Nebet-Het sostenía a Ast contra su voluntad.
Pasaron minutos desde que Hor entro al templo de Apedemak y ninguno de los dos salía. La angustiada madre amenazó con maldecir a Kush si algo le pasaba a su hijo. Golpeo las puertas hasta sangrar y su hermana interviniera.
—¡REGRESEME A MI HIJO! —bramaba Ast revelando su verdadera forma para soltarse de su hermana: una necher alta y delgada, con alas de milano en su ancha espalda. Una diversidad de hekas moradas, zafiros, rosas, aquamarines y plateadas, viajaban por su cuerpo— ¡No lo repetiré!
—¡Yo también estoy angustiada por mi hijo a culpa de tu raza! —reclamo Amesemi, rebelando un segundo par de brazos emerger de su cuerpo.
Ast extendió sus alas en seco.
—Ast, por favor, detente—le rogo su hermana optando también su verdadera forma, similar a la de Ast pero con el cabello largo hasta los tobillos—. No debemos sacar suposiciones precipitadas.
—Deberías escuchar a tu hermana—reconoció Amesemi.
Ast gruño e hizo de lado a Nebet-Het con sus alas. Los otros kushitas se detenían a una distancia prudente, criticando que, en ambos casos, los hijos se metieron solos en estados críticos sin el cuidado de sus madres. Esa era la versión que Dedun daba sobre Meruel, para culpar de todo a su sobrino y ocultar que el verdadero culpable era él. Arensnufis le creyó a ciegas, centrado más en la resolución del conflicto frente a ellos.
Ideo una forma de separarlas evitando la violencia y la llegada de sus otros hermanos irrumpió su estrategia. Los otros dos Soberanos que regían la naturaleza vegetal de Kush, los gemelos Sruptichis y Pursepmunis. Ambos vestidos de sus ropas tradicionales con bordados verdes y uno que otro color alegre que representaban los diferentes frutos que su mundo creaba. Al igual que su hermana, Sruptichis también era robusta, pero con una cabellera afro larga.
—¿Ya se percataron del caos en las aguas? —pregunto Persepmunis apenas llego con ellos. Después se percató de las dos Soberanas retándose con la mirada—. ¡Por el afro de papa! ¿Qué está pasando? Amesemi no saca sus cuatro brazos al menos que este muy alterada ¿Qué le hizo la Necher?
—No te das cuenta de nada, Perse—respondió Dedun sentándose con ayuda de Arensnufis.
—Dedun ¿estas bien? —le pregunto su hermana.
—No Sru. Estoy flojeando—dijo con sarcasmo.
—¡Estas siendo grosero! —lo regaño Arensnufis y se volvió a sus hermanos—. Encontré a Dedun en mal estado por El Kurru y lo traje—Dedun lo fulmino con la mirada—. Los Nechers rompieron nuestro acuerdo de paz de diferentes maneras.
Los gemelos abrieron los ojos. Arensnufis y Dedun les explicaron la situación mientras Nebet-Het se interponía entre ambas madres.
En la ciudad, los humanos alzaron gritos de socorro y terror. Las mutaciones afectadas por la sangre de Dedun, acababan de llegar a la ciudad. La aparición de las anormales creaturas junto con la inquietante noche eterna, infundieron la creencia del apocalipsis kushita. Un acontecimiento que ni los mismos sacerdotes habían supuesto o recibido profecía. El hecho era inesperado y nuevo. El fin de su mundo.
Para añadir confusión y miedo a la población (y animales), las aguas comenzaron a subir sutilmente. Los que vivían en las orillas fueron los primeros en notar el agua entrar lentamente a sus casas. Familias salieron a avisar de tal catástrofe, pues nunca antes en Kush habían sufrido inundaciones. Los barqueros abandonaron sus navíos con un pavor al agua que nunca creyeron sentir.
