Parte Uno: En la Oficina del Rector (Año 1974)127Please respect copyright.PENANA96F1tNvk6r
(La oficina del Padre Rector Alfonso Larraín Zañartu. La luz entraba por los ventanales altos, pero el ambiente era pesado y solemne. Los muebles de caoba y el escritorio imponente hacían sentir a Roberto como si estuviera frente a un tribunal. Padre Felipe permanecía rígido a un costado, brazos cruzados, mirada fría. Roberto entró despacio, los zapatos resonaban contra el piso encerado. Sus manos temblaban. Tragó saliva antes de hablar.)127Please respect copyright.PENANAzKew8PD0vX
Padre Rector Alfonso (voz resonante, cortante como un látigo):127Please respect copyright.PENANACydDo6YyPo
— Roberto, ¿tiene alguna explicación para lo que se nos ha informado? Que hoy, una vez más, se ha comportado de manera altamente indecorosa en el aula, mostrando a sus compañeros una revista lasciva procedente de los Estados Unidos. Dígame, ¿es cierto esto?
Roberto (tenso, balbuceando):127Please respect copyright.PENANAPYQuUwKbCB
— N-no, Padre Rector… no fue así… no quise… la verdad es que yo no sabía…
Padre Felipe (con tono severo, cruzando los brazos):127Please respect copyright.PENANABi84UE9WlJ
— Roberto, no es momento de evasivas. La revista estaba en tus manos y varios alumnos fueron testigos. Reconócelo: fuiste tú quien se las mostró.
Roberto (nervioso, intentando defenderse):127Please respect copyright.PENANApnq4gG0Ivd
— Padre… sí, la revista estaba conmigo… pero no era mía… y si se abrió, fue hojeada a la rápida, sin detenerse mucho.
Padre Felipe (interrumpiendo, implacable):127Please respect copyright.PENANAucoXWIbtnW
— ¿Sin detenerse mucho y que no era suya, dice, joven Roberto? No subestime nuestra inteligencia. He tenido la revista en mis manos: es una Playboy completamente nueva, de este mismo mes. Una edición tan reciente que no se consigue en Chile. Solo pudo haber entrado al país gracias a alguien que volviera del extranjero. Y dígame, joven Roberto… ¿quién acaba de regresar de los Estados Unidos?
(Roberto se quedó helado. Un silencio aplastante dominó la sala. Sus ojos se clavaron en el suelo, sus labios se abrieron pero no salió palabra.)
Padre Rector Alfonso (inclinándose hacia adelante, con voz atronadora):127Please respect copyright.PENANAnzf8mpxrWT
— ¡Responda! Si no fue usted, ¿quién la trajo entonces? ¿Quién más se atrevería a introducir semejante inmundicia en esta institución sagrada?
Roberto (apenas audible, tartamudeando):127Please respect copyright.PENANAtYVzICVN7l
— Yo… yo no sé… alguien, alguien más…
Padre Felipe (golpeando la mesa con la palma, furioso):127Please respect copyright.PENANAU1c61rdCHd
— ¡No nos mientas, muchacho! ¡Cada mentira solo aumenta su vergüenza! Esto no fue un accidente: usted trajo esa revista a Chile, usted la puso en las manos inocentes de sus compañeros. Fue usted quien contaminó sus mentes con imágenes impuras que ofenden la decencia y se burlan de la dignidad de la mujer, de la familia y hasta de Dios mismo.
Padre Rector Alfonso (con el rostro enrojecido, alzando la voz):127Please respect copyright.PENANAn0OCXATjcP
— Primero trajiste teorías evolutivas, desafiando y burlándote de las Sagradas Escrituras. ¿Y ahora esto? ¡Mujeres desnudas, poses indecentes, suciedad que amenaza los cimientos de la moral! ¿Qué será lo siguiente, Roberto? ¿Drogas? ¿Armas? ¿Has decidido convertirte en un agente de corrupción dentro de este colegio?
(Roberto temblaba, los ojos vidriosos. Negaba con la cabeza desesperadamente.)
Roberto (suplicante):127Please respect copyright.PENANA4NyLWzevnA
— No, Padre Rector, por favor… no quise hacer daño, lo juro. Solo…
Padre Rector Alfonso (interrumpiéndolo, con voz de trueno):127Please respect copyright.PENANAA3CN794mzt
— ¿Que “no quisiste hacer daño”? ¡Le muestras pornografía a muchachos impresionables! ¡Traicionas la confianza de las familias que nos entregan a sus hijos! ¿Te parece divertido? ¿Piensas que corromper a otros es un juego?
