No lo pensó mucho cuando Anaka le conto que unos Adroanzi estaban ofreciendo desde hace días su cosecha privada de cacahuates ¡Cacahuates cultivados por Soberanos de Lugbara! El valor y beneficios que esos cacahuates poseían era de calidad premium. Ya podía formular experimentos con sus aceites y esencias: una crema, un champú o algo diferente. Y como eran de nivel divino debían tener una vida útil milenaria.
Unas gacelas de Anaka recibieron la orden de llevar a explorar el lugar a Miu en lo que ellos iban por el negocio. No es que Miu fuera una molestia, pero era muy inmadura para tratar asuntos de ese calibre. Además, Anaka días atrás había hablado con ellos sabiendo que a Nefertum le interesaría su producto, pero que su única condición era que la venta era para algún otro Soberano. Y al ser unas entidades que ya llevaban mucho tiempo interactuando con las demás razas que visitaban Kush, deseaban integrar un nuevo cliente. Algo como un Necher.
Por fortuna, Anaka tenía prendas al estilo de Kemet que mando a hacer en cuanto acabo de hablar con los Adroanzi. Se las dio a Nefertum junto con cierta joyería que tenían guardada y se sentó en el diván esperando al cambio de imagen del necher.
—No pienso cambiarme enfrente de ti—amenazo él.
—Achs—respingo ella—. Ni que te fuera a hacerte algo—Nefertum se cruzó de brazos con la ceja alzada—. Por ahora.
Se escondió detrás de las cortinas que daban al baño para cambiarse cuidando que ella no se moviera de donde estaba.
—Sabes que en un pestañeo puedo estar allí—advirtió ella sin escrúpulos.
—Y por eso me das miedo.
Termino de cambiarse el shenty, usando uno blanco con un cinturón de tela azul. Salió de su lugar con mas seguridad y se colocó un collar grueso de oro con joyas azuladas, brazaletes altos y gruesos de oro y pendientes de piedra azul en forma de gota.
—Solo queda un detalle—señalo Anaka dándole un espejo de bronce.
Nefertum apretó los labios. Llevaba trecientos mil años sin revelar su verdadera apariencia. Primero libero sus orejas y cola de león. Luego, se llevó las manos al cabello y sus rastras se desenredaron a un cabello azabache ondulado grueso y medio largo, su piel bajo un tono y sus facciones se suavizaron levemente. Sus ojos, que mantenía negros para aparentar, regresaron a su azul lapislázuli.
Tomo el espejo y se contempló. Era extraño verse tantas veces en el reflejo, que esta sea la primera vez que ve su verdadera forma jovial. Anaka lo contemplaba sonrojada y algo picara.
—¿Cómo me veo? —pregunto revisando sus colmillos.
—Sexy.
—Prométeme que no me meteré en problemas con esos Nehesus por esto.
—Nefer, mi flor de loto ¿con quién crees que hablas?
Anaka lo jalo del brazo, pero Nefertum se detuvo saliendo de la habitación porque se olvidó de sus cosas. Mientras Anaka lo esperaba, los Soberanos de Kalenji que toparon en la mañana cruzaban el pasillo. Al verla, uno le dio un codazo al otro y se acercaron a saludarla con tono coqueto.
—Qué día tan esplendoroso ¿no crees Ilet ne-ya? —dijo al otro.
—Sin duda, hermano—continuo Ilet ne-ya y se detuvieron junto a Anaka— ¿será por su presencia? Señorita Anaka.
Anaka sonrió con encanto y los vio alagada.
—Cuanto tiempo sin verlos—dijo ella con voz picara—. El ambiente es muy silencioso sin sus truenos.
—Nosotros también extrañamos su suave corriente—prosiguió Ilet ne-mie recargándose en la pared junto a ella—. No nos gustaría volver a nuestro mundo y no haber dedicándole tiempo de compañía.
En eso salió Nefertum con su espada colgada en su cinturón dando pasos firmes y con gracia. Paso su barco por los hombros de Anaka y miro en alto a los otros. Ella alzo su sonrisa con satisfacción y recargo su cabeza sobre él.
—Disculpen que los interrumpa—dijo Nefertum con un aire de superioridad e indiferencia—. Pero por hoy yo la acompaño. Con permiso.
Anaka se despidió con un guiño y ambos Soberanos se miraron entre boca abierta. Desconcertados por ver a Anaka dejarlos plantados frente a sus narices, y no con cualquiera, con un Necher.
—¿Ese es un…
—Un Necher—confirmo el otro sin perderlos de vista hasta que doblaron la esquina.
