CAPÍTULO 1 — LA TERRAZA65Please respect copyright.PENANAgkipUfXUV7
Septiembre siempre llegaba con un olor distinto.65Please respect copyright.PENANA7TtEXKxOla
Una electricidad difícil de explicar.
En el Colegio Santa Cruz, eso significaba viento.65Please respect copyright.PENANA3ppG4zAjwd
Y el viento significaba competencia.
La terraza del laboratorio de ciencias no tenía nada de especial.65Please respect copyright.PENANAC9jpMbXPYJ
Era un rectángulo áspero de cemento, amplio y frío, rodeado por una baranda metálica que vibraba cuando soplaban ráfagas fuertes.
Desde abajo parecía un lugar olvidado; desde arriba, en cambio, se regía por otro orden.
Un escenario. Un tribunal. Un campo de batalla.
Desde allí, los muchachos lanzábamos nuestros aviones de papel hacia el campanario gris de la capilla, inmóvil contra la silueta lejana de los Andes. La distancia —veintinueve metros exactos— era conocida por todos, aunque después de algunos años ya nadie necesitaba medirla.
Uno terminaba aprendiéndola con el cuerpo.
La mayoría de los aviones caía antes de la mitad del trayecto.65Please respect copyright.PENANAH167YOrnnn
Otros llegaban hasta el campanario, solo para estrellarse contra sus muros o desplomarse detrás del techo como pájaros heridos.65Please respect copyright.PENANAysh6BtLfOF
Muy pocos lograban sobrevolarlo.
El que llegaba más lejos —hasta los campos deportivos del lado oeste— era el ganador.
No había jueces ni reglamentos escritos.65Please respect copyright.PENANAviaZfBWYrf
El viento decidía.65Please respect copyright.PENANA4hJnGMirMS
La física dictaba sentencia.65Please respect copyright.PENANAHTT8BSZws9
Y cada error, por pequeño que fuera, terminaba revelándose en el aire.
Los alumnos de último año, apostados abajo sobre el pasto, marcaban el punto exacto donde cada avión terminaba su vuelo. Nadie protestaba.
La belleza del concurso estaba precisamente en eso:65Please respect copyright.PENANANxa1HTxptj
no podía comprarse,65Please respect copyright.PENANA02ezQOUjdY
no podía manipularse65Please respect copyright.PENANAiZjN85lC8o
y no admitía favores.
En teoría, era el único territorio verdaderamente democrático del colegio.
Incluso allí, en ese pequeño reino de viento y papel, había nombres que nunca pasaban desapercibidos.
No por prestigio, sino por la incomodidad que provocaban.
Fernando Pereira Pereira era uno de ellos.
El nombre por sí solo producía tensión.
Dos apellidos iguales.
En Santa Cruz, eso no era un accidente ni un detalle curioso: era la señal inequívoca de un padre ausente.
Y en un colegio donde los apellidos funcionaban como brújulas sociales, ese doble Pereira convertía a Fernando en una anomalía. Todos lo sabían, aunque nadie lo dijera.
Fernando venía de una familia humilde y necesitada de dinero. Mucho más de lo que la mayoría imaginaba.
Llegaba cada mañana desde un mundo distinto. Un mundo que Santa Cruz mantenía a distancia, aceptado solo cuando su talento resultaba útil, pero nunca del todo como propio.
Y, sin embargo, en la terraza, todo eso dejaba de existir.65Please respect copyright.PENANAmuJPYHk5qh
Se transformaba.
Había muchachos más fuertes, más populares, más seguros de sí mismos. Muchachos con mejores uniformes, mejores vacaciones y apellidos mucho más respetados.
Pero ninguno dominaba los aviones como Fernando.
Él no los doblaba simplemente.65Please respect copyright.PENANAucRGB76qFr
Los diseñaba.
Observaba el viento como otros estudian un problema matemático.65Please respect copyright.PENANAl1qvg1K5V9
Ajustaba los pliegues con precisión absoluta.65Please respect copyright.PENANAQn9OuGbrIP
Probaba ángulos mínimos.
Y después los lanzaba con una serenidad que resultaba casi desconcertante.
Sus aviones no parecían luchar contra el aire, sino conversar con él.
Mientras los diseños de los demás oscilaban, corregían mal o fallaban por imperfecciones menores, los de Fernando avanzaban con una estabilidad casi inexplicable, como si hubieran sido construidos según reglas que solo él parecía entender.
Había ganado los últimos tres años.65Please respect copyright.PENANA6fE101iZyR
No por suerte.
Los muchachos observaban sus lanzamientos con una mezcla extraña de admiración y resentimiento.65Please respect copyright.PENANAoh7njCdK0v
Algunos intentaban copiar sus pliegues durante los recreos.65Please respect copyright.PENANASmpMfDL9S6
Otros inventaban teorías absurdas para explicar sus vuelos.65Please respect copyright.PENANALr6WLio14x
Más de uno habría pagado por uno de sus diseños.
Fernando nunca compartía demasiado.65Please respect copyright.PENANACgD5kIwhbZ
Practicaba solo.65Please respect copyright.PENANAGD2FmQhrYl
Hablaba poco.65Please respect copyright.PENANAm5namgrb9s
Y trabajaba con una concentración absoluta.
A veces parecía que no intentaba construir un avión de papel, sino descifrar el aire mismo.
Fue entonces cuando su nombre empezó a volverse incómodo.
Y quienes menos querían admitir su superioridad eran los mellizos Edwards.
Gonzalo Andrés y Marco Antonio caminaban por el colegio como si el lugar les perteneciera.65Please respect copyright.PENANAJ4d2hevldD
Eran rápidos, seguros, competitivos, de esos que convierten cualquier juego en una extensión natural de su reputación.
No habían sido educados para aceptar la derrota.
Habían sido educados para detectar amenazas antes de que crecieran, para neutralizar cualquier anomalía que desafiara el orden heredado.
Por eso, a diferencia del resto, no subestimaban a Fernando.
En cualquier otro espacio del colegio dominaban sin discusión.65Please respect copyright.PENANA7VFKDcxy9J
Pero la terraza era distinta.
Porque allí estaba él.65Please respect copyright.PENANAFXruZhfvDk
Y eso bastaba para alterar el equilibrio.
Perder contra Fernando no era perder una competencia.65Please respect copyright.PENANANz3gdirWUa
Era aceptar que alguien fuera del orden habitual del colegio podía imponerse en un terreno donde el apellido, el dinero y la seguridad no servían de nada.
Era una grieta.65Please respect copyright.PENANASHdpJNLV33
Pequeña.65Please respect copyright.PENANAyIkw4jBjTS
Pero imposible de ignorar.
Ese septiembre la tensión empezó antes de lo previsto.
Los ensayos aparecieron en patios y jardines con los primeros vientos.65Please respect copyright.PENANAubBmoOnkGs
Las conversaciones se interrumpían cuando Fernando pasaba cerca.65Please respect copyright.PENANAvMJqoamc19
Los mellizos Edwards observaban más de lo que hablaban.65Please respect copyright.PENANAH5S3WBjjF2
Los rumores viajaban con la velocidad eléctrica de las cosas importantes.
Todavía nadie decía nada abiertamente.65Please respect copyright.PENANAhxfp17eTiT
Pero el colegio entero parecía estar esperando algo.
Fernando seguía moviéndose solo, como si no percibiera —o viera con demasiada claridad— lo que empezaba a formarse a su alrededor.
La terraza esperaba.65Please respect copyright.PENANAET7wXhiXJ6
El viento también.
Y aunque ninguno de nosotros podía saberlo entonces, ese septiembre sería recordado durante años.65Please respect copyright.PENANAA00lGeMNR9
No por los aviones,65Please respect copyright.PENANAE131ip96cR
sino por lo que terminarían revelando.
65Please respect copyright.PENANA3xKpkiqABB
CAPÍTULO 2 — LOS ENSAYOS
Septiembre parecía sostener la respiración.
El colegio seguía funcionando con la misma disciplina de siempre —campanas, filas, sotanas, cuadernos—, pero debajo de esa superficie ordenada algo empezaba a cambiar.
Una inquietud.65Please respect copyright.PENANARoOd9HLybu
Una espera.65Please respect copyright.PENANA2u2QGSGgNE
Un rumor sin palabras.
Bastaba una ráfaga fuerte atravesando los patios para que varios muchachos levantaran la vista al mismo tiempo.65Please respect copyright.PENANAgz2n7SyBj2
Ver una hoja doblada sobresaliendo de un cuaderno era suficiente para entender que alguien practicaba en secreto.65Please respect copyright.PENANAuhwtk1ChsA
Un golpe seco contra una muralla delataba que un avión había fallado.65Please respect copyright.PENANAttwOTcVuF0
65Please respect copyright.PENANAi7DJ3Nh8KO
Todos practicábamos.65Please respect copyright.PENANAIfs96VglAP
65Please respect copyright.PENANA7wzwhEYans
En los patios.65Please respect copyright.PENANAcnmvXHfL6I
En las canchas vacías después de entrenamiento.65Please respect copyright.PENANAf5TTh02xtU
En los jardines.65Please respect copyright.PENANATZKxZmhzvJ
En los corredores cuando no había profesores cerca.65Please respect copyright.PENANAiIrASvJ7Wf
Incluso dentro de las salas, aprovechando la ausencia momentánea de algún adulto.65Please respect copyright.PENANA2ZEUyoo4zZ
65Please respect copyright.PENANAQo0uTMfLZR
Las hojas arrancadas de cuadernos se acumulaban en los basureros como pequeñas derrotas blancas.65Please respect copyright.PENANAqbzfya0p0X
65Please respect copyright.PENANAodVOtoF95x
Y en medio de aquella obsesión silenciosa, Fernando Pereira trabajaba solo.65Please respect copyright.PENANAnrOAtI087w
65Please respect copyright.PENANA3hsDKETm7n
A veces se instalaba cerca de las graderías vacías.65Please respect copyright.PENANAgRCU7c1X0s
Otras ocupaba una esquina apartada del patio norte, donde el viento golpeaba distinto.65Please respect copyright.PENANAMOIydGxM3t
65Please respect copyright.PENANAs6d6n9t841
Se sentaba con el cuaderno sobre las rodillas y doblaba papel con una concentración impropia de nuestra edad: probaba, desechaba y volvía a empezar.65Please respect copyright.PENANAD1ki5tQtuQ
65Please respect copyright.PENANAvpkWV74wtK
Quienes lo observaban desde lejos notaban la precisión con que corregía el ángulo de las alas y el modo metódico en que lanzaba ciertos modelos, solo para estudiar su caída.65Please respect copyright.PENANAVZiWSl9bs6
65Please respect copyright.PENANAJIpkBlpZxH
Eso era lo más desconcertante de Fernando: mientras los demás queríamos ganar, él parecía buscar la razón invisible de cada vuelo.65Please respect copyright.PENANAtk0YuXZm2G
65Please respect copyright.PENANAYZEVe2fmo0
No solo por la distancia que alcanzaban.65Please respect copyright.PENANAKLHlEcbrvZ
65Please respect copyright.PENANAa56rBkYVcU
Había en ellos una estabilidad extraña, una forma elegante de atravesar las ráfagas, como si el papel aprendiera a negociar con el viento en pleno vuelo.65Please respect copyright.PENANAOtpOwu0Cck
65Please respect copyright.PENANAXUX9XNKI7M
Eso despertaba admiración incluso entre quienes no querían admitirlo.65Please respect copyright.PENANA9i8uB0fLRQ
65Please respect copyright.PENANAqL2HOzGcvR
Los muchachos se le acercaban con cualquier excusa solo para verlo trabajar.65Please respect copyright.PENANAyfdmYD5Asr
Algunos intentaban memorizar los pliegues.65Please respect copyright.PENANABzBsiUW2eI
Otros le ofrecían intercambios absurdos: láminas difíciles de conseguir, monedas, pequeños favores.65Please respect copyright.PENANAIRky8gfJOE
65Please respect copyright.PENANA4k9EthX60R
Fernando mantenía siempre cierta distancia.65Please respect copyright.PENANAPvwAMVHCsi
No por arrogancia, sino por una reserva natural, como si entendiera que la admiración podía cambiar de forma sin aviso.
