—¡Sin vergüenza! —acuso Hat de forma dramática ante la orden del humano mientras se abrazaba a ella misma. Luego le lanzo una mirada reprochable mezclada con un falso miedo—. No son mas que una secta de depravados y violadores.
Hor estaba listo para ejercer algún movimiento defensivo. Los humanos permanecieron serios, mirando a su líder a la espera de su orden. El líder estaba tieso en su lugar con la mano al aire y una cara apenada. Se alejo un paso de ella y tosió bajo para disimular.
—Una disculpa—dijo aportando la mirada avergonzada—. Me deje llevar—se escuso con una reverencia en señal de arrepentimiento, el cual no le creyó Hor—. Llevamos tanto tiempo sin ver damiselas, que hasta los modales se nos olvidaron.
“Pero no se les olvido su instinto primitivo” pensó Hor molesto.
Hat se recargo en el como si quisiera demostrar que el era su lugar seguro. El se estremeció y se levanto de golpe con las manos a los lados señal de que se alejaran, aunque en realidad fue una escusa para no tener contacto con ella. Hat no parecía haberse ofendido y permaneció abrazada con aspecto de damisela asustada.
—¡Escuchen, grupo de pervertidos! —amenazo Hor de la nada— ¡Ni se les ocurra tocarla o se las verán conmigo!
Los humanos callaron unos segundos, y luego estallaron en carcajadas. Decían que Hor se veía gracioso amenazándolos con tanta ferocidad siendo solo un niño contra un grupo de adultos. Lo bueno, lo veían como un humano común y corriente. Lo malo, es que le entro coraje y debatió con ellos sobre que era casi un adulto, y ni así dejaron de burlarse. El líder intento poner serio el ambiente, pero se le hacía imposible no dejarse llevar por las risas.
Hat lo jalo para que se sentara nuevamente.
—Tranquilo—le susurro suavemente para calmarlo—. No sospechaban de mí, solo era un intento de elogiarme que les salió mal—. Hor se mordió los labios del disgusto—. Perdón si mis gestos te confundieron.
—¿Estas segura? —pregunto bajo sin mirarla—. Te portaste muy rara con esas figuras.
—Eso—explico ella contemplando las figurillas—. No se quiénes son ellas, pero si su sola imagen genera ese impacto…en persona no sé que haría.
No le revelaría las identidades de ellas. Pero si Hat llegaba hasta la cuarta catarata con él, seguramente se las presentaría. Entonces, seria muy divertido ver su reacción al tenerla de frente. Hor rio bajo de solo imaginarse la escena. Hat le pregunto de que se reía y el dijo que de nada.
Tras volver a disculparse el líder, continuaron la cena y cada miembro relato su experiencia de cómo fue su encuentro con seres inhumanos desconocidos para su conocimiento sagrado. Hor estaba atento a las explicaciones y descripciones de estos seres, llegando a identificar la identidad de mas de una especie que el conocía y su hogar de origen. Algunos de ellos, podría jurar que los conoció en “El Estanque” cuando estuvieron en Nuri.
Llego el momento de contar como llegaron a ese lugar en el que se encontraban. La región entre la tercera y cuarta catarata estaba señalada como zona natural, por eso no existían asentamientos humanos. Los comerciantes y viajeros preferían la ruta del rio para cruzarla, además de ser la más rápida del norte a sur. Sin embargo, cuando se trataba de llevar animales grandes del sur al norte, se optaba por cruzar el desierto de forma reta y sin desviarse, ya que en el camino había muchos oasis para descansar y se ahorraban la gran vuelta que era seguir el rio.
Otro caso, era hacer peregrinajes a la cuarta catarata. De esta, solo pocos, con la misión de sus dioses lograba hacerlo sin tener encuentros con otros seres. Los ocultistas no iban con intenciones comerciales u consagradas, ellos estaban investigando a la espera de encararse con algún fenómeno natural, y de paso, cruzar todas las regiones hasta emprender su viaje al limite permitido. Anhelaban descubrir que había mas haya del fin de su mundo como lo conocían. No les importa volverse locos ante la idea de jamás volver o alejarse de la humanidad.
