Se puso a registrar sus observaciones respecto a su última creación. Se acordó luego de escuchar susurros del frasco de agua del mar primordial hablarle sobre cómo se sentía. Además, buscaba una excusa para no salir de su taller y ver el drama que esos dos debían estar armando.
“¡Sangre de Path y Ra!” le llamaba el agua agitando el recipiente “¡No me liberas, mis entrañas están partiéndose!”
Nefertum les hizo caso y cambió de lugar el contenedor para que no se cayera. Esa agua la trajo consigo de Kemet el día que salió de casa de su padre, ya que en ella se bañaban en estas aguas. Antes no se le ocurrió usar como ingrediente hasta ayer, pues la reservaba para baños relajantes cuando An le prestaba su bañera.
"Usar agua del mar primigenio (Nun, como le llamamos en Kemet) como reactivo de maduración para ciertas platas narcóticas, puede ocasionar anestesia temporal en ciertas partes del cuerpo—escribía Nefertum en su pergamino, junto a la formulación que uso—. Otra posibilidad, es que la anestesia haya sido parcial al inicio y perdió efecto con el tiempo. Esto refuerza la intensidad de sus componentes y como pueden ser capaces de afectar a nuestra especie. Ahora, si bien los Soberanos somos de los pocos que manipulan y consumen este líquido debido a que tenemos una conexión genética con esta, eso no quita que puede volverse en nuestra contra de la misma forma que las armas hechas por huesos de nuestros cuerpos—se detuvo a pensar y concluyo—. Confirmo la enseñanza de mi maestro: estamos diseñados para que solo nos podamos frenar entre nosotros”.
Dejo la pluma de lado y se recargo sobre la silla con la cabeza hacia atrás. Necesitaba algo mas para distraerse. Aun tenia que regar la medicina a las plantas del oasis, pero dejo el brebaje arriba con Miu y Maahes debía seguir en el jardín destazando el animal. Eso o persiguiendo con su puñal a Miu. Por esa ocasión, se arrepintió de no quedarse con An en aquel lugar.
Miu se acercó a la puerta y toco para avisarle que ya estaba la cena, el respondió sin ganas. Hiva a decirle que cenaran por delante, pero se vería muy grosero de su parte cuando ella se molesto en atenderlo. Espero a que ella se adelantar con la escuso de que ordenaría sus cosas.
Cuando salió, le pareció peculiar oler que Maahes estuviera dentro la casa de forma inerte junto a Miu, sin rastro de alteración. Entro a su casa y confirmo que la situación era anormal. Maahes estaba sentado en la mesa servida, con los brazos cruzados de mala gana. Apenas llego, este evito su mirada. Miu terminaba de colocar los platos de buen humor, le dedico una sonrisa a Nefertum.
—Creo que respire algún perfume defectuoso—teorizo Nefertum perplejo—, porque no me explico que tu—señalo a su hermano—estes a menos de un metro de ella sin írtele encima ¿tienes un arma escondida o algo así? —Maahes lo miro molesto y abrió sus brazos para demostrar que estaba desarmado. Nefertum se dirigió a Miu— ¿Qué le hiciste?
Miu meneo la cabeza evadiendo constatarle. Maahes la veía con la misma molestia de siempre, ya parecía que era su forma de trasmitir que así se llevaban. Nefertum intento descifrar lo que pasaba.
—¿Vas a servir la cena o no? —apresuro Maahes a Miu.
—Nefer aún no se sienta—respondió ella.
—Primero quiero comprobar que no me intoxiqué—insistió Nefertum.
Los otros dos se vieron entre ellos y luego a él.
—Estamos en tregua—confesaron ambos, el con rencor y ella con diversión.
Nefertum jalo la silla para sentarse lentamente sin perderlos de vista mientras ella servía la cena. A cada uno le dio su plato decorado con las rebanadas de panes tostados acomodadas del centro hacia afuera como rallos de luz bañados en la roja salsa del guisado. Su tía Mehyt decorada igual, y en otras ocasiones, sus demás tías que eran Ojos Solares también.
—Buen provecho, chicos—dijo ella y se sentó.
Los dos miraron el plato, esperando quien de los dos tomaría la iniciativa. El guisado olía igual de bien que el que preparo ayer. Ella los veía con las manos recargadas cobre sus codos.
—No intento envenenarlos chicos—bromeo ella.
—¿Me juran que no estoy intoxicado? —insistió Nefertum.
—¡Que no, Nefer! —respondió Maahes con un golpe en la mesa—. ¡Aquí el único intoxicado soy yo por tus apestosos inventos!