No era casualidad.65Please respect copyright.PENANApMt3vV1yet
65Please respect copyright.PENANApwoCVcZiBn
Santa Cruz funcionaba así: una maquinaria social construida sobre jerarquías invisibles que nadie explicaba, pero que todos comprendíamos desde pequeños.65Please respect copyright.PENANAJX501woRHg
65Please respect copyright.PENANAtF8zZEuBos
Los apellidos correctos.65Please respect copyright.PENANALcXPBL0ITc
Las familias conocidas.65Please respect copyright.PENANAoJilsek0Wz
Las casas grandes.65Please respect copyright.PENANA49whBWQwJ5
Los clubes.65Please respect copyright.PENANAKhJ5D20uih
Las vacaciones.65Please respect copyright.PENANA276GFnnCJU
Las amistades heredadas.65Please respect copyright.PENANAiXKlGHZ45j
65Please respect copyright.PENANAEqDQY4plx3
Fernando Pereira vivía fuera de ese sistema.65Please respect copyright.PENANAdFa0fqclNZ
O, más exactamente, por debajo de él.65Please respect copyright.PENANAGbHNOGuOt6
65Please respect copyright.PENANAEjJUiFYk7W
Y aunque la competencia parecía suspender por momentos esas diferencias, nadie olvidaba quién era quién.65Please respect copyright.PENANAHda8J9ysYX
65Please respect copyright.PENANAGschnEmn0G
Menos que nadie los mellizos Edwards.65Please respect copyright.PENANAKp0faHIVok
65Please respect copyright.PENANA64wrLg2AU5
Gonzalo Andrés y Marco Antonio observaban los ensayos con una atención que ese año empezaba a volverse inquietud.65Please respect copyright.PENANA4largyyqHi
65Please respect copyright.PENANAPzOqYvgOpA
No hablaban demasiado del tema, pero bastaba ver cómo seguían los vuelos de Fernando para entender que algo los incomodaba.65Please respect copyright.PENANACWWsdCvo5y
65Please respect copyright.PENANAvK5kS2Bk34
Porque ellos sí comprendían el verdadero problema: Fernando no solo diseñaba mejores aviones. Sabía lanzarlos.65Please respect copyright.PENANA1v1ymzmdM5
65Please respect copyright.PENANAy4Q4ITyIzt
Los Edwards eran excelentes deportistas.65Please respect copyright.PENANAvm77OV7xEi
Coordinados, rápidos, precisos.65Please respect copyright.PENANAh7PQgexRd7
En cualquier cancha del colegio podían imponerse sin discusión.65Please respect copyright.PENANAzWi5lUBzTq
65Please respect copyright.PENANADfwVx3nUgP
Pero la terraza obedecía reglas distintas.
Allí no importaban los apellidos; solo importaba cómo volaba el papel.
Y Fernando volaba mejor.
Eso volvía cualquier competencia contra él peligrosamente incierta.
Mientras Fernando participara, nadie estaba seguro.65Please respect copyright.PENANARGsos9Opbz
Ni siquiera los Edwards.65Please respect copyright.PENANA1F1vzEbdGA
65Please respect copyright.PENANAswezlphLuZ
La tensión creció lentamente, casi sin darnos cuenta.65Please respect copyright.PENANA5vyrUaX1D0
65Please respect copyright.PENANAve2wk3Xtep
Los vuelos de práctica dejaron de parecer simples distracciones.65Please respect copyright.PENANAZZumkEFbp0
Los muchachos empezaron a ocultar diseños.65Please respect copyright.PENANAXvgWtX2XaM
Algunos evitaban practicar frente a otros.65Please respect copyright.PENANAcw6QecLJXF
Se hablaba menos y se observaba más.65Please respect copyright.PENANATb4pfosf3b
65Please respect copyright.PENANAZAFWTXgxZd
Y en el centro de todo seguía Fernando Pereira.65Please respect copyright.PENANAYvdUxaMfx1
65Please respect copyright.PENANAtkdWnqs2nC
Solo.65Please respect copyright.PENANAGLUqkaHAju
Doblando papel.65Please respect copyright.PENANAmQ4GTdiuJE
65Please respect copyright.PENANAQqmfa8ZZTT
Una tarde, después de un vuelo particularmente limpio que cruzó casi toda la cancha principal antes de aterrizar cerca de las graderías, Gonzalo Andrés Edwards se quedó varios segundos contemplando el avión sobre el pasto.65Please respect copyright.PENANA6U451dJEjK
65Please respect copyright.PENANA5Julu3S9n7
Después miró a su hermano.65Please respect copyright.PENANAA27RM2PUnv
65Please respect copyright.PENANANw5dg4hnsz
Marco Antonio no dijo nada, pero ambos parecieron entenderse de inmediato.65Please respect copyright.PENANAON9x8v0014
65Please respect copyright.PENANAJP37UC036x
—Tal vez deberíamos hablar con él —dijo Gonzalo en voz baja.65Please respect copyright.PENANA3aiJwUuQ21
65Please respect copyright.PENANAtA51AWnRrC
Y así, sin que nadie lo notara, la competencia dejó de ser un juego.65Please respect copyright.PENANAkKvuIyeaf3
65Please respect copyright.PENANASplFU83tHO
Porque en Santa Cruz lo que no encajaba no se dejaba crecer.65Please respect copyright.PENANAZ6XYwfoESW
65Please respect copyright.PENANAPda5uz0SX5
Y Fernando Pereira no tenía lugar.65Please respect copyright.PENANArmAISCAhll
Era una anomalía.65Please respect copyright.PENANAohRjlOybee
Una amenaza que no podía prosperar.65Please respect copyright.PENANAdW4zWNdi1P
65Please respect copyright.PENANANwNhupSO3G
Esa tarde, mientras el viento seguía cruzando los patios, los mellizos Edwards tomaron una decisión silenciosa:65Please respect copyright.PENANAOvBWEizfQC
65Please respect copyright.PENANARUBXqBmHae
Esta vez perder no era una opción.
65Please respect copyright.PENANARA80gtsKjp
CAPÍTULO 3 — LA OFERTA
La reunión no fue casual. No hubo mensajes ni intermediarios visibles. Solo frases sueltas, dejadas caer en los momentos exactos por las personas correctas, hasta que Fernando Pereira entendió dónde debía estar después del último recreo.
Detrás del muro sur del gimnasio.
No era un escondite oficial, pero todos sabían que ciertos asuntos importantes terminaban resolviéndose allí. A esa hora, los eucaliptos proyectaban sombras largas sobre el cemento agrietado, amortiguando el ruido del colegio hasta convertirlo en un murmullo distante: pelotazos contra las rejas, silbatos dispersos, voces que no alcanzaban a formar palabras.