Los sacerdotes, al no poder darles respuestas los adoradores, escaparon al templo clamando una explicación. Irrumpieron en el área donde estaban todos los Soberanos reunidos y se humillaron contra el suelo horrorizados de presenciarlos a todos en un mismo lugar justo en esos momentos inexplicables.
—¡Mis dioses! ¡¿Esto es el fin de nuestras mañanas?! —pregunto uno.
—¡Por favor! ¡Díganos que mal hemos cometido para enmendarlo! —rogo una sacerdotisa.
—¡¿Sera el inicio de una nueva era?! —cuestionó otro.
Ninguno de los presentes hayo como evadirlas. Agradecían que los humanos tuvieran sus rostros postrados en tierra, para no ver como ellos se miraban entre ellos buscando una justificación. O que en el patio había dos Soberanas que no eran de su mundo. O que Dedun, su dios de la muerte, estaba en su peor estado.
De las aguas, emergió Soknopaios en su forma humana kushita. Se adentro a los templos y dar con el sacerdocio revisando y revaluando manuscritos antiguos que dieran alguna pista o profecía sobre lo que estaba pasando. Fue de largo con una sonrisa burlona y encontró la escena.
Dedun lo reconoció al instante y se puso pálido cuando el Aj-Sa rebaso a los sacerdotes para reverenciarse ante ellos con suma tranquilidad.
—Mis lores, es un placer estar ante ustedes—saludo Soknopaios, cortésmente. Dirigió su mirada a Dedun y abrió los ojos, impresionado—. Lord Dedun ¿Cómo sobrevivió al daño de mi amo?
Ante la depuración de ser difamado en frente de sus humanos y que sus hermanos callaban, Dedun soplo un incienso mortal sobre los sacerdotes y estos perecieron apenas lo respiraron.
—¡¿Qué has hecho?! —reclamo Pursepmunis enfadado.
—¡Cállate! Que, si los hubieras despachado, seguirían vivos. Iban a presenciar secretos—se justificó Dedun.
—¿El secreto de que te derrotaron? —acuso Sruptichis.
—¡Ya! Como sea—irrumpió Arensnufis—. En parte Dedun tubo razón, esos humanos se arriesgaron mucho entrando en nuestra presencia. Debieron esperar nuestras respuestas, no forzarnos a contestar.
—Me temo que yo también vengo a forzarlos, mis lores—comento Soknopaios,y trasmuto a su verdadera forma—. Permítanme presentarme, me llamo Soknopaios, heraldo de mi amo, Lord Sobek.
Arensnufis hiso volar a Dedun de sus brazos a los de sus hermanos, que lo cacharon entre los dos, con ayuda de su aire. Encaro al heraldo en un ángulo que impedía la vista a donde las nechers.
—Algún negocio, si no me equivoco—intuyo Arensnufis. Soknopaios asintió—. ¿Sobek fue quien le hizo esto? —señalo a un Dedun nervioso. El heraldo volvió a afirmar—. Espero que sea una disculpa—cruzo brazos—, o mi hermano tomara cartas en el asunto.
—En efecto, mi lord. Mi amo está dispuesto a recuperar la paz con su raza, a cambio de que ustedes compensen la falta que han hecho con la nuestra.
—¡¿Perdón?! —se quejaron todos los kushitas unánimes.
—Ese de allí—señalo a Dedun—. Le mintió a mi amo, al prometerle los Nechers desertores y después negarse a entregarla a una de nuestras princesas, Lady Anqet.
—¿Entregar a quién? —le cuestionó Sruptichis a Dedun, en compañía de las miradas reprochabas de los demás.
—Como escucha, my lady. Lord Dedun nos revelo su gran secreto a cambio de nuestro cannabis—acuso—. Han estado ocultando a traidores de nuestro reino y fingido no saber nada por casi cuatrocientos mil años.
—¿Qué acusación tan severa? —contradijo Arensnufis liberando una corriente de aire.
