—¿No te conto su origen? —pregunto incrédulo—. No lo sé Maahes. Él no me ha dicho nada de ella más allá de lo obvio. Y que niega que sea una Ojo Solar.
Anaka lo miro incrédula.
—¿Maahes dice eso? Tiene sentido, el las conoce muy bien—afirmó ella.
—¿Entonces su marca es falsa?
Ella se llevó las manos a la cara con frustración y se recargo en el respaldo.
—No lo sé bien—admitió y el la miro confundido.
—¿Cómo que no sabes?
—Es decir—intento explicar—, no es falsa, pero tampoco es como las que conozco.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Permíteme que te explique cómo funcionan ellas—bajo los brazos y se quedó viendo le techo—. Durante la guerra del Duat, los Camefis hicieron muchos intentos de crear nechers capaces de rivalizar contra el Sacerdote de Isefet. En ese punto muchos nechers ya habían sido sacrificados por los demonios e incrementado su poder. Hasta que vieron potencial en Tefnut, la hija creada de Atum. La estudiaron para encontrar la clave de su capacidad para sobrevivir y aniquilar en cada batalla, incluso encarar por poco al líder de los demonios.
—¿Tefnut? ¿Hablas de esa vieja leona que ni su familia tolera?
—La misma loca de la que se basaron para crear al ejercito de locas bipolares.
—Eso explica muchas cosas.
—Y se pondrá peor—dijo y se recostó de lado con la cabeza sobre el brazo—. Los Camefis definieron que lo que la impulsaba a llevar hasta tales limites era su instinto de proteger a sus hijos: su instinto maternal. Para los creadores eso fue una innovación. Usar algo tan inocente y tierno como el amor de una madre para crear un arma imparable—prosiguió poniéndose sensible—. El Gran Soberano fragmento su dualidad femenina e injerto una parte a sus hijas. Se dice que solo algunas lograron tolerarlo, y las que no, decayeron rapido en batalla. Esa fue la primera generación de Ojos Solares.
<La segunda generación fue mas resistente. Ellas recibieron su fragmento durante su gestación en el vientre de la Gran Madona. Eso les ayudo a adaptarla como parte de ellas. Otra diferencia con las de la primera generación, era que las anteriores nacieron con un instinto maternal normal, y las segundas fueron programadas para que esta fuera clave en su existencia—mientras ella explicaba, Nefertum ponía mucha atención—. Pero daba igual de que generación fueran, ambas dieron resultados sobresalientes en la guerra. En especial, aquellas que despertaran la marca.
—La tía Mehyt ya tenia la marca cuando nos crio—comentó el interesado. Anaka oculto su mirada—. Siempre me he preguntado, porque no todas las Ojos Solares poseían la marca ¿tiene que ver como distintivo entre la primera y segunda generación?
Anaka negó. Su semblante se suavizo, como si el tema fuera más difícil para ella de lo que aparentaba.
—Puedes diferenciarlas por la piel. Las de la primera generación tienen la marca solar sobrepuesta, se siente como una cicatriz. Las de la segunda, su marca esta hundida. Pero las marcas despertadas son solo de aquellas que han llegado al límite, a través de su lazo materno.
—¿Lazo materno?
—¿Recuerdas que te dije que lo que los Camefis querían era su instinto maternal? —tomo asiento con la mirada triste y seria—. Para orillarlas a despertar su marca, y potenciarlas mas de la cuenta. Les encomendaban la crianza de sus hermanos y hermanas recién nacidos, como si fueran sus madres postizas. Así, ellas generaban un lazo materno con ellos. Y cuando los niños llegaban a la adolescencia para ir a pelear, aunque ya no fueran niños ni dependientes de ellas, el lazo que formaron las hacia desear protegerlos como si fueran sus propios hijos. Por eso muchas Ojos Solares generaron pavor a la maternidad, pese a que estaban impuestas a eso. Tenían miedo de ver a sus “hijos” en peligro. Cada que les asignaban un hermano para criar, se los intercambiaban entre milenos, para que no tuvieran un apego especial y evitar el lazo. Y bueno, se puede ver quienes se arriesgaron y quienes no—Nefertum se indignó ante esa revelación—. Mehyt tuvo un lazo antes de ustedes.
