Hor no era ajeno a la compañía femenina, prácticamente, toda su vida estuvo rodeada de ella. De bebe, su madre lo dejo al cuidado de los Ojos Solares mientras ella buscaba el cadáver de su padre que había sido llevado al mundo de Fenicia. Ellas lo amantaron y escondieron de sus cazadores el tiempo que tardo su madre en volver, y ocasionalmente, se quedaba con ellas cuando su madre estaba en circunstancias peligrosas. Por eso la presencia de Hat era pasable, pero no por eso la aceptaba.
Se la tenía que ingeniar para quitársela de encima. Ella no dimensionaba el nival de peligro que rondaba cerca de Hor. Y viendo lo ocurrido con los Negoogunogumbar, sin intención de menospreciarla, pero temía que no fuera capaz de enfrentar amenazas mayores a unos espíritus malignos, como un Necher.
Hasta el momento el viaje era tranquilo. Las frutas de Hat resultaron ser muy potentes, pues seguía manteniéndose muy enérgico y estable. Sentía que podría caminar de largo sin descanso o incluso corriendo. La idea no le pareció mal y salió disparado sin darle razón a Hat. Ella le grito desconcertada y cuando Hor se detuvo a mirarla, la reto a una carrera.
—¡Estas loco! —le grito Hat corriendo detrás de él.
Durante los primeros minutos Hor pensó que no tardaría en agotarse como siempre. Pese a que Hor era más rapido que un humano promedio, siempre llegaba a cansarse a los pocos minutos de correr. Sin embargo, para su sorpresa, su cuerpo estaba aguantando de maravilla.
En cambio, Hat, ella era una digna rival. Lo alcanzo rápidamente y llevaron su competencia cabeza a cabeza. Mantuvieron el ritmo hasta alcanzar una hora. Hat le pregunto a Hor si se sentía cansado y el grito eufórico que no. Quería saber hasta donde era capaz de llegar, que tan buenas eran las frutas de Hat.
Si su madre lo viera, se alteraría de paranoia como cuando intento aprender a pelear. Soltó una risa deliberada. Jamás se había sentido tan libre y seguro de algo. Para muchos podría parecer insignificante, pero para él, que no lograba mantenerse al ritmo y resistencia de su especie, era un gran progreso o meta cumplida.
Corrieron por dos horas sin detenerse. Él no quería parar, o al menos dejar que ella lo rebasara y se llevara la victoria.
No fue hasta que, por su velocidad, se les hizo imposible detenerse de golpe cuando unas formaciones rocosas se hicieron cercanas. Cuando intentaron parar, frenaron brusco en medio del circulo de rocas y cayeron rodando casi estrellándose con la roca del fondo.
Hat fue la primera en pararse y sacudirse la arena. A su alrededor de ellos, unas treinta rocas altas y angostas estaban acomodadas en circulo, y en el centro había unas seis, era un crómlech. Busco a Hor a su lado, quien termino con la cara enterrada en la arena boca abajo. No se movía.
—¡Hor! —lo llamo alarmada y lo giro con cuidado. Para su gusto, Hor estaba riéndose divertido, luciendo como un niño normal de su edad— ¡No me asustes!
El no dejaba de reír con las manos en su estómago. Cuando se calmó, se sentó aun de buen humor. Lucia muy diferente al niño apático de antes.
—¡Hat! —le hablo feliz—. No se que me diste ¡pero gracias!
—De nada…supongo—contesto sin entender nada— ¿tienes a volverte loco de la nada?
Hor se sentó de espaldas recargado en sus brazos mirando el cielo mientras recuperaba la respiración. Sonrió.
—Esta bien estar loco de vez en cuando ¿no crees?
Ella soltó un suspiro y se sentó a su lado con las piernas dobladas.
—Hay un limite para la locura—dijo ella con suavidad—. Pero supongo que tu no sueles dejarte llevar seguido.
—Es complicado—confeso melancólico y luego se exalto—. ¿Viste que yo caí más lejos que tú? ¡Significa que gane!
—Felicidades—continuo ella dedicándole una sonrisa acompañada de aplausos—. Esa fue una competencia reñida.