El mayor parpadeo y se rindió. Tomo la cuchara y antes que tocara la comida, Miu lo detuvo.
—¡Esperen! —interrumpió ella.
—¡¿Y ahora qué?! —reclamo Maahes con poca paciencia.
—Debemos agradecer por los alimentos.
—¡¿A quién?!
Lo vio con una sonrisa ingenua.
—A los dioses—sugirió ella conteniendo sus ganas de reír para aparentar hablar con seriedad.
Nefertum soltó una risa seca por el chiste y a Maahes le temblaban las manos con ganas de romper su tregua. Así comprobó Nefertum que no estaba intoxicado, y que esos dos se estaban esforzando por dejarlo cenar en paz. An no le creería lo que estaba viviendo, le volvería a decir que estaba mal de la cabeza.
Maahes se atrevió a dar el primer bocado luego de muchas escusas sobre probar la comida de Miu. Se detuvo al percibir la mirada expectante de los otros. Nefertum dio una vista rápida a los utensilios cercanos para verificar que no hubiera algo que pudiera usar su hermano como arma improvisada. Al menos que una cuchara le sirviera de ayuda, que conociéndolo era muy probable.
Miu se adelantó seguido de Nefertum. Al fin Maahes probo la comida y dejo caer la cuchara en el aire con la mirada perdida en el guisado.
—¿No te gusto? —le pregunto Miu.
Se paro sin dar explicaciones y salió de la casa. Su hermano estuvo a punto de seguirlo de no ser porque Miu lo detuvo. Su aroma era de irritación, con una muy leve nota de satisfacción.
—No otra vez—alego Maahes entre dientes fastidiado.
—Protocolo ¿percepción de gustos?
—El mismo—respondió resignado volviéndose a acostar sin cuidado. Nefertum apunto.
—¿Efecto relajante en tus actividades?
—Ninguna—Nefertum volvió a apuntar.
—¿Cómo enumerarías tu tolerancia social, además de mí?
—Cero.
Emitió un leve aroma de satisfacción luego de probar la comida de Miu. Y no era para menos, sabia idéntica a la que preparaba su tía Mehyt cuando eran niños porque era el platillo favorito de ellos, en especial de Maahes. Acabando su cena, Nefertum se fue a su cuarto a revisar la flor que le enseño a An. El pie de los pétalos tenía un leve color vivo.
Hipótesis confirmada: Miu tenía algo que afectaba positivamente a Maahes…y quizás ella podría curar su problema.
Cuando salió, Miu se había ido a bañar. Como solo vivía el con Maahes, se bañaban afuera sin vergüenza de verse o que algún tonto los viera por arrimarse a su oasis. Que, si alguien merodeara, Maahes lo despedazaría o Nefertum drogaría. En una esquina de la casa, ella había levantado una tienda improvisada para ducharse fuera de su vista. Sonaría descarado, pero Nefertum podía jurar que, con la personalidad tan descuidada de ella, por no mencionar los incidentes pasados, ella era capaz de bañarse sin filtro ante ellos. Quizás ya había reflexionado sobre la incomodidad que le generaba a el su poco pudor.
Maahes estaba cuidando la carne que dejo ahumando. Nefertum no había prestado atención antes, pero mientras el estaba encerrado en su taller, Miu se había tomado la molestia de regar la medicina a las plantas. Ahora, las notaba mas estables y en proceso lento de restauración.
Se acerco a su hermano con cautela y este levanto su puñal para que estuviera avisado de estar armado nuevamente.
—¿Podemos hablar? —pregunto el mayor—. De todas formas, dormiremos en el mismo cuarto. Es ahora o después.
—Ya se que me quieres preguntar—advirtió el otro tajante—. No quiero que me sometas a otro protocolo de preguntas, ni que me insistas en hablar de lo que no quiero recordar.
—Al menos sabes lo que quieres esta vez—señalo con cierto optimismo. Maahes no se lo tomo así. Dio la vuelta a la higuera para alejarse de él—. Perdón ¿dije algo malo?
Maahes cruzo miradas con él a través del humo de la higuera. Por las noche se quitaba el fleco para ver en la oscuridad. Gracias a eso, sus ojos eran claramente visibles, como dos llamas atravesando la oscuridad de la noche. Nunca entendió porque a muchos les aterraban sus ojos. Lo más aterrador que Maahes podía ser, al criterio de Nefertum, era cuando se movía para matar. Podría ser que se deba a lo raro que era ese color de ojos en Kemet. Siendo conocidos solo dos de ese tipo hasta la fecha, uno era su hermano y otro un Sangre de Atum. Una vez se preguntaron si su madre también poseía los mismos ojos.