—Y en el transcurso de nuestro viaje—explicaba el líder guiándolos hasta el crónlech—, nos topamos con este lugar—lo señalo con los brazos abierto en medio del círculo pequeño— ¡Es fascinante! No sabemos su origen o que es, pero eso lo vuelve sorprendente. Algunos de nuestros exsacerdotes de Meruel, el dios de lo astros, hallaron una relación entre las posiciones de las piedras con ciertas constelaciones. Y miren los gravados—señalo lo extraños escritos en ellas. Eran unos rallones con círculos de diferentes formas y posiciones—. No se parecen a nada que conozcamos ¿será un idioma antiguo?
Hor y Hat examinaron los gravados con la misma curiosidad. Cuando aún vivía en Kemet, de forma oculta, Hor recibió la educación correspondiente de La Casa de la Vida. Un instituto educativo y académico regido por Dyehuty, el Gran Escriba. Entre las cosas que alcanzo aprender antes de huir, fueron algunas lenguas extranjeras y sus culturas. La lingüística no era su fuerte, pero creyó encontrarle un leve parecido a algunas que estudio. Hat en cambio estaba igual de desorientada. Se rascaba la cabeza tratando de entenderlas.
—Y dígame ¿estas cosas funcionan…o saben para que son? —pregunto Hor como si de verdad no supiera.
—Eres un chico muy curioso—elogio el líder—, me gusta tu actitud. Me temo que no, hemos intentado espiar a los seres que vienen a usarlos, pero no somos tan valientes para acercarnos a ellos.
—¿Quiénes los usan? —preguntaron ambos alarmados.
—Cada cierto día vienen diferentes creaturas a este lugar mientras nosotros dormimos—explico el líder con una naturalidad que reflejaba lo acostumbrado a las anomalías—. La primera vez vimos unas sombras merodear, pero huyeron apenas nos vieron. La segunda vez, fue durante una noche de tormenta, una silueta paso por arriba de nuestro campamento y nos protegió de la lluvia. La descubrimos porque creímos que había dejado de llover y ¡zaz! Un ser gigante sobre nosotros, que se detuvo antes de pisarnos. Esa vez casi nos morimos del miedo, y el gigante se regreso huyendo antes de llegar al lugar—tembló de solo recordarlo—. La tercera vez, los atrapamos en el momento. Era una especie de enano, no era feo, pero tampoco bonito. Estaba tocando ciertos trazos y dibujos. No creerán lo que paso después—les señalo la dirección del oasis—. El agua del oasis se torno de unas tonalidades indescriptibles y se retorcía con olas en forma de serpientes y chapoteaba como ranas—Hor se miró con Hat. El humano siguió hablando con fascinación—. Fue algo indescriptible…estábamos tan aterrados que nos encerramos en nuestras tiendas cuando el agua emitió gritos extraños. No salimos hasta la mañana siguiente, y vimos que los animales bebían del agua como si lo de esa noche hubiera sido un sueño.
El humano sonrió para si perdido en su recuerdo. Hat aparto a Hor a lo alto de la duna que dividía al oasis del crónlech. Los humanos del campamento recogían las señales de cena y alejaban todo del agua. El líder se quedo con unos cuantos hombres, que con algunas antorchas iluminaban papiros con anotaciones.
—No me gusta nada esto—confeso ella.
—A mí tampoco—asintió el—. Creo que ya sé que es este lugar. Una vez mi madre me dijo que existía un puente ilegal a Kush, pero que no debíamos hablarlo con los Soberanos de aquí. Y esos ogros de ayer, sé que no está permitido su acceso a este mundo.
—¿Qué supones? —pregunto intrigada.
—No puedo creer que Meruel no conozca este puente dimensional oculto, de la misma manera que permita que creaturas “prohibidas” anden sin miedo a ser deportadas. Si mi teoría no es errada, creo que Meruel está haciendo movimientos a espaldas de su familia. Es la única explicación de porque permite muchas cosas que están penadas por sus padres.