No tenia palabras. Su mente lo llevo inconscientemente a los recuerdos de su infancia, cuando vivían con su tía Mehyt. Ella no fue precisamente cariñosa, pero siempre fue atenta con ellos y en su bienestar. Les jalaba las orejas cuando desobedecían o mal usaban sus poderes. Era exigente en como debían responsabilizarse de sus travesuras y deberes. No permitía que pelearan tan extremo entre ellos. Si, era una fiera enojona, pero fue la única de entre todas que se ofreció a cuidarlos sin esperar nada. Solo una vez los abrazo, pero fue la acción más débil que mostro frente a ellos.
El solo enterarse que ella ya había criado a alguien antes de ellos y, que pese a lo doloroso que debió ser, volverlo a vivir precisamente con ellos. Incluso aceptar a Maahes sin poder verlo al rostro ¿Quién fue su primer lazo? ¿Por qué nunca hablo de el? ¿y si lo perdió? Tantas preguntas que no creía poder descubrir en las condiciones actuales de su familia en Kemet.
¿Cómo se sentirá ella en estos momentos?
—Nefer—le llamo Anaka preocupada. Salió de su trance y asintió.
—Perdón—dijo y se reincorporo—. No tenía idea de todo eso.
Anaka suspiro con pesadez.
—No es algo que a las Ojos Solares les guste recordar.
—Entonces ¿Qué tipo de Ojo Solar es Miu? —reformulo. Anaka parpadeo antes de responder.
—Su marca parece piel normal—confeso—. No se siente como si se la hubieran añadido…parece más a que siempre fue parte de ella—Nefertum abrió los ojos—. Y hay algo más. Ya te creo que no la viste completamente desnuda, de lo contrario habrías visto que no tiene ombligo.
Neertum se paró perplejo.
—¡¿Es una creación?!
—Así es—afirmo y miro para bajo—. Y eso es lo mas extraño de todo. La guerra termino antes de que nacieras ¿Por qué traerían a existencia nuevas Ojos Solares? —dicho eso apretó sus puños—. La existencia de ella no tiene sentido…y al parecer son solo ella y su hermana—alzo a verlo— ¿Cómo fue que Maahes termino enrolado con ella? Nefer ¿estás seguro que no sabes nada?
Un pensamiento rondo por su cabeza. Algo que paso hace mucho tiempo y que desató el motivo por el que estaban en Kush. Un misterio que no lograba descifrar.
—Te mostrare algo—dijo Nefertum.
Husmeo en su bolso y volvió con una flor de loto medio desabrida para mostrársela a ella.
—E estado evaluando la condición de Maahes con estas plantas que modifique—se sentó a su lado—. Esta es la reciente, luce igual que todas las anteriores. Absorbe las características de la sangre con las que alimento.
Sin embargo, Anaka cambio su postura drásticamente a disgusto cuando Nefertum saco ese tema.
—¿Ya vas a justificar nuevamente a tu hermano por una enfermedad? —cuestiono.
—Te estoy enseñando la evidencia—alego él.
—¿Eso que tiene que ver con el otro tema?
Nefertum abrió la flor y la partió a medio tallo. El centro desprendía un aroma agradable y su estructura estaba sana, en contrate con el exterior.
—Nunca había pasado esto antes—explico—. Siempre están demacradas desde adentro. Significa que algo al fin tubo reacción en Maahes de forma positiva.
Anaka alzo la ceja.
—¿Y tu que crees que sea? Yo solo veo que ese animal contamina su entorno con su salvajismo. Me dan lastima tus flores que deben sufrir para que tu te sumas en una idea.