—¿No sientes que ya lo vimos antes? —pregunto y el otro lo miro.
Anaka se mantuvo riendo aun cuando Nefertum la soltó una vez lejos de la vista de esos tipos. Ella lo tomo del brazo con seguridad sin importarle lo que opinara él. Llegaron a la habitación y tocaron. La puerta se abrió y una serpiente saco la cabeza.
—Buen día—saludo Anaka—. Infórmales a tus amos que traje el Necher que les prometí.
La serpiente se retiró y volvió para abrirles paso con una reverencia. La habitación era una piscina poco profunda con columnas que simulaban arboles de Baobab (un árbol muy alto y grueso). Los Adroanzi estaban sentados en muebles rústicos de madera y pieles animales, con los pies bajo el agua. Eran unos seres pequeños, de igual o menor estatura que Miu.
El macho vestía un taparrabo hecho de piel de serpiente cafe con un diseño de figuras geométricas y un cinturón de hojas largas. Mientras que la hembra, una chica que parecía ser su hija, una falda de holanes con escamas negras y círculos cafes y blancos. No usaba joyas, en su lugar empelaba hojas y flores para resaltar su belleza floral. Ambos con ojos de serpiente.
Básicamente, cumplían el mismo modelo que un Kushita pero con un estilo reptiliano. En Kemet habían desarrollado conceptos para señalar las características físicas de cierto grupo de razas que se asemejaban. Los de Kush y demás pueblos que compartían el fenotipo de piel oscura, pelo negro y fisiones gruesas, los llamaban Nehesu. Los kemitas no se catalogaban de ese grupo pese a tener un leve parecido, aunque tampoco se veían como los Aamus ni los Themehu que eran piel clara y facciones más finas. Los kemitas se sentían neutros. Por este motivo a muchos nehesus les parecían “exóticos” ellos.
Los Soberanos les hicieron señas de que se acercaran y Nefertum y Anaka entraron encantados de estar en un ambiente acuático. Los Adroanzi posaron al instante su atención en el Necher.
—Valla—dijo el macho con elocuencia—. Señorita, Anaka. Pensé que bromeaba con lo de su amigo. Es raro ver a los de su raza por estos mundos—se dirigió a Nefertum—. Encantado de conocerte, jovencito.
—El gusto es mío—hablo Nefertum con un saludo cortes inclinándose a ellos. La chica soltó una sonrisa tímida—. No suelo presentarme en persona, pero no esta mal conocer a otros. Me gusta su confort—señalo la habitación—. Yo también soy un ser más acuático que terrestre.
—En ese caso nos llevaremos muy bien. Por favor, tomen asiento.
Se sentaron y el varón ordeño a sus serpientes que trajeran El tonto, una bebida fermentada de plátano, junto con fruta seca. Nefertum olio disimuladamente la merienda y la probo al comprobar que era segura. Anaka le siguió al verlo seguro de consumirlo. La chica se escondió tras su copa cuando Nefertum la atrapo viéndolo.
—No te había visto antes jovencito—dijo el Adroanzi— ¿llevas poco por aquí?
—Así es—mintió a medias Nefertum—. Tiene poco que mi padre me concedió permiso de divagar por otros mundos.
—Oh, entiendo. Pati ifi i'deni re ku.
—¿Disculpe?
—Es un proverbio de nuestro pueblo—explico la Adroanzi—. Significa: La semilla de un árbol no cae muy lejos. Lo que mi ata quiso decir, es que tu comportamiento refleja a tu padre.
Nefertum se crispo. Estaba acostumbrado a que le dijeran ese tipo de cosas, pero a diferencia de Maahes con el caso de su madre, a el le daba para menos. Y ala parecer Anaka reacciono de la misma forma como si también fuera para ella.
—Por tu porte quiero creer que eres un príncipe entre tu raza—supuso el adulto—. Aunque sinceramente no se cómo funcione su jerarquía. Nosotros nos agrupamos por familias que se han desglosado por generaciones. Mi zamba—señalo a su hija—, es de la cuarta generación.
—Deben ser muchos de ustedes—dijo Nefertum.
—Si, somos un muy buen número de miembros.
—En mi familia también somos un montón—comentó con sarcasmo recordando los intentos de reunión familiar que fracasaban por desinterés de sus tíos.
—Espero algún día interactuar más con ustedes. Eres el segundo Necher que conocemos.
—¿El segundo? —pregunto confundido y el adulto asintió. Anaka disimulo una sonrisa traviesa.
