En la vida, el tiempo es importante para nosotros los humanos. Saber la hora nos permite llegar temprano al trabajo o pasar dejando a los niños en la escuela. Además, el tiempo se deriva de muchas cosas, como tomarse un tiempo a solas para reflexionar o ver a tal hora una película que nos guste; incluso los programas de televisión tienen ya su hora prevista para empezar a transmitir novelas o noticieros.
Y además, también tenemos el tiempo perdido, como el estudiante que llega atrasado a clases o la pérdida de un familiar. Nosotros los humanos decimos: "Qué pena, me hubiera quedado más tiempo con él o ella" .
Las reglas del tiempo ignoran nuestras acciones. Simplemente fluye sin mirar atrás, y en ese pequeño instante en que el tiempo se mueve, entonces encontramos una brecha neutral. En ese pequeño momento podemos cambiar algo, como lo hizo una mujer en un manga que leí, la cual sacrificó su existencia entregando su tiempo de vida para retroceder varios minutos. Al principio, ella creyó que había sido en vano, pues solo retrocedió un minuto, pero ella no sabe que ese minuto bastó para salvar a muchos de una tragedia; Ese minuto fue el detonante para que la historia siguiera.
Pero como dije, la brecha neutral no está de ningún bando: puedes ganar ya la vez perder. El tiempo es cruel, pues te quita pero también te da. Entonces, ¿es bueno o malo? Ni uno ni lo otro, simplemente es así. Tú puedes detenerte, pero el tiempo no; él no perdona a nadie. Se podría decir que es hermano de la vida y de la naturaleza. De la vida, porque nace, crece, te reproduce y finalmente mueres; y de la naturaleza, porque solo los más fuertes e inteligentes viven por muchos años. Cada una sigue un ciclo. La gran diferencia con el tiempo es que no es un ciclo, sino que recorre en línea recta al infinito: segundos, minutos, horas... nunca se detuvo. Estamos condenados a ver el fin de nuestro mundo e incluso a morir con él, y aún así, el tiempo seguirá de largo en la nada.
Son simplemente las reglas del tiempo. Nosotros podemos controlar nuestro tiempo, pero al tiempo verdadero... no. Puedes poner una alarma para levantarte, pero no detener el tiempo; puedes programar una reunión para esa hora y ten por seguro que llegará la hora. No somos dioses para controlar lo que, por ley, no se puede detener.
Así que recuerda lo que te dije: un minuto puede cambiar la vida de muchos, pero no más. Si pasas de un minuto, diez por seguro que verás una desgracia que no te va a gustar. Así que deja de holgazanear, el tiempo no te esperará a que empiece a moverse. O te mueves y alcanzas, o pierdes el poco tiempo que te brindó aquella que no sigue reglas. O avanzas y salvas tu futuro, tus compromisos, tu vida personal y amorosa, tu gloria e incluso una vida que esté en peligro...
Puedes seguir dudando si así lo deseas. El tiempo seguirá avanzando con o sin ti.
En las afueras del reino, la llanura devastada seguía en un tenso silencio. Luthan, sosteniendo su forma humana con esfuerzo, observaba con preocupación el interior de la ciudad, donde la imponente silueta del gran árbol de Sabrina continuaba brillando y expandiéndose en el cielo nublado.
Consciente de la debilidad de su portador, Luthan desvió la mirada hacia el cuerpo inconsciente del héroe y le suplicó:
—Despierta, Lorian... Tengo un mal presentimiento de lo que está pasando. Una aura asesina está descendiendo... Date prisa y despierta.
Mientras tanto, en la catedral de Teotia, la realidad era desoladora. Todo el recinto sagrado había quedado reducido a escombros y cenizas; solo las siluetas de Kael, Nyra y Farasya se vislumbraban débilmente entre las densas cortinas de polvo que flotaban en el aire, mientras el gran árbol místico terminaba de alcanzar su desarrollo por completo, alzándose como un monumento de madera y magia.
Sin embargo, dentro del árbol el entorno era completamente distinto. Era un espacio mágico y etéreo, un limbo suspendido donde pantallas translúcidas de maná proyectaban flotando los recuerdos más profundos de Lilica. Aurora, flotando en ese subconsciente, estaba presenciando en carne propia todo lo que la chica de los cuernos había vivido a lo largo de su existencia: desde su nacimiento trágico, la muerte de su madre al dar a luz, y posteriormente el cruel repudio de su propio padre por el simple hecho de haber nacido con cuernos.
Aurora, tapándose la boca con ambas manos para contener un sollozo ante la crudeza de las imágenes, murmuró conmovida:
—No lo puedo creer... Todo esto vivió Lilica.
Los recuerdos continuaban reproduciéndose de forma implacable ante sus ojos. Vio al noble anciano que la acogió en su cabaña y la crió con amor, pero que lamentablemente murió cinco años después; vio a Lilica siendo aún una niña indefensa y cómo los aldeanos la acusaron falsamente de asesinato; la vio pasar años huyendo, descalza y mendigando en las frías calles del Inframundo... hasta que conoció a Tahiel y todo empeoró restringido. Las humillaciones continuas de Sabrina, el desprecio diario... Todo eso había moldeado la vida de Lilica, la chica demonio de cuernos que, en el fondo, solo quería que alguien la aceptara tal y como era.
Aurora sintió que las lágrimas empañaban sus ojos.
—Los demonios son unos monstruos... —agachó la mirada, apretando los puños, y continuó con un hilo de voz—: Y aún así... somos iguales. Tenemos sentimientos... Lo que le hicieron a Lilica no tiene perdón. Tahiel es el peor de todos los demonios.
Reuniendo determinación, Aurora continuó caminando por el sendero flotante de recuerdos hasta llegar al final del pasillo mental, donde se topó con un inmenso y asfixiante campo de rosas negras. Allí, en el centro de la maleza oscura, vio finalmente a Lilica, quien se encontró fuertemente atada con pesadas cadenas espirituales y enredaderas de rosas espinosas que le perforaban la piel.
Aurora trató de acercarse de inmediato para liberarla, pero las rosas negras reaccionaron de forma hostil, irguiéndose como garras y bloqueándole el paso con sus tallos espinosos. Aurora cayó de rodillas sobre el suelo de la psique. Aunque se encontró atrapada únicamente en la mente de Lilica, el aroma dulzón de las flores se sintió aterradoramente real; era como un veneno volátil que le quemaba las vías respiratorias. Aún así, ignorando el dolor del veneno y los rasguños, Aurora hizo todo lo humanamente posible por avanzar, arrastrándose y abriendo paso hacia donde estaba la prisionera.
Por su parte Lilica, quien ya había aceptado por completo su trágico destino de morir en aquel abismo mental, levantó lentamente la mirada hacia la humana. Con voz apagada, le dijo:
—No lo hagas... Se acabó todo para mí. Mi muerte está cerca, aléjate y vuelve con los tuyos.
-¡No! No me rendiré —exclamó Aurora, forzando a su cuerpo a avanzar entre las espinas—. ¡Te salvaré y volveremos juntas!
Lilica la miró con profunda confusión y tristeza a través de sus ojos vacíos.
—¿Por qué lo haces? Soy tu enemiga... Te herí a ti ya tus amigos, incluso herí a quienes consideraban hermanas.
—Fuiste manipulada por ese cretino —le replicó Aurora, sosteniendo su mirada—. Seguías las órdenes de alguien que solo te estaba usando como una herramienta... al igual que a sus propias hijas.
Lilica desvió la vista, con los hombros caídos por el peso de su realidad.
—¿Y qué hay de diferencia? Toda mi vida he sufrido, y el único que me ayudó fue él... aunque fuera como una herramienta.
Aurora, logrando arrodillarse a escasos centímetros de las cadenas, le gritó con el corazón en la mano:
—¡No eres una herramienta! Eres alguien increíble y fuerte... ¡Eres una bella demonio de cuernos preciosos!
Al escuchar aquellas sinceras palabras de elogio, algo muy profundo en el interior de Lilica cambió restringido. Sus pupilas se contrajeron y, por primera vez, hizo un pequeño y voluntario movimiento de manos, como si intentase liberarse de las ataduras por sí misma.
Aurora lo notó de inmediato y la alentó con una sonrisa esperanzadora:
—Allí afuera hay quienes están haciendo todo lo posible para salvarte... Incluso las princesas demonios están cooperando juntas. Sabrina me envió hasta aquí... y yo te llevaré conmigo.
Haciendo acopio de todas las fuerzas posibles que le quedaban en su alma, Aurora se puso de pie, dio el paso definitivo sorteando las últimas espinas y caminó hasta quedar frente a Lilica. Extendiendo su mano abierta con total calidez, le dijo con dulzura:
—Volvamos juntas... Lili.
Al escuchar ese tierno apodo, el corazón de Lilica comenzó a palpitar fuertemente en su pecho, infundiendo un calor desconocido en su cuerpo inerte; aquella palabra le había gustado de verdad.
Sin previo aviso, las pesadas cadenas espirituales empezaron a agrietarse ya soltarla, perdiendo su fuerza restrictiva. Las enredaderas de rosas negras se secaron al instante, cayendo deshechas sobre el suelo del subconsciente. Lilica, por fin, era completamente libre del dolor físico y mental. Y todo había sido gracias a una sola y pura emoción: la felicidad. Aquella cálida emoción era, de forma definitiva, la cura absoluta para el mal que Tahiel le había implantado en el corazón.
Ambas se tomaron firmemente de las manos. En ese preciso instante, un resplandor de luz dorada y pura iluminó todo el plano mental, barriendo la oscuridad, las rosas negras y limpiando toda impureza a su alrededor, restaurando por completa la mente de Lilica.
Tomadas de las manos en medio de aquel pacífico horizonte de luz, ambas sonreían con alivio. Una nueva y verdadera amistad había surgido en medio de toda esta profunda oscuridad.
Los minutos pasaban lentos y pesados. La desolación en los terrenos de la catedral era triste, un vacío absoluto donde no había ruido, solo destrucción, escombros y finas capas de polvo flotando en el aire. Kael permanecía firme, protegiendo con su propio cuerpo el de Aurora, que seguía inconsciente sobre las piedras. Al mismo tiempo, Nyra se mantenía vigilante junto a la exhausta Farasya, mientras Sabrina concentraba las últimas fuerzas de su poder mágico para sostener la estructura del gran árbol místico.
La tensión en la plaza era asfixiante, pero al cabo de unos momentos, el gigantesco árbol de los recuerdos empezó a resplandecer con una luz intensa y dorada, casi divina.
Kael se cubrió el rostro con el antebrazo ante el fulgor y preguntó con urgencia:
—¿Qué está pasando? ¿Por qué el árbol resplandece? ¿Qué está pasando con Aurora y Lilica?
Desde el interior de la madera, la voz resonante y cansada de Sabrina habló con un hilo de orgullo:
—Lo consiguió... Ella logró salvar a Lilica.
Kael esbozó una sonrisa de alivio, y Nyra la imitó, exclamando con orgullo hacia su compañera inconsciente:
—Por algo eres mi rival... Me sorprendes cada vez más.
En ese instante, el colosal árbol comenzó a florecer por completo; Era una escena de una belleza conmovedora en medio de tanta ruina. Con la mente de Lilica finalmente a salva de la corrupción, el «Réquiem del Libro de los Recuerdos» llegó a su movimiento final. El árbol titánico vibró con un eco profundo desde la raíz más profunda y estalló en una colosal luz blanca, tan intensa que eclipsó todo el paisaje de Teotia. No quemaba ni destruía; Era una claridad pura, cargada de la calidez de los pensamientos y las memorias que lo habían alimentado durante el conjuro.
Las venas de la corteza, que antes atrapaban la conciencia de la joven demonio, resplandecieron como brillantes filamentos de oro puro. Con un suspiro unísono que sonó un coro celestial, el gigante de madera empezó a disolverse pacíficamente en el aire. Sus ramas colosales se desprendieron en ráfagas de partículas brillantes que ascendieron majestuosamente al cielo, borrando su silueta física hasta dejar el espacio completamente vacío, bañado en un polvo de estrellas que flotaba con absoluta paz.
Cuando el fulgor se desvaneció, el cuerpo de Aurora comenzó a reaccionar poco a poco, recuperando el sentido lentamente. A su lado, Lilica, devuelta a su estado normal y libre de la miasma, cayó inconsciente y en paz sobre el suelo. Sabrina, habiendo agotado hasta la última gota de su poder mágico en el hechizo, también se desplomó pesadamente por el desgaste extremo.
Farasya corrió hacia ella y la sostuvo entre sus brazos, esbozando una cálida sonrisa:
—Hermana... lo lograste.
Ver a su arrogante hermana mayor hacer lo correcto y sacrificarse por otra persona le alegraba el corazón como nunca antes.
Pero la alegría se consume muy poco. El ambiente cambió de forma drástica y el lugar comenzó a oscurecerse rápidamente de una manera antinatural; lo extraño era que apenas era el mediodía y el sol debería estar en su punto más alto. Farasya se aterrorizó al instante, sintiendo a través de sus sentidos mágicos cómo una presencia monstruosa e implacable se acercaba al lugar.
Kael también lo notó; su instinto de espadachín le gritó peligro. Rápidamente se puso en guardia, desenvainó su espada y entonces lo vio aparecer entre las sombras.
Tahiel avanzaba a paso elegante y pausado hacia donde estaban ellos, desprendiendo un aura oscura sumamente poderosa. Todos los presentes sintieron de golpe cómo la gravedad aumentaba y el aire de la catedral se ponía insoportablemente pesado.
Fijando sus fríos ojos en las guerreras, Tahiel habló con desprecio:
—Y pensar que mis propias hijas me traicionarían.
Farasya, dando un paso al frente a pesar de su debilidad, le suplicó con firmeza:
—Padre, detén esta guerra sin sentido. Has perdido... Volvamos a nuestro territorio.
Tahiel soltó una carcajada seca e inhumana.
— ¿Qué perdí? Creo que juntarte mucho con estos humanos te ha lavado el cerebro. Yo no he perdido... Es más, esto recién empieza.
Sin contenerse más, Tahiel desplegó su verdadero poder mágico, provocando que el lugar se tornara tan oscuro como la noche más profunda. Este era el temible poder de un Rey Demonio que ostentaba el título de la Oscuridad Primordial. El mundo, simplemente, enmudeció. El cielo azul de Teotia se tiñó instantáneamente de un negro tan denso y absoluto que devoró la luz del sol, asumiendo todo el campo de batalla en una penumbra irreal. De los pies de Tahiel no brotaron sombras comunes, sino un fluido espeso y azabache que comenzó a tragarse el suelo, como si la realidad misma se estuviera derritiendo bajo su presencia. El aire se volvió helado en un segundo, congelando el aliento de los presentes, y un peso gravitacional insoportable obligó a todos a caer de rodillas por la presión. No era oscuridad por falta de luz; era una presencia viva, antigua y hambrienta que reclamaba el espacio que le pertenecía desde el principio de los tiempos.
Pero en medio de esa densa penumbra, surgió una chispa de resistencia. La espada de Kael se envolvió en un fuego ardiente, disipando un poco la oscuridad a su alrededor, mientras que, por el otro lado, violentos rayos resplandecieron iluminando el sector: el poder eléctrico de Nyra se manifestó con fuerza.
Tahiel barrio al grupo con la mirada y sonriendo con malicia:
—Vaya, pero ¿qué tenemos aquí? Interesante... Magias capaces de disipar la oscuridad.
Kael fue el primero en lanzarse al ataque con pura determinación, acortando la distancia en un pestañeo. Reaccionando con reflejos divinos, Tahiel creó rápidamente múltiples espadas de pura oscuridad y contrarrestó la embestida física del joven; pero en ese mismo microsegundo de choque, una descarga de rayos directos de Nyra lo electrocutó por sorpresa. El monarca perdió el equilibrio por la parálisis momentánea, y Kael aprovechó la apertura de inmediato para lanzarle una ráfaga de fuego explosivo a quemarropa que estalló directamente en su torso.
Farasya observó el intercambio desde atrás y un escalofrío recorrió su espalda al recordar la visión del futuro que había tenido en su cabeza. Pero había algo que no cuadraba en absoluto: el guerrero que peleaba contra su padre era indiscutiblemente el mismo joven de su premonición, pero su aspecto físico era diferente; Llevaba otra ropa y, además, en su estaba visión completamente envuelto en llamas vivas de forma constante.
Aterrada, pensó en su mente:
¿Qué significa esto? No cuadra con las visiones que tuve... Y además, esa chica de los rayos no apareció en mis revelaciones. No entiendo nada de lo que está pasando.
Entre el humo de la explosión, Tahiel se levantó poco a poco, sacudiéndose el polvo de su elegante vestidura sin mostrar un solo rasguño de consideración mientras miraba fijamente a Kael y Nyra.
—Nada mal... Ese golpe sí que me dolió —admitió con tono burlón—, pero aún así, esto no fue nada. Están a años luz de alcanzar mi poder.
Con un además frío, Tahiel fragmentó sus espadas de oscuridad en el aire, transformándolas en Múltiples dagas flotantes y afiladas. Con un rápido movimiento de manos, lanzó la lluvia de proyectiles en diferentes direcciones; Kael se vio obligado a repelerlas a gran velocidad con su acero, mientras Nyra las esquivaba realizando acrobacias en el aire.
Pero Tahiel jugó sucio. Utilizando su control mental, redireccionó a mitad de trayectoria varias de las dagas de sombra directa hacia los cuerpos vulnerables de Sabrina, Lilica y la inconsciente Aurora. Kael, leyendo la trayectoria, se movió con velocidad sobrehumana para interponerse y repeler los ataques antes de que las tocaran. Sin embargo, Tahiel también había dirigido otra ráfaga de dagas directamente hacia la indefensa Farasya.
Farasya abrió los ojos con horror, paralizada. Trató de invocar un escudo de linaje, pero su maná estaba completamente agotada; las dagas de sombra estaban a milímetros de atravesarla.
En ese último segundo de vida, Nyra apareció como un destello frente a ella. Un par de imponentes alas surgieron de su espalda y bloquearon el impacto de las dagas en un estallido de chispas. No eran alas de ángel comunes; estaban formados enteramente de puro plasma y electricidad viva. Pero la metamorfosis no se detuvo ahí. El cielo ensombrecido comenzó a tronar con violencia y múltiples rayos cayeron consecutivamente sobre la iglesia, vistiendo el cuerpo de Nyra con una elegante armadura de tormenta, liberando así todo el poder absoluto de los rayos.
Un corsé de metal plateado y pulido se materializó sobre su camisa negra, ciñendo su torso a la perfección mientras unos brazaletes de plasma cian protegían sus antebrazos con energía pulsante. Sobre la copa de su sombrero, una coronilla eléctrica compuesta por una doble aureola de luz flotaba con majestuosidad, haciendo que su largo cabello negro levitara en el aire por efecto de la estática divina. Al mismo tiempo, las imponentes alas de silueta angelical que brotaban de su espalda crujían con violencia contenida, formadas por millas de filamentos de rayos entrelazados que cegaban el entorno y proyectaban arcos de energía hacia sus piernas, cubiertas ahora por grebas flotantes de metal. La Diosa de los Rayos se había hecho presente en el campo de batalla.
Kael contempló la transformación con absoluto asombro:
— ¿Qué poder es ese? Es la primera vez que veo a Nyra usarlo.
Nyra se giró ligeramente, clavando en Tahiel una mirada cargada de un profundo desprecio. Sin vacilar, creó un par de espadas hechas de rayos puros y adoptó su postura de combate, lista para destrozar al Rey de la Oscuridad Primordial.
Tahiel observó la majestuosa vestimenta que portaba Nyra, quedando visiblemente sorprendido tras su manto de oscuridad. Después de todo, era sumamente raro que una simple humana dominara un poder de magnitud comparable como lo eran los rayos celestiales.
Sin previo aviso, Nyra desapareció por completo de la vista de Tahiel. El rey demonio se sorprendió ante la velocidad absurda y, por puro instinto, creó un denso escudo de oscuridad a su alrededor; pero de inmediato, un fino corte brotó en su mejilla, derramando un hilo de sangre. Todos los presentes quedaron estupefactos al ver un rasguño en el rostro del monarca de la Oscuridad Primordial. La humana se había movido a una velocidad tan impresionante que nadie notó movimiento alguno de su parte; simplemente desapareció de la realidad y reapareció en el aire.
En el cielo nocturno, la silueta resplandeciente de Nyra se dibujó sobre las nubes de tormenta. Mirando hacia abajo, sentenció con frialdad:
—No te saldrás con la tuya, ¿me oíste bien?
Tahiel presionó la mandíbula y chasqueó la lengua con fastidio.
— Tsk.
Nyra descendió en un rayo de luz, tomó con delicadeza a la exhausta Farasya y la llevó volando hasta donde se encontró Kael protegiendo al resto.
Al verla aterrizar, Kael le preguntó con asombro en los ojos:
—¿Por qué recién usas ese gran poder? Es increíble.
Nyra, con un semblante teñido de una profunda tristeza, lo miró fijamente y respondió en un susurro:
—Es la única y última vez que la voy a usar.
Kael quedó completamente confundido ante sus palabras.
—¿Qué quieres decir con eso?
Nyra no respondió a la pregunta directa de Kael. En su lugar, bajó levemente la mirada y dijo con amargura:
—Perdón por haberles ocultado todo esto... No era mi intención, pero llegó el momento.
Kael trató de restaurar la importancia para calmar la tensión del ambiente:
—No tienes que pedir perdón por eso, es tu poder.
—No me refiero a eso —lo corrigió Nyra con suavidad—. Hablo de quién soy en realidad.
— ¿Eh? Espera un momento... —reaccionó el espadachín.
Fue en ese instante cuando Kael hizo memoria y se dio cuenta de algo abrumador: no sabía casi nada sobre el pasado de Nyra. Solo sabía que se había unido al grupo del héroe hacía tiempo, pero jamás había mencionado su origen, su hogar o de dónde venía realmente.
Nyra continuó, sosteniendo la mirada de su compañero:
—Solo Lorian sabe quién soy... A ti ya Maito nunca les conté quién era en realidad. Quise mantener en secreto todo hasta que llegara el momento de decirles quién era.
Extendiendo su mano derecha hacia el cielo, Nyra desató un chasquido místico y una ráfaga devastadora de rayos cayó directamente contra Tahiel, quien se vio obligado a replegarse y mantenerse a la defensiva bajo su escudo de sombras.
Volviendo de nuevo hacia el grupo, Nyra confesó su secreto:
—Yo soy la cuarta princesa del reino de Claiflor.
Kael quedó completamente boquiabierto, sin poder procesar la noticia. ¡Nyra resultaba ser nada menos que una princesa del lejano reino de Claiflor!
—Dentro de mi linaje existe la Facción del Rayo —continuó explicando Nyra con serenidad—. Mi familia, a lo largo de los años, ha heredado el gran poder de los rayos.
Kael analizó las palabras rápidamente y comentó:
—Pero eso es bueno, ¿no? Dominar un elemento natural es considerado de prodigios. Aquellos que dominan agua, tierra, fuego, rayos, luz, oscuridad entre otros elementos, son considerados la élite.
—Así es... —asintió la princesa—. Y dentro de ese poder, también hay técnicas prohibidas.
Al escuchar la palabra "prohibida", la mente de Kael conectó los puntos y el pánico se apoderó de él. Intentó correr desesperadamente hacia Nyra para detenerla, pero unas gruesas cadenas hechas de plasma eléctrico brotaron salvajemente del suelo y le sujetaron firmemente las extremidades, inmovilizándolo en el sitio.
Kael forcejeó contra el amarre y le gritó con angustia:
—¡No lo hagas! ¡Eso es peligroso!
Nyra esbozó una tierna y triste sonrisa al ver su reacción.
—Así que sí sabes de eso...
—¡Claro que lo sé, soy usuario de fuego! —rugió Kael, con los ojos llenos de desesperación—. ¡Sé lo que le hace al cuerpo el sobreesfuerzo elemental!
