El kushita no dejaba de suspirar de satisfacción. Tenía a su lado a la Soberana más cotizada de su redonda. La gacela que mandaba en “El Estanque”. Lady Anaka.
Paso una mano sobre las curvas de su cuerpo con un anhelo y apreciación. Ella la daba la espalda fingiendo estar dormida. Ya le había satisfecho su sed esa noche sin lograr tirar su corona de plumas, pero como todas las mañanas, el aprovecharía cada segundo para refrescarse. Dedun se acercó para abrazarla por detrás, con solo una sábana cubriéndolos a ambos. Si seguía disimulando, el no vería la prisa por irse.
Emitió unos gemidos soñolientos como si de verdad su toque le generara eso.
—Buenos días, mi dulce gacela—le dijo Dedun con aprecio a su oído.
Anaka le dio una sonrisa forzada apenas girando su cabeza.
—¿Esperaste a que me despertara? —cuestiono ella como si le conmoviera—. Ya perdiste mucho tiempo por mi culpa—dicho eso se sentó en su lugar abrazada de las piernas—. No quiero que la Kandake me regañe por distraerte de tus labores.
Dedun rio.
—Le tienes mucho miedo a esa gorda envidiosa—se mofo el—. Además, ella no tiene por qué meterse en mi vida. Tubo sus oportunidades conmigo y no las aprovecho.
—¿Por eso me buscas solamente? —cuestiono ella con interés fingido— ¿Por qué soy tu oportunidad del momento?
—Claro que no—negó sentándose, viéndola con intensidad—. Aunque hubiera otra mas bella, tu serias la única—afirmo él.
Anaka actuó alagada. Anoche no le dio oportunidad de preguntarle nada sobre lo que le pidió Nefertum. Le siguió la corriente una vez vio la brecha.
—Dedun—llamo ella—. Si hubiera una Ojo de Solar, mas hermosa que yo ¿me dejarías por ella?
Dedun frunció el ceño como si la pregunta le fuera indiferente. Cosa que era mentira. Anaka sabía perfectamente que Dedun era el primero de los Soberanos de Kush en correr detrás de los Ojos Solares. Era seguro que en algún punto persiguió a Miu y a su hermana cuando llegaron a Kush. En especial, si se trataba de unas tan jóvenes y hermosas.
—¿Por qué sacas ese tema de la nada? —cuestiono él.
—Solo lo pensé—dijo ella—. Todos saben que ustedes quieran a las Ojos Solares. No sería raro que, apareciendo una nueva, te olvides de mí.
—¿Escucho preocupación de que te roben tu lugar o…quieres saber si debes preocuparte por ellas?
Estaba llevando la platica por otro rumbo. Su sonrisa insinuosa lo decía. Anaka lo miro con pesadez.
—¿Qué sabes? —interrogo él. Ella bufo— ¿Qué sabes? —volvió a preguntar, esta vez con seriedad.
—Ayer vi a una Ojo Solar con Nefertum—confeso ella sin ganas.
El rostro de Dedun se turbo. Se enderezo en la cama abruptamente y la tomo de los hombros sin cuidado.
—Explícame—exigió con urgencia.
Anaka por un momento lo desconoció. El jamás actuaba así. Dedun era un tipo con ego hasta los astros que sabia disimular cuando algo le inquietaba. Le gustaba dirigirse a ella con orgullo y control. Pareciera que encontró un punto frágil en su faceta.
—Dijiste que no te interesaría otra que no sea yo—bromeo ella.
—Necesito que me digas que sabes de esa Ojo Solar—recalco el con voz severa y una mirada intimidante—. Y dime como llego con ese perfumista, o peor aún, con el otro animal que llama hermano.
—Está bien, está bien. Pero suéltame—contesto ella y este obedeció.
Ambos salieron de la cama para vestirse. Ella uso su bata mientras el acarreaba sus ropas de anoche con molestia. Anaka se sentó en su diván mientras el la acusaba con la mirada.
—Habla—ordeno él.
Ella rodo los ojos.
—En realidad, no se si es una Ojo Solar como tal—confeso ella—. Era una chica que esta con ellos porque busca a su melliza, que también es una Ojo Solar.