Los mellizos Edwards ya estaban esperando.65Please respect copyright.PENANAFcnGBlupFB
Gonzalo Andrés permanecía ligeramente adelantado, como si llegar primero le otorgara alguna ventaja. Marco Antonio estaba a su lado, inmóvil. Observando. Midiendo. Sin revelar nada.
Cuando Fernando apareció, lo hizo sin prisa.65Please respect copyright.PENANAxQpP0ZOueN
Manos en los bolsillos.65Please respect copyright.PENANAsMvwY3IERA
Paso relajado.65Please respect copyright.PENANAiRqXdk6twN
La misma forma de caminar con la que subía a la terraza cuando todo el colegio lo observaba sin admitirlo.
No saludó.65Please respect copyright.PENANAgOavUDaTug
Solo levantó una ceja.65Please respect copyright.PENANA3wLjp0G6T8
Como si evaluara si aquello valía realmente su tiempo.
Gonzalo habló primero.65Please respect copyright.PENANAQXddeDQv3L
—Pereira. Vamos a hacer esto simple. Mañana no vas a participar.
Fernando se apoyó contra el muro, sin apuro.65Please respect copyright.PENANAxxUVo0ScZc
—¿No voy a participar? ¿Y quién tomó esa decisión?
Marco dio un paso adelante.65Please respect copyright.PENANAYPtpo5lPqD
—Nosotros.
Gonzalo metió la mano en el blazer y sacó un sobre blanco.65Please respect copyright.PENANArNEQhWdUGm
Grueso.65Please respect copyright.PENANAaMeUhJstCN
Pesado.65Please respect copyright.PENANAh1UZHLWa5U
Fernando no necesitaba abrirlo para saber lo que contenía.
—Mil escudos —dijo Gonzalo—.65Please respect copyright.PENANAHMLFm6kn1R
Quinientos ahora.65Please respect copyright.PENANAi3Ny5lxnme
Quinientos mañana.
Marco añadió, sin suavizar:65Please respect copyright.PENANA36IdDTCKUB
—Este año no compites. Y nos entregas tu diseño. El bueno. El que usas para ganar.
Gonzalo completó:65Please respect copyright.PENANARsOzeAsjbu
—Sin copias. Sin reemplazos. Mañana no apareces en la terraza. Preferiblemente, no apareces en ninguna parte.
El silencio que siguió no fue incómodo.65Please respect copyright.PENANArhBq8d2cxB
Fue técnico.
Fernando bajó la vista al sobre.65Please respect copyright.PENANANDSo7EdNJk
Mil escudos.65Please respect copyright.PENANAvmjIar5EOS
Comida.65Please respect copyright.PENANA954M6WxE5D
Alquiler.65Please respect copyright.PENANAIuKPcBrZy8
Cuentas atrasadas.65Please respect copyright.PENANAVkDDjiril3
Un mes entero sin sobresaltos para su madre.
—¿Mi ausencia? —preguntó—. ¿De la terraza?
—De todo —respondió Marco Antonio—. Mañana no existes.
Fernando inclinó la cabeza.65Please respect copyright.PENANA1eq0kVcaN8
—Interesante. Quieren comprar un avión de papel.
Gonzalo negó.65Please respect copyright.PENANAq6p0nz805g
—Queremos comprar tranquilidad.
Fernando soltó una breve exhalación, casi una risa.65Please respect copyright.PENANAETXybiqV6e
—Curiosa manera de llamar al miedo.
Marco endureció la expresión.65Please respect copyright.PENANAzJXxHkIP7a
—No es miedo. Es inteligencia.
Fernando respondió sin levantar la voz:65Please respect copyright.PENANAEoNEBCGvZ2
—Comprar el resultado siempre parece inteligencia cuando uno no puede conseguirlo de otra forma.
Marco acortó la distancia entre ambos.65Please respect copyright.PENANAC4vwH6D059
—No estás entendiendo nada, Pereira. Esto va en serio.
—Es una salida.
—¿Salida de qué?
—De un problema.
Fernando sostuvo su mirada.65Please respect copyright.PENANAnmytYfuxxf
—¿Y el problema soy yo?
—Sí —dijo Marco—. Tú eres el problema.
El aire pareció volverse más pesado — no por las palabras, sino porque habían sido dichas.
Fernando levantó la mirada.
Sonrió apenas. Una sonrisa mínima. Precisa.
—Por mil escudos no les voy a vender un avión. Les voy a diseñar una flota entera.
Los mellizos se miraron.65Please respect copyright.PENANAJwizHexFGC
Sin entender del todo.
Fernando continuó:65Please respect copyright.PENANA6SlCO84Ehv
—Tendrán modelos perfectos. Simétricos. Impecables. Los mejores aviones que hayan visto. Pueden ponerlos en vitrinas, mostrárselos a quien quieran, decir que son suyos. Me da exactamente lo mismo.
Gonzalo parpadeó una vez.65Please respect copyright.PENANAxqVX5I23hb
Marco Antonio frunció el ceño.65Please respect copyright.PENANAJ8IDl0paJE
Por un instante no quedó claro si Fernando estaba negociando o burlándose de ellos.
—¿Y para qué mierda queremos una flota? —preguntó Marco—.65Please respect copyright.PENANAjrS0o4oMYd
No necesitamos decoración.65Please respect copyright.PENANA2l0KeRw0kq
Necesitamos el avión que gana mañana.
Fernando sostuvo su mirada.65Please respect copyright.PENANAkdHK7nyqgs
—Y lo van a tener allá arriba.
Marco creyó que había cedido.65Please respect copyright.PENANAfiYjCaFrV2
Hasta que Fernando terminó:65Please respect copyright.PENANAeKjRyJAc89
—Porque mañana voy a lanzarlo yo.
El silencio cayó de golpe.
Marco descruzó los brazos.65Please respect copyright.PENANAVb1L1KsPjh
—Tienes la cabeza más dura que un saco de cemento. No entiendes cuándo te están haciendo un favor.
Fernando no respondió.
Marco redujo aún más la distancia.65Please respect copyright.PENANASD5lSYmaIK
—Queremos que desaparezcas mañana. Que no existas en esa terraza.
Fernando habló con calma, pero algo más frío apareció en sus ojos.65Please respect copyright.PENANAmhuWqxiy41
—Entonces no quieren ganar.
