Al momento de entrar al departamento, este se encuentra con el recepcionista del departamento y le pregunta si hay un ascensor por ahí.
Javier:
Hola, me gustaría saber si tienen un ascensor porque soy nuevo acá y me gustaría llegar a mi habitación lo más rápido posible para empezar a decorarla como me gusta. Muchas gracias.
Recepcionista:
Claro, señor, el ascensor está yendo por ese pasillo, bien al fondo, y cuando llegues ahí, doblas a la izquierda y encontrarás el ascensor. Por cierto, tu inglés es muy bueno, ¿De dónde sos?
Javier, al escuchar lo último que dijo el señor, se sintió orgulloso de sí mismo. Diciéndose mentalmente que todo su esfuerzo está dando frutos, ya que se había esforzado un montón para aprender inglés y hacer que la persona con la que estuviera hablando pensara que era de allá.
Javier:
Muchas gracias por el halago, yo soy de Argentina, vine este mes a Inglaterra ya que quiero mejorar mi inglés, además de que uno de mis ídolos del heavy metal es de acá, de Inglaterra. Este se llama Ozzy Osbourne y, curiosamente, también soy fan del equipo del cual él es también fan: "Aston Villa".
Bueno, nos vemos... Antes de que me olvide, ¿cómo te llamas?
Recepcionista:
Mi nombre es Jet y por un momento pensé que eras de acá, seguí mejorando y nada, eso, me caíste bien. ¿Te parece tomar un café un día de estos?
Javier sin pensarlo dos veces:
Dale, de una, te paso mi número y llámame para cuando quieras tomar un café y charlar.
Cuando Javier y Jet se despidieron, este finalmente se fue para el ascensor. Al llegar ahí se encontró de vuelta con Faye.
Faye:
Se ve que estamos destinados a encontrarnos jajajaja, ¿Qué tal te está yendo en la ciudad? Lo único que te pido es que me digas qué dejaste de apostar.
Esto último lo dijo mirándolo de forma fija a Javier, ya que al conocerlos desde chiquito, sabía de su fascinación por las apuestas. Eso le preocupaba mucho a Faye, ya que no quería que su mejor amigo perdiera todo lo que construyó por culpa de la ludopatía.
Javier, al ver que hablaba en serio con respecto a lo de las ludopatías, quería que la tierra lo tragara ya que ella siempre sabía si había apostado o no por sus gestos faciales, lo cual era cuestión de segundos de que se diera cuenta de que había apostado en el clásico de Manchester.
Faye:
Javier... ¿Cuántas veces tengo que decirte que pares con eso de las apuestas? Pero bueno, si quieres perder tu plata, allá vos. Ya te traté de ayudar varias veces, pero no me escuchaste, así que ahora hacé lo que quieras, pero después no vengas llorando a pedirme plata.
Javier estaba a punto de responderle enojado a Faye por la rudeza con la que le dijo la verdad, pero se detuvo cuando analizó la situación. Aunque no quisiera aceptarlo, a pesar de que no le gustó su forma de decirlo, lo que ella dijo era cierto. La ludopatía le hizo perder varios, por no decir miles de pesos en el momento en el que ambos estaban en Argentina. Javier llegó a tal punto de que en una apuesta llegó a perder 2.000.000 de pesos argentinos, y con la cara bien de piedra, como el autor que está escribiendo esto, fue a pedirle a Faye los dos millones que perdió. No hace falta describir cómo terminó eso.
Javier:
Aún no entiendo cómo podés leerme la cara para saber si digo la verdad o miento, pero si te soy sincero, sí, aposté. Pero esta vez decidí que con la plata de la apuesta que gané, sería mi última apuesta. Te lo juro, Faye, esta va a ser la última vez que apueste.
Faye miraba a Javier a la cara para ver si estaba siendo sincero, y esta se impresionó al ver que en su rostro se notaba honestidad.
Faye:
¡Wow, Javier! Estás siendo honesto por primera vez, pero recuérdalo, si volves a caer en las apuestas, no te aparezcas frente a mi puerta para pedirme plata.
Javier:
Gracias por creer que esta vez voy a cambiar Faye, por cierto, ¿No crees que el ascensor está tardando demasiado? Digo, tuvimos el tiempo suficiente para que me retes por el tema de las apuestas y todavía no llego.
Faye:
Es verdad, es muy raro, ahora que lo decís, vengo esperando hace 30 minutos que venga el ascensor.
Mientras hablaban de cosas intrascendentes para hacer tiempo mientras esperaban el ascensor, este llegó de golpe, haciendo que tanto Javier como Faye se cagaran del susto.
Faye y Javier:
¡La reputísima madre que lo parió! ¿¡Que mierda pasó para que cuando dijeramos lo del ascensor, este apareciera de la nada!?
Faye y Javier, mientras entraban al ascensor que llegó de la nada, estos se cagaban de risa por lo espontaneo que fue el cagaso que se pegaron a la hora que llegó el ascensor y por sobre todo, cuando dijeron la misma cosa al unisono.
Javier, al ver que llegaba al piso 4, se despidió de Faye.
Javier:
Nos vemos, Faye, un día te llamaré para pasear un rato por Birmingham.
Faye:
Dale, nos vemos, Javier.
Al momento en que se despedía Faye de Javier, se cerraban las puertas del ascensor, llevándola al piso donde estaba su habitación.
Javier, viendo que estaba en el piso 4, se puso a caminar en el largo pasillo hasta encontrar su habitación, la cual encontró unos minutos después, pero hubo un detalle que le llamó la atención cuando llegó a la puerta de su habitación.
En esta estaba pintada otra vez la marca del sacrificio del manga Berserk, pero lo más inquietante fue que había algo escrito debajo, lo cual decía: "No debiste venir acá, Javier".
Javier está confundido al ver que en la puerta estará otra vez pintada la misma marca con el mismo color rojo brillante que vio en la pared al lado de la puerta de entrada del departamento, pero esta vez estaba pintada en su puerta y con su nombre en ella. Esto hizo confundir a Javier y hacerlo enojar por el tema de la pintura dejada en su puerta.
Javier:
El que esté haciendo esto, que sepa que no es una buena broma que digamos.
Igual, además de eso, Javier no le dio mucha bola y entró a la habitación.
Javier:
Es hora de remodelar toda la habitación.
ns216.73.216.253da2