Nyra suspir con paz, sintiendo que el flujo de su vida comenzaba a convertirse en pura energa esttica.
—Entonces me ahorras toda esta explicación... Sabes, fue un gusto viajar con ustedes. Es una pena que este sea el final.
Kael volvió a gritar con desesperación, sintiendo cómo las lágrimas quemaban sus ojos:
-¡No! ¡No intentes usar esa técnica prohibida!
—Es muy tarde... —susurró ella.
Kael quedó completamente paralizado sobre las piedras. Lo entendió todo en ese aterrador segundo: esa imponente armadura celestial no era un simple aumento de maná, era la técnica suicida prohibida de su linaje, la llamada Diosa de los Rayos . Sin poder hacer nada para salvarla, Kael cayó de rodillas sobre los escombros, quebrado por la impotencia.
Nyra lo miró con infinita dulzura y le dedicó sus últimas palabras:
—Me hubiera gustado despedirme de Lorian... y también de Aurora... también de Maito.
Las lágrimas comenzaron a salir libremente de sus ojos oscuros, desbordándose por sus mejillas mientras la luz de la armadura amenazaba con consumirla.
—Estos años que pertenecí al grupo de mi esposo... quiero decir, del Héroe... fue fantástico. Viví muchas aventuras y los conocí a ustedes. Hoy me despido... pero no será un adiós, sino un hasta pronto.
El cuerpo de Nyra empezó a brillar con una intensidad cegadora y divina que cegó por completo a Kael, quien lloraba desconsoladamente atado por las cadenas. A su lado, Farasya observaba con el corazón roto cómo la imagen de la heroína que acababa de salvarle la vida se estaba despidiendo para siempre, rompiendo a llorar en silencio. En ese mismo instante, el cielo ensombrecido se estalló y comenzó a llover con una intensidad sobrecogedora sobre las ruinas de la iglesia.
Por otra parte, en las afueras desoladas del reino, habían pasado exactamente cinco minutos desde que Lorian cayó inconsciente tras su duelo contra York.
El joven héroe se despertó de golpe, ahogándose en una bocanada de aire fresco. Sintiéndose profundamente adolorido por todo el cuerpo, se sentó con dificultad sobre la tierra empapada. Luthan, flotando a su lado en forma humana, lo miró con alivio y comentó:
—Vaya, por fin despiertas, amigo. Ya han pasado cinco minutos.
Lorian se tocó la cabeza, intentando enfocar la vista.
—¿Qué pasó...?
—Te desmayaste por el agotamiento —le explicó Luthan—, pero gracias a esos cinco minutos te has recuperado un poco.
Lorian abrió los ojos con asombro, asimilando el tiempo transcurrido.
— ¿Cinco minutos? Espero que no haya pasado nada malo con mis amigos...
Pero el asombro inicial se transformó en un vacío helado en su estómago tras levantar la mirada e inspeccionar el interior de la ciudad. A lo lejos, se podía ver claramente cómo estaba lloviendo con una violencia extrema, pero la tormenta afectaba únicamente al distrito central de Teotia; un fenómeno mágico completamente antinatural.
Recordando las palabras del monólogo sobre las reglas del tiempo y las tragedias que ocurren cuando te descuidas, Lorian se aterrorizó, murmurando con la voz temblorosa:
—No me digas que...
Sin esperar un segundo más, Lorian se puso de pie ignorando los dolores de sus heridas y empezó a correr a máxima velocidad hacia el interior de la urbe.
Luthan, tomado por sorpresa, le gritó a sus espaldas:
—¡Oye, espera! ¡No me dejes botado!
Lorian no respondió. Continuó corriendo desesperadamente entre los escombros, con el corazón en la garganta, sintiendo una angustia insoportable por lo que pudiera estar ocurriendo en el corazón de la ciudad.
Mientras Lorian corría con el corazón en la garganta hacia el interior de la ciudad, en el distrito sagrado Nyra se preparaba para lanzarse con todo contra Tahiel, concentrando las últimas reservas de la energía divina del rayo.
Tahiel, observando con soberbia el despliegue de la armadura celestial, alzó una mano y, con un frío chasquido de dedos, destruyó instantáneamente los rayos que lo rodeaban, dejando de defenderse por completo. Con un tono de voz gelido y burlón, sentenció:
—Qué maravilloso... Al final de cuentas los humanos son criaturas que, con tal de morir, llevan sus cuerpos al límite.
Nyra no esperaba más y se lanzó con todo contra el monarca oscuro. En un destello ciego, reapareció cara a cara frente a Tahiel y lanzó una feroz estocada oblicua con su espada de plasma. Pero ocurrió algo aterrador. Tahiel no movió un solo pelo de su sitio: con una calma monstruosa, frenó la hoja mística sujetándola firmemente con una sola mano descubierta. Nyra forcejeó con desesperación para retroceder y recuperar la distancia, pero le fue imposible desengancharse.