Padre Felipe (con voz helada y mirada penetrante):127Please respect copyright.PENANApPkmN4NcxC
— Te puedo asegurar, tus compañeros nunca olvidarán esas imágenes. Abriste la puerta a la corrupción. Aunque digas que eres inocente, sembraste veneno en sus mentes pueriles e inexpertas. Ese será tu legado.
Padre Rector Alfonso (apremiante, con dureza):127Please respect copyright.PENANAJUQRlnhpln
— Reconoce que fuiste tú quien la trajo y confiesa ya, o enfrentarás consecuencias aún mucho más graves.
(El pecho de Roberto subía y bajaba agitado; sus manos temblaban a los costados.)
Roberto (con voz entrecortada, los ojos bajos):127Please respect copyright.PENANAgSZ2abgVWW
— Sí… Padre Rector… sí, la traje… pero juro que no fue para hacer daño. Solo… quise mostrarla… pensé que era inofensiva…
Padre Felipe (indignado, avanzando un paso):127Please respect copyright.PENANAKGadOqyhCB
— Así que finalmente admites que la trajiste de tu viaje. ¿La compraste, sin duda?
Roberto (con un hilo de voz, pero firme):127Please respect copyright.PENANACR7RQ3yeDd
— Con todo respeto, Padre… la revista no la compré.
Padre Rector Alfonso (enfurecido):127Please respect copyright.PENANAYj9DB8EkMA
— ¿Entonces simplemente la robaste?
Roberto (más firme, levantando la voz):127Please respect copyright.PENANA1N8QeCIMEl
— ¡No! No la robé, Padre Rector. Con el mayor respeto… nunca tomaría algo así de manera deshonesta, ni aunque nadie estuviera mirando.
Padre Felipe (acusador, con dureza):127Please respect copyright.PENANAnkLNd7Klzq
— Primero niegas ser el dueño, ahora niegas haberla robado…
Padre Rector Alfonso (mirando a Felipe con dramatismo):127Please respect copyright.PENANA8FEMX9BZex
— Padre Felipe… temo que estamos ante un mentiroso compulsivo.
Roberto (desesperado, casi gritando):127Please respect copyright.PENANAyfqNJSInBz
— ¡Juro sobre la Biblia que no la compré ni la robé!
Padre Rector Alfonso (golpeando el escritorio, furioso):127Please respect copyright.PENANAaECY2GjHal
— ¡¿Cómo te atreves siquiera a jurar sobre la Biblia por una revista llena de suciedad y perversión?!
Roberto (apologético, explicando con torpeza):127Please respect copyright.PENANAx4rWjRKW1J
— Les ruego que me perdonen, padres… La verdad es que esa revista fue un regalo de despedida de mis amigos americanos. Me la dejaron en el locker después de la práctica, la noche antes de mi regreso a Chile.
Padre Felipe (incrédulo, murmurando):127Please respect copyright.PENANAaXi3M1o7i1
— Mentiras… más mentiras para encubrirte.
Roberto (apresurado, intentando probarlo):127Please respect copyright.PENANAZLM4Y2R4Tc
— Si no me creen… puedo probarlo. En la mitad de la revista hay un póster de la señorita Farrah Fawcett que se desdobla. Si lo abren, sobre uno de sus pechos verán la dedicatoria de mis amigos americanos… también están sus nombres allí, en el lugar que le indiqué, Padre Felipe.
(Padre Felipe tomó la revista, hojeó hasta el centerfold y lo desdobló con cuidado. Un silencio prolongado invadió la sala.)
Padre Rector Alfonso (rompiendo el silencio, con voz grave):127Please respect copyright.PENANAPLmYKhYGFu
— Pues bien, Felipe… ¿existe o no tal dedicatoria?
Padre Felipe (viendo el centerfold, serio, aunque con incredulidad):127Please respect copyright.PENANA42ptlMaet7
— La lista de nombres está clara, pero aún más clara es la dedicatoria. Aunque está en inglés, el sentido es evidente: esos amigos alientan a este joven a entregarse al goce corporal y al desenfreno mientras hojea la revista. El mensaje está claro, Padre Rector, no hay duda.
Roberto (rojizo de vergüenza, murmurando):127Please respect copyright.PENANA1SmC7byTqm
— Sí… eso es cierto, y lamento mucho el contenido de esa dedicatoria. Pero ellos solo estaban bromeando, padre… es humor americano, con todo respeto, no debiera tomarse al pie de la letra.