—¡¿Qué hacen aquí ustedes dos?! —los sorprendió la voz de un hombre detrás de ellos. Era un humano kushita vestido de toga blanca con cinturón de cuero y faldin de piel de leopardo. Tenía rastras y una clara muestra de sorpresa y duda en su rostro. Agradecían estar usando su disfraz, porque de lo contario la situación hubiera sido más dramática— ¿Cómo llegaron hasta este lugar?
Se miraron entre ellos buscando una excusa.
—¿Quiénes son ustedes? —exigió nuevamente el señor sin intención de acercárseles.
—Somos viajeros perdidos—dijo Hor parándose con las manos en alto como señal de no ser un peligro y que estaba desarmado.
—¿Viajeros? ¿de dónde?
—Venimos de la ciudad de Nuri camino a…a—intento justificar Hat desde el suelo, pero delato su poco conocimiento sobre la geografía de ese mundo.
—Íbamos rumbo a la capital cuando nuestra caravana sufrió un ataque y solo nosotros logramos escapar—complemento Hor al instante.
El anciano los vio con recelo y dio un paso atrás.
—¿Y porque se desviaron de la ruta? —cuestiono—. Meroe esta al sureste, y este lugar esta al este.
—No sabemos orientarnos—mintió Hor.
—¿Y que los ataco?
—Fueron unos monstruos—confeso ella alzándose de un brinco.
Hor se crispo por la ingenuidad de ella. No debía revelar esas cosas a los humanos, era una regla de cajón. Todos los seres inhumanos sabían eso.
—¡¿Monstruos?! —exclamo el humano— ¿ustedes estuvieron cerca de seres inhumanos?
La pregunta fue un shok para ambos. El señor los examino de arriba abajo, sin negar que ellos vestían ropas dañadas y con rastros de haber sobrevivido a algo. Miro a todos lados y saco un cántaro con agua que les ofreció.
—Beban esto—se las dio habiendo perdido el miedo de acercárseles—. Deben estar deshidratados…aunque no lo parecen.
—Es que logramos salvar algunos suministros al huir, pero se nos terminaron poco antes de llegar—mintió ella y tomo el cántaro.
Diu un sorbo con una mueca y se lo paso a Hor dándole la espalda al señor para que no viera el gesto de cuidado que le dio sobre el líquido. Hor entendió y siguió el juego de tomárselo. Le sabia a agua salada. Por lo que también manifestó una mueca.
—Muchas gracias—dijeron ambos y el señor asintió.
—Vengan—les ordeno—. Tenemos ropa y comida suficiente para ustedes.
—¿Quiénes? —pregunto Hor curioso.
—Mi campamento esta del otro lado de la duna, a los demás les agradara verlos.
El señor no se movió hasta que ellos mostraran señales de obedecer. Hor pensó que sería buen momento para noquear al tipo y seguir con el viaje. Ese humano no le daba buena pinta. Hat lo tomo suavemente de la muñeca y jalarlo leve para que siguieran. Algo en sus ojos le decía que confiara en ella.
Siguieron al humano hasta cruzar la gran duna de arena que estaba delante, y tal como dijo, en la parte baja estaban las tiendas de campaña de varios humanos vestidos casi igual que él. Y no solo eso, estaban alrededor de un oasis. Bajaron y al instante posaron sus ojos sobre ellos. Algunos estaban dentro de sus tiendas revisando pergaminos, otros se ocupaban de las labores alimenticias como despedazar gallinas o picar frutas, y otros cuidaban a los camellos. Eran todos adultos, con miradas curiosas.
Algo les daba la impresión de que no eran comerciantes, ni sacerdotes en un viaje peregrino. Los humanos solían cargar con estatuas de sus dioses y dedicarles un pequeño altar en cada campamento que hacían junto a un sacrificio. Nada de eso existía aquí, ni restos de un sacrificio u holocausto.
El humano los llevo hasta la tienda mayor. Adentro estaba un sujeto que además de la demás vestimenta, portaba un cinturón adornado con colmillos de león y un collar con dije de cráneo de halcón. Estaba calco y tenia una cicatriz cruzando su mejilla. En su mesa había todo tipo de figuras diferentes a los ídolos kushitas.
Alzo su mirada cuando entraron a su tienda y parpadeo. Dejo lo que hacia con los apuntes a un pergamino y su expresión se torno amistosa. Afuera de la tienda, algunos humanos se asomaban expectantes.
