¿Cómo pudo ser tan confiada?
El suelo siempre estuvo húmedo y no se dio cuenta por sus sandalias. Esa humedad no era de ella, sino que emanaba de Sobek de manera casi impermisible. Sintió sus pisadas desde el primer momento que ella entro en su área.
—Y bien. Lord Dedun—insistió Sobek.
Dedun cambio su semblante antes que el cocodrilo lo notara.
—Estoy tan sorprendió como usted, Lord Sobek—mintió aparentando desconcierto—. Fue tan hábil que debe usar un aroma indetectable para mí.
Aun dándoles la espalda desde el suelo, An no pudo evitar temblar de rencor y miedo. Lógicamente la tomarían como intrusa con ese sigilo y un arco colgado de su espalda. Estaba segura de que, de no portar su arma, Dedun abría optado otra mentira.
—Su seguridad es deficiente—reprocho Sobek al kushita—. Siendo así, no tengo confianza de tener “privacidad” a su lado. Al menos—supuso—, que sea intencional de su parte tener una defensa oculta en caso de que dude de las intenciones de sus invitados.
—¡¿Cómo se le ocurre?! —se indignó como si en el pasado no recurriera a lo mismo para tratar con los demás Soberanos—. No tengo porque dudar de que sean una amenaza para mí. Después de todo—dijo con soberbia—estamos al mismo nivel. Yo mismo puedo defenderme.
—Dudo que alguien que no perciba un enemigo, sepa defenderse—Dedun se crispo y An contuvo una risa—. Pero volviendo a la intrusa—regreso a ella ignorando a su anfitrión—. ¡Tu! Da la cara, y quizás me apiade de ti.
Tanto ella como Dedun se pusieron nerviosos.
Sobek no era alguien que se andaba con juegos, y sus amenazas eran iremovibles. No por ego le recordó su rango a Mehyt. Era uno de los Nechers más respetados y temibles de Kemet. Pocos se le ponían en frente entre los cuales estaban los Camefis y sus iguales como Anhur. Una que otra Ojo Solar aguerrida, pero acaban en desastres que era mejor evitar. Sus oportunidades de salir ilesa eran nulas. Ni Dedun, que tanto alardeaba, podría enfrentarlo o dudaba que fuera rival.
¿De qué se sorprendía?
Entro a la boca del depredador consciente de todo eso. Ingenua no era. Pero…tampoco se sentía tonta. Realmente ¿Qué la impulso a arriesgarse aun sabiendo que no habría marcha atrás? Que todo su “reino” se derrumbaría luego de eso. Que nada volvería a la normalidad que vivió en sus últimos milenos. Que su armonía con Dedun se iría por el rio.
Si se hubiera quedado escondida como Dedun deseaba, nada estaría en riesgo.
—Lord Sobek—interrumpió Dedun—, permítame encárgueme de este pequeño problema—insistió viéndola con recelo—. Después de todo, fue culpa mía.
¿Deseaba volver a lo que había construido en Kush y en ese lugar?
Decidida. Se alzo con gracia, con al frente en alto. Y mientras se volteaba, revelo su verdadero ser. Piel morena, rasgos intermedios, ojos aquamarines como los de Sobek y cabellos castaño claro. Lo que llamarían, una mulata con orejas y cola de gacela.
Sobek abrió los ojos sin creer lo que veía. Ambos nechers se vieron con una mezcla de nostalgia y duda.
—¿Anqet? —soltó al fin Sobek.
Anqet corrió a él esperando que la abrazara, y así fue. La tomo entre sus brazos de la misma manera que recordaba. Con el mismo cariño y cuidado que le dio cuando era más pequeña. Hundiendo su pequeño cuerpo en el imponente y rasposo de aquel temible guerrero que siempre procuraba cogerla como a una pieza invaluable y delicada. Y por primera vez en milenos, sintió la calidez hogareña que jamás logro en El Estanque o en cualquier intento en Kush.
—¡Tío Sobek! —comenzó a llorar Anqet contra su duro pecho.
Sobek acaricio su espalda con ternura, como si aun fuera aquella niña que tanto aprecio le tenía. De no ser porque aquella niña se había vuelto una jovencita. Se separo un poco de ella.
—Anqet—repitió su tío alzando su barbilla con el dedo para verla a los ojos—. ¿Qué haces en este lugar? ¿aquí estuviste todo este tiempo? —Ella asintió con la cabeza aun derramando lágrimas—. ¡Por Ra! Y pensar que tus padres están locos por saber tu paradero.