—Pero cierta. Ya atrapamos por nuestra cuenta a casi todos, incluyendo la favorita de Lord Dedun—miro al susodicho con una risa burlona y este apretó la mandíbula. Luego paso la mirada por más allá de Arensnufis—. Y solo nos faltan esas de allí—camino por su lado a donde contemplo a las nechers enfrentadas a Amasemi. Ignorantes de que las observaban.
Soknopaios recibió un golpe de aire pesado sobre él, que lo aplasto como fruta. Las partes del Aj-Sa se regaron por el suelo y parte sobre ellos. La acción hizo tanto ruido, que las madres en el patio se detuvieron al notarlo. Arensnufis respiro hondo para calmarse. Se froto los ojos y giro a sus hermanos. Ellos, en especial Dedun, se tensaron.
—Nos delataste…por una droga—dijo Aresnufis conteniendo un grito. Los gemelos depositaron a Dedun en el suelo lentamente y retrocedieron—. La droga vale más que nuestra armonía con una raza mas desarrollada que la nuestra—Dedun se aferró a sus hermanos y estos trataron de zafarse. Arensnufis dio un paso a el—. ¿te das cuenta de lo que pasara si entramos en guerra con los nechers? —emitió unas leves corrientes de aire a su alrededor a cada paso que daba—. Ellos nos superan en numero y poseen una Soberana tan poderosa como Apedemak ¡Dime como pensabas librarnos de eso! —grito aumentando sus corrientes de aire.
—Oh, enfrentarse a los nechers no es lo único que debería preocuparle—añadió la voz de Soknopaios.
Arensnufis corto sus flujos sobresaltado y volteo a donde dejo molido al Aj-Sa…o eso pensó. Las partes se reagruparon en una masa deforme, que mediante crecía retomaba la forma debida. El heraldo se contorsiono una vez recuperado y sacudió su cabeza. Nebet-Het y Ast lo vieron. Y el las vio a ellas.
—Mis ladys, su hermano ansia verlas nuevamente—les hablo—. Permítanme que resolvamos unos asuntos y luego podremos regresar a casa—se volvió a los kushitas—. Como les decía, mi amo les ofrece un trato: entréguenos a los Sangre de Atum, y no atacaremos Kush ¿tenemos un trato? —alzo la mano hacia Arensnufis esperando una respuesta. Amesemi vio de reojo a las nechers—. Por cierto—añadió y se dirigió a la Kandake—, también tenemos a su hijo. Por ahora esta bien.
De pronto, el mundo cayo en oscuridad total. La luz de la luna desapareció sin explicaciones.
La humanidad aulló en gritos desgarradores en todas las ciudades y pueblos. Unos corrieron despavoridos, chocaron entre ellos mismo y aplastaron a los que se paralizaron. Los que tuvieron la desgracia de ser atrapados en sus azoteas o segundos pisos, cayeron por las orillas. Quienes estaban en el desierto o el rio viajando, se consumieron de impotencia. Los sacerdotes, sin entender el mensaje de sus dioses, tomaron los cuchillos de sacrificio y se suicidaron. Y los niños…pobres creaturas.
Amesemi ahogo un grito mirando al cielo. Se llevo sus manos al pecho acongojada y derramo lágrimas. Sruptichis llego a ella con el fin de auxiliarla, pero ella la aparto con un grito. Encendió su cuerpo en una luz lunar, despejando la neblina que contaminaba la ciudad entera. Los habitantes de Meroe fueron cegados por tal cercanía, aun que estuvieran a kilómetros de ella. Solo los Soberanos no se inmutaban de su poder, eran normal para ellos.
Sin embargo, el heraldo estaba contemplando el cielo anonadado. Bajo la mirada asustado y la desdicha de la vieja luna kushita caía sobre él.
—¿Qué le hicieron a mi hijo? —cuestiono entre dientes y un rostro empañado de miseria.