—¿Quiénes son nuestras visitas? —pregunto acercándose—. No teníamos visitas desde el año pasado ¿Qué los trajo hasta aquí jovencitos?
—Los encontré en el circulo de rocas—anuncio el señor que los trajo—. Son sobrevivientes al ataque de inhumanos.
Los humanos de afuera murmuraron atónicos ante la revelación. El humano calvo que parecía ser su líder, clavo su mirada en ellos con interés. En especial en Hat, que no era secreto que resaltaba su presencia.
—¿Vieron seres inhumanos? —pregunto el líder admirado y sonrió emocionado. Se volvió a los suyos antes de esperar una respuesta de sus invitados—. ¿Escucharon eso? ¡Tenemos testigos de la verdad!
Los humanos gritaron en afirmación llenos de satisfacción. Hor y Hat no se pudieron sentir mas incomodos y fuera de si como en ese momento. Hor le lanzo una mirada criminaría a Hat, a lo que ella respondió a un “lo siento” con culpa.
—¡Tráiganles ropas y algo de comer! —indico el líder—. Hay que darles la bienvenida como se debe a nuestros invitados.
***
Les trajeron ropas nuevas, con una disculpa de que no tenían nada para mujer ni de la talla de un adolescente. Agradecieron de todas formas y los dejaron solos en una tienda para que se cambiaran. Apenas los dejaron solos y bajaron las cortinas, Hor examino los bordes con sigilo mientras Hat se iba detrás de una cortina interna para cambiarse.
—¿Qué haces? —le cuestiono saliendo con la ropa quedándole floja, pero agradecida de que la menos le tapara hasta abajo las rodillas como se debiera de una chica.
—Asegurar el perímetro—respondió y la miro molesto acercándose a ella— ¿tienes idea de donde nos metiste? —reclamo en voz baja por precaución.
—En un lugar donde conseguimos ropa nueva—dijo ofreciéndole la ropa mas chica para él.
—Son ocultistas, Hat. Ocultistas.
—¿Hablas de esos humanos paranoicos que se dedican a cazar evidencias sobre los misterios del universo y que nadie escucha porque los toman de locos? …si.
Hor se dio en la cara con una mano.
—¡¿Qué pasa contigo?! —reclamo Hor—. Te recuerdo que no somos “normales” y estos locos no dudaran en saberlo. Debimos irnos cuando pudimos.
Hat suspiro y meneo la cabeza.
—¿Reconociste el crónlech? —señalo ella.
—¿Crónlech? ¿te refieres al círculo de rocas grandes?
—No sabes que es ¿verdad? Escucha, ese circulo de rocas se llama crónlech, es un observatorio estelar creado por alguna criatura que estudia el cosmos.
Hor abrió los ojos de asombro.
—No sabía eso—confeso—. ¿Los has visto antes?
—Estudie magia cosmológica, de donde vengo no hay, pero sé que en otros mundos los han construido—explico seria—. No son instalaciones en las que los humanos deban merodear. En manos de alguien que sepa usarlos, puede funcionar como comunicadores dimensionales. Y a simple vista pude ver que siguen en funcionamiento. El ser que las creo debe estar en comunicación con seres de otros mundos cada cierto tiempo.
—Creo…que estoy entendiendo tu punto—dijo avergonzado Hor tras lo revelado.
El también sabia sobre cosmología por herencia de su abuela a través de su madre y tía, pero nunca le mencionaron sobre los crónlech y en Kemet jamás vio algo así. Ni tampoco sabía que otras especies habían desarrollado métodos para estar comunicados con los de otra dimensión, sonaba como algo ilegal. Los Soberanos si podían gracias a sus heraldos, pero en su caso era para estar al tanto con el orden de sus mundos. La ogdoada supiera que cosas hablaron las especies inferiores entre ellas.
—¿Sabes porque los Negoogunogumbar se iban esta mañana con prisa? —interrumpió sus pensamientos ella. el negó—. Esta noche se pronosticaba la auto-creación de un nuevo creador, cuando eso pasa los puentes dimensionales se bloquean por alteraciones en el mar primigenio y no se desbloquean hasta que el creador este estable. Eso también afecta la señal de comunicación, y si alguien intenta activarla durante el evento…—ella no pudo terminar de solo pensar en las consecuencias.
—Debemos impedir que estos locos cometan una estupidez y que abandonen este lugar—afirmo Hor ahora preocupado.