—¡Mis padres! ¿Cómo están ellos? —rogo ella limpiándose sus lágrimas.
—Angustiados—respondió preocupado—. Tu fuga fue como si una parte de ellos fuera robada—después hablo de forma esperanzadora—. Cuando vuelvas a Kemet, mis hermanos revivirán su paz.
Luego se giró a Dedun con quisquilles. El kushita ya no aparentaba estar conforme. Su conmovedora escena, le era repugnante. En especial la osadía de “Anaka” por revelarse al fin. La cual, veía a su antigua socio con el mismo desprecio que antes no se atrevió a demostrar.
—Lord Dedun—le hablo de forma tajante—. ¿Era consciente de que moraba una de nuestras princesas en su mundo? ¿o solo filtra lo que le conviene?
El kushita sonrió de lado.
—Haces acusaciones muy fuertes lagartija—aspecto—. Pero supongo que esto ya se fue al carajo. Esa mocosa, está aquí por su voluntad—acuso a Anqet—. Ella llego a mi territorio, acepto mis condiciones e hizo sus propios negocios con el burdel. ¿O no es así “Anaka”? —Sobek vio de reojo a Anqet.
—De manera que mis sospechas eran verdad—comento Sobek—. Esa tal “Anaka” de la que tanto se escuchaba me daba vibras de ti. Pero nunca quise creerlo—confeso y se agacho a la altura de su cabeza—. Al menos, que tengas una explicación para eso.
Dedun sonrió victorioso. Anqet aborreció que la única verdad que ese maldito dijera, fuera para tumbar su imagen ante su tío. Jamás se sintió avergonzada de ser Anaka, la dueña y Soberana de ese lugar. Su descontento no era la imagen, sino el precio de esta. Irónicamente, la acababa de perder para volver a ser una de las Soberanas de Kemet. ¿Cuál de esas dos era mejor sabiendo por qué oculto la real?
Dejo que sus ojos se humedecieran hasta mostrar la frustración contenida por milenios. Si antes lloro, ahora estaba sollozando. Ni Dedun la reconoció en esa faceta, la veía como una niña llorona.
—Si, es verdad—confeso ella entre lágrimas—. Era la única forma de sobrevivir aquí, y ese nehesu—señalo de forma acusatoria a Dedun—. No me dio otra alternativa—estallo más en llanto, poniendo nervioso a Dedun—. ¡Me forzaba a ser cosas que no quería! —delato asqueada abrazándose a sí misma—. No sé cómo decírtelo—se abrazó con más fuerza.
—Entiendo—dijo Sobek en seco.
El necher se enderezo firme. Llevo sus manos a la cadera y cerró los ojos meditando. El kushita se paralizo en su lugar alarmado.
—¿Tiene algo que refutar? —pregunto una última vez Sobek.
—¡Maldita mal agradecida engreída! —le grito Dedun a Anqet lleno de rabia—. ¡Ahora resulta que te arrepientes de ser una ramera! ¡Después de todo lo que hice por ti!
—Acaso… ¿te asusta que la lagartija este enfadada contigo? —cuestiono Anqet en voz baja.
Una gota rodo por la mejilla de Dedun, que, si bien era suya, pronto se sintió una humedad agobiante en el cuarto proveniente de otra fuente. Los muebles se mojarán y el suelo se puso resbaloso. Y repentinamente, todo se secó. Justo cuando Sobek se alejó de Anqet para pararse delante de Dedun con los brazos cruzados y poso una pesada mirada de superioridad sobre él.
—No me costaría nada acabar contigo de forma rápida. Pero eso me haría deshonroso por aprovecharme de alguien en desventaja—informo Sobek sin titubear. Dedun apretó la mandíbula—. Ágamos esto: me llevare a todos los nechers, incluyendo a Anqet. Y si amas tu virilidad, te disculparas con ella y compensaras todo lo que la has dañado.
Dedun entrecerró los ojos y mantuvo su postura firme, ocultando su miedo.
—Quizás me subestima, Lord Sobek—respondió Dedun en el momento que una gota de sangre escurrió por la nariz de Sobek. Este se llevó la mano para limpiársela y comprobar sus sospechas—. Su seguridad es deficiente—recalco arrogantemente—. Dudo que alguien que no perciba un enemigo, sepa defenderse.