—¿Chica? ¿O sea que es más joven que las demás Ojos Solares? —Anaka asintió dudosa—. ¿A qué te refieres con melliza? Las Ojos Solares no nacen en pares…al menos no hasta donde se.
Dedun se llevó la mano a la quijada con nerviosismo.
—Tu ¿no la has visto antes? —pregunto confundida.
—¿Cómo llego con los leones?
—No lo sé…creí que tú la dejaste pasar.
—¡Mak! —exclamo el para si alterado y se llevó las manos a la cabellera. Se dirigió a Anaka con pasos duros y aprisionarla contra el diván—. ¿Cómo era ella? —Estaba alterado ¿Cómo debía tratarlo de esa forma? Era la primera vez que la trataba con indiferencia—. ¡¿Cómo era ella?!
—Era una gata—respondió ella asustada.
El kushita parpadeo confundido.
—¿No era una leona?
Ella negó con la cabeza y Dedun aparto la mirada meditando.
—Me estas asustando—dijo ella sintiéndose extraña—. Dedun ¿Por qué actúas así?
Oscureció su semblante sin rastro del Dedun coqueto que siempre venía a visitarla. Empezó a respirar pesado y evaluarla con la mirada. Se sentó a su lado lentamente con una mano en el respaldo detrás de ella. Anaka empezó a ponerse nerviosa, no le gustaba que la viera de esa forma.
De la nada, Dedun forzó una sonrisa y llevo su mano sobre su rostro. Su tacto fue frio y contenido.
—Mi tierna y delicada gacela—recito sutilmente sin quitarle la mirada de encima—. ¿Alguien mas sabe de ella o de que es una Ojo Solar?
—No, que yo sepa. Ellos solo me lo revelaron a mí.
—Perfecto. Que así quede.
—¿Puedo saber por qué? —pregunto algo asustada.
Dedun froto su pulgar en su mejilla y Anaka sintió un escalofrió rasposo.
—Es un secreto—dijo con cierto tono amenazador—. Y mas vale que quede así. En especial, que esto no llegue a oídos de la Kandake ¿entendiste? —ella asintió—. Buena niña.
Dedun se acercó para darle un beso y se alejo sin más. Se ajusto el resto de sus ropas y regreso a ella con un poco mas de control.
—El niño bonito, dijiste que lo viste ayer—señalo—. Dime algo, “Anaka”. ¿Tú me dejarías por otro tipo? Y no me refiero a tus amantes de quinta que tienes de sobra. Hablo de alguien a mi nivel.
Anaka se mordió la lengua. Se contuvo y se mostro sumisa.
—¿Qué tiene ese chico que tu no? —respondió con ironía—. Si me interesara ese necher ¿crees que seguiría aquí contigo en vez de irme con él?
Dedun sonrió satisfecho.
—Sabes lo que te conviene, gacelita—dijo y se retiró.
Yéndose el, Anaka desapareció del cuarto para lanzarse al agua de su piscina y nadar hasta el fondo, para al fin desbordar el rio que contuvo toda la noche. Grito de rabia e impotencia. Se abrazo a sí misma, frotándose del asco.
Lo odiaba. Le daba repulsión. Era como un desecho sanitario en sus aguas.
Detestaba que la sometieran. No lo soportaba.
Ella debía fluir libre, no ser contenida.
Ella era quien mandaba sobre sus aguas ¡Nadie podía obligarla a desviar sus canales a donde no quería!
“¡Maldito!” pensó ella “¡Déjame en paz, Dedun, ya no te soporto!”
***
Duro medio día acostada en el fondo del agua. Esa era su casa, lo que la conectaba a su hogar y parte de ella. Por unos instantes recordó a sus padres. Su padre siempre con las manos sucias de barro y su madre posando con su arco, ambos llenos de orgullo por sus talentos y reconocimientos mutuos.
Nado a la base de su fuente cascada. Incrustada en el muro de la piscina como decoración, estaba un arco sofisticado y con gravados majestuosos. Su mango era de piel de gacela y sus puntas tenían cabezas del mismo animal talladas. Tomo el arco con sumo cuidado, atesorando esa arma que mantenía oculta.
Floto en el medio con suavidad y se puso en postura de arquera. Su intención no era disparar, sino imitar la postura de su madre. Firme. Segura de si misma. Elegante. Imponente. Temeraria.
¿Algún dia podría parecerse a ella?