Soknopaios trato de dar una explicación, pero se notaba tan confundido como ellos. Amesemi repitió la pregunta gruñendo.
—My lady—respondió Soknopaios asustado—. Temo que ni yo lo se.
Las puertas del templo abrieron de forma explosiva, y la potente luz solar de Apedemak colapso la se Amesemi. El león avanzo con ira y furia hacia el heraldo. Soknopaios se paralizo como nunca en su vida por estar en la mira del kushita. No logro escapar cuando lo tomo del cuello y alzo en el aire. Apedemak le pregunto lo mismo que su esposa, y el pobre cocodrilo balbuceo nulas ideas sobre lo que pudiera pasar. Todos contemplaron como el viejo sol de Kush prendió en fuego abrazador al Aj-Sa.
Ast se escabullo durante la distracción dentro del templo, pero Hor la topo de salida. Su estaba entero y sin heridas. Fue un escarmiento de cuando se reencontraron, porque Ast se lanzó a abrazarlo estallando en lágrimas y este apenas le correspondió unos segundos, para zafarse al terminar Apedemak de desintegrar el Aj-Sa sin el poder de regenerarse como antes.
—Hor, no seas así con tu pobre madre—lo regaño su tía. Que también se alivio de verlo sano y salvo—. Estuvo a punto de pelearse a muerte con Amasemi para entrar a rescatarte.
—No hay tiempo, tía—le respondió Hor alejándose de ellas para seguir a Apedemak.
—¡¡Hor!! —llamo su madre indignada— ¡¡¿Qué Karma pasa contigo?!! ¡¿Y POR QUE SIGUES A ESE SANGUINARIO?!
—¡No hay tiempo! —les grito, desapareciendo junto con Apedemak camino al rio— ¡debemos detener una guerra!
***
Cayo sobre la cómplice cama de Baba. Pregnada por rastros de fluidos caninos y babuinos que contaban las lujurias que ese cuarto extrañaba desde hace pocos días. Anqet lavaba su cama seguido, pero si no fuera así, sus sabanas faltarían para coleccionar los recuerdos de tantos amantes que la conocieron.
Baba la trajo sin cortejo. Apareció en su habitación cual carroñero luego de robar ese alimento que tanto requiere para calmar su hambre. Como siempre, ella debía ser la presa para sobrevivir ante quienes la sobrepasaban.
“Sera como lidiar con Dedun—se dijo ella misma—. No. Este es violento en el sexo, los babuinos son agresivos con sus amantes, y les gusta mandar en la cama. Debo ser sumisa”.
El necher adulto camino alrededor de la cama con la vista pasando por sus caderas, y subirla a sus pechos con un brillo de curiosidad. Anqet alentó su imaginación acomodándose en la cama disimuladamente, de forma que sus atributos resaltaran. Baba se llevó un dedo al labio.
—Una vez fantasee con tu madre, cuando estaba soltera—hablo al fin el babuino. Anqet borro cualquier rastro de coquetería de su rostro—. Luces tal cual la imagine en mis pensamientos—freno el pie de la cama—. Ella me habría atravesado con una ola de flechas. Tu no podrías ni apuntarme.
“Ignóralo. Ignóralo. Es un charlatán”. Lucho por retomar su teatro.
Baba se recargo en la cama con intención de trepar.
—¿Te parece si jugamos de una vez, y luego hablamos? —sugirió ansioso—. Me gustaría probar un truco que mis perras no logran solas, pero que tu si podrías—sonrió mirando su pecho.
Anqet no anticipo la velocidad con la que Baba la jalo de las piernas sin cuidado hasta tenerla bajo de él, aprisionada. Si ella estuviera libre, le huiría a la velocidad del viento huracanado. El babuino se inclinó desesperadamente, sin temor de cortar con tal sueño. Mientras que Anqet, estaba atada a una salida sucia y estrecha.
—Veamos si eres tan buena como tu reputación lo dice…Lady Anaka—reto, y atrapo sus labios con esa hambre que llevaba días sin satisfacer.
Anqet no reaccionó, apenas y abrió su boca para evitar reproches de Baba. El llevo una mano por su estómago, bajando hasta su entrepierna sin permiso. Descendió sus labios por el cuello tenso de la gacela, y no tropezó hasta llegar a su clavícula. Para ser su primera vez, Anqet le dejaba el control de todo tal como le fascinaba. Solo desearía que ella mínimo alzara voces de placer, tal como sus perras cuando lo alababan en la cama.
Estaba en pleno goce de su piel, saboreando la gordura de sus pechos y acariciando la blandura de su intimidad, cuando un ardor en su cuello paralizo toda corriente de lujuria y deseo viajando en su cuerpo. Se separo prendido en miedo.
Anqet tenía la mirada asesina, sin rastro de excitación u cordialidad. Y en sus dedos, sobresalía una aguja. Un colmillo de serpiente que acababa de ser usado. Baba dio unos pasos torpes. Llevo su mano a la nuca, sintiendo el bulto donde el ardor comenzó.
—¡Maldita ramera! —grito Baba temblis— ¡¿Qué hiciste?!
Ella se alzó de espaldas, y con su pie, pateo de golpe el pecho de el para derrumbarlo sobre el suelo. Las venas de Baba fueron engruesando por su cuerpo. Trato de pararse, pero no podía ni sostenerse sobre sus brazos. Los músculos de su cuello ensancharon. Su lengua seca. Sus ojos se tornaron rojos. Anqet se acercó y con su pie lo giro sobre su cuerpo.
—¿Qué decías de no poder apuntarte? —se burló ella.
El Ka de Baba se debilito por el barco, regresando a su usuario de origen para auxiliarlo. Detrás de él, otra corriente de Ka color morado se propago en el navío cambiando el diseño interior que el anterior Necher establecido. Las paredes eran bicolores de un azul acuosa con deseño de agua traslucida y un beige arenoso con diseño de dunas. Las telas de la cama eran amarillas-verdosas, y la madera de esta y los sillones eran negros. Las cortinas permanecieron rojizas, pero los acabados de babuino fueron sustituidos por escorpiones.
La puerta, que antes poseía un gravado de Baba, cambio a la imagen de un escorpión protegiendo el sol y recién nacidos. Esta se abrió y Serket entro en su forma real, la de una Necher escorpión con cola lista para atacar. Si Baba no estuviera envenenado, habría gritado del pánico. Por tal motivo, solo agonizo miro aterrado como sus prisioneros entraban como si nada a la habitación.
—Confieso que por poco dudaba de ti, querida—elogio Serket a Anqet.
Merseguer arrimo la cabeza por el costado de su maestra con una sonrisa venenosa que enseñaba sus colmillos de cobra. Anqet quedo perpleja.
—¿Cómo escaparon? —pregunto la gacela— ¿y los grilletes?
—¡Ah! Eso. Todo fue gracias a Nefer—confeso y se hicieron a los costados para que el pasara. Ninguno de los tres portaba los grilletes, estaban libres sin ninguna explicación.
—Anqet—entro Nefertum directo a abrazarla. Ella, por primera vez, se sintió impotente de abrazar—. Sabía que podía confiar en ti.
—Si—se limitó a contestar, pues ni ella entendía lo que estaba pasando.
Solo recordaba que Nefertum le dio el colmillo de víbora en el momento que la tomo de la mano antes de ser llevada por Baba. No tenía idea si la aguja portaba veneno o que reacción tendría. Para empezar ¿Cómo la consiguió? El no manejaba venenos y usar métodos intravenosos tampoco le gustaba. La que confió en ciego fue ella, por no saber si funcionaria la alternativa que le ofrecía Nefertum o que plan habría detrás.