Gonzalo apretó la mandíbula.65Please respect copyright.PENANA0gUOjn8Jpr
—¿Ah, no?
—No —dijo Fernando—. Lo que quieren es que no haya competencia.
El viento agitó las ramas sobre ellos.
—Decídete, Pereira —dijo Gonzalo—. Mil escudos. Después de mañana nadie va a recordar quién lanzó qué avión.
Fernando lo observó sin pestañear.65Please respect copyright.PENANAVUcMb1RmNk
—Sí se van a acordar. Ustedes no entienden el verdadero problema.
Gonzalo soltó una risa seca.65Please respect copyright.PENANAEuhPyGz244
—Ilumínanos.
Fernando habló más bajo.65Please respect copyright.PENANA4peGVaKKHb
—El problema es que mañana igual les voy a ganar.
La frase quedó suspendida entre ellos.
Marco soltó un bufido de desprecio.65Please respect copyright.PENANASdjIkRaIXE
—Huevón porfiado… Con razón nadie quiso darte nunca otro apellido. Pereira, Pereira… ni un tío, ni un vecino, ni nadie dispuesto a llamarte familia.
Fernando se endureció.65Please respect copyright.PENANA1duHJZrr4x
Por un instante pareció más joven.65Please respect copyright.PENANA0Ccx9SicJl
Después no.
Gonzalo sonrió, sin disimulo.65Please respect copyright.PENANAEr4pFPN03W
—Lanza lo que quieras mañana, Pereira. Al final del día vas a seguir siendo el mismo arrastrado de siempre.
Fernando respiró hondo.65Please respect copyright.PENANAQqmEJ4zKUr
Cuando habló, su voz salió estable.
—Guarden su dinero.
Miró el sobre una última vez.
—Mañana van a necesitar algo que no se puede doblar.
Se apartó del muro y comenzó a caminar hacia el patio norte.
—El cielo no se guarda en una vitrina.
No miró atrás.
Los mellizos permanecieron bajo los eucaliptos mientras el ruido del colegio regresaba lentamente.
Marco habló primero.65Please respect copyright.PENANADBfb7Rcd9Z
—No va a aceptar.
Gonzalo seguía mirando el espacio vacío donde Fernando había estado. El sobre aún en la mano.
—Ya lo sé.
En ese instante ambos comprendieron: mientras Fernando Pereira existiera dentro de Santa Cruz, el resultado nunca estaría asegurado.65Please respect copyright.PENANA0isbK8VdxR
La competencia ya no era un juego.65Please respect copyright.PENANABu9SAiA5JH
Ahora iba en serio.
65Please respect copyright.PENANA8DmCvs2MqP
CAPÍTULO 4 — LA VÍSPERA DE LAS RÁFAGAS
La noche anterior a la competencia, el viento llegó antes que el sueño.
Entraba al colegio en ráfagas irregulares, golpeando los ventanales largos del edificio antiguo y haciendo vibrar las canaletas metálicas sobre los patios. Las hojas secas cruzaban las canchas en trayectorias erráticas; algunas avanzaban varios metros antes de elevarse de golpe y desaparecer hacia los jardines del norte.
En la casa de los Edwards, las ventanas permanecían cerradas.
El viento no era una amenaza.65Please respect copyright.PENANAexHwQuKb41
Era información.
Sobre el escritorio había reglas metálicas, hojas cuadriculadas y una serie de modelos similares, con ligeras diferencias en los pliegues. Gonzalo Andrés sostenía uno de los aviones entre los dedos mientras Marco Antonio revisaba anotaciones junto a un pequeño barómetro.
—La presión volvió a bajar —dijo Marco—. Si sigue así, mañana el viento entrará cruzado desde el campanario.
Gonzalo no respondió.65Please respect copyright.PENANAzCsgl08iGh
Observaba el modelo como si ya midiera algo invisible.
Marco tomó otro avión y corrigió apenas el borde de un ala.
—No podemos lanzar demasiado alto —continuó—. Si gana velocidad antes de estabilizarse, el viento cruzado lo va a girar.
—Ya lo sé —respondió Gonzalo.
La lámpara de bronce proyectaba una luz vacilante sobre la superficie del escritorio.65Please respect copyright.PENANAVIl6JbYNi0
Afuera, las ramas golpeaban los vidrios con un ritmo intermitente.
—El problema no es la distancia —dijo Marco—. Es mantener la línea después de la primera ráfaga.
—Es Pereira —murmuró Gonzalo.
Marco levantó la vista.65Please respect copyright.PENANA6phcDmdVUC
—¿Crees que vaya a cambiar algo?
Gonzalo apoyó lentamente las manos sobre la mesa.65Please respect copyright.PENANAgnFwN8ZGdX
—No lo sé.
Otra ráfaga sacudió los eucaliptos.
Marco volvió a mirar los modelos alineados.65Please respect copyright.PENANAjCpqkgbIys
—El viento fuerte también lo perjudica a él —dijo más por lógica que por convicción.
Gonzalo negó con la cabeza.65Please respect copyright.PENANAldYoAF5WiB
—No es el viento.
—Entonces, ¿qué es?
Gonzalo tardó un instante.65Please respect copyright.PENANAsxj06onCOr
—No pierde la línea.
Marco bajó la vista al modelo que tenía en las manos.65Please respect copyright.PENANAgjHykzUA1y
—Igual puede equivocarse.
—Sí —dijo Gonzalo—. Pero no duda.
Esa palabra quedó suspendida entre los dos.
En Santa Cruz, la duda siempre había sido una forma de medir a los demás.65Please respect copyright.PENANATWTskpdzP5
Una variable invisible que explicaba todo lo que podía salir mal antes de que ocurriera.
Pero aquello no encajaba.
Marco habló más bajo.65Please respect copyright.PENANAufmztOMaZm
—Mañana se termina.
Gonzalo asintió.65Please respect copyright.PENANAohyFdEtaSV
—Mañana se mide.
En una casa mucho más pequeña, al otro lado de la ciudad, el viento tenía otro sonido.
No era un dato.65Please respect copyright.PENANASSSbUkv4H8
Era un recordatorio.
Las láminas de zinc vibraban con cada ráfaga. La luz amarillenta caía sobre una mesa estrecha donde había hojas arrancadas de cuaderno, restos de papel descartado y un único modelo, trabajado una y otra vez, afinado con pequeños ajustes.