—Una vez nos visito uno llamado Asir. Era buen tipo y nos enseño muchas cosas sobre su civilización. Pero nosotros preferimos nuestras costumbres rurales—revelo con orgullo.
—Se respecta—asintió sin cuestión.
—Pero bueno, pasemos al tema central—cambio de tema y asintió la cabeza a su hija. Ella afirmo y se incorporó.
—Me siento muy alagada que te haya llamado la atención mi producto.
—¿De manera que la negocianta eres tú? —le pregunto Nefertum bromeando—. Adivino, también eres nueva en esto.
Ella se sonrojo levemente
—¿Si nota mucho? —continuo ella tímidamente—. Si, quise animarme a exportar lo que mas se me da producir. Se que hay muchos prejuicios sobre las capacidades y poderes de los Soberanos que descendemos de muchas generaciones, pero prometo que mi trabajo es de muy buena calidad.
—Ya con eso me convenciste, linda—le dijo Nefertum con amabilidad.
La chica se pasmo halagada y comenzó a jugar con una flor de su vestimenta para calmar sus nervios. Anaka, quien estuvo serena hasta el momento, clavo sus ojos en el necher. En cambio, el adulto soltó una carcajada por la reacción de su hija.
—Zamba—dijo su padre con buena actitud—. Cuidado con este chico, o se llevara más que tus maníes.
—¡ATA! —le reclamo su hija avergonzada mas con las palabras de su padre.
—Una disculpa—hablo Nefertum sin perder el control—. Me cuesta disimular cuando estoy ante algo de buen parecer, en especial cuando su aroma me agrada—la chica lo miro curiosa. El la encaro con amabilidad—. Pero si mi vocabulario te incomoda, puedo medirme.
—Para nada, me honra que alguien como tu vea con buenos ojos a mi Zamba—interrumpio el padre—. Aunque nuestro creador, Adroa, seria más celoso. Si no mal recuerdo ustedes tienen un consejo de creadores ¿verdad?
—Los Camefis. Pero no son celosos—dijo y medito—. Al menos no entre ellos.
La Adroanzi comenzó a ensanchar una charla normal con Nefertum, que termino en palabras torpes. Nefertum procuro no avergonzarla y el padre de esta se sintió muy a gusto con su presencia. Avanzada la charla, le trajeron un costal lleno de maníes grandes y con una presencian de poder como la de su agricultora. Para pagarlo, Nefertum le dio el perfume con el que quiso pagarle a los dinkas. Que, para los Adroanzi, fue algo inusual e increíble. La chica lo olio con curiosidad y se llenó de admiración.
Al momento de despedirse, el adulto bendijo a Nefertum con ganas de verlo nuevamente y su hija le agradeció el intercambio con la cara roja y el perfume apretado contra su pecho. La única inconforme era Anaka. Procuro comportarse en la presencia de los Soberanos, pero al darles su adiós y retirarse, fulmino con la mirada al necher y camino por delante ignorándolo de regreso a su habitación.
Nefertum la siguió sin cuestionar, ya conociendo como era. Pasaron cerca de un balcón amplio con un jardín y sillas. Allí estaba Miu con las gacelas en un divertido ambiente charlando entre risas. Nefertum sonrió de lado y siguieron su camino. Se adelanto para abrirle la puerta a Anaka, esta entro molesta y el rodo los ojos.
—Misión cumplida—dijo el estirándose. Ella lo ignoro—. Ay. No te enojes. Tu sabias que habría una chica y que, de todas formas, mi sola presencia las pone nerviosas. No tengo la culpa de ser tan atractivo—bromea para molestarla.
—Pero si de darte a desear—reclamo ella sentándose de brazos cruzados en su diván.
—Si, como digas—se rindió el mientras comenzaba a quitarse la joyería—. Ahora, dime lo que de verdad querías contarme. Porque no creo que me hayas apartado de Miu solo para soportar tus celos.
—¿Qué celos cariño? —negó ella indignada—. Esa chica debería tenerlos por saber que tenemos un vínculo que ella jamás podrá tener.
—Aja. Ya dime lo que te traes—pidió serio—. ¿Qué supiste sobre Preciosa? Que diga, Miu.
Anaka dio una pisada que hizo temblarlo y optar por sentarse en el otro diván antes que cumpliera su amenaza. Ella se acomodo y procuro hablar con seriedad. Intercambiaron miradas en señal de tregua.
—Nefer—comenzó en un tono inquieto— ¿de donde sacaron a esa chica?
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