—¡No es una idea! —reclamo frustrado—. An, yo sé que Maahes tiene algo.
—Si, que es un peligro—refuto ella enojada—. Y tu un ciego por no verlo—se paró y alejo.
—¡¿Por qué siempre te vas contra él?! —la siguió molesto.
—Por que siempre quieres evitar ver la realidad—lo encaro—. ¿Qué pretendes enseñarme con esa flor “esperanzadora”?
—¡Que algo afecto a Maahes cuando llego ella! —confeso y Anaka frunció el ceño—. Escucha, se que suena loco y que piensas que estoy divagando—ella cruzo los brazos—. La he estado examinando de cerca ¿porque crees que la permití en mi casa?
—¿Por qué para empezar hay una chica detrás de tu hermano? ¿Quién en su sano juicio lo buscaría?
—Tu lo has dicho, en su sano juicio… ¡Alto! ¿eso piensas de mí?
—Si la corona te queda. Yo estoy segura que ella solo usa de escusa a Maahes para estar cerca de ti. Tiene más lógica.
—Te regreso la pregunta ¿Eso que tiene que ver con el otro tema?
—Suena menos loco—el se llevo la mano al rostro exasperado— ¡El fin! —cambio de tema fastidiada—. Dejemos el tema para mañana. Que no tengo otros motivos para haberte alejado de esa gata—dijo y se acercó ágilmente al diván de Nefertum hasta sentarse a su lado con la pierna cruzada y una mirada juguetona.
—Que convincente—dijo sarcástico.
—Ya me conoces, cariño. Cuando abrazo algo no lo suelto—dicho eso lo empujo levemente para atrás y quedar sobre el—. En especial cuando puedo verte tal cual eres—trepo a la altura de su rostro y lo miro con ternura—. Extrañaba esos lindos ojos.
Anaka se acomodó rencarnado su cabeza sobre sus codos encima del pecho de Nefertum. Él ni se inmuto, ni la sujeto. Paso su mano bajo su cabeza para estar cómodo y la otra colgada del diván.
—Por un momento no me reconocía—confeso el con melancolía—. No llevaba mucho de circuncidarme cuando tuve que ocultar mi aspecto para vivir en Kush. No vi mi desarrollo físico real en todos esos milenios.
—¿Te cuento algo? —sugirió con diversión—. Ayer, vinieron unos Sangre de Atum a ver a Meruel—soltó con una sonrisa ladina. Nefertum la miro atento.
—¿Qué hacían aquí?
—Pues pase con Meruel luego de que ellos se fueron. Ese mocoso me daba mucha guerra, ayer le di una lección sobre que dejé de molestarme.
—¿Qué paso con los Sangre de Atum? —pregunto desesperado alzándose un poco— ¿eran un niño y otro como de nuestra edad?
Anaka sonrió.
—¿Entonces si fuiste tu quien los ayudo?
—¿Hablaron de mí? —Anaka lo ignoro riéndose—. Responde.
—No. Pero, interactúe con el grande.
—¡¿Por qué hiciste eso?! —se sobresaltó— ¿te reconoció?
—Para nada. El tipo era muy tímido como para mantenerme la mirada—se burló—. Jugué un poco con el luego de ver que tenía entre sus manos un frasco muy peculiar que solo he visto con cierto perfumista—lo miro con una sonrisa triunfal y el bufo— ¿creí que no te agradaban los de esa familia?
—No me agradan—dijo dejándose caer en el respaldo—. Pero no tuve opción. Dedun me obligo—confeso resignado. Anaka entrecerró los ojos.
—¿Te está volviendo a molestar? —pregunto algo molesta sentándose.
—Nada del otro mundo. Se lidiar con ese nehesu.
—No—negó—. Dime para reclamarle.
—An, no te metas con el—ella frunció el ceño—. ¡Aj! No es para tanto. Además, no me reconocieron porque nunca nos conocimos antes. Pase desapercibido.