Tahiel se inclinó levemente hacia adelante y le habló al oído con un susurro venenoso:
—Pero los humanos son tan patéticos... Medio obtienen poder y se creen los reyes del mundo.
Sin previo aviso, con una velocidad sobrehumana, Tahiel empujó su garra desnuda hacia adelante, atravesando de lado a lado el estómago de Nyra.
Nyra abrió los ojos de par en par y escupió un torrente de sangre sobre el hombro del rey demonio. El impacto había sido devastador: Tahiel había logrado romper el metal reforzado de su armadura celestial y perforar por completo su abdomen. Riendo con desprecio, la monarca soltó la espada de rayos y, cargando de inmediato una cantidad descomunal de energía oscura en su palma libre, la descargó a quemarropa sobre el torso de la chica. La detonación hizo volar a Nyra a través de la plaza, haciéndola estrellarse violentamente contra unas casas colindantes que se cayeron a pedazos sobre ella.
La escena fue brutal. Desde la distancia, Farasya y Kael quedaron profundamente aterrados tras presenciar lo sucedido.
Tahiel se sacudió la sangre de la mano, comentando con indiferencia:
—Es una pena que tal poder esté en los humanos... Sus cuerpos son muy frágiles para poder usar la fuerza de los rayos.
Kael, apretando los dientes hasta hacerlos crujir, se levantó del suelo y tomó con firmeza la empuñadura de su espada. Paso a paso, con el rostro ensombrecido, se fue acercando a Tahiel mientras el acero de su arma se envolvía en un fuego ardiente y vengativo.
Tahiel lo miró de reojo y se burló:
—No me digas que vas a vengar a tu amiguita... No te preocupes, tú serás el siguiente en acompañarla.
Kael no dijo absolutamente nada; Simplemente seguí caminando en silencio hasta quedar frente a frente con el verdugo de su camarada. En su mente, sintiendo el peso de la desesperación, se resignó:
Ya no queda otra... Perdón, Lorian, pero este tipo es un monstruo y no hay posibilidades de ganarle. Tendré que usarlo aunque me cueste la vida.
Pero justo antes de que el espadachín pudiera pronunciar la habilidad maldita, un rayo cegador cayó desde el cielo y lo hizo retroceder varios metros. Tahiel desvió la mirada con sorpresa hacia el punto de origen de la descarga: venía directamente de la dirección de los escombros donde había mandado a volar a Nyra.
De entre los cascotes humeantes, Nyra se levantó poco a poco. Su poder mágico no solo no se había apagado, sino que aumentó de golpe a niveles estratosféricos. En un parpadeo, apareció frente a Tahiel y conectó un brutal puñetazo directo en su cara que mandó a volar al Rey Demonio varios metros contra el suelo.
Kael la vio de pie y, creyendo en un milagro, le dijo con preocupación:
— ¿Te encuentras bien? Descansa un poco, esa herida en el estómago es profunda...
Pero no recibió respuesta alguna por parte de Nyra. La chica simplemente comenzó a caminar en silencio, con la mirada perdida hacia donde Tahiel se reincorporaba.
—Oye, espera... —intentó llamarla Kael.
Fue en ese preciso microsegundo cuando Kael se dio cuenta de la espantosa realidad. La luz en sus ojos se apagó. Lentamente, agachó la cabeza y murmuró con la voz rota por la culpa:
—Fuiste la más fuerte de todos nosotros... Descansa, amiga Nyra, nosotros nos encargamos del resto.
Kael le dio la espalda mientras lágrimas amargas corrían libremente por sus mejillas. Farasya, que se encontraba cerca de él, lo miró confundida y le preguntó al ver su reacción:
¿Qué te sucede? ¿Por qué lloras? Esta es la oportunidad de contraatacar contra mi padre... ¿Por qué no la ayuda a ella?
Kael simplemente volvió a caer de rodillas sobre las piedras y, golpeando el suelo con el puño impotente, le confesó:
—Ya es tarde...
—No entiendo... —insistió Farasya—. ¿Por qué dices que ya es tarde? ¿Acaso no viste cómo, después de ser atravesada en el estómago, ella se volvió a levantar?
Kael apretó los dientes, tragándose el dolor:
—Lo que ves de ella solo es un reflejo de su voluntad... Ella ya no está con nosotros.
Farasya quedó completamente sorprendida al escuchar las palabras de Kael. ¡Nyra había muerto, pero su voluntad póstuma e inquebrantable seguía en pie para protegerlos! Fue entonces cuando el demonio notó el detalle escalofriante: el cuerpo de Nyra estaba desapareciendo poco a poco en partículas de luz mientras caminaba. Miró hacia las ruinas del edificio de donde había salido y vio el cuerpo físico de la princesa tirado e inerte bajo las piedras.
Farasya se preguntó a sí misma, estremecida:
¿Qué clase de habilidad es esa que te permite seguir peleando después de morir...?
En el centro de las ruinas, Tahiel se levantó de los escombros, limpiándose la sangre de la comisura de los labios, y comentó:
—Vaya, pero si todavía vives, humana. Eso es impre...
Pero no pudo completar la frase. Nyra arremetió con todo contra él, propinándole una paliza salvaje y despiadada. Tahiel intentaba defenderse desesperadamente con sus sombras, pero le era del todo imposible; la velocidad de los golpes de la chica era absurdamente alta, siendo incapaz de interceptar sus estocadas. Golpes tras golpe lo hacían escupir grandes cantidades de sangre oscura. Luego de unos segundos de castigo continuo, Nyra detuvo la ráfaga de puños y simplemente conectó una patada destructiva en el estómago del rey que lo hizo salir disparado hasta impactar directamente contra la catedral. La estructura sagrada sucedió por completo y se vino abajo; Tahiel quedó sepultado bajo toneladas de escombros.
Cumplida su última misión, el reflejo espiritual de Nyra simplemente desapareció en el aire.
Kael, mirando al cielo, susurró con lágrimas en los ojos:
—Se acabó... Gracias por todo, Nyra. Te prometo que tu sacrificio no será en vano. El anfitrión de este juego está por llegar para terminar con esto.
A medio camino en el distrito urbano, por donde Lorian corría desesperadamente, la figura resplandeciente de Nyra se le apareció de golpe en el sendero. Ella no habló; simplemente se acercó a él y lo abrazó con calidez.
Lorian, deteniendo su marcha, suspir con inmenso alivio:
—Qué bueno que estés bien... ¿Pero qué haces aquí? Espera... ¿Por qué llevas esa armadura?
Nyra, sosteniéndolo entre sus brazos, finalmente habló con la voz más dulce y suave que jamás le había dirigido:
—Amado Lorian... gracias por compartir bellos momentos conmigo. Me despido de ti, a quien tanto amé... Cuida de Aurora, ¿sí? Ella es una gran mujer.
Lorian parpadeó, desconcertado por el tono de despedida:
— ¿Acaso te golpeaste la cabeza? ¿Por qué dices eso?
Nyra simplemente esbozó una hermosa sonrisa y bromeó con ternura:
—Por lo menos en esto sí le gané a Aurora...
— ¿Eh? Pero... —intentó decir Lorian, pero fue interrumpido abruptamente por un beso profundo y lleno de amor.
Una descarga de estática y calidez sacudió el cuerpo de Lorian. Nyra entonces dio dos pasos hacia atrás y se volteó, dándole la espalda.
—No me arrepiento de nada... Amado Lorian, nos volveremos a ver.
En ese instante, Lorian dio cuenta del horror: las piernas y los brazos del cuerpo de Nyra se estaban disolviendo en el aire.
—¡Espera, Nyra! No me digas que...
Nyra se giró levemente y le hizo la seña de silencio llevándose un dedo a los labios, regalándole una última mirada llena de paz. Lorian comenzó a llorar desesperadamente, extendiendo la mano para sujetarla, pero Nyra fue desapareciendo poco a poco en un polvo de estrellas hasta que no quedó absolutamente nada en el camino.
La lluvia torrencial fue lo único que permaneció cayendo del cielo.
Lorian permaneció inmóvil en medio del camino, con la mano aún extendida hacia el espacio vacío donde Nyra había desaparecido hacía unos segundos. Sus dedos temblaban violentamente sin poder aferrarse a nada más que a las gotas de agua. Cerró lentamente el puño, bajó la cabeza y sus lágrimas verdaderas se confundieron con la lluvia de Teotia. El mundo entero guardó un luto y un silencio absoluto.
Entonces, Lorian desató su verdadero poder.
Una onda expansiva de hombre colosal explotó desde su cuerpo y el piso de piedra se partió en mil pedazos bajo sus pies. Apretó los puños con una fuerza descomunal y el aura dorada y divina que desprendía comenzó a disipar por completo la penumbra de la Oscuridad Primordial a su alrededor. Con los ojos encendidos en una furia sagrada, extendiendo la mano derecha hacia el aire.
Luthan, que venía corriendo a unos metros de distancia, reaccionó al instante a la llamada de su portador: se convirtió en su forma de mítica naginata en un destello plateado y se desplazó a velocidad luz directamente hasta la mano de Lorian. El joven la sujetó con firmeza e hizo un único tajo vertical hacia el firmamento, liberando un tajo de luz que rajó las nubes y despejó por completo toda la oscuridad que cubría el reino. Tanto el cuerpo de Lorian como la hoja de la naginata soltaban violentas chispas de energía destructiva.
Este era el despertar del poder absoluto de un héroe que acababa de perder a la persona más importante de su vida; el dolor se convertía en el detonante para liberar una fuerza divina que iba mucho más allá de la comprensión humana, un poder único y aterrador que solo los héroes verdaderos poseen: las llamadas "Consecuencias de Héroe" .
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