Ni siquiera era capaz de volver a teñir la cuerda sin revivir el miedo que la obligó a dejar el arco. Lo regreso a su lugar y salió del agua, dejando atrás su pasado para emerger como la Lady Anaka que era. Además, debía estar lista para recibir a Nefertum según su promesa de venirla a ver hoy, para saber que descubrió de la hermana de Miu. Que no era nada mas que amenazas de Dedun y más dudas que respuestas.
Estaba arreglándose con cierto aburrimiento, cuando las puertas de su cuarto se abrieron de golpe y Nefertum entro sin permiso seguido por Miu y unas gacelas reclamando que las ignoraban. Anaka les hizo señales a sus gacelas de que se fueran y estas obedecieron cerrando las puertas.
—¡Ya no puedo más con el! —gritaba Nefertum desde que entró a su cuarto con pinta de pocos amigos— ¡Me saca de quicio!
Miu se sentó en el diván sin ningún perjuicio dándole las buenas tardes a Anaka, muy ajena a la colera de Nefertum.
—Alguien amaneció de malas—dijo Anaka impresionada por verlo así—. Nefer… ¡¿te estas quitando la ropa?! —el chico se aflojaba su shenty aun hecho ira—. Mira, no me desagrada, pero no es normal de ti.
—Préstame tu baño—pidió sacando un frasco con agua del Nun de su bolsa y entrando antes de que ella le respondiera. Lanzo el frasco abierto dentro del agua y esta se fue mezclando, ignorando que el agua reclamaba no sentirse bien—. Necesito darme un baño—informo y jalo las cortinas para cerrar—. ¡No quiero que me espíen, par de descaradas! —amenazo cerrando.
¿Por qué los machos se portaban groseros ese día?
Anaka vio a Miu buscando respuestas, y esta le dio una sonrisa burlona.
—¿Qué le pasa?
—Scarlet y el tuvieron una discusión muy fuerte—respondió ella.
—¿Te refieres a Maahes? —pregunto interesada y se fue a sentar junto a ella tan rápido que Miu no la anticipo—. Cuéntelo todo.
—Estaban hartos de ocultarse secretos mutuamente.
—¿Secretos que te involucran a ti?
—En parte si, y en parte no—respondió ladeando la cabeza a los lados—. Se mandaron al demonio muy enfadados.
—¡Valla! —exclamó alzando las manos con alegría—. Al fin. Ya era hora de que la cortaran esos dos. ¿Estas segura de lo que dices?
—Tan segura como mi divorcio—declaro dramatizando indignación.
—Espera ¿ya te divorciaste de ese animal? —bromeo divertida— ¿Por qué? Déjame adivinar ¿descubrirte que era un monstruo? —especulo con sarcasmo.
—Eso es lo de menos ¡Me acuso de infidelidad! ¿puedes creerlo?
—¿Qué? —confeso desnortada.
Ya no había duda, de que esa chica no tenía sano juicio. Y eso que hablaban de un matrimonio falso que se inventó Nefetum.
—Y se puede saber con quien le pusiste el cuerno—pregunto intrigada—. Espero que no sea con mi príncipe azul—esto ultimo casi como una amenaza.
—Todo comenzó porque anoche Mak me vino a visitar—Anaka abrió los ojos con la mención de ese Soberano— y me dio estas arracadas—se los mostro, puestos en sus orejas felinas—. Los dos me regañaron por eso y de a poco la discusión fue evolucionando a un pleito entre ellos.
—¡¿Apedemak?! —exclamo Anaka aterrada.
Miu asintió sin prejuicio. Definitivamente, esa chica no es que no tuviera sano juicio ¡es que de seguro ni sabía que era eso! Enrolarse con Maahes ya era serio, pero que otro igual o peor que el también estuviera detrás de ella. Y lo decía con tanta calma, sin titubear. Dedun podrá ser un desgraciado, pero no le debía explicaciones ni compromisos a nadie. Tampoco era alguien con quien para aterrarte. Aunque, esa mañana le dejo muchas incógnitas sobre qué tan segura estaba con él.
Recordó el día que Dedun comenzó visitarla. Sus primeros regalos fueron joyas, después ropas preciosas y al final, cuando se había ganado su confianza, un lugar en “El Estanque”. Ella no tenía a quien refugiarse, pues su único lugar seguro era el mismo que le aterraba. Por eso Dedun se volvió alguien de confianza rápidamente. Le ofreció protección y comodidades, mas que lo que otros tenían bajo su mando y alianzas.
An creída que todo lo que Dedun le daba, era porque se la gano gracias su encanto o derecho como Soberana, hasta que llego el día que descubrió que nada era gratis. Para un adulto que se dedicaba al comercio y llevar a cabo tratos, convencer a una chica ingenua y desorientada, era negocio fácil.
Miu no era muy madura para su edad, o tal vez no lo demostraba a propósito. Aun así, no en vano Dedun reacciono alterado ante la idea que ella tenia enfrente.
Se escucho el clavado de Nefertum en la bañera.
—Por cierto, An—lo saco de sus pensamientos Miu— ¿descubrirte algo de mi hermana?
Anaka fingió pena.
—No, lo siento—mintió—. Mis contactos no estuvieron disponibles anoche. Pero te prometo que cuando vengan será lo primero que investigare.
—Ok—dijo sin rencores—. No te preocupes.
—En serio, lo siento mucho.
Se las ingenió para que deseara ir a pasar el rato con las gacelas como ayer y ella cedió emocionada. La acompañó por algunos pasillos buscando alguna disponible en el segundo piso.
Paseaba tranquila de que no habría Soberanos extranjeros a la redonda. Todos ayer se retiraron antes del atardecer, con la explicación de que habría un acontecimiento en el Mar Primordial que afectaría los portales temporalmente. Por eso Dedun se tomó la libertad de acosarla toda esa noche sin pendientes.
El burdel siempre estaba activo. No se acercaba por mero desinterés y estatus, ya que esa zona era para los clientes de segunda clase. Los Soberanos recibían diversión en sus propias habitaciones privadas. En ambos casos, Anaka salía ganando. Había aprendido a intercambiar joyas u otras riquezas invaluables por favores de sus gacelas. Gracias a ella, “El Estanque” se hizo más vivo y dinámico.
Todos venían como depredadores a sus fuentes de agua, acechando a sus presas dóciles e indefensas. Las devoraban, quedaban satisfechos y volvían seguros de que cerca de la cascada jamás les faltaría alimento para saciarse. Idiotas. Si tan solo supieran que la verdadera cazadora era ella, y sus gacelas fingían ser la carnada.
Su intención al traer a la minina era que Miu presenciara el tipo de cosas que le esperarían si no reflexionaba con lo de Apedemak. Las habitaciones estaban todas ocupadas, con las cortinas abajo y sin ninguna gacela de ociosa. Era un buen día de trabajo.
—Ella esta aterrada—comentó Miu deteniéndose frente a una habitación.
Anaka logro percibir a lo que se refería Miu y entro sin permiso al cuarto. Donde un espíritu jabalí tenía una de sus gacelas estrujada de una forma nada cómoda. La Soberana clavo su mirada en el tipo que trataba mal a su lacaya como si el placer fuera mutuo. La gacela sintió la presencia de su ama y sus ojos rogaban ayuda. El semblante de Anaka se torno profundo como un abismo infestado por monstruos.
—Si rompe la mercancía—bromeo Anaka con voz venenosa dando pasos como ecos de gotas de agua—, tendré que cobrárselo.
El jabalí reacciono a su voz con temblor. La dueña del burdel emitía una humedad ahogadora. Dio unos pasos a la cama y el jabalí aflojo su agarre a la gacela. Creyó que con eso bastaba para calmar sus aguas. Esa tarde, el cuerpo del jabalí apareció flotando en el rio de la subdimensión. Mientras tanto, Anaka atendió a su gacela que no dejaba de llorar en su cama. La Soberana permitió que se diera el día libre y Miu se ofreció voluntaria a hacerle compañía para que se sintiera mejor. Justo lo que necesitaba Anaka.
An volvió a su habitación, encontrando a Nefertum sentado en su balcón ya vestido y con el agua escurriendo por su cabello. Lucia su verdadera forma de Necher, notándose que estaba cansado de ocultarse. Ella paso junto a la bañera que se había tornado de colores indefinidos por el agua del Nun. A diferencia de Nefertum, a ella no le gustaba el agua salada, prefería la dulce. Pero lo dejaba usar su bañadera de vez en cuando ya que él no tenía otro lugar donde poderse dar ese lujo sin poner en peligro a terceros.