—¿Por qué no podemos tener una charla normal? —insistió Nefertum abrumado—. Antes me buscabas para contarme hasta tus ideas mas tontas y ahora me corres cuando te quiero escuchar.
—Vete a dormir—le corto el—. Ya es de noche y tu odias merodear en la oscuridad.
Nefertum se retiró molesto. Se topo a Miu recién salida del baño vestida con una bata que la cubría. La ignoro y se apodero del baño improvisado para darse el también una ducha para irse a dormir.
***
Hace trecientos mil años, cuando acababa de llegar a Kush.
Nefertum fue recibido por Apedemak sin esperárselo. El temible Soberano de Kush, cuya fama generaba temor entre su especie, no le dio explicaciones de su presencia. El sabia, por medio de su prima, que el encargado de las fronteras y pasos era Dedun. Dedun apareció a la distancia con cierta indiferencia e inseguridad, como si pensara que Nefertum sería peligroso.
Comprendió el comportamiento de los adultos cuando Apedemak lo llevo a donde su hermano menor. Fueron en medio del desierto, donde los restos de un enfrentamiento brutal se llevó a cabo. Donde yacía derrotado y en condiciones letales, rozando a la extinción, su hermano.
Apedemak lo castigo, apenas Maahes tuvo su circuncisión y sufrió su metamorfosis. El adulto no se apiado de él, mas que dejarlo al cuidado de Nefertum sin esperar que pudiera auxiliarlo.
Pese a tener milenos de conocimiento adquiridos de su padre. Nefertum aún se sentía novato e inexperto lejos de Kemet y en territorio aparentemente hostil con ellos. Fue gracias a la ayuda de An que recibieron apoyo y cierta “consideración”. Nefertum fue perfeccionando sus habilidades y teorías con cada daño sufrido en su hermano.
Al inicio de su reencuentro, pareció mas el toparse con un extraño que con un viejo ser querido. Maahes tardo en reconocer a su hermano mayor…entre otros detalles que Nefertum jamás imagino de su hermanito.
Adquirieron su oasis para mantener alejado a Maahes de la sociedad, pero este siempre buscaba la manera de irse a hibernar a otros lugares durante un siglo. Y no volver con el hasta que Apedemak lo frenara y regresara todo mal herido. Una y otra vez, Nefertum se acostumbró al ciclo de reencuentro con su hermano.
Maahes se escondía a hibernar en estado de sobredosis a algún lugar escondido por un siglo. Despertaba. Luchaba con Apedemak hasta salir mal herido. El kushita lo dejaba en el oasis para que Nefertum lidiara con él. Se recuperaba mientras se inducía drogas narcóticas…y volvía a irse a hibernar durante otro siglo.
Su hermano iba y regresaba. Lo que jamás regreso y empeoraba con cada reencuentro: era su aroma a felicidad y paz, como si nunca las hubiera tenido.
***
¿Por qué olía a sangre fresca?
Nefertum se despertó de golpe y sudando. Reconocería el dueño de ese aroma en cualquier lugar. Sus manos temblaban de solo pensar en las masacres que ocurrían en su presencia.
Busco con la mirada a Maahes y se sorprendió de verlo profundamente dormido en el piso de la esquina. Sus cabellos estaban aun húmedos por haberse bañado antes de irse a dormir. Nefertum se estremeció del gesto de su hermano, y de que luego de haber tenido riñas durante el día, se haya ido a dormir con él en lugar de volverse a ir a hibernar.
Se cuestionaba si con la presencia de Miu, Maahes volvería a irse cuando estuviera completamente perdido en sustancias como las otras veces. Ella se deshizo del araqi con el que se emborrachaba y el rechazaba oler las drogas que siempre le administraba. La duración del reciente experimento seguía en debate ¿estaba así de calmado por Miu o por el experimento con las aguas del mar primigenio?
Cualquiera que fuera la respuesta, lo cierto era que su visitante y Maahes no podían verse o comenzaría una pelea de la que él no podría librarse.
Salió de la cama intentando controlar su temblor para no desertarlo. Dio suaves pasos a la puerta y cuando la abrió para salir, un objeto grande atravesó la puerta trasera de su casa. Abrió los ojos ante la cabeza de león cortada que manchaba de sangre el piso. Volvió a mirar a Maahes y este ni se inmutó de su sueño.