Anqet entro en razón de lo que pasaba. Oculto entre la humedad de Sobek, vagaba un aroma emitido por Dedun. Se pudo dar una idea de que reacciones debía tener al sentir ella también gotas de sangre escurrir de su nariz. Le vino a su mente los experimentos de Nefertum y el hechizo de purificación que desarrollo en casos de este tipo.
Lo siguiente que paso, fue una pelea brutal entre ambos adultos destruyendo todo a su paso.
***
El Estanque se volvió una zona de guerra.
Dedun atravesó el techo y cayó sobre una mesa que partió en mil pedazos. Los espíritus presentes quedaron atónicos y sin saber cómo reaccionar. El Soberano fue más rapido y sin inmutarse, dio un aleteo para atrás antes que otro Soberano aterrizara justo donde él estuvo. Este último impacto contra el suelo más fuerte y ruidoso.
Cuando Sobek se alzó, revelo sus colmillos, sus uñas afiladas y cola de cocodrilo. Tenía sus fosas nasales cerradas para evitar derramar más sangre. Su mirada era asesina y centrada solo en el kushita que volaba suspendido en el aire carcajeando de frustración. Los espíritus no necesitaron más señales para saber que lo prudente era salir huyendo.
—¿Todavía puedes moverte? —cuestiono Dedun—. Te di mi aroma más fuerte ¡Deberías estarte retorciendo del dolor! Afecte tus órganos vitales.
—Tu no conoces nuestra raza como piensas—aclaro Sobek con la voz rasposa y dañada—. Puedes dañar mis órganos, pero el resto de mi cuerpo aún tiene la fuerza para enfrentarte. No eres el único bioquímico con el que he liado.
—Espero ser el que te ponga en tu lugar—declaro posando con sus garras sobre el barandal del segundo piso.
Algunos espíritus ya estaban afuera del burdel, en los campos de la subdimensión. Otros estaban amontonados en la recepción y pasillo de salida, intentando cruzar la puerta, sin embargo, esta estaba cerrada. Dedun era el único que podía bloquear y desbloquear entradas y salidas. Y nadie saldría hasta que venciera a ese necher.
—¡No olviden—aclaro Dedun—, que sus mundos tienen alianzas con Kush! Y si alguien ataca a Kush, se mete con la alianza.
Los espíritus entraron en terror. Era cierto que ese código existía, pero nunca creyeron que ellos se verían en la obligación de cumplirla. Lo lógico era que sus Soberanos participaran, de no ser porque en ese trágico momento ninguno de ellos estaba ¡Qué caos hubiera sido entonces si no se hubieran ido!
La existencia de un espíritu era inferior, según las leyes dimensionales: cuando uno de su clase vagaba en el extranjero, este debía respetar y sujetarse a las leyes del mundo que transitaba. Si era atrapado cometiendo una infracción o delito, los Soberanos de dicho mundo tenían total derecho a ejercer justicia según sus leyes, sin rendir cuentas a los Soberanos originales de estos. Al menos, que se haya castigado o maltratado de forma injusta a dichos subordinados.
En caso de que el delincuente sea un Soberano extranjero, o de alguna forma perjudique las propiedades del anfitrión, puede tomarse como una infracción grave y hasta rozando con pleitos diplomáticos con tal de no estallar en una guerra.
—No veo porque meter a terceros en nuestros asuntos—reclamo Sobek forzando su voz—. Realmente te subestimé, no creí que fueras más patético.
—Se llaman, negocios. Solo cobrare mis servicios de alojamiento y renta. Por lo que, prácticamente, me estoy defendiendo con mi propio trabajo.
—En ese caso—informo Sobek antes de bramar con dificultan.
Los espíritus temblaron con los pelos, escamas o plumas erizados. Nadie entendió porque lo hizo. Permanecieron en silencio, mirando a ambos Soberanos a la espera de una respuesta.
En los campos, junto al rio. Los espíritus que escaparon allí, alcanzaron a escuchar el bramido. Perturbados y llenos de dudas, se paralizaron. A su lado, de entre las aguas del rio, brotaron cabezas de cocodrilos rumbo a la costa. Los Aj-Sa cocodrilos salieron del agua por pelotones en hileras, firmes y listos para cumplir las órdenes de su amo.
