entrecerró los ojos.
—¿Y como la ayudamos?
Mehyt parpadeo ante la pregunta.
—¿Ayudarla? —cuestiono ella—. Nefer, es una desertora. Juro lealtad al rey e insistió en que la tratáramos como una Ojo Solar autentica, aunque no lo era. Y cuando sintió mucho peso, se fugo a la primera oportunidad que tubo ¡Y tu la solapaste!
—Fue ella la que se colgó de mi—se defendió.
—Pero tú la ayudaste, mocoso—acuso jalándole la oreja como si fuera un niño. Nefertum protesto—. ¡Ayudaste a una rebelde!
El peso de sus palabras, cayeron sobre ella y dejo de jalar a Nefertum sin soltarlo. Nefertum la observo expectante de su repentina calma.
—Ayudaste a una rebelde—repitió Mehyt preocupada.
Mehyt lo soltó para pararse de su silla y romperla contra el suelo en mil pedazos. Salió de la casa y pego un rugido-grito de frustración. Nefertum fue tras de ella. Cuando Mehyt callo, empezó a hiperventilar.
—Tía Mehyt—llamo el preocupado, sin intenciones de acercarse.
Su tía se llevo las manos al pecho.
—Nefer…por favor…—le rogo sin verlo—dime que no has ayudado a ningún otro rebelde de Kemet.
El estuvo a punto de negar, hasta que recordó que auxilio a Anpu y a Hor el día que se cruzaron en la masacre de Maahes. Mehyt espero una respuesta que jamás llego. Apretó la mano sobre su pecho ante el dolor.
—Me enviaron con la misión de traer de vuelta a la Sangre de Atum—confeso ella con un nudo en la garganta—. Y que a sus aliados los trajéramos derrotados sin importar si eran de mi familia.
El ambiente se torno sofocante. Nefertum bajo la mirada a la marca solar despertada de su Mehyt que exhibía como señal de advertencia. Una Ojo Solar, tiene dos códigos irremovibles: proteger a los niños y servir al rey.
—Quizás mi padre—trato de apaciguar Nefertum.
Mehyt lo interrumpió.
—¡El Gran Visir es firme con cumplir las leyes de Kemet! —refuto Mehyt dándose la vuelta—. Nefertum, ya no eres un niño. Debes hacer el juramento a las autoridades dejadas por los Camefis. Tu estancia en Kush pauso ese paso ¿crees que tu padre pasara por alto que su primogénito no cumpla con sus deberes? El negarte solo te posiciona como rebelde, y ya has ejercido actos que te catalogan como traidor.
—¡Pero no estoy a favor de nadie! —reclamo.
—¡VETE! —lo callo de un grito, desesperada—. Por favor…vete—rogo esto último—. No puedo repetir contigo lo mismo que con Anhur.
Nefertum abrió los ojos, alarmado.
—¿Qué hiciste con el tío Anhur?
Mehyt se contrajo con los ojos llorosos.
—¡Ah! Aquí están—dijo Sobek emergiendo parado del medio del agua. Mehyt y Nefertum lo miraron incrédulos—. Como lo supuse. Nefertum, muchacho. Como has crecido—elogió a su sobrino—. La verdad, no me sorprende que seas un león ¿eh, Mehyt?
—¡Sobek! ¡Esta es mi misión, no te metas! —rugió Mehyt en pose defensiva.
Sobek la miro severamente.
—No puedo confiar en alguien que no puede separar emociones, de su trabajo—reprocho Sobek y del agua hizo salir la corona de Anqet. Que si bien, Nefertum no llego a versela, su aroma era el de ella.
—¡¿Qué hiciste con ella?! —bramo furioso Nefertum.
—Eso no te incumbe—le respondió Sobek con desinterés.
Mehyt lanzo un rugido en llamas hacia él, pero Sobek se hundió en el agua. El agua se partió en dos y se desvío como olas a los costados de Mehyt para cerrar salidas a Nefertum y atraparlo antes que logara escapar. Cuando dejo de rugir, Sobek la tomo por detrás solo para darle unas últimas palabras.
—Acaba con tu otro trabajo—ordeno antes de que perderse en el agua y que esta se derrumbara sobre la tierra para escurrir de regreso al hueco seco del que provenía.
Mehyt se llevo las manos al cabello agitada. Y lanzo un grito afónico que quemo el lugar con su aliento.
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