En la sala estaban colgadas las carnes que Maahes había humeado en el día, junto con las vasijas donde guardo la manteca y órganos cocidos. Era un olor degustable, que lastimosamente, era opacado por el de su visitante.
Cerró la puerta detrás de él, contuvo el aire y apretó sus labios. Le daba miedo ver a para afuera y comprobar que su visitante no era efecto de un sueño o alucinación. Miu salió del otro cuarto con la misma bata que uso cuando salió del baño. Estaba por preguntarle algo sobre la cabeza del león, pero Nefertum la silencio con el dedo y le hizo una señal para que se acercara a él.
Ella obedeció caminando en puntillas como si fuera una cuerda floja. Parecía una niña que estaba curiosa por lo que sucedía, ajena al miedo que dominaba a Nefertum en ese momento. Tenerla a su lado le dio algo de seguridad. Ella le dedico una sonrisa animosa y tomo la iniciativa para investigar. El la siguió por detrás.
Pasaron cerca de la cabeza y miraron por la puerta destruida. Del otro lado del oasis, había un ser muy alto de compleción fornida, una melena que le llegaba hasta la cadera y cola de león. Vestía shenty de piel de leon y un cinturón de cabezas humanas atadas por sus cabellos. Dos destellos escarlatas evidenciaban su peligrosidad a través de su mirada. Y portaba un arco atravesado en su espalda.
—¡Es Mak! —exclamo Miu aliviada.
Pero Nefertum no estaba aliviado. Estaba aterrado en su lugar y con dificultad para respirar evitando sentir el aroma sangriento de ese Soberano. Venia de una matanza, olía sus restos de carne desde esa distancia, y eso era poco comparado con el propio olor imponente y feroz del mismo Sanguinario.
Apedemak hizo una seña de que salieran de la casa.
—Tranquilo, yo voy—dijo Miu sin miedo y salió de la casa a donde Apedemak la esperaba sentado, junto a los restos de fogata donde Maahes humeo la carne.
Era una Ojo Solar, o algún tipo de Ojo Solar, el kushita no la lastimaría. Nefertum debía sentirse tranquilo de tenerla con ellos. Miu llego hasta Apedemak y este se levanto para saludarla con reverencia. Mientras hacia eso, un rostro escondido a lado de su cabeza vigilaba la casa. No podía escuchar de lo que hablaban. Miu parecía hablarle tan normal como hablaba con ellos.
Si ya se veía muy pequeña a lado de los hermanos, a lado de Apedemask era insignificante. Una gatita tierna a lado del aterrador león. El Soberano de Kush saco una caja de entre sus ropas y se la entrego. Ella parecía estar entre confundida y conmovida al momento de recibirla.
Y cuando creyó que las cosas pasarían rapido. La puerta de su cuarto se abrió de golpe. Salió Maahes claramente enfurecido y cargado con sus puñales a la mano. Sus ojos encendidos como brazas y sus colmillos felinos rechinando de rabia.
—¡¡MAK!! —rugió saliendo disparado.
Nefertum trato de interponerse a la locura de su hermano y este lo quito como si nada, mandándolo contra el extremo de la casa. Estaba por salir cuando unas manos fornidas entraron por la puerta y lo sacaron de un jalón. Apedemak estrello a Maahes contra el suelo tan fuerte que hizo temblar. Maahes intento defenderse con las piernas y el mayor lo piso con su pie.
Lo tenía inmovilizado. El kushita superaba al joven necher tanto en experiencia como fuerza y tamaño. Una vez atrapado, su única salida era usar Heka. Algo que detestaba emplear cuando se enfrentaba al veterano. Maahes rugió con su mirada fulminante. Esa que en Kemet muchos temían de solo tenerla presente. Apedemak se la regreso con el mismo rugido de superioridad que demandaba su victoria.
Nefertum veía todo detrás del marco de la puerta. Estaba entre molesto y asustado con el pronóstico de su hermano. Acababa de recuperarse de su último enfrentamiento y nuevamente estaban retándose.
El kushita, revela sus rostros ocultos a los lados de su cabeza, dos caras que vigilaban sus costados. Extendió, además, dos brazos ocultos detrás de él. En una portaba una daga. Maahes se tensó en cuento lo vio y sus venas se macaron de la fuerza gastada por intentar librarse. Apedemak sujeto la melena del joven necher contra los rugidos protestantes de este, y le paso un corte de pocas pulgadas. Maahes rugió como si lo hubieran apuñalado y Apedemak le tiro los mechones en la cara. Nefertum ni se atrevió a ver cuando lo corto.