Fernando estaba sentado en el borde de la cama.
El cuaderno estaba abierto sobre sus rodillas.
El modelo elegido descansaba frente a él.65Please respect copyright.PENANAIooUT46oj4
El que había repetido toda la semana.65Please respect copyright.PENANADMbQJCvrXy
El que conocía mejor que su propia respiración.
Pasó el pulgar por el pliegue central.65Please respect copyright.PENANAer998xbCUl
Solo lo necesario.
Un ajuste.65Please respect copyright.PENANAaVXB1pOAaU
Nada más.
No había apuro.65Please respect copyright.PENANAxaoRTaLQmp
Solo precisión.
El tipo de precisión que no necesita testigos.
Tomó otro avión y lo lanzó dentro de la pieza.
No buscaba distancia.65Please respect copyright.PENANAcxyzNhPOaN
Buscaba caída.
El avión avanzó unos metros, perdió estabilidad cerca de la ventana y corrigió apenas antes de tocar el suelo.
Fernando lo recogió.65Please respect copyright.PENANAIlo8zq9D26
Revisó el borde.65Please respect copyright.PENANAXXXfR6zegA
Volvió a lanzarlo.
El pensamiento llegó sin aviso.
Mil escudos.
No deseo.65Please respect copyright.PENANAhEiVDi0LLI
No miedo.
Comida.65Please respect copyright.PENANA1tNHS8A5y0
Cuentas.65Please respect copyright.PENANAGtWKbOcagc
Tiempo.
Lo dejó pasar.
El siguiente lanzamiento salió más limpio.65Please respect copyright.PENANAphDOFsjGnk
Más estable.65Please respect copyright.PENANAMWqnhyvP2U
Un solo ajuste.
Fernando lo observó sin moverse.65Please respect copyright.PENANAJmdVQmVHAv
Un leve asentimiento.65Please respect copyright.PENANAlBJOWW64Xq
Eso bastaba.
Afuera, el viento dejó de interrumpir.
Se volvió continuo.
Las ramas de los eucaliptos ya no discutían direcciones: seguían una sola.65Please respect copyright.PENANAxPXoHO8ZCs
Las sombras se movían más rápido, como si el colegio entero ajustara su respiración.
Fernando levantó la vista.
Escuchó el zinc.65Please respect copyright.PENANAQW1qnsOAIE
Sintió el cambio en el aire.
Y sonrió.
Reconocimiento.
Como si lo que venía ya hubiera empezado.
En la residencia de los Edwards, Marco seguía mirando la oscuridad detrás del vidrio.
—No va a fallar —dijo.
Gonzalo asintió sin mirarlo.65Please respect copyright.PENANAScNGHRfuIL
—No puede.
Afuera, el viento volvió a golpear el techo.65Please respect copyright.PENANAUoqb5aDzw2
Más cerca.65Please respect copyright.PENANA0JRsJTM8E0
Más constante.
Y en Santa Cruz, la noche siguió su curso habitual.
Pero nada era normal.
Aunque nadie lo dijera en voz alta, todos lo sabían:
mañana el aire iba a elegir.
III. LOS LANZAMIENTOS
La primera ronda comenzó sin anuncio formal.
Nunca lo necesitaba.
Bastaba con que un muchacho se acercara a la baranda con el avión en la mano para que el murmullo de la terraza se apagara de inmediato, convertido en un silencio expectante.
El muchacho lanzó.
Un instante después, el viento cruzó la terraza.
El avión ascendió más de lo debido.
Aun así, durante un momento se mantuvo firme, avanzando recto hacia el campanario, hasta que una ráfaga lateral lo golpeó justo por debajo del ala derecha.
Fue suficiente.
El modelo perdió la línea y se precipitó en uno de los patios interiores, junto a la pila bautismal.
Varios muchachos siguieron la caída con expresión tensa.
El siguiente competidor cometió el error contrario.
Lanzó bajo, intentando protegerse del viento alto.
El avión no logró estabilizarse.
Descendió rápido, vibrando de punta a punta antes de estrellarse contra el techo del ala norte.
Otro más intentó compensar aumentando la velocidad.
Demasiada fuerza.
El modelo atravesó bien la primera corriente, pero empezó a oscilar con violencia antes de llegar al campanario y terminó precipitándose sobre el rosedal del sector oriente.
Poco a poco, la terraza empezó a comprender algo incómodo:
Ese día no bastaba con tener un buen avión.65Please respect copyright.PENANAiWCBPsFap8
Había que entender el aire.
Y el aire parecía cambiar cada pocos minutos.
Las ráfagas ya no llegaban aisladas.65Please respect copyright.PENANAB6Ntg6beqb
Se encadenaban unas con otras, alterando trayectorias que inicialmente parecían limpias.
Algunos modelos corregían demasiado tarde.65Please respect copyright.PENANA4UzCDhseyW
Otros nunca lograban hacerlo.
Abajo, los estudiantes encargados de marcar distancias empezaban a moverse más rápido entre aterrizajes cortos y caídas caóticas.
El viento estaba separando a los participantes sin piedad.
Los muchachos más nerviosos empeoraban ronda tras ronda.65Please respect copyright.PENANAzDMYfNTudy
Ajustaban pliegues innecesarios.65Please respect copyright.PENANAwoLbT1zEWT
Corregían modelos que ya estaban dañados.65Please respect copyright.PENANA7XexSMaKLh
Discutían ángulos de lanzamiento como si todavía existiera una fórmula capaz de dominar lo que ocurría arriba.
No la había.
La terraza parecía menos una competencia y más una selección natural.
El aire decidía.
Los gemelos Edwards lanzaron cerca de la mitad de la ronda.
Marco Antonio fue primero.
Su modelo salió limpio, estable, sosteniendo una línea firme mientras cruzaba el espacio abierto hacia el campanario.65Please respect copyright.PENANAhTTNxJM0IA
Varias miradas lo siguieron de inmediato.
El avión resistió bien la primera ráfaga.65Please respect copyright.PENANA3SagKaxolg
Luego la segunda.
Perdió estabilidad al final del recorrido, descendiendo en diagonal sobre las canchas occidentales.
Lejos.65Please respect copyright.PENANAfXnlFReEFX
Muy lejos.
Los alumnos abajo marcaron la distancia entre murmullos contenidos.