Nefertum se separó para examinarla. Luego tomo la muñeca con el grillete, lo acerco a su boca y susurró algo inaudible. Sin embargo, los grilletes cayeron abiertos al suelo. Ella recupero su forma necher y poderes como olas de agua.
—Pero ¿cómo? —pregunto sorprendida.
—Mi padre es quien creo estas cosas—dijo el—. Me enseño un truco para liberarme de ellas en caso de emergencia, pero solo yo puedo emplearlo.
—¿Y lo del colmillo?
—Es de la tía Merse—aludió a la cobra que alzaba divertida a un Baba empezando a convulsionar—. Cuando me acerque a revisarla, ella me toco el brazo en códigos ocultos. Entendí al instante lo que trato de comunicarme porque es una de las maneras que usan los patecos de mi padre para expresarse. Fue la única forma de planear una salida sin que el tío Baba escuchara. La idea original era provocar que el tío Baba me llevara a mí por algún motivo “justificable”.
—Pero yo intervine a su favor…sin saberlo.
—Y ahora podemos vengarnos de este idiota—se emocionó Serket disfrutando ver el dolor silencioso de Baba ante ellos—. Te creías muy listo, mono sin vergüenza.
Merseguer le chasqueo los dedos delante, cortando su momento de placer. Hiso unos ademanes con la mano entendibles para todos los presentes.
—Si, por supuesto que iremos por ella.
—¿Ir por quién? Perdón—esta vez, Nefertum fue quien no entendió.
Serket iba a responder, cuando la puerta volvió a abrirse de golpe.
—¡Baba! ¡¿Qué esta pasando?! —entro Mehyt.
Se detuvo al ver a los que debían ser sus prisioneros en total libertad, en especial sus sobrinos. Merseguer se escabullo disimuladamente detrás del cuerpo de Baba. Serket tomo a Baba con su cola extendida y lo arrimo a Mehyt, tapando su visión de ellos. A Mehyt este no le causo gracia y lo hizo de lado enojada.
—¡No! —advirtió Nefertum y Merseguer salió detrás de Baba para atacar de sorpresa a Mehyt, transformando la mitad de su cuerpo en cobra para enrollara.
—Hora de irnos—dijo Serket al momento de alterar el diseño del lugar.
Atravesó un muro entre ellos y las otras Ojos Solares, para luego aparecer una puerta de salida.
—¿Y mis tías? —desaprobó Nefertum.
Del otro lado del muro, Mehyt rugió y la temperatura se elevo de golpe.
—Estarán bien—minimizo Serket tomándolos a ambos del brazo y sacarlos a la fuerza.
Pasaron al pasillo. Serket desapareció la puerta y las demás del corredor se movieron a lo largo para conveniencia de su búsqueda. No termino de buscar la que necesitaba, cuando una ola de fuego salió disparada de una puerta del fondo. Serket los empujó dentro de la primera puerta que se cruzo antes que los alcanzaran las llamas, y cerro.
—¡¿Eso te parece bien?! —reclamo Nefertum.
—Así nos llevamos entre nosotras, cariño—se escuso su tía y los condujo a la siguiente puerta.
La habitación que tuvieron que atravesar, era en donde estaban los Aj-Sa de Baba internados. Nefertum y Anqet la siguieron perturbados, sin poder evadir el panorama, ya reconociendo quienes pudieron ser las culpables de esas torturas.
—¿A dónde nos llevas? —pregunto Anqet.
—Ustedes síganme—ordeno Serket.
Entre tanto nauseabundo aroma de pus e infección, en una esquina apartada, detrás de una cortina, se ocultaba la identidad del alguien moribundo. Nefertum corrió a él, pese los regaños de Serket. Abrió la cortina y allí se encontraba su tío. Anqet lo alcanzo, pero al igual que el, quedo sin palabras. Anhur lucia destrozado, con vendas en su abdomen teñidas de sangre, piel tiesa y pálida y nada de Ka recorriendo su cuerpo. Estaba en limbo. Serket, quien por su altura sobresaliente no requirió acercarse tanto para verlo, suspiro, dolida.