Padre Rector Alfonso (severo, mirándolo fijamente):127Please respect copyright.PENANA1AvhC2KZH1
— Humor americano o no, Roberto, eso no te exonera. Tu conducta ya de regreso en Chile sigue siendo altamente inapropiada y reprobable. Traer ese material… y presentarlo incluso como un “recuerdo inocente” a tus compañeros… demuestra una falta de criterio alarmante, casi enfermiza. Las consecuencias recaen únicamente sobre ti, independientemente de las intenciones de esos supuestos amigos que te entregaron semejante material corrupto.
Padre Felipe (respaldando, con tono firme):127Please respect copyright.PENANA8FcV20Ym7F
— Exactamente. Y ahora dime, Roberto, ¿qué te llevó a traer esa revista aquí? ¿Qué pensabas lograr con eso?
Roberto (titubeante, aún nervioso):127Please respect copyright.PENANAzJfiuTjPre
— Padre… yo… solo quise traerla como un recuerdo de esos amigos… no pensé que sería un problema…
Padre Rector Alfonso (voz cortante, severísimo):127Please respect copyright.PENANALoYF56hMI8
— ¿Un recuerdo? Eso no excusa la inmoralidad. A tu edad, deberías ya saber que es altamente inapropiado y una ofensa a tu conciencia y a Dios.
Roberto (cabizbajo, avergonzado):127Please respect copyright.PENANAUFlrZ7gAV9
— Lo siento muchísimo, padre… de verdad, no quería causar problemas…
Padre Felipe (suspirando, más calmado pero firme):127Please respect copyright.PENANA04zgSvbBqo
— Esto debe servirte de lección, Roberto. Las intenciones no borran la realidad: traer esa revista fue un desatino, y ahora debes asumir la responsabilidad y aprender de ello.
Padre Rector Alfonso (asintiendo con gravedad):127Please respect copyright.PENANANPepIyXIg3
— Que quede claro: las acciones, o mejor dicho, las malas decisiones de tus amigos, no te eximen. Cada error tiene consecuencias, y eres tú quien debe responder por ellas.
(El silencio es sofocante. La respiración de Roberto se acelera. Sus orejas arden de vergüenza. Contiene las lágrimas a duras penas.)
Padre Rector Alfonso (alzando la mano hacia el techo, con voz solemne de sermón):127Please respect copyright.PENANACgG29UFT8Z
— Incluso el Hijo de Dios supo perdonar a los indignos. A ti también se te concederá una única oportunidad. Pero escucha bien: esta es tu última advertencia. Si vuelves a desviarte, ni Cristo siquiera podrá interceder por ti. Serás expulsado sin contemplaciones.
Roberto (asiente rápidamente, con la voz temblorosa):127Please respect copyright.PENANArYKIdTpvuL
— Sí, Padre Rector… comprendo… gracias por su clemencia. Juro que no volverá a suceder. Haré lo que sea necesario para recuperar su confianza y la del Padre Felipe.
Padre Felipe (con voz fría y definitiva):127Please respect copyright.PENANAQE5OjdhxPz
— Esta es tu última oportunidad. Recuerda bien: un solo paso en falso más, y no habrá regreso para ti.
Roberto (cabizbajo, voz tenue):127Please respect copyright.PENANAh244Ya9Zm2
— Sí, Padre Felipe… entiendo perfectamente y agradezco su indulgencia y la misericordia que me brinda. ¿Podría retirarme con su permiso y el del Padre Rector?
Padre Rector Alfonso (asintiendo lentamente):127Please respect copyright.PENANAqhNcLkMfhH
— Puedes irte. Pero recuerda: si tropiezas otra vez, nadie podrá salvarte.
(Roberto, temblando, se dirigió hacia la puerta. Vaciló y luego se volvió.)
Roberto (voz temblorosa, humilde):127Please respect copyright.PENANAZPZXSzltC5
— Padre Rector… Padre Felipe… perdonen mi atrevimiento… pero… ¿sería posible… recuperar la revista?
(El Rector no respondió. Su mirada basta: imposible. Padre Felipe lo observó con frialdad, sin el más mínimo gesto de aprobación.)
(Roberto bajó la cabeza tan profundamente que casi tocaba su pecho. Su voz apenas era un susurro.)
Roberto:127Please respect copyright.PENANA0ReVDgXSot
— Mis disculpas… perdónenme. Gracias.
(Sale lentamente, arrastrando los pies, con el peso de la humillación y el miedo encima.)