Era, hasta ese momento, el mejor vuelo del día.
Marco no sonrió.
Simplemente retrocedió un paso y volvió junto a Gonzalo.
Gonzalo lanzó después.
Más bajo.65Please respect copyright.PENANASg7Rc9Q0Tj
Más preciso.
El modelo pareció entender el viento desde el instante en que dejó su mano.65Please respect copyright.PENANAGcpAbY9h8o
No luchaba contra las ráfagas; las atravesaba con una estabilidad fría, calculada.
Por primera vez esa mañana, algunos muchachos comenzaron a aplaudir antes de tiempo.
Entonces el aire cambió.65Please respect copyright.PENANApMx72gMXN7
Para peor.
La punta derecha se elevó apenas más de lo debido.65Please respect copyright.PENANAYeDj3KwLe8
El avión corrigió tarde.65Please respect copyright.PENANAJQOXn0heih
Perdió línea cerca del final y descendió antes de alcanzar la marca de Marco.
El silencio duró un segundo.
Pero Gonzalo lo sintió por completo.
Abajo, los estudiantes confirmaron la diferencia.
Marco seguía primero.
Gonzalo observó el cielo gris sin hablar.
Luego miró hacia el extremo opuesto de la terraza.
Fernando Pereira aún no había lanzado.
Seguía apoyado en la baranda, atento.65Please respect copyright.PENANAtgZ7hytaMy
No observaba los aviones, sino el espacio entre ellos.
Las ráfagas.65Please respect copyright.PENANAdZL0vcxIbF
Los cambios mínimos en la dirección de las hojas.65Please respect copyright.PENANA3UA2XrUKNx
La forma en que el viento golpeaba el campanario antes de abrirse hacia las canchas.
Como si esperara algo.65Please respect copyright.PENANAUyASVQuLMo
O lo escuchara.
65Please respect copyright.PENANAs39OVZ4A8J
IV. LA ESPERA
Cuando comenzó la última ronda, la terraza ya no parecía un lugar escolar.
El viento había barrido casi todas las conversaciones.
Solo quedaban pasos, respiraciones contenidas y el sonido seco del papel ajustándose en las manos de los competidores.
Abajo, las canchas estaban marcadas por trayectorias invisibles que los alumnos seguían señalando con banderines y gritos breves.
Algunos aviones habían quedado atrapados en los árboles o sobre los techos bajos del corredor norte, deformados por las ráfagas: huellas de un intento fallido.
El aire seguía cambiando.65Please respect copyright.PENANAoHGTxF0Tzp
Pero ahora tenía un patrón.
Gonzalo Andrés Edwards lo notó solo entonces.
No era caos.65Please respect copyright.PENANA6mwdD6spWD
Nunca lo había sido.
Las ráfagas se desplazaban con cierta regularidad, abriéndose primero hacia el campanario antes de girar apenas sobre las canchas occidentales.
Había una secuencia.65Please respect copyright.PENANARrwroq1BSW
Un ritmo oculto dentro del viento.
Y Fernando Pereira la había descubierto antes que todos.
Gonzalo lo observó desde el otro extremo de la terraza.
Fernando permanecía inmóvil junto a la baranda, con el avión sostenido entre los dedos.
No parecía nervioso.65Please respect copyright.PENANAiXdSlebWMF
Ni confiado.
Estaba atento.
Marco se acercó un poco más.
—Todavía puede equivocarse —dijo en voz baja.
Gonzalo tardó en responder, porque ya no miraba el avión de Fernando.
Miraba sus manos.
La forma en que sostenía el modelo sin tensión innecesaria.65Please respect copyright.PENANAHHnKjCmm4s
La calma con que observaba las ráfagas largas antes de que llegaran.65Please respect copyright.PENANAdNhr3k5Wjt
Los movimientos casi imperceptibles de sus dedos corrigiendo la inclinación de las alas.
Entonces Gonzalo comprendió algo peor que el miedo a perder.
Fernando no improvisaba.65Please respect copyright.PENANAdbycILdbEN
Nunca improvisaba.
Fernando no estaba reaccionando al viento.65Please respect copyright.PENANANUq7rGQYR7
Sabía leerlo.
A unos metros, el siguiente competidor lanzó demasiado pronto.
El avión salió limpio al principio, avanzó un tramo corto y luego fue absorbido por una corriente descendente cerca del campanario.65Please respect copyright.PENANAOxWFmT0eNQ
Se estrelló de punta contra las graderías exteriores.
Nadie comentó la caída.
La terraza ya miraba otra cosa.
Fernando dio un paso hacia la baranda.
Uno solo.
El viento cruzó la terraza de izquierda a derecha, levantando varias hojas secas sobre los patios.
Fernando no lanzó.
Esperó.
Otra ráfaga sacudió los eucaliptos.
Más fuerte.
Tampoco lanzó.
Gonzalo sintió algo extraño subirle por el pecho.
No era admiración.
Era reconocimiento.
La certeza incómoda de estar viendo a alguien que entendía mejor la lógica del aire.
Fernando observó el movimiento de una hoja atrapada brevemente contra la baranda.
Después levantó apenas el avión.
El viento comenzó a estabilizarse.
No del todo.
Lo suficiente.
Y Gonzalo supo, incluso antes del lanzamiento, que ya era tarde.
V. El vuelo final
El viento seguía recorriendo la terraza, pero su ritmo había cambiado.65Please respect copyright.PENANANSqn8THeoX
Las ráfagas ya no chocaban entre sí.65Please respect copyright.PENANASgDdKt5SGu
Avanzaban en la misma dirección, tensas y largas, como si el aire entero tomara impulso
Fernando sostuvo el avión a la altura del pecho.
El modelo parecía demasiado simple.
Sin adornos.65Please respect copyright.PENANADanIEPMasl
Sin pliegues de más.65Please respect copyright.PENANAcQH0Y49ho7
Nada llamaba la atención, salvo la precisión absoluta de sus líneas.
Apoyó apenas el pulgar bajo el ala izquierda.
Esperó.
Abajo, las canchas quedaron inmóviles.
Los alumnos encargados de marcar distancias permanecían con los banderines en alto.65Please respect copyright.PENANA3zdWCfDnQB
Incluso los muchachos que normalmente gritaban durante cada lanzamiento guardaban silencio, observando desde distintos puntos del patio.
El viento volvió a rozar el campanario.