Llego a su lado sin avisar, sabiendo que el ya estaba consciente de su presencia. El balcon daba una vista hermosa a la catarata a lo lejos.
—¿Qué te dijeron tus flores sobre “la condición” de tu hermano? —intento ensanchar plática con él.
Nefertum suspiro pesado.
—¿Puedes quedarte con Miu unos días? —pregunto apenado—. Se que no te agrada, pero…
—Creí que ella tenia algo que estaba ayudando a tu hermano—le recordó ella sentándose a su lado.
—Lo tiene—aseguro el dirigiéndole la mirada, luego se tallo la frente con estrés—. Solo que lo de anoche trunco todo.
—Ella ya me conto sobre su visitante—confeso ella y el quedo serio—. Tranquilo, no le diré a nadie. Además, Dedun me advirtió sobre algo así.
—¿Qué te dijo ese idiota? —interrogo preocupado.
Ella bajo la voz y se acercó más con mucha cautela, cocientes de lo peligrosa que era la información que manejaban.
—El no sabia sobre la llegada de ella o su hermana hasta que le conté yo—confeso—. Estaba muy, muy alterado. Nefer, jamás lo había visto así—Nefertum abrió los ojos—. Lo que sí, es que rápidamente sospecho que fue Mak…y bueno…fue un poco raro.
—¿Raro por qué?
—Creo que tenía la idea de que era otra Ojo Solar. Se sorprendió cuando le describí a Miu.
Nefertum alejo su cabeza reflexivo.
—Esto no me gusta nada—confeso él.
—Y también me dijo que, a base de eso, acabaste discutiendo con él—dijo con cuidado—. Nefer, los conozco. No es raro que peleen, incluso que se lleven con violencia. Pero siempre lo dejas pasar como si nada. Luces…
—Deprimido—interrumpió el mirando el paisaje. Ella afirmo—. Miu lleva rato diciéndome lo mismo.
Eso la sorprendió. Entonces Miu si era cociente de las personas a su alrededor. Hizo lo mismo con aquella gacela al percatarse antes que ella de la situación.
An tomo su mano con cariño y le hablo con suplica.
—¿Y si…ya lo dejas?
El se giró a verla a los ojos. An le estaba rogando con la mirada llena de miedo e impotencia. Temía que tan fuerte fue su pelea o si la dejaron pendiente.
—Nefer—prosiguió ella—, llevas muchos milenos gastándote por él ¿Qué has ganado a su lado? ¿No estas cansado de vivir rebajado a un don nadie por culpa de tu hermano? —él estaba por hablar, pero lo detuvo— ¡¿No estas harto de vivir con miedo?! —lo callo en seco, sin medir sus palabras— Porque yo si—confeso con la voz temblando—. Me aterra cada vez que te vas y no saber si volverás o no, no puedo estar tranquila cuando el esta despierto y a solas contigo.
—El no me hace daño.
—¡¿Y porque siempre cargas con tu espada?! —encaro—. Intenta acercarte a el sin meterle drogas o sedantes—no respondió—. ¡Lo ves!
—An.
—Escúchame, por favor. No tienes por qué seguir cargando con el como si fuera tu responsabilidad—soltó sin rodeos—. Nefertum, somos jóvenes. Tenemos una eternidad por delante. Vámonos de aquí y dejemos todo.
—¿Y a dónde? —cuestiono el— ¿a Kemet?
—¡No! —negó abruptamente ella—. A cualquier lado menos Kemet. Hemos conocido de la existencia de una infinidad de mundos.
—¿Quieres huir a otro lugar como si fuéramos errantes? —recrimino indignado—. Eso no va conmigo, An. Y lo sabes—respondió el antes de soltarse.
—¡¿Entonces prefieres volver con esa bestia?!
Nefertum negó con la cabeza.
—No puedo dejarlo solo—afirmó sin dudar y se levantó para irse.
Ella fue tras el dolida ante su rechazo.
—¡Nefer!
—Vuelvo mañana. Debo resolver con él—dijo sin detenerse.
—¡No resolverás nada! ¡No has resuelto nada! ¡Y jamás lo harás!
—Pues seguiré intentando—declaro casi a la puerta.