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Parte Dos: Confesión después de la Confesión127Please respect copyright.PENANASvtKDE4iRB
Apenas Roberto salió apresurado, la oficina quedó en silencio. El Padre Rector Alfonso se echó hacia atrás en la silla, ajustándose los lentes, mientras el Padre Felipe se quedó parado cerca de la puerta, todavía con una sonrisa media burlona. Ahora que estaban solos, podían hablar con libertad del cabro… y del cacho que había traído consigo.
Padre Rector (suspirando, recostado en su silla):127Please respect copyright.PENANAOrcAjEwZNs
— Bueno… eso sí que fue una escena. No veía a un cabro temblar así desde… ¿quién fue? Ah, sí, Martínez, el del tercero medio. Pero este… este casi me quiebra los lentes del puro susto.
Padre Felipe (riendo entre dientes, caminando de un lado a otro):127Please respect copyright.PENANAGzj4TSHLqm
— Te juro, Alfonso, parecía un conejo encandilado. Y esa carita de inocente… “¡No quise hacerle daño a nadie!” A los catorce, todos creen que pueden convencer hasta al diablo mismo.
Padre Rector (con una sonrisa cansada, negando con la cabeza):127Please respect copyright.PENANAYEAU2iPutR
— ¿Convencer? Si apenas podía hablar. Y esa revista, Felipe… casi se me olvida cómo una página a color puede trastornar la cabeza de un muchacho. Supongo que debería dar gracias: trajo el pecado a mi oficina, y no a otro lado.
Padre Felipe (riendo abiertamente, con las manos en la cintura):127Please respect copyright.PENANAWhq8Pk17uR
— ¿Dar gracias? Yo más bien estaba pensando que deberíamos esconder nuestra propia colección. ¡Dios nos libre de que alguien encuentre a Farrah Fawcett entre nuestras oraciones!
Padre Rector (soltando una risita):127Please respect copyright.PENANA7xSvWlMasN
— Tienes el humor de un demonio, Felipe. Pero sí… demos gracias que sea solo un Playboy, y no filosofía moderna o — Dios nos ampare — teoría de los hombres-mono otra vez.
Padre Felipe (alzando una ceja, con tono socarrón):127Please respect copyright.PENANA5WsKsrv6Il
— Tal cual. Y pensar que antes nos preocupaban las manchas de tinta en las Biblias. Ahora los líos vienen de estos mocosos llenos de curiosidad y hormonas.
Padre Rector (frotándose las sienes, con un suspiro):127Please respect copyright.PENANA8Ssa1hwIZA
— Ah… la adolescencia. Que Dios la mantenga lejos… aunque hay que admitir que tiene su gracia.
Padre Felipe (riendo mientras se dirigía a la puerta):127Please respect copyright.PENANAHwKzHuKmjR
— Vaya lección en paciencia y autocontrol… pero la próxima vez, mejor cerremos las ventanas, ¿ah?
Padre Rector (con una sonrisa leve, asintiendo):127Please respect copyright.PENANAnfxYrwY6ND
— De acuerdo, Felipe. De acuerdo… bien cerradas y bajo llave.
Parte Tres: Del Miedo a la Locura: Ecos del Camarín127Please respect copyright.PENANAwipGfHJP2h
El vapor de las duchas todavía colgaba en el aire. Los cabros se secaban con toallas, tirando tallas y cagándose de la risa entre ellos. Roberto entró con la cara aún seria, temblando un poco, pero apenas se sentó en la banca… explotó en carcajadas. Todos se acercaron, expectantes, oliendo la historia jugosa.
Pereira:127Please respect copyright.PENANAoAtZbwLhUX
— ¡Ya, culiao! ¡Cuenta, po! ¿Te agarraron a combos con la Biblia o qué te hicieron?
Roberto (imitando al Rector, voz grave y pomposa):127Please respect copyright.PENANA0obipoCfXo
— “Joven Roberto… no solo trajo ideas gringas de evolución, ¡sino que ahora pretende corromper a todos con mujeres desnudas!”
“Todos se doblaron de la risa. Roberto se subió a la banca y exageró los gestos, moviéndose como si fuera el mismísimo cura en persona.”
Roberto (voz chillona de Padre Felipe):127Please respect copyright.PENANAKGICaiKbaV
— “Hijo… esta revista es imposible que exista en Chile… claramente la trajo usted mismo… ¡prueba del demonio en papel satinado!”
Soto (muerto de la risa, golpeando el locker con el puño):127Please respect copyright.PENANAt137W0MlOH
— ¡Jajajajaja! ¡Apuesto que Felipe ya la tiene escondida bajo la sotana, culiao!
Rodríguez:127Please respect copyright.PENANAPdW9j91x8V
— ¡Csm! ¡Imagínate al viejo Felipe manoseando la Farrah Fawcett mientras reza el rosario!