—Eso ya no está bien—confeso ella.
Nefertum dio un paso delante y se dejo caer de rodillas frente a la camilla de Anhur. Los ojos de Anqet se humedecieron, puso su mano sobre el hombro de Nefertum y este se contagió. Luego negó con la cabeza y se levanto sobre el cuerpo. Confirmo sus signos y abrió una flor de su mano.
—Se cómo sanarlo—dijo el.
—Nefer—lo llamo Serket.
—Vigilen la puerta, en lo que lo restauro.
—¡Nefer! —lo tomo de los hombros su tía para girarlo y tenerlo cara a cara—. Baba nos había dicho que el se entrego ante Mehyt.
—Eso es una estupidez—negó y trato de soltarse, pero Serket sostuvo con mayor dureza.
—¡Escúchame! —lo forzó a verla a los ojos—. Anhur estuvo con nosotras protegiendo a Hor todo este tiempo, se comprometió a darlo todo por el bienestar de él.
—Pero es uno de los mas fuertes de Kemet ¿Cómo puedo acabar así?
Serket ablando su mirada con pesar. Dejo de apretarlo y lo sostuvo con debilidad.
—Nosotros también tenemos debilidades, cariño. Y Anhur ya no podía con todas ellas.
—¿Dices que se rindió? —señalo disgustado.
—Digo que merecía un descanso—confeso de tal forma que, parecía hablar por ella misma.
Nefertum miro el cuerpo de su tío. Era inimaginable que su maestro y tutor, el necher que obligo a formarse como guerrero aun sin ser de su agrado, yaciera derrotado por su propia voluntad. ¿Dónde estaba el capitán que presumía sus victorias? ¿Dónde quedaba esa lista de adversidades y enemigos que sucumbieron ante él? Mehyt. El único obstáculo que su tío no logro derrotar. Una imagen similar surgió a base de Maahes y Miu ¿será que su hermano estaba teniendo la misma lucha?
—Pero ¿podemos llevárnoslo con nosotros? —irrumpió Anqet—. Sutej acabara con él.
—¿Crees que Anhur aproaría eso? —cuestiono la adulta. Nadia dijo nada—. Supongamos, que nos lo llevamos. Mehyt ira por nuestras cabezas. La conozco muy bien como para saber que, si contra sus deseos trajo el cuerpo de él, fue porque él así lo quiso. Ustedes no lo sabían, pero al final ella se dejo amar por el en secreto.
Sus sobrinos abrieron los ojos. Serket les dedico una sonrisa llena de nostalgia y los atrajo a sus brazos. Nadie desearía ser abrazado por un escorpión, pero Serket brindaba un cariño maternal en esos instantes, que te hacían dudar de su mala reputación.
***
Serket los llevo de un cuarto a otro, sin explicarles que era lo que buscaban…o confesar que no sabia donde estaban.
En la que acababan de entrar, el suelo y el techo estaban invertidos, por lo que Nefertum y Anqet cayeron al primer pie afuera. Por suerte, Serket los atrapo con su cola, mientras ella caminaba por el techo como si nada. Se burlo de su incapacidad y ellos le reclamaron que era una arácnida y ellos mamíferos. Continuaron colgados por el aire, hasta la siguiente habitación. Donde la Ojo Solar los metió primero casi lanzándolos y seguido ella se metió colgándose de la puerta para retomar el suelo.
—¡Suficiente! —grito Anqet estabilizándose de la caída que tuvieron al entrar—. Desvincúlate. Yo tomare control del barco.
—Ni lo sueñes, muchachita—le amenazo Serket con la punta de su cola—. La adulta aquí soy yo.
—¡Nana! —grita una niña al fondo.