Fue un espíritu cebra el primero en descubrirlos y alertar a los demás con sus gritos. El pánico domino a los demás y corrieron lejos del agua rogando por misericordia. El ruido del exterior llego hasta El Estanque. Dedun se alertó de los aromas intrusos a sus dominios.
—¿Qué está pasando? —pregunto un espíritu puercoespín que estaba junto a los demás del interior.
Un pelotón entro por la cascada exterior. Marcharon hasta su amo y saludaron con el respecto que merecía. Dedun reaccionó con un tick en el ojo por estar al borde del colapso.
—Estos son mis Aj-Sa—los señalo Sobek con la voz más baja—. Son fragmentos de mi ser. Yo también me voy a defender conmigo mismo—declaro amenazadoramente.
—¡¿Cómo lograste que entraran en este subdimensión?! —reclamo Dedun— ¡Solo yo puedo manipular los cruces!
Sobek realzo su perfil.
—¿Olvidaste que fui yo quien les creo el rio que abastece Kush, como disculpa por los daños que las Ojos Solares ocasionan con sus visitas? —explico casi afónico Sobek—. Eso incluye el rio de este subdimensión.
***
Su plan se fue por la cascada.
Quería a su tío Sobek, confiaba en que no la dañaría. Pero no por eso estaría a salvo si volvía a Kemet. Y para rematar, el maldito de Dedun bloqueo su vía de escape.
Apenas esos dos comenzaron a pelear, Anqet uso su Heka de purificación acuática contra el incienso toxico de Dedun en ella. Tanteo usarlo con su tío, descartándolo por ser más ventajoso librarse de el en ese estado. Era un Necher de la primera generación, estaba forjado en miles de millones de años de superveniencia. Dedun a lo mucho surgió a existencia hace menos de un billón de años como los de la tercera generación de Nechers. El ganador estaba predestinado.
Segura de que Sobek bajo la guardia al momento de mandar a volar entre muros a Dedun e ir tras de él, Anqet se reunió a donde sus gacelas se escondían en la salida secreta. Topándose con la desgraciada noticia de que su fuga fue frustrada.
—¿Y ahora qué? —pregunto asustada una gacela.
Anqet agito su pierna contra el piso enfadada. Su rebaño estaba conformado por más de veinte gacelas fija desde que las formo de su ser.
—¡Tenia que arruinarlo todo ese maldito nehesu! —reclamo Anqet. El lugar se sacudió con un temblor—. Si mi tío lo vence antes de desbloquear las salidas, jamás podremos salir—una idea cruzo su mente—. Al menos…
—Al menos ¿Qué? —pregunto otra gacela por todas.
—Al menos que usemos el rio—explico frente a ellas—. Mi tío me contaba de niña que todos sus ríos estaban conectados a él y que podía viajar entre ellos sin importar en donde estén.
—¿Supone que los usemos de puente para salir? —volvió a cuestionar la gacela—. ¿No seria riesgoso entrar en sus dominios?
—Se me olvidaba, a ustedes las forme cuando llegue a este lugar—reflexiono ante la ignorancia de sus Aj-Sa—. El puente fronterizo entre Kemet y Kush es el rio, y mi familia es la encargada de manipular el cruce a través de las cataratas. Así como nadie puede entrar a Kush sin el permiso de Dedun, nadie puede usar el portal de la catarata sin el permiso de mis padres o mío—se señaló de forma arrogante. Las Aj-Sa gacelas soltaron un “ah” de admiración—. Ahora, escuchen. Somos rápidas. Si yo puedo correr mas rapido que una flecha, ustedes también. Iremos en manada a la catarata. Activare fugazmente el portal y necesito que ninguna se atrase. De allí, buscamos a Nefertum y nos escapamos por el Num.
Sus gacelas exhalaron al mismo tiempo con sorpresa.
—Mi lady—hablo otra gacela—. Viajar directo por el Mar primordial es riesgoso. Usted jamás a estado allí. Esta lleno de demonios y monstruos cósmicos que nunca a enfrentado. Por eso muchos prefieren los puentes.
—Si—añadió otra—. También dicen que navegar es un reto si no sabes como se mueven las dimensiones e identificarlas. Muchos espíritus han naufragado eternamente hasta que un ser los devore o el Num los consuma.
Las demás gacelas asintieron en desacuerdo con el plan de Anqet.