—¿Así como tu padre a la primera oportunidad que tuvo para deshacerse de el?
Nefertum se detuvo con la mano sobre el mango. La apretó con rabia y la encaro.
—¡¿Por qué siempre lo has tratado así cuándo él nunca te ha hecho nada?! —reclamo—. ¿Por qué lo odias tanto?
—¡Porque el me hizo esto! —grito arrancándose su corona y soltándose el cabello.
Revelo su tan temido secreto sin dudarlo. Exhibió su forma teriomorfa de gacela salvo por sus majestuosos cuernos, los cuales debían estar en su coronilla que, lastimosamente, era una cicatriz en su cabeza pelona. Una gacela a la que le arrebataron sus cuernos, era igual de dolorosa que un león rapado.
Nefertum quedo sin palabras, perplejo de lo que veía. An, quien en un inicio al fin le revelo su secreto con agallas, comenzó a arrepentirse de su deshonra. Llevo sus manos temblando hasta su cráneo y se tanteo entre sosollos. Cuando no pudo mas y sintió que Nefertum no reaccionaria, se rompió a llorar y se dejo caer en el suelo derrotada.
Fua la entrada imprevista de Miu al cuarto lo que despertó a Nefertum de su shok.
—Ay, tus cuernitos—dijo por accidente Miu sin malicia.
An desapareció como corriente de rio, del cuarto al baño con las cortinas cerradas detrás de ella. Los otros dos, no sabían cómo reaccionar. Nefertum sintió la presión de irse antes que Maahes cometiera alguna salvajez, al mismo tiempo que asimilaba lo que acababa de descubrir. Miu prometió quedarse con An.
—Háblame si necesitas ayuda—le dijo ella a el antes que se retirara.
***
Los Negoogunogumbars caminaban embravecidos y a la vez confundidos.
El día de ayer, ellos debieron irse de Kush a través del portal ilegal junto al crónlech, que, para su desgracia, estaba sobre vigilado por humanos ese día. Cuando llegaron meses atrás por ese mismo medio, procuraron ser rápidos y silenciosos en que no los descubrieran. El volver a intentar pasar desapercibidos ante ellos una segunda vez seria mas complicado, y justo estos mismos humanos seguían en ese lugar sin señas de querer irse.
Tenían prohibido irse por los puentes dimensionales legales, ya que podían exhibir sus negocios ilegales con Dedun. Y justo el mismo Soberano fue a despertarlos ayer luego de una noche indescriptible para ellos.
—¿Aun no recuerdas lo que paso hermana? —le pregunto una ogra a su hermana mientras le cambiaban las vendas de la cabeza en su padre.
El pobre líder de los Negoogunogumbars había perdido la memoria por un fuerte golpe en su cabeza que no supo cómo recibió ni de quien. Aunque sus hijas acusaban a la maldita bailarina que su padre custodiaba y que termino robándose a los niños presos.
—No—respondió su hermana incomoda—. Solo sé que amanecí de la misma forma que todos—apenas pudo confesar con algo de vergüenza.
—¡Qué vergüenza! —exclamaba su padre disgustado— ¡Que indignación de mi pueblo! Ni yo en mis peores épocas de joven, cometí tal locura.
—Nadie se explica que paso, padre—se defendió una de sus hijas—. Perdimos el juicio sin control de nuestros cuerpos y antes de que supiéramos lo que pasaba, estábamos…—se detuvo roja de solo recordar lo que paso después.
—¡Alguien nos embrujo! —dijo la otra completamente humillada—. Padre ¿crees que dejaríamos una cacería tan sagrada por irnos a aparear?
Su padre siguió regañando a sus hijas y a cualquier ogro que pasara a su lado. Por eso intentaban evadirlo con la mirada baja. Nadie supo como fue que de la nada, abandonaron el deseo de cazar a Hor por buscarse entre ellos y entregarse en un baile de satisfacción y gozo que acabo en consumaciones carnales. Para acabar sin premio, sin presas y sin dignidad.
—¡Y ustedes dos! —señalo el líder a un par de ogros que se hacían los disimulados sin éxito ante la mirada enjuiciosa del anciano—. Ni crean que se las perdonare, llegando asumirán sus responsabilidades con mis hijas. Que Khonvoum los maldiga si no cumplen.