—De todas formas, le reclamare. Nadie se mete con mi príncipe azul excepto yo—amenazo y se volvió a recostar sobre el pese a que el negó con la cabeza en desacuerdo.
—¿Y qué paso con los Sangre de Atum?
—Ni idea. Mereul me dijo que solo estaban reubicándose. Al parecer llevan rato en Kush.
—Mientras no ocasionen problemas como en Kemet—sentencio.
Anaka cerro un momento los ojos y abrazo a Nefertum con cariño.
—¿Extrañas Kemet? —pregunto nostálgica.
Nefertum suspiro y llevo ambas manos tras la cabeza. Era una pregunta que prefería evitar tanto por incomodidad como por duda. Kemet había cambiado tanto durante su corta vida, que no se imagina como estar actualmente mientras ellos estaban lejos.
—Extraño mi laboratorio—supuso y Anaka le dio un golpe en el pecho—. ¡¿Qué?! Es que nunca lo conociste, era gigante y mis almacenes siempre estaban llenos de ingredientes de alta calidad. Conseguía y hacia lo que quería sin límites.
—Eres un princeso—acuso disgustada como si esa no fuera la respuesta que deseaba escuchar—. Solo piensas en tus experimentos.
—Y tu una apestosa—recrimino y ella lo fulmino con la mirada y se alejó.
—¡Deja de llamarme así! —reclamo enojada y dolida—. A la gata le dices preciosa y esa Adroanzi linda ¡Y a mí que soy más que esas dos me dices apestosa!
—An—trato de calmarla sentado en la orilla, luego de que ella se quitara de encima para estar a unos pasos lejos.
—Tu nunca me has ducho algo así.
—An.
—Siempre me restriegas mi aroma.
—An.
—¡¿En serio apesto tanto para ti?!
Prefirió no responderle, porque ella estaba al borde de llorar.
Lo cierto era, que cada persona poseía un aroma propio, y que cuando te unías sexualmente a alguien, le dejabas restos de tu aroma. Nefertum no solo se asqueaba del abuso de feromonas, también la saturación de aromas ajenos. Sus cumplidos a Miu y la chica Adroanzi iban más allá de su físico. Incluso si la belleza de la Adroanzi no encajara con sus gustos personales, porque si era una chica indudablemente bella, poseía un aroma puro y natural. Y Miu, ella no solo cautivaba por una belleza que intimidaba a Anaka, su aroma era limpio y dulce. En cambio, Anaka, había perdido su propio aroma entre muchos, a tal punto que Nefetum ya no recordaba como olía antes.
Una fuerte culpa acunaba a Nefertum. Muchas veces intento ayudarla a recuperar su aroma, ofreciéndole ayuda y surgiéndole que se alejara de este lugar. Ella se negaba, tomaba sus intentos de ayuda como insulto y replicaba que prefería permanecer en este lugar antes que cerca de Maahes estando el o no. Eso obligaba a Nefertum a venirla a ver cada que estaba seguro que Maahes permanecería estable un leve tiempo, no podía dejarlo solo ni a manos de nadie y Anaka era consciente de eso.
—Lo siento, An—respondió sin verla.
Se retiro a su baño limpiándose los ojos y cerro las cortinas tras ella.
Rendido y agobiado. Nefertum fue por sus ropas y se cambió. Dejo las prendas kemitas en el diván y retomo su apariencia kushita, no sin antes despedirse en el espejo de su verdadera forma con tristeza. Saco un frasco de perfume que en varias ocasiones ella se lo rechazo, y lo escondió entre los del tocador, rogando que lo usara en algún descuido.
Se escucho el chapuzón en la bañera.