Hat abrió los ojos.
—¿Crees que tu amigo este saltándose la ley?
—O tal vez encontró huecos legales.
—Eso suena muy malo, y peligroso.
—No te parecerían tan malos cuando sepas lo que han hecho en mi mundo—informo el con decepción.
Esperaba cualquier cosa de Meruel, excepto que llegara a ejercer tales cosas a escondidas de su propia familia. Creía que conocía a su “amigo”, y resulto ser igual que los demás Soberanos que tuercen las reglas a su conveniencia.
—¿A costo de aterrarlos? —recrimino Hor.
—Ey. Podrán cuestionar nuestros métodos, pero no los resultados. Y ustedes los Nechers son los menos indicados para eso—devolvió Meruel cruzando los brazos.
¿Podría confiar en que Meruel no tramaba algo a sus espaldas?
—¿No pudieron esperar a que cumpliera la mayoría de edad para poder desposar a una? —confeso Meruel aparentando tristeza—. Aun puedo disimular que ellas son inocentes.
—Ja. ¿Y de que serviría? ellas solo están aquí por nosotros ¿crees que ellas se quedaran por ti? —continúo Hor triunfal sabiendo por donde iba la cosa.
—Solo necesito tiempo hasta que caigan rendidas a mis pies, y solo tendré ese tiempo si evito que se vallan. Y casualmente, ustedes tampoco quieren irse.
Por el otro lado, perjudicar a Hor seria perder puntos hacia sus intereses.
“Posdata: Hor, si lees esto. Tómalo como mi pago por lo que hiciste por esos niños. Posdata dos: no la rechaces, esa chica te servirá de mucha ayuda ¡y no permitas que nada le pase o te las veras conmigo.”
¿Qué estaba tramando Meruel?
—Ese nehesu—dijo para si Hor.
Volvió a Hat, quien vigilaba lo que hacían con el crónlech. Estaba muy preocupada, con la mano sobre su pecho de la misma forma que cuando se mostro impotente en salvar a los niños ante los Negoogunogumbars. Los humanos parecían preparados para ejecutar algo. Uno de los hombres se froto las manos y se quedo en medio del circulo pequeño para que los demás salieran y lo dejaran adentro solo. Otro toco un cuerno y los del campamento de apartaron a la oscuridad, rodeando el oasis sin quitarle la vista al agua. El líder del grito a los chicos que estuvieran atentos para ser testigos, ellos confirmaron.
—No creo que esos tontos sepan activarlo—dijo Hor confiado de brazos cruzados. Luego se dirigió a Hat que no le respondía—. O ¿sí?
—Tienen una idea, pero no saben manejarlo—confeso ella— ¿Cómo los detenemos sin dañarlos o evidenciarnos?
—Esperemos que fracasen.
El hombre que se quedó dentro, paso su mano sobre los grabados. Toco uno de arriba junto con uno del costado y luego otro de hasta abajo. Se paso al de otra piedra y repitió con otras. Y así con la tercera y cuarta. No paso nada. Hor y Hat suspiraron de alivio y los humanos de decepción.
—Ves, no son tan listos—animo Hor.
Uno de los de afuera se exalto al repasar uno de los pergaminos que contenían sus recuerdos y reformulaciones fallidas en noche anteriores. Se metió al círculo y toco un grabado que, creyó se había olvidado el otro hombre. Al inicio, no volvió a ocurrir nada y el necher junto a su compañera dejaron de tomarle importancia a lo que esos humanos hicieran. Se centraron en hacer un plan para dañar el crónlech cuando no hubiera humanos despiertos. Hasta que los gravados en las cuatro rocas se iluminaron en un reflejo multicolor. Después, este reflejo apareció en las rocas del círculo mayor una por una, como si viajaran de una en una.
Al iluminar la última roca y desaparecer el reflejo, un extraño ruido emergió. Era como si fuera un eco rebotando entre las rocas del círculo. No se entendían silabas o vocablos. Era un ruido indescifrable, como entre cortado y distorsionado. Ceso, y retumbo un latino tan fuerte que hizo temblar a los que estaban dentro del círculo. Intentaron no caerse, pero sus cabezas no dejaban de menearse. De sus oídos y nariz broto sangre. Y en menos de treinta segundos, se desplomaron muertos.
—Bueno, eso nos ahorrara el tener que callarlos—comento Hor y Hat lo regaño con la mirada—. Sonó mal, ya se.
En el oasis. El agua empezó a agitarse brusco, seguido de un brillo de colores indefinidos desde el fondo que tiño toda el agua. Las olas del agua se ondularon tomando formas serpenteantes, como serpientes enrollándose entre ellas peleando. De entre ellas, gotas de agua saltaron y salpicaron como ranas.
Los humanos, ignorantes de las muertes en el crónlech y del evento que se avecinaba, estaban maravillados. Elogiando el merito de los muertos por hacer lo imposible. Mas de alguno se acerco a pasos lentos con fascinación, hipnotizados por el movimiento del agua animal.
—¿Sorprendente? ¿No creen? —los sorprendió el mismo hombre que los encontró en la tarde, sin cuando llego a su lado—. Los humanos son tan fáciles de manipular ¿no crees, linda? —se dirigió a Hat con una sonrisa señalando su mente con un dedo.
En el crónlech sonó otro latino que hizo explotar los cuerpos que estaban dentro. Las serpientes y ranas acuáticas chocaron entre ellas en una batalla por no salir del limite del lago.
—¡Tu! —lo señalo Hat y Hor se puso en posición de defensa—. Eso explica porque aprendieron muy rapido como activarlo—el sujeto alargo su sonrisa hasta sus orejas y sus ojos se dilataron—. ¡Por eso sentía tu mente muy rara! Me dejaste entrar para engañarme.
—¿Quién eres tú? —demando Hor— ¿Qué pretendes?
El sujeto se llevo sus manos a la boca y la abrió como si rompiera una tela. De su interior salió un ser delgado, escamoso y baboso, un humanoide con rostro de serpiente y extremidades de rana. Se paraba encorvado y su piel no tenia una tonalidad definida.
—Podría jurar que parecía un humano—le dijo Hat a Hor mientras retrocedían a la extraña creatura.
La criatura se estiro sin quitarles la mirada, y desecho la piel humana como tela vieja. Una ligera inquietud se manifestó en Hor con el aspecto de ese humano infectado, específicamente en su cabeza.
—Y yo creí lo mismo de ustedes hasta que comprobé que el agua del mar primordial no les afecto—revelo la creatura sacando su lengua sin control—, tal como me paso a mi.
Ambos recordaron el agua salada que este les dio a probar cuando se conocieron. El mar primordial, era el océano en el que levitaban los mundos existentes. Pocas creaturas tenían la tolerancia y capacidad de sobrevivir a él. Incluso muchas especies de espíritus y seres, sufrían daños al tener contacto con las aguas del mar primordial. Solo había dos especies que podían hondar en ellas y hasta consumirlas sin tener secuelas: los Soberanos junto con los creadores y los demonios. Por eso cuando bebieron el agua, ellos no sintieron anomalías, para ellos era como probar agua de mar normal.
Hor reflexiono un segundo. Hat pudo soportar esa agua tanto como él ¿acaso era una Soberana?
—Por favor, no me vean como algo raro, cuando ahora soy como ustedes—se escuso el ser y ellos se indignaron ante tal comentario.
—¡¿De qué hablas?! Se que mi raza luce como animales, pero no nos vemos como demonios—corrigió Hor, enfatizando la última palabra con repulsión. Hat asintió y dijo que ella igual.
—¡No! Yo era un humano—empezó a explicar—. Yo vigilaba este lugar igual que cuando los encontré. La noche que ese extraño ser hizo lo mismo que esta noche, yo lo vi de cerca. Vi como lo hizo y que no debía hacer. Mientras todos se escondían asustados, me acerque a contemplar la bella y misteriosa transformación del agua.
<<Extendí mi mano, lleno de curiosidad y al primer rose, una de esas extrañas alimañas acuosas se introdujo en mi y me tumbo. Toda la noche estuve agonizando mientras el fluido viajaba por mi cuerpo. Nadie me rescato. Todos estaban escondidos del miedo. Todos esos tontos que decían querer saber más, estaban ocultándose de lo que tanto soñaban. Mientras que yo—continúo contemplándose con orgullo—. ¡Me hice uno con el misterio!
<<Gracias a eso, pude ver muchas cosas. Entender muchas cosas. Aprender muchas cosas. Nuestro mundo no es mas que una burbuja en medio de un mar. Y existen muchas mas burbujas como esta, llenas de otros mundos y seres extraordinarios. Intente abrir el portal muchas veces por mi cuenta para ser libre. Pero me di cuenta que no podía. Descubrí que el portal solo se activa cuando siente presencia inhumana pura, y yo aun no terminaba de desechar mi lado humano—dijo y los señalo—. ¡Hasta que ustedes aparecieron y me ayudaron a acelerar las cosas!
El agua del mar se descontrolo al siguiente palpitar. Esta vez las ranas de agua salieron disparadas y cayeron sobre algunos animales, plantas y humanos, que al instante fueron derribados por la invasión del líquido y someterlos en agonía. Los que no se mojaron, vieron el show con horror y salieron corriendo al desierto.
—¡Únanse a mí, hermanos! —les grito el sujeto desde arriba— ¡No se resistan! ¡Vallamos juntos a… —ni bien termino de gritar cuando Hor lo pateo hasta lanzarlo unos metros—! ¿Cómo te atreves? ¡Maldito mocoso! —reclamo parándose.
—¡Idiota! Antes no les hice nada porque eran humanos, pero como ya no lo son—declara Hor tronándose las muñecas con fastidio y revelando sus verdaderos ojos—. Nos acabas de facilitar las cosas—dijo y se dirigió a Hat—. Yo me encargo de él, tu cierra el portal antes que ocurra la auto creación.
Hat asintió y corrió al crónlech volviendo a su forma semi vacuna. El sujeto la contemplo maravillado y antes que reflexionara sobre que estaban por arruinar sus planes, Hor le lanzo un golpe que lo hizo temblar. Se limpio su mano con asco por la mucosidad y alejo con urgencia del humanoide.
Otro latido y una oleada de serpientes acuosas se arrastró por la arena y volvió como olas de mar. El sujeto se sobo y vio como Hat estaba revisando los escritos para usar el crónlech. Los dejos de lado y comenzó a configurarlo. El sujeto grito y intento correr a donde ella, pero Hor le dio otra patada, que esta vez si detuvo a tiempo el humanoide y lanzo a Hor del otro lado de la duna.
Se estrelló a media duna y rodo sin poder detenerse cuesta abajo. Se detuvo cerca del agua. Otro latido. Las serpientes y ranas se agruparon en el centro como su fueran una ola chocando. Hor se sacudió de golpe cuando sintió una serpiente acuosa rozar sus manos y se arrastró con temor. En el campamento, los árboles estaban empezando a trasmutar y los cabellos a deformarse, ambos con leves indicios de adquirir características de una rana o una serpiente. Los humanos en cambio balbuceaban en el suelo escupiendo sus líquidos corporales para dejarle lugar al del agua primordial.
El sujeto seguía arriba en la punta de la duna, y le dio una sonrisa antes de perderse rumbo a detener a Hat. Hor grito de frustración.
“Sangre de Atum” escucho unas voces andróginas llamarlo con desesperación y agonía. Miro a todos lados y no vio nadie.
“¡Sangre de Atum! ¡¿Qué has hecho?!” entendió que solo él podía escuchar las voces venir del agua.
“¡Nos has abierto paso! ¡No podemos contenernos! ¡El nuevo creador! ¡El nuevo creador esta por nacer!”
—Nun—respondió Hor al agua inclinando su rostro en tierra—. Mar primordial y de la creación, miembro de la Ogdoada.
“¡El creador esta por nacer!” bramo el agua “¡Estamos por desbordarnos! ¡El creador esta por nacer!”
