¡FELIZ DÍA DEL LIBRO!
¿Ya visitaron sus ferias? ¿les regalaron el libro que tanto deseaban? Esperó que si.
Se que este mes parece que me estoy atrasando con las publicaciones, y lo lamento mucho. Me frustra no lograr cumplir con el final del libro. Pero OJO, no estoy diciendo que ya no tendra final, sino que me atrasare un poco. Mi intención era finalizar este abril, pero por causas de fuerza mayor, cálculo que para mediados de mayo publicaré lo que resta.
Solo quedan dos capítulos (los mas largos y que me llenan de emoción) y el epílogo (que ya esta terminado). Por favor, tengame paciencia. Y como no me gusta dejarlos sin nada, esta semana les traigo un capítulo extra. Disfrútenlo, y nos vemos la siguiente semana para la continuación.
Me es curioso el clima y cultura de este lugar. Llevo apenas un par de años habitando junto a los dinkas, un pueblo ganadero que habita una selva seca llamada sabana.
En el momento que estoy escribiendo esto, me hospedo en casa de Alek, un espíritu vacuno. Es de aspecto veinteañero, joven para su especie, pero hábil para los negocios. En un inicio, me desagradaba la idea de quedarme con él, y no porque fuera repulsivo, sino por el negocio al que se estaba adentrando.
Hace un tiempo, se aprobó el comercio de humanos en varios lugares, siempre y cuando, estos sean pecadores y cumplan con el máximo de desaprobación ante los dioses locales. Los espíritus dinkas no se animaban a involucrarse, consideraban que era una estupidez que alguien pagara por sus humanos mas indeseados. Pero Alek es un joven visionario. Comenzó con sus propios humanos, seleccionando los aptos para vender y pasando el filtro de los dioses dinkas. Viajo a Kush, nación donde había demanda de pecadores, y regreso con un buen pago de gemas exóticas. Viendo que carecía de humanos para vender, y que eran tan pecadores, busco adquirir con otros espíritus.
Aquí puede venir la duda ¿Cómo que los espíritus tienen humanos?
En el mundo de los dinkas, los humanos adorar a los dioses dinkas, pero al mismo tiempo, están bajo la tutela de los espíritus dinkas. Los humanos viven en familias, y cada familia esta al amparo de un espíritu animal, no los adoran, los respectan como sus guardianes. Y ese respecto se refleja en que poseen un tótem con la forma de su animal sagrado, llamado Kuar.
Alek es el guardián de un linaje familiar, de allí seleccionaba a aquellos que cumplían los requisitos. Luego, convenció a sus compañeros de venderles sus humanos, pagándoles con una gema de las que gano en Kush. ¡Y vaya que lo logro! La belleza de las gemas causo intriga entre los espíritus. Todos querían venderle sus humanos por una gema, y el tramposo de Alek ganaba cuatro al venderlas fuera. Se hizo tanto ruido, que los dioses tuvieron que regular normas para que este nuevo negocio estuviera bajo control.
Una de las normas, era que las exportaciones se realizarían a finales de la estación seca, ya que era creíble que desaparecieran humanos por esas fechas, mientras movían los ganados en busca de pastura cruzando las zonas peligrosas de la sabana. En la sabana no conocen el invierno, el otoño, el verano ni la primavera. El año se dividía en dos épocas: estación húmeda (lo que para nosotros son mediados de primavera hasta otoño) y estación seca (lo que nosotros vivimos como invierno y principios de primavera). De esa forma, los espíritus evaluaban a sus humanos durante la estación húmeda, y al llegar la seca, tomaban los que servían.Cada año, al inicio de la primavera, alguien desaparecía sin dejar rastro.
Bueno, ya explicado el contexto, diré lo que me motivo a escribir este relato. Observando los espíritus que comparten pueblo con Alek, de vez en cuando veía una doncella mariposa. Era una espíritu femenina que presumía usar túnicas naranja claro con pequeñas manchas y bordes gruesos negros, o bien, blancas en lugar de naranja. Y cuando se transformaba en su forma animal, era una mariposa acrea. Era igual de joven que Alek, y le buscaba pleito cada que se veían, pues estaba en contra del negocio de mi anfitrión.
No la culpo, yo tampoco soy partidario de esos trabajos. Sin embargo, fue su grado de intelectualidad y ambición por conocer fuera de su mundo, lo que me mantuvo a su lado. Compartir mis conocimientos y cultura con personas que la valoren, era un honor. Alek me atendía por saciar un poco de su sed. A diferencia de los demás espíritus y dioses locales, que me veían de reojo con orgullo. Pero con ayuda de Alek, sé que podría ganarme su confianza y proporcionarles la sabiduría de mi mundo. En especial, para las fechas de primavera, cuando empezaba la actividad agrícola.
Me volví a desviar del tema. Volviendo con la mariposa...
Ella se llama Nyaring, y es el espíritu de una familia dentro del pueblo. Todos los años, al inicio de la estación húmeda, los dioses organizan una fiesta a la que los espíritus asisten para celebrar el inicio de ciclo vital. Y también para convivir con espíritus de otros pueblos. Nyaring invocaba sus alas durante la fiesta con mucha vanidad, y volaba sobre los espíritus terrestres. Pero nunca tocaba tierra, porque decía que se empolvaría su belleza que tanto preparo para la ocasión.
Una de tantas primaveras, Nyaring apareció en casa de Alek una mañana. Yo le ayudaba al espíritu vacuno con la reparación de su techo, cuando la mariposa amonesto.
—¡Alek! —lo llamo con las manos sobre su cadera.
Alek salió a su encuentro algo disgustado.
—¿Qué tienes contra mí, Nyaring? —pregunto él.
—Mi Ayen, mi querida Ayen—se lamentó ella—. Esta semana, una de mis orugas humanas estaba por casarse. Deberías haberla visto, sus ojos brillaban como estrellas cada que se veía con su amado. Un joven que dio un buen dote de vacas finas por su mano. Un precio digno por una de mis orugas. Mi pobre oruga. Tanto que añoraba verla abrir sus alas como mariposa.
—¿Y eso que tiene que ver conmigo? —reclamo Alek, desinteresado—. Poco me importan tus humanos. Al menos, que me quieras vender uno.
Nyaring lo miro horrorizada.
—¡Desgraciado, espíritu! ¡Mucha culpa tienes del sufrimiento de mi Ayen! Su prometido, ha desaparecido durante su viaje, trayendo el ganado que heredo. Es sabido que, en esta época, raptan los humanos que se antojen. Y por aliviar el sufrimiento de mi Ayen, indague con el espíritu que protegía la familia de su novio, un jabalí—explico enfadad—. El jabalí me confeso que el novio era un humano desagradable, y que por eso te lo vendió por una gema.
—Bien has dicