Eran ya las 7:00 de la mañana y los primeros oficinistas terminaban copiosamente su labor matutina, empleada con súbita calma, como aquel a quien la costumbre se ha arraigado tanto que sin ella serían diferentes. Siendo así, algunos ya salían de sus apartamentos, cierto era que no eran lujosas ni mucho menos aparatosas, aunque si eran convencionalmente espaciosas para seres humanos adecuados a este estilo de vida.
Los primeros, descendían por el elevador o algunos, cuyo pensamiento era más bien moderno, descendieron por las escaleras, de manera ruidosa y en ciertos casos molesta, pues creían que dicho acto representaba una elevación de estatus o algo por es estilo. Dichos empleados, si bien no pertenecían ni trabajaban a una misma empresa; sí trabajaban en un enorme complejo de edificios de distintos pisos.
Carlos era uno de los cientos de empleados que trabajaban en una de las empresas más prestigiosas, si bien era bastante inteligente y astuto, no negaba que en parte logró ingresar gracias a contactos y a favores con fines políticos. La aglomeración en la calle era evidente, choques inoportunos y un ambiente de tensión casi palpable, Carlos estaba algo preocupado, debido a que su jefe le había pedido un extenso informe para ese día, y lo quería a primera hora en su oficina. Estaba en la calle de enfrente del enorme edificio, el cielo era completamente oscuro, ni un solo rayo de luz lograba salir, haciendo que algunas personas se preocuparan por una tormenta o algo por el estilo. Él no le tomó demasiada importancia, tenía un trabajo pendiente, y no iba a divagar si ese día iba a llover o por el contrario, un día soleado.
El semáforo dio el rojo a los carros, y Carlos, junto con la enorme aglomeración, cruzaron apresurados al edificio, la entrada estaba también congestionada, pero no era por no poder pasar, sino que algunas personas miraban por las enormes ventanas hacia el horizonte.
"Será tan grave el clima", pensó Carlos ante la exposición de la escena. Mientras avanzaba, con pasos cortos e intentado pasar a algunos distraídos que se quedaban. Al fin, y con algunos empujones, logró pasar hacia el edificio, allí, la situación era igual a la de afuera, algunas personas miraban por los enormes ventanales, y otros cuchicheaban entre ellos, con aparente preocupación. Delante de él, estaba el único ascensor, y ya se estaba empezando a llenar, corrió hacia allá, pese a que era una cosa que no se atrevía a hacer en ese lugar, al final, logró llegar antes que estuviera lleno.
Allí algunas personas, nuevamente empezaron a hablar del extraño suceso, pues a esas horas de la mañana la luz del sol, por más que el día fuera nublado, lograba iluminar algunas zonas de la gran ciudad; sin embargo, ese no era el caso, y la oscuridad era evidente. Carlos, intrigado, les preguntó por qué la preocupación. Una señora, le respondió que algo había pasado en el sur de la ciudad, entre todos eso pueblitos pequeños de la región. Carlos no lo pudo creer, así que le dijo que no era posible, pues en ningún lugar de Colombia había una central nuclear, además, que si mal no estaba, en esos pueblos no había ocurrido incendios o algo alarmante. La señora, volvió a contestarle, y le dijo que en un municipio, que no recordaba su nombre, y que no había salido en las noticias, el ejercito había desocupado todo el municipio porque algo había pasado ahí.
De inmediato Carlos lo recordó, un amigo suyo le había contado, aunque él creía que era nada más una teoría conspirativa. Se quedó indagando, en tanto que el elevador cerró sus puertas y empezó a subir. Al cerrarse, se escucharon algunos sonidos, pero eran disipados por la cabina, no eran del ascensor, eran de afuera, aunque no se supieron explicar el por qué de los sonidos. Carlos sacó su celular, para llamar a su madre, aunque la señal era pésima y no podía ni llamar. Estaban en el piso 11, cuando las luces se fueron, y el ascensor se detuvo. Tuvieron que sacar sus celulares para poder alumbrar, y no se movieron, para nada, solo se escuchaban sus respiraciones y pequeños murmullos.
Los anteriores ruidos se mantenían, y a veces, uno que otro, se escuchaban como una especie de gritos, o algo parecido. Carlos mantenía su mano para alumbrar a su alrededor, una chispa de miedo empezó a avivarse dentro de él, al igual que las demás personas que estaban ahí. Dentro habían 6 personas, incluyendo a Carlos, todos ya estaban pensando lo peor, pues nunca el ascensor se había quedado varado desde la construcción de ese edificio.
La señora que antes le había respondido a Carlos, dijo que todo era extraño, desde ese extraño clima hasta eso. Un señor, algo mayor, llamó a la calma a todos, simplemente tenían que esperar hasta que alguien activara el ascensor o que los sacaran de allí. Los minutos pasaron, y los ruidos inquietantes cesaron por unos momentos, aún así, no había tranquilidad en ese ascensor, por alguna razón, cada que alguien se movía, también lo hacía el propio ascensor, haciendo que algunos se quejaran. La señora, junto con una joven recién llegada a esa empresa, se habían sentado en una esquina, el señor mayor, junto con un importante ejecutivo, hablaban entre ellos, en tanto que Carlos estaba con un conocido de su mismo piso.
Carlos se acordó de todo lo que había visto, y le preguntó a su compañero sobre si sabía todo lo que se estaba hablando. Este le dijo que aunque no había aparecido en las noticias, un primo suyo, que estaba en el ejercito, le había dicho que los habían llevado a un municipio no muy lejos de la gran ciudad para supuestamente resguardar a un político, sin embargo, como ellos sabían, no estaban en temporada de elecciones, por lo que era demasiado contradictorio. Carlos no quedó muy satisfecho, así que se quedó divagando sobre lo que había visto y oído en todos esos días. Los ruidos volvieron, pero esta vez se escuchaban más cerca y... mucho más aterradores.
El más viejo dijo que no se movieran, él se levantó, llamó a Carlos y al que estaba hablando con él, se levantaron meticulosamente, se acercaron los tres a la puerta, intentaron abrirla, era muy pesada pero lo lograron, el compañero de Carlos dijo que quería salir de primeras, así que lo hizo, salió con ayuda de Carlos, debido a que el ascensor estaba a la mitad de la salida, por lo que tenía que saltar un poco y salir por ese estrecho. El viejo también tenía que salir, puso su cabeza entre el estrecho, pero se quedó quito, viendo que el compañero de Carlos se iba, el hombre mayor lo llamó, después, vio como pequeñas "nubes" negras se difuminaban y se acumulaban por los pasillos, estas empezaron a acumularse aún más, y a dirigirse hacia el ascensor.
El amigo de Carlos volvió...
O parte de él, no tenía la mitad de su cuerpo. Las entrañas sobresalían de su torso, la sangre se derramaba convulsivamente, las manos se arrastraban entre el piso mojado, dificultando que avanzara. Luego algo se lo llevó.
El viejo se quedó atorado entre el estrecho, los gritos de las mujeres, junto con sus movimientos, hicieron que el ascensor poco a poco bajara. El anciano gritó, Carlos lo empujaba hacia atrás, cuando al fin lo logró. La cara del anciano estaba arrancado, los ojos empezaron a caer como agua sobre la piel, no tenía su nariz y solo tenía algunos dientes amarillentos y descuidados. Este se movía, intentaba tocarse la cara, pero no lo pudo hacer. Cayó de espaldas en un rincón.
La mujer mayor se paró y gritó, desde la bruma oscura, una enorme lengua larga y delgada emergió, y agarró la mandíbula de la señora, Carlos y el importante ejecutivo la agarraron, el forcejeo no duró mucho tiempo, la mandíbula empezó a despejarse de la cabeza, la piel se estiró como goma, la sangre brotó desde dentro de la boca, la lengua se movía, y la señora no podía siquiera gritar. Al final, la lengua fue la vencedora. Y la señora quedó sin su mandíbula, aunque con la lengua por fuera, se movió entre los brazos de Carlos y el ejecutivo, y luego vomitó sangre sobre el piso, y cayó de cara.
Los tres que quedaban se agacharon, la lengua volvió, el ejecutivo se puso en cuatro, en un rincón, mientras Carlos y la joven en el otro, ella lloraba, y se aferró a Carlos por la espalda. La lengua eligió. En un movimiento veloz atravesó la ropa, luego entró por el ano, la punta de la lengua monstruosa tenía espinas, por lo que cada vez que avanzaba, desgarraba tejidos y la carne, avanzó por los intestinos, luego por la tráquea, hasta llegar a la boca, en donde se aferró. Luego, empezó a retorcer el cuerpo, creando un espiral, la cabeza era el centro, en donde se puso en la nuca de la espalda, luego su torso se enrolló sobre su cabeza, y así hasta el ano y sus pies. El ejecutivo estaba muerto.
La lengua se lo llevó. Los dos empezaron a llorar desconsoladamente, en la única salida no sabían que cosa se encontraba allí. La chica dijo que le dolía el estomago. Carlos temió lo peor, ella se levantó, como por instinto, y delante de él, los pantalones que tenía, en la zona de la vagina, empezó a separarse, hasta subir a su estomago, la sangre era negra y viscosa, los órganos cayeron en el piso, la sangre roja y negra empezó a mezclarse, por último su cabeza, en un corte perfecto se abrió. Las dos partes se movieron, se tamalearon y cayeron. De ahí salió una masa irregular, verde, que se empezó a mover.
Carlos se levantó, era inevitable, y empezó a saltar lo más que pudo, cuando caía lo hacía con fuerza, la lengua volvió, así que lo hizo con todas las fuerzas de su ser. Al final, algo se rompió, el ascensor empezó a descender. EL anciano empezó a levitar, al igual que la señora y la joven partida a la mitad, solo Carlos pudo ver eso. La sangre roja y negra subían como gotas, además, se mantenían quietas. Carlos también levitó, la oscuridad era parcial, las luces de los pisos inferiores pasaban, se mostraban y se iban.
Carlos iba a morir, y no había sabido nada de su madre. Todo estaba en perfecta elevación. Y no duraría mucho.
ns216.73.216.134da2