—No fue mi culpa—se defendió alzando la cabeza—. Nosotros estamos intentando cerrar el portal—dijo con prisa.
“¡Hazlo rapido, Sangre de Atum! ¡El creador esta por nacer! ¡Nos vamos a desbordar!”
—¿Y que hacemos con los humanos que se contaminaron con tus aguas?
“¡Elimínelos!” respondieron tajantes “¡Están contaminados por mis aguas y restos de demonios que habitan en mis abismos! ¡Apúrate, Sangre de Atum! ¡El creador esta por nacer!”
Escucho los gritos de Hat insultaba al sujeto tachándolo de asqueroso y horrendo. Hor se apresuró a subir con los gritos del Nun presionándolo. Otro latido y las aguas volvieron vociferar.
Encontró al humanoide evolucionando a una serpiente enorme, que aprisionaba a Hat contra su cuerpo. Hor se paralizo al verlo. El recuerdo de los Ajebyu y el efecto de sus picaduras estremeció al pequeño necher. Lo ardiente de su veneno inundo sus recuerdos con la sensación de romperse sus huesos y la irritación de su piel.
Hat le grito a Hor que rompiera una de las rocas del centro. Hor no escucho. Estaba inerte ante esa serpiente que antes se hacia llamar humano, y que ahora, era tan horrendo como un demonio. La serpiente enfoco en Hor y ataco con su cola. La chica le grito que reaccionara, y al ver que no lo hacía, invoco un sicomoro que se interpuso al ataque de la serpiente. Hizo crecer muchos mas dentro del crónlech y sus raíces y troncos desacomodaron la posición de las rocas.
La serpiente la intento apretar, pero ella no se inmuto y ordeno a los arboles envolverlo con sus ramas. Intento escapar deslizándose por huecos y se atoro o choco por troncos y ramas que se le atravesaban. Se safo ella misma del agarre del reptil y una vez libre, guio los arboles en un mismo punto para aprisionar a la serpiente sin posibilidad de salir y terminar de romper las rocas del crónlech.
Debido al daño en el crónlech, unos reflejos de luz similares a cuando lo encendieron, aparecieron. Y al culminar, el agua del oasis recobro su transparencia incolora original a media guerra entre serpientes y sapos acuosos, que se deformaron en el aire.
—¡Hor! —lo llamo una vez a su lado, sacudiéndolo con preocupación— ¿Qué te paso?
Hor reaccionó al fin y ella lo abrazo.
—¿Qué paso? —pregunto confundido volviendo en sí.
—Estuvimos así de cerca—dijo ella con una seña de dedos—. Por poco y presenciamos el surgimiento de un creador.
***
En las alturas celestiales de Kush, Meruel se mantenía al margen de lo ocurrido con Hor y Hat.
El accidente ocurrido con el portal lo tenia previsto a resolver, pero con la presencia del ellos en el momento justo, se ahorro las molestias de avisarle a Apedemak que debía eliminarlos. En parte, porque no quería que el supiera que Hat estaba con Hor. Y, por otro lado, que ese puente ilegal era un secreto entre el y Dedun.
Dedun lo creo hace relativamente poco, desde que Meruel se volvió seguro para callar sus fechorías. Y lo usaba para darle paso a las creaturas que sus padres negaban en su mundo y darles salida pro ese mismo medio. Meruel tenía planeado enviar sus aves para inducir a los humanos dañar el crónlech y tener una cuartada ante Dedun, cosa que Hor y Hat acababan de resolverle sin saber.
—Siempre tienes que resolver mis problemas ¿Eh? Hor—dijo viendo a Hor examinando con Hat los seres infectados—. Maldito necher—sonrió de lado.
Después presto atención a unos kilómetros al noroeste de ellos, a una figura imponente que viajaba con ferocidad. Un ser que ni su misma raza querían topar o meterse con él. Su destino era un oasis escondido en el que rescindían dos hermanos leones y su huésped gatuna.
—Sabia que tarde o temprano irías a buscarla, Mak—declaro con una mezcla de disgusto y rencor.
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