Los golpes en los lockers sonaban como metralla, toallas volaban, todos chillando de la risa. Roberto levantó la toalla como si fuera la revista sagrada.
Roberto (tono solemne, estilo Rector, mirando al techo):127Please respect copyright.PENANAHKJ49dPWh9
— “Si el Hijo de Dios concede perdón incluso a los más perdidos… usted también tendrá otra oportunidad…”
De inmediato, cayó en su pensamiento interno, vulgar y sin filtros:
— “Pero la revista, ni cagando te la devuelvo, hueón… esa weá es pa’ puro pajeo santo esta misma noche.”
Todos se doblaron, muriéndose de la risa. Pereira se tiró al suelo, sacudiéndose y dando golpes a la banca sin parar; Soto casi se muere de tanto despelote.
Jaramillo (sarcástico):127Please respect copyright.PENANAVRDlcmdQqr
— Seguro el Rector está pegándose con Felipe: “¡Me toca a mí primero, ctm, que yo soy el Rector!”
Roberto (fingiendo humildad, tono zalamero):127Please respect copyright.PENANAUb8zmzjgkg
— “Gracias, Padre Rector, gracias, Padre Felipe, con su permiso…”
Y enseguida cambió, voz en rabia exagerada:
— “¡Gracias las pelotas, viejos pajeros, cómprense su propio Playboy en vez de robármela, pa’ su pura calentura!”
Risas brutales, gritos y golpes en los lockers; alguien se persignó y todos terminaron partiéndose de la risa.
Soto:127Please respect copyright.PENANAwHdiRekKsl
— Hueón, te juro que esa revista no la va a ver nadie más… se la van a turnar como el Santo Grial.
Roberto (cerrando la parodia, levantando la toalla como un cáliz):127Please respect copyright.PENANAREjy60PnqI
— “Queridos hermanos, en vez de hostias, hoy comulgamos con Farrah Fawcett. ¡Amén!”
El camarín explotó. Todos lloraban de la risa, se daban palmadas en la espalda, rodaban por el piso, golpeando lockers y haciendo que las toallas volaran por todos lados. La humillación que Roberto había sufrido hacía horas con el Rector y Felipe se había transformado en un festín de irreverencia, un secreto de camarín que se contaría durante años.
Fue en esa risa descontrolada, en esa irreverencia atrevida, donde Roberto probó por primera vez lo que podía ser la libertad — un sabor que aún no entendía del todo, pero que guardaría consigo por décadas, escondido en la memoria, esperando reaparecer.
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Epílogo — Del Miedo a la Libertad
Tenía 34 años, ya periodista, y de pronto me encontré recordando aquel episodio perdido en la memoria de 1974. Apenas habían pasado seis meses desde el golpe, y yo, con 14 años, me vi envuelto en un pequeño escándalo por una revista Playboy. En ese entonces, en un Chile rígido y vigilado, aquel objeto parecía un artefacto explosivo.
Recuerdo la solemnidad del despacho, el aire grave, las palabras pesadas que me llovían encima como si fueran sentencias. Yo temblaba, convencido de que el mundo se me venía abajo. Con el tiempo descubrí que ese dramatismo tenía algo casi teatral, como si todo hubiera sido parte de una obra de Chéjov: los silencios, las miradas al techo buscando solemnidad, las frases que hoy resuenan exageradas, cargadas de una autoridad que ya no reconocemos.
Pero lo más curioso es que lo que más perdura no es la humillación, sino la risa. La risa de mis compañeros en el camarín, las carcajadas retumbando contra los lockers, los chistes irreverentes que transformaban mi bochorno en comedia compartida. Fue en ese instante cuando comprendí, aunque sin ponerlo en palabras, lo liberador que podía ser reírse de uno mismo, romper con la solemnidad y sentir que los amigos estaban ahí para convertir la vergüenza en ligereza. Esa risa colectiva fue como una puerta abierta: un recordatorio de que, incluso bajo vigilancia y miedo, todavía era posible respirar libertad.
Y ahora, con la distancia de los años, lo veo distinto. La revista ya no es símbolo de peligro ni de pecado, sino un recuerdo pintoresco de la juventud, de esos tiempos en que todo parecía definitivo y al mismo tiempo todo podía desvanecerse en una carcajada. Al evocarlo, sonrío. Los años han pasado, los tiempos han cambiado tanto, y lo que quedó fue apenas una escena absurda, perdida entre risas, digna de un escenario, digna de un recuerdo que hoy parece más farsa que tragedia.
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