—¡¿Prefieren ser llevadas al cautiverio?! —les reclamo su ama y todas callaron—. Si Kemet fuera mejor que este mundo, no estaríamos consolando impotentes por mantenernos. Antes de ustedes, tuve otro rebaño en Kemet ¿quieren saber que les paso? —ellas agacharon las cabezas hundidas de hombros—. Son mis Aj-Sa, parte de mi ser. A donde valla ustedes vienen a como sea lugar.
El bramido de Sobek las tomo por sorpresa. Anqet reconoció el significado de ese llamado. Corrieron por los pasajes hasta un balcón del segundo piso y observaron con frustración y terror el ejercito de cocodrilos marchar fuera del agua. Los espíritus que escaparon al campo se alejaban rogando misericordia por lo que fuera que pasara.
—¡Karma! —maldijo Anqet con una patada que rompió el barandal del balcón.
***
Mientras los espíritus eran escoltados por los cocodrilos sin mostrar oposición y llevados a fuera junto a los demás. Sobek y Dedun hacían añicos lo que quedaba del lugar.
Dedun se escondió detrás de un muro a la espera de que Sobek volteara a otro lado. Llegaron al segundo piso luego de que Sobek le diera persecución. En ese momento, opto su forma de serpiente para escabullirse al cuarto donde tenía almacenada un pedido de armas que acordó con algunos Adroanzi para su regreso.
El armamento eran arcos de madera reforzada, pero su principal interés eran las flechas con puntas de acero mata demonios. Un metal extraído en sus minas con las propiedades mágicas para dañar a seres malévolos. Y que, con los métodos y conocimientos de los Jentilaks, alcanzaban un nivel de calidad tan alto que eran capaces de infligir daños a su especie. Los gigantes no sabían que los trabajos que les comisionaban fueron pruebas para mejorar sus armas, y ahora, contaban con una defensa superior a la que tenían antes.
Apedemak y la Kandake dejaron en claro que ese armamento tan peligroso debía ocultarse para un caso extremo de peligro contra su mundo. El cual Dedun había roto antes y dada la situación no dudaría en emplearlo. Sus anteriores intentos de ataque sobre Sobek acabaron en armas rotas contra la impenetrable piel del necher.
—Hora de probar que tan buenas son—se dijo Dedun tomando una aljaba cargada.
Sobek caminaba tranquilo por los pasillos con las manos detrás. Sus cocodrilos vaciaron el lugar para poner a salvo a todos los ajenos al conflicto. Cuando sintió la sangre en su boca, se llevo la mano a esta para confirmar que estaba empeorando. Entrecerró los ojos.
Sin previo aviso, sintió algo clavársele por la espalda. Tenía una flecha incrustada cerca de su hígado. El disparo solo alcanzó a penetrarle su dura piel, pero se frenó con su carne. Evito retirarse la punta de metal por no sufrir un sangrado al que no estaba en condiciones para regenerar. Por otro lado, sirvió para descubrir la ubicación de Dedun y anticipar el siguiente disparo de este rumbo a su cabeza.
Sobek apenas logro evitarla con un roce en su frente. Dedun salió volando lejos de su alcance, y desde el aire disparar otra flecha apuntando a su cuello. Le dio antes de que el necher reaccionara. El cocodrilo rompió la vara de la flecha enfadado. A lo que el kushita sonrió satisfecho, posando sobre el barandal del otro extremo, lejos de él.
—¡No eres tan imparable! ¡¿eh?! —se burlo Dedun con otra flecha lista—. Ya tardaste en regenerarte, eso significa que si te estoy dañando. No me gusta perder socios, Necher ¿Qué te parece si hacemos un nuevo trato? —sugirió seguro. Sobek lo mantuvo vigilado sin inmutarse—. Dejare que se lleven a los otros Nechers, a cambio de que me dejes a la malcriada y las demás Ojos Solares…y quizás te de la cura para esa toxina.
El kemetita ni lo medito. Apenas Dedun termino su propuesta, Sobek lucho por contenerse de reír como si acabara de escuchar un mal chiste. Dedun disparo contra su pecho como señal de advertencia. Sobek se soltó a carcajearse con sangre escurriendo de su boca. El kushita preparo otra flecha avergonzado y enfurecido.
—No puedo más con estas payasadas—susurro Sobek, antes de crear un mar de agua dentro del lugar en un pestañeo.
Dedun abrió los ojos atónicos. Perdió de vista a Sobek y no se percato de su presencia detrás de él.
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