Fernando lanzó.
No con fuerza.65Please respect copyright.PENANAGUg87N0TSO
Con precisión.
El avión salió recto, limpio, atravesando el vacío frente a la terraza con una estabilidad casi imposible.
En los primeros metros pareció avanzar demasiado bajo, como si fuera a perder altura antes de tiempo.
Entonces encontró la corriente.
No se elevó bruscamente.
Se sostuvo.
La punta corrigió ligeramente hacia la derecha y el modelo comenzó a deslizarse sobre el aire con una suavidad inquietante.
Toda la terraza siguió el vuelo en silencio.
El avión cruzó frente al campanario sin rozarlo.
Lo sobrevoló.
Y continuó.
Las ráfagas que habían destruido otros modelos parecían abrirse justo antes de alcanzarlo.
Cada vez que el viento intentaba desviarlo, el avión respondía con correcciones mínimas, casi invisibles, manteniendo la línea como si ya conociera el recorrido.
Marco Antonio dejó escapar el aire.
Gonzalo no se movió.
El avión seguía avanzando.
Más allá de las primeras canchas.65Please respect copyright.PENANA2vKNquoFYF
Más allá de las graderías.65Please respect copyright.PENANAvzaYGboM03
Más allá de la marca que había conseguido Marco.
Algunos alumnos abajo comenzaron a correr, casi sin darse cuenta, intentando seguir la trayectoria antes de perderla contra el cielo gris.
El modelo descendió recién al final.
No cayó.
Planeó.
Perdió altura de manera gradual, elegante, hasta tocar el pasto húmedo de las canchas occidentales y deslizarse todavía varios metros más antes de detenerse.
Silencio.
Nadie parecía completamente seguro de haber visto bien la distancia.
Uno de los alumnos encargados de marcar los aterrizajes permaneció inmóvil varios segundos mirando el avión detenido sobre la hierba.
Después levantó lentamente el brazo.
La terraza entendió.
Fernando no solo había ganado.
Había dejado atrás a todos.
65Please respect copyright.PENANAj6k0B76pIa
VI. DESPUÉS DEL AIRE
Durante varios segundos nadie se movió.
El viento siguió cruzando la terraza como si nada hubiera ocurrido.65Please respect copyright.PENANA2QmrapQlZY
Las hojas en los patios continuaron su trayectoria habitual.65Please respect copyright.PENANAnRhIrjDT00
El campanario permanecía inmóvil contra el cielo gris.
Pero el colegio ya no era el mismo.65Please respect copyright.PENANAIaSG3ucjZW
Algo había cambiado.
Abajo, el alumno que había marcado la distancia terminó de confirmar el resultado con una lentitud incómoda.65Please respect copyright.PENANAMc6SHpUXPa
No hubo grito ni anuncio claro.65Please respect copyright.PENANAT7UbDLDZx7
Solo un gesto repetido dos veces, como si necesitara confirmarse antes de hacerse real.
Entonces comenzó el murmullo.
No como celebración.65Please respect copyright.PENANA2bH1gKDkCW
Como un desajuste.
Los muchachos miraban el avión de Fernando sobre el pasto como si no perteneciera del todo a la competencia que habían presenciado.65Please respect copyright.PENANALAdtKs6Cp6
Algunos revisaban sus propios modelos, otros evitaban mirarse entre sí.
En la terraza, nadie felicitó.
Marco Antonio no dijo una palabra.
Gonzalo seguía mirando el punto exacto donde el avión había terminado su vuelo, como si el problema no fuera la distancia, sino aquello que la había hecho posible.
Fernando permaneció junto a la baranda.
Sin levantar los brazos.65Please respect copyright.PENANA2ag1iQwnGa
Sin buscar miradas.65Please respect copyright.PENANA1T32Y0KsdW
Solo observando el mismo punto donde todos los demás miraban ahora.
No parecía satisfecho.65Please respect copyright.PENANA2RM2grIER0
Tampoco sorprendido.
Era otra cosa.
Como si el resultado no le perteneciera del todo.
Los mellizos Edwards recogieron sus modelos en silencio.
Gonzalo guardó el suyo con un cuidado mecánico, casi automático.65Please respect copyright.PENANADPaE0QT4pF
Marco cerró el portafolio sin ajustar nada.
El viento volvió a aumentar levemente.
Esta vez no cambió el resultado.65Please respect copyright.PENANAPbo9pHcBOJ
Solo recordó que seguía allí.
Los alumnos empezaron a bajar de la terraza en pequeños grupos.65Please respect copyright.PENANAjDBTelFkmO
Algunos lo hacían deprisa. Otros más despacio, como si el descenso fuera más difícil que la subida.
En los pasillos del colegio, la competencia se convirtió en conversación.
Una conversación extraña.65Please respect copyright.PENANAa1QWMOzmBT
Incompleta.
Las palabras no alcanzaban a explicar lo que había ocurrido arriba.
“Perfecto.”65Please respect copyright.PENANAN0A7aQZ1Ot
“Imposible.”65Please respect copyright.PENANAOsTfG8X7D1
“No fue suerte.”65Please respect copyright.PENANA8QZc7I8e51
“Nunca había visto volar uno así.”
Ninguna de esas frases terminaba de encajar.
Fernando bajó último.65Please respect copyright.PENANAJxX0u3MfLb
Cuando ya no quedaba nadie en la terraza.
Al pasar junto a Marco, este lo miró por primera vez sin intención de competir, medir o corregir.65Please respect copyright.PENANASdg3i6j6oF
Solo miró.
Fernando no se detuvo.
Marco abrió la boca, como si fuera a decir algo.65Please respect copyright.PENANAPFULhVv8yx
Pero no lo hizo.
Fernando siguió caminando.
Abajo, el avión seguía en el pasto.
Solo.65Please respect copyright.PENANA2TUkKwow5g
Demasiado lejos para ser discutido.65Please respect copyright.PENANATntGqqTBHq
Demasiado preciso para ser ignorado.
Cuando el viento volvió a cruzar el patio principal, el colegio entero parecía moverse de otra manera.
Como si algo invisible hubiera quedado fuera de eje.
Las campanas del colegio sonaron para el regreso a clases, pero el eco se sintió distinto, fuera de ritmo.
Y aunque nadie lo dijo en voz alta, todos lo entendían de la misma manera:
el aire ya no pertenecía por igual a todos.