Los jóvenes voltearon a ver a la pequeña Tasenet brincar de la cama con los ojos llorosos. Serket empujo a sus sobrinos a los lados para llegar a ella y atraparla entre sus brazos de igual forma que hace unos minutos con ellos. La niña se desato a llorar, y la mayor le acaricio la cabeza con ternura mientras susurraba promesas de consuelo.
—¡Lady Serket! —grito otra voz que si les era conocido desde el sillón.
—¿Meruel? —preguntaron Anqet y Nefertum en lugar de su tía, que estaba completamente concentrada en Tasenet.
Tanto Tasenet como Meruel estaban en su forma humana, culpa de los grilletes del maestro. La única diferencia, era que ellos si estaban encadenados.
—Esto si que no me la esperaba ¿y a ti porque te tienen aquí? —exigió Nefertum.
—Creo saber porque—intuyo Anqet cruzada de brazos—. Tú también estabas configurado con Dedun.
—¿Dedun y el que cosa hicieron? —pregunto al fin Serket, interesada.
—Ahora que lo recuerdo, rescate a Dedun luego de ser herido por Sobek—menciono Nefertum. Anqet lo miro anonadada.
—¿Rescataste a ese infeliz? —cuestionó ella—. ¡¿Al desgraciado que me uso de juguetito todo este tiempo?!
—¿Dónde esta mi familia? —intervino Tasenet, mortificada, y todos desviaron su atención en ella—. ¿Qué esta pasando haya afuera?
Se miraron entre ellos. Esperando quien comenzara a explicar primero su testimonio.
***
—En resumidas cuentas—hablo Meruel—. Debemos escapar e impedir que atrapen a tu familia—señalo a Tasenet—, y que la mía aliente una guerra contra su mundo junto con nuestros aliados.
Tras escucharse entre ellos y saber los pormenores, Nefertum procedió a liberar a los dos que quedaban. Primero fue con Meruel. No estaba convencido, ni le caía bien ese chico. Después de Dedun y Apedemak, Meruel fue otro dolor de cabeza para él. Pero su tía lo presiono con la explicación de que necesitaban su apoyo para resolver el caos desatado.
—Gracias, niño bonito—dijo el kushita, satisfecho.
Nefertum gruño bajo. En cuando se liberó, Meruel volvió a su forma y sus ojos recuperaron el brillo perdido. La siguiente fue Tasenet. Ella contemplaba a Nefertum con intriga, también admiraba a Anqet, pero su mayor atención estaba en él. Era la primera vez que la pequeña conocía a otros nechers jóvenes, no tanto como la niña, sino apenas algunos milenios mayores.
—¿Quién eres? —le pregunto ella cuando el tomo su encadenado pie con delicadeza, temiendo incomodarla.
—Solo un príncipe azul rescatando una princesa—bromeo y le susurro el hechizo al grillete para liberarla.
Tasenet se sobresalto al recibir de golpe su Ka y no aparto la mirada de su rescatista. Apenas si recordó darle las gracias.
—Perfecto—dijo Serket—, ahora a esperar a que Merse se libre de Mehyt y…
—¡NO! —irrumpió Meruel mirando la nada.
Serket lo miro.
—¿Cómo de que no jovencito? —reprocho Serket, con los brazos a los costados—. Yo no me voy sin mi discípula.
—No hablo de ella. Mi mundo es un caos. Sobek está en Meroe negociando con mi padre por los demás nechers ¡y el baboso de Hor esta junto a ellos!
—¡¿Qué esta haciendo mi hermano?! —critico Tasenet.
—Quieren usarme como rehén de rescate, para meterles presión.
—Entonces debemos apurarnos—dijo Serket— ¿Por qué tarda tanto Merseguer?
—Mehyt está ganando—informo Meruel, y luego se tensó—. Y Sobek envió sus lagartijas para acá. Ya sabe que algo está pasando en el barco.
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