***
Para la cena, ambos acordaron fingir que eran ignorantes de muchas cosas. Se sentaron alrededor de una fogata en la que asaban los pollos que pelaron en el día. Una vez listos, repartieron partes de este a cada miembro acompañado de un vaso de araqi. Hablaban entre ellos sobre sus ideas y teorías comspiranoicas acompañados de quejas sobre las necesidades que tenían por habitar en medio del desierto.
Hat se mostró horrorizada en cuanto le dieron el plato con carne.
—¿Algún problema, lindura? —pregunto con una coquetería disfrazada de cortesía el que repartía la comida. Hor se le quedo viendo con disgusto.
—No es nada…bueno, si ¿no tienen alguna verdura o fruta? —admitió apenada—. Soy vegana.
El humano la miro extraña al inicio, pero asintió y fue a buscarle lo que pidió.
—Debemos tener cuidado de lo que nos den—advirtió Hor en un susurro—, no sabemos que tanto conocimiento tengan o si posean alguna reliquia peligrosa.
—Lo mas peligroso que poseen es el monolito—revelo Hat al mismo volumen que él.
—¿Cómo sabes?
—Por sus pensamientos—revelo como si nada. Hor le miro atónico.
—¿Leíste sus mentes? —ella asintió sin prejuicio, o al menos sin saber lo que hizo.
—¿Qué hice ahora? —pregunto ante el claro reproche de Hor.
—Esta prohibido infringir en las posesiones humanos de los Soberanos sin su permiso. Por eso me e abstenido de eliminar a estos tipos o leer sus mentes. Eso sería sacrilegio.
Hat quedo perpleja.
—¿Pensabas eliminar a estos humanos?
—Son rezagados de la sociedad, nadie los extrañara. Y no me cambies el tema, tu eres muy descuidada, hasta parece que nunca habías estado en territorio humano—ella sonrió nerviosa—. Lo supuse ¿Y cómo fue que te secuestraron los ogros?
—No me secuestraron—negó ella, pero Hor alzo la ceja—. Ok. Yo me deje secuestrar—confeso y miro la fogata. Era pequeña a comparación de la los ogros de la noche anterior—. Esta es mi primera vez vagando sola y en el extranjero. Nadie me explico nada cuando cruce a este mundo, solo que debía esconder mi identidad igual que todos junto con mis poderes. Me desespere al no saber cómo identificar a los inhumanos y recurrir a leer la mente de todos a mi alrededor para diferenciarlos. Tu sabes, los humanos tienen una mente tan frágil como una pluma y los inhumanos son más rígidos. Ayer, cuando los humanos hicieron su fiesta en la ciudad…vi a las doncellas bailar y aproveché la oportunidad para sentirme segura sin que me señalaran. Pensé que me perdería entre las demás, pero me deje llevar tanto que me hice notar, casi como me descubriste hoy—dijo con una sonrisa consoladora—. Entre la multitud estaban los ogros disfrazados de humanos con los niños que se robaron. Escuche los clamores internos de ellos y a la primera oportunidad que me les atravesé, deje que ese anciano me llevara para descubrir a donde se los llevaban… ¡y luego te conocí a ti! —dijo eso ultimo dándole una sonrisa alegre.
Si antes se sintió mal por juzgarla, ahora se sentía grosero. No se atrevía a confesarle que la había visto antes en esa misma fiesta, y que el y su primo también estuvieron entre el público que la admiraba. Hat tenía algo que les recordaba a sus nanas. Su calidez, su presencia, su cuidado y su encanto. ¿Quién era ella realmente y de donde venia? Tal vez…
—¡Atención todo el mundo! —llamo la atención el líder con sus palmas. Todos le prestaron atención sin titubear—. Antes que nada, quiero darles la bienvenida a nuestros invitados—los señalo con honor y los humanos giraron a ellos con algo de ironía, que más que hacerlos sentir alagados, se sentían examinados e incomodos—. ¡No sean tímidos chicos! Terminaron con las personas correctas. Todos aquí vivimos experiencias como las suya.