Los ogros se vieron en la vergüenza de asentir apenados, pues fueron los que acabaron fornicando con sus hijas sin haberlo esperado. Las hijas del líder cargaban con la humillación de su familia, aunque, por otro lado, estaban contentas de por fin ser desposadas.
Y así muchos ogros solteros que por le mismo incidente, quedaron con la sentencia de casarse. Solo los matrimonios antes formados estaban en paz de sus acciones, habiéndose integrado con sus respetivos conyugues en lugar de ir con otros.
Un ogro joven se acercó al líder para informarle de un oasis que antes no habían visto. Debido a que no pudieron cruzar a tiempo por el portal y que sabían de la noticia sobre el surgimiento de un nuevo creador, buscaban un lugar para ocultarse el tiempo necesario hasta que Dedun lograra ayudarles a salir por otra vía.
Cuando llego con ellos, estaba incrédulo del cambio de comportamiento de los Negoogunogumbars y que no hubieran matado a ningún niño. Y como nadie le supo explicar lo que paso y que estaban desguatados porque su fiesta se estropeó, Dedun solo les dijo que eso no era su problema y que solo se comprometía a sacarlos para que volvieran a su mundo. Con tal, que el cumplió con su parte del trato y no tubo nada que ver con lo que les paso después.
El joven ogro los guio hasta aquel oasis. Era amplio, y lleno de una bella vegetación y arboles con una casa modesta en medio. Recobrando la memoria, había viajado miles veces por esa zona y jamás divisado la existencia de ese oasis. Sin dudarlo fueron a él con emoción y hambre. El mismo lugar trasmitía un aire mágico y divino, como si le perteneciera a un ser inhumano. De ser así, se harían de sus cosas sin pena o miedo.
Todos los ogros exploraron el lugar con emoción y alivio. Al parecer, alguien habitaba en él y había salido ese día. O eso pensaban ellos.
Mientras el anciano y sus hijas indagaban la despensa de la cocina y otros más los cuartos y arboles frutales, unos descubrieron ruidos venir del sótano. La puerta estaba cerrada y adentro algo estaba rompiendo cosas. Ninguno se atrevió a hablar o avisar a los otros. Lanzaron las suertes para saber quién abriría la puerta y el perdedor fue a cumplir.
Empujo la puerta y una ola de aromas los ataco. No eran desagradables, pero la mezcla accidental de estas hizo reacción en ellos a través de un sueño alucinógeno. Creyeron que el extraño del fondo sentado a la mesa con un par de cuchillos en sus manos y ojos escarlatas, era una pesadilla viviente que solía atormentarlos en sus sueños de niños.
Uno de ellos se le acerco con valentía de negar la alucinación, y el otro miro expectante de la verdad. El valiente cruzo tambaleándose por el taller, hasta encarar el extraño que lo veía de forma mortal y sangrienta. Le grito cosas como que no le daba miedo o que el era mas aterrador que cualquier demonio, que el era la pesadilla de los niños y no el. El extraño de ojos rojos como la sangre y las llamas del sol, permaneció estático como una estatua.
Y cuando el Negoogunogumbar se paró frente a él, señalo con el dedo en su cara blasfemándolo por todo el inframundo, Maahes se lo mordió como si de una salchicha se tratara. El ogro cayo al suelo gritando de dolor con la mano desangrando por el dedo arrancado. El otro ogro salió corriendo aterrado.
—¡UN MONSTRUO! —grito como loco— ¡UN MONSTRUO!
El anciano y sus hijas salieron de la casa y se reunieron alrededor del ogro, que otros mas sujetaban tratando de controlarlo de su locura.
—¿Qué gritos son estos? —pregunto el anciano líder—. ¿Hay otro monstruo que no sea una de nosotros?
Antes que el ogro le diera explicaciones, le señalo aterrorizado al chico que salía del sótano bañado en sangre y con la cabeza del otro ogro en una mano y un cuchillo ensangrentando en la otra. Alzo su mirada salvaje y se limpio su boca manchada de sangre.
—¿Por qué su sangre sabe a la vida de niños inocentes? —pregunto Maahes con rabia mientras saboreaba la sangre entre sus dientes, acompañada de su saliva que escurría por el emergente apetito que aquel sabor estaba desatando en el.
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