—Te vere mañana—se despidió junto a la puerta dudoso—. Y An, por favor…cuídate—suplico y cerro detrás de sí. Temiendo que Anaka volviera a hundirse más en su adicción. Busco a Miu donde la vio la ultima vez con las gacelas y se alertó al sentir el aroma de los Soberanos de Kalenjin merodeando cerca. Llego a ellas, quienes mantenían una peculiar platica sobre la supuesta vida matrimonial de Miu y su hermano. Miu se había tomado muy enserió la farsa del matrimonio, pues las tenía muy convencidas de que fuer real y hasta envidiable. Nefertum pensó que mientras su hermano fuera un desconocido al ojo público, cualquier cosa que dijeran de el seria creíble hasta que lo conocieran en persona y sus expectativas murieran.
Contuvo el aire una vez en la terraza, pues las gacelas, o mejor dicho rameras, desprendían un aroma nubloso y húmedo como de agua estancada, el cual contrastada con el limpio y dulce de Miu. Que dentro de su propia farsa no parecía percatarse del ambiente en que interactuaba. Recapacito sobre su olvidada intención de dejar a Miu con Anaka en ese lugar. De si Maahes realmente la despreciaría tanto como para que corriera el riesgo de ser jalada a esa neblina nauseabunda que no pudieron evitar con An, y cargar con la culpa.
Miu descubrió su presencia por la reacción de las gacelas emocionadas de verlo, cosa que el ignora tomando sin aviso a Miu para irse lo antes posible. Salieron por la ruta secretas que evitaba el piso de prostitución que tanto asco le generaba a Nefertum, y que, además, se volvería un caos si ellos se manifestaban. Regresaron por el buey que compraron con los dinkas y tras unas compras rápidas que hizo Nefetum en el mercado humano disponible, se fueron de regreso a casa.
—An me callo bien—confeso encantada Miu, sentada en el lomo del buey para Maahes, mientras Nefertum jalaba de una soga otro normal que le compro a los humanos—, y sus gacelas son amistosas.
—Me alegro, preciosa—apenas dijo Nefertum sin ánimos. Miu se percató de su actitud.
—¿Te fue bien con los Soberanos de Lugbara? —pregunto inclinada hacia el sin perder el equilibrio sobre el animal que se portaba muy manso, ignorando que era llevado a su matadero.
—Si—señalo su saco de maníes.
—¿Qué tienes? —soltó curiosa—. Estas mas deprimido que antes.
—No estoy deprimido—negó mirando al frente— ¿Qué te hace pensar que me deprimo?
Ella se callo y sobo el lomo del buey cuando este soltó un bufido. El cual el agradeció. Luego de todo lo ocurrido desde ayer, solo tenia ganas de darse un baño y encerrarse a jugar con su nueva inquisición.
Lo que le dijo a Anaka sobre extrañar su laboratorio, fue mucho mas real de lo que añoraba.
***
Anaka estaba en lo profundo de su bañera. Una piscina gigante y honda con una cascada como fuente de agua infinita. Salió solo cuando sus gacelas la llamaron por la prevista visita del Soberano de Kush que gobernaba en realidad sobre todo “El Estanque” y por tanto socio de Anaka. Dedun. El cual esperaba que ello lo recibiera.
Ella salió sin ánimos de nada soltando un bufido. Se vistió de la misma forma que siempre: sensual, glamurosa e imponente, pero siempre cuidando que su espalda baja estuviera tapada y maquillada. Y como último, su siempre emblemática corona de plumas altas y doradas, ocultando la coronilla de su cabeza. Una que nadie podía ver sin aparecer ahogado en el rio por ira de Anaka.
Se dio los últimos toques en su tocador y entre su búsqueda de un aroma adecuado descubrió el frasco escondido de Nefertum. Aquel que muchas veces se lo menosprecio con rabia, y que, para ese punto comenzaba a desear usarlo. De no ser porque Dedun detestaba el aroma de las creaciones de Nefertum. Y que, para ella, era el único macho que salía de su habitación sin haberse metido a nadar en sus aguas.
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