Camino alrededor del fuego con aire teatral ordenando que le trajeran una caja con las figuras que tenia en su tienda. Las pusieron delante de ellos y el líder las saco con sumo orgullo. Eran figuras de piedra talladas con suma maestría y pasión. Tenían una figura femenina hermosa, que, si bien no eran curvilíneas, su atractivo estaba en su imagen que denotaba una fémina poderosa y con aire de superioridad. Los hombres susurraban ante ellas como si fueran sus diosas, pero Hor abrió los ojos como platos al reconocer quienes eran en realidad ellas.
—Contemplen—anuncio el líder con orgullo y devoción, sosteniendo una con cuidado—. Yo forje estas figuras luego de tener un encuentro con estas bellezas fuera de este mundo—giro la figura para que vieran la marca solar en su espalda baja, una tenia un simple circulo y la otra decorados de escorpión—. Cuando era un joven sacerdote, antes de abandonar mis creencias y que mi familia me señalara de hereje, una noche…las vi—comenzó a relatar como si contara un sueño—. Yo era un simple chico de tu edad, huyendo de un demonio que me asechaba entre las sombras, hasta que ellas aparecieron como si las hubiera invocado con mis oraciones.
<<No se parecían a las imágenes de la Kandake o de los demás dioses. Lucían como nosotros, pero tenían algo que las hacia ajenas a todo lo que conocía. Eliminaron al demonio con tanta maestría, si hubiera sido ese demonio estoy seguro que me mostraría igual de aterrado que él, pero desde mi perspectiva como rescatado, ellas lucían esplendidas como el sol en medio del cosmos. Se fueron dándome una señal de que guardara silencio como si fuera nuestro secreto.
<<Y pude ver esta marca en sus espaldas, que me recordó a las leyendas sobre las diosas misteriosas que cuando aparecían, los dioses se postraban ante ellas. Se les llama, Las Diosas lejanas.
O como Hor las conocía, sus nanas. Eran Serket y Merseguer. Ahora resultaba que estas en algún punto se dejaron ver ante los humanos sin cuidado de ser descubiertas. Se contuvo de manifestar o delatarse. Pero es que para lo que ellos eran Las Diosas Lejanas, en Kemet eran las Ojos Solares.
***
—Hor ¡Mírame! ¡Mírame! —le rogo Tasenet a Hor con emoción—. Soy una escorpión.
Su hermanita tenia su cabello hecho trenzas pequeñas. Al parecer, Serket la había peinado al estilo de los escorpiones, con el pelo recogido en trenzas que simulaban colas de escorpión. Ese día, su madre acaba de irse con su tía a la cuarta catarata para cumplir el peregrinaje que la Kandake les impuso. Por eso quedaron al cuidado de sus nanas y Anhur.
—¡Aww! —exclamaba encantada Serket aun con peine en la mano— ¡Te ves mejor de lo que esperaba! ¡Ven aquí muñequita! —la abrazo con ternura—. Si te vuelves una escorpión como yo cuando crezcas, te enseñare todo lo que se. Te convertiré en mi mejor aprendiz.
Merseguer, que estaba haciendo una pequeña escultura de barro, se detuvo al escuchar las palabras de Serket. Y sin decir nada, le lanzó una mirada que trasmitía su molestia ante tal declaración de su maestra.
—Después de ti, querida—le detuvo Serket.
—¿Quién se quiere convertir en escorpión? —entro en ese momento Anhur un tanto alarmado como si hubiera escuchado un cuerno de guerra. Hor le señalo a su hermanita— ¡¿Quieres matar a tu hermano?!
Tasenet y Hor no entendieron lo que quiso decir. Y cuando Anhur estaba por explicarlo, Serket se paro indignada con las manos en la cadera. Por culpa de su disfraz kushita, ella mantenía una altura inferior a Anhur, seguía siendo alta pero solo lo máximo normal para una humana. Serket parecía una mujer de pasados treinta años, mientras Merseguer que apenas los cumplió.
—No te atrevas a tacharme de peligrosa, león masoquista—amenazo ella y el entrecerró los ojos—. Exacto.
—¿A dónde tan arreglada? —cambio el tema notando que ella se había estado alistando para tener algo mas que una salida casual—. Mas te vale no ir a toparte a uno de esos Nehesus que andan tras de ustedes.
Serket rodo los ojos con molestia.
—Tranquilízate, hermanito. Se lidiar con esos tipos. Se conforman con que los escuche…o finja escucharlos. No te molestes en seguirme de lejos como hermano celoso.
—¿Crees que estaré tranquilo sabiendo que alguna de ustedes estará sola con uno de esos tipos? —protesto con autoridad—. Ninguna de las dos se irá a ver con ellos. Es una orden.
—¡Cuidado como me hablas, Anhur! —exigió ella entre dientes retándolo con la mirada—. No te dirijas a mi como tu subordinada, yo también fui líder de una división. Además ¡yo te cambie los pañales de bebe!
Seria por ignorancia o inocencia, que en ese momento Hor no presto atención a lo que estaban declarando los adultos. Ya estaba acostumbrado a las discusiones de Serket y Anhur por cualquier asunto que se les atravesara, por eso ni les prestaba atención. Anquen, si debía escoger un bando, sería el de Anhur.
Era testigo de como sus nanas, aun con su disfraz, sobresalían demasiado. ¿Y como no lo harían? ¡Eran todas unas reinas! Hasta su madre las envidiaba porque la opacaban sin proponérselo. Incluso los humanos les apodaban “Las Kandakes ilegitimas”, ya que según ellos, podían destronar a la Kandake si quisieran.
Y lejos de esa realidad no estaban. Los Soberanos de Kush seguido venían a verlas para cortejarlas. Antes venían directo a la casa, pero luego del disgusto de su madre y Anhur por sus obvias intenciones con ellas enfrente de ellos, estos las citaban a las afueras del poblado donde no los molestaran.
Ellas no iban por gusto. Solo les seguían la corriente porque los Soberanos de Kush tenían un fanatismo por las Ojos Solares y con tal de tener su atención cumplían a necesidades de ellos. Cabe mencionar, que, si no fuera por ellas, no los hubieran dejado vivir en Kush tanto tiempo sabiendo que eran prófugos de Kemet.
Anhur recurría a pelear sus disgustos con Serket porque ella le regresaba las palabras, en cambio, Merseguer…era mas muda que un muerto. De hecho, jamás la habían escuchado decir una sola palabras o sonido. Si le preguntabas el porqué, ella a su manera te daba una versión diferente del origen de su silencio.
Y mientras todos estaban distraídos con el pleito de los adultos, ella con su sigilosa habilidad de silencio, desarmo las trenzas de Tasenet sin que nadie se percatara y mucho menos la niña se diera cuanta. Para cuando descubrieron su travesura, Serket la persiguió molesta por arruinar su trabajo.
***
Hor sonrió al recordarlos.
Deseaba tanto volverlos a ver sanos y salvos en la cuarta catarata.
Se giro a ver la reacción de su compañera ante las figuras de sus nanas y no fue la que esperaba. Hat estaba perpleja, no de forma maravillada, sino tensa.
—Verán—prosiguió el líder fijado en ellos—. Quede tal maravillado por ellas, que me hizo cuestionar por qué algo tan glorioso debía estar oculto. Busqué la respuesta en los sagrados escritos de los templos y no encontré respuestas, pero conocí a otros con las mismas dudas que yo.
<<Renuncie a mi destino como sacerdote y junto a mis nuevos amigos, nos dedicamos a explorar los lugares prohibidos hasta encontrar pistas que respondieran nuestras preguntas. Nadie nos creía, nos tachaban de locos y herejes. Y era verdad ¿Por qué creer en un dios que ni conocemos? ¿Qué sabemos realmente de ellos? ¿Qué son realmente esas cosas que llamamos dioses? ¿Por qué debemos seguir sus reglas y lamer sus culos?
Ese tipo estaba neurótico. Hablaba muy suelto y sin miedo, alentando a los otros a seguir su locura como manada. No eran muy diferentes a los Negoogunogumbars. Salvajes sin condición ni restricciones, guiados por su afán de satisfacer su gusto personal sin medir daños.
El líder se arrodillo ante Hat y coloco la estatua de Serket a lado de su cabeza como comparativa. Ella le mantenía la mirada nerviosa. Si seguía leyendo las mentes de estos humanos como lo menciono antes, entonces descubrió algo que la ponía en jaque mate.
—Siempre pensé que ellas eran lo más bello que jamás vi en mi vida—dijo el líder y aparto la estatua para centrarse en Hat con igual o más admiración que antes le tubo a sus nanas—. Hasta que tuve ante a alguien que las superara…muéstrame tu espalda—ordeno y los hombres se encontraban rodeándolos.
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