Apedemak lo vio con fastidio y quito su pie para alzarlo en el aire. Lo tomo de las piernas antes que el chico reaccionara. Estaba dispuesto a romperle sus extremidades como otras veces. Comenzó a retorcérselas.
—No seas tan duro con escarlata—pidió Miu robando la atención de ambos—. Por favor.
—¡Tu cállate, maldita gata! —amenazo Maahes entre colmillos— ¡No te metas en mis luchas!
Pero Apedemak los vio de reojo y solo disloco leve un brazo y una pierna de Maahes, para mandarlo a volar al estanque y que se las ingeniería para salir.
—Gracias—le dijo Miu contenta.
Nefertum casi se infarta cuando el gran kushita entra a su casa agachándose por la puerta. Y como un torbellino, fue devorando a gran velocidad las carnes y órganos que tenían guardados, dejando meros huesos limpios tirados en el suelo. Acabo y se fue por la otra puerta.
Para cuando Maahes pudo salir del agua, mientras sus extremidades regresaban a sus posiciones, Apedemak ya estaba lejos de su radar. Nefertum salió lentamente al patio, aun temblis por la visita del Sanguinario. Ambos hermanos vieron a Miu.
—¡¿Qué hacia ese estúpido nehesu aquí?! —le reclamo Maahes— ¡¿Cuentas veces debo decirte que no te metas en mis asuntos?!
—Solo vino a verme—respondió ella—. Él no te atacaría si tu no buscaras pleito solo de verlo.
— ¿Qué te dio? —pregunto ahora Nefertum señalando la caja que cargaba.
—Te dio algo ¡¿y tú lo acetaste?! —señalo Maahes dando pasos a ella para quitarle la caja.
—Mio—abrazo la caja y se fue corriendo detrás de Nefertum.
—Otra vez, no. Por favor—les rogo Nefertum apartándose para no repetir esa dinámica.
—Nefer, dile que es mi regalo.
—¡Nefer! —le llamo su hermano— ¡Quítaselo!
—¡YA BASTA! —alzo la voz Nefertum llena de coraje. Los otros quedaron serios sorprendidos por la reacción del perfumista— ¡Los dos, ya me cansaron! Tu—señalo a su hermano—. Agradece que esta vez te ignoro. Y tú—la señalo a ella—. Me temo que estoy del lado de Maahes.
— ¿Eh? —cuestionó ella—. ¿Qué pasa con ustedes, chicos? …Scarlet ¿estas celoso?
—¡Eres una tonta, estúpida gata enana! —le respuesta Maahes al borde de la desesperación jalándose los cabellos—. ¡No puedo creer tu nivel de locura!
Miu miro a Nefertum buscando una respuesta. Este apretó los labios igual de desesperado.
—Escucha, preciosa—empezó el—. No deberías aceptar el regalo de Mak, porque este casado.
Parpadeo confundida, y luego se comenzó a reír como si le contaran un chiste.
—¡Ya entendí! Creen que Mak me quiere como su amante ¿es eso? —ambos la miraron con completa seriedad. Nefertum incluso se cruzo de brazos—. ¿De donde sacan esa idea?
—Eres un Ojo Solar—soltó Maahes como si le hubiera costado decirlo antes— ¿crees que te trata “especial” solo porque eres bonita? ¡Reacción, gata loca! Estos nehesus no pueden verlas sin que les pique la entrepierna. Mak SI te quiere de amante ¡Tonta!
—No exagera, preciosa—complemento su hermano igual de severo—. El vino a cortejarte, eso hacen con todas. Y no te dejara de buscar hasta que le des lo que quiere. Y para empeorar las cosas, Mak tiene esposa e hijo ¡No te metas con el!
—¡Y regrésale su sucio regalo! —añadió Maahes señalándola.
Miu hizo una mueca y les dio la espalda. Maahes ya iba a ella, pero Nefertum lo detuvo para que vieran el regalo que saco de la caja. Eran un par de arracadas de oro. Miu se las enseño con mucha fascinación. Las contemplaba como si la tuvieran hipnotizada.
—Me dijo—menciono ella perdida en el reflejo plateado que emitían por la luna—que me pertenecían…que los había olvidado la última vez que vine a Kush.
Los hermanos se vieron entre ellos entre exasperados y confundidos.
—No recuerdo que los tuvieras el día que nos reencontramos—comento Maahes examinándolos mientras se acercaba— ¿Has venido antes?
Miu los vio con una expresión más confunda que la de ellos. Por primera vez, ella no sonreía o se contenía de hacerlo.
—Yo jamás había venido antes a Kush—confeso ella—. Esta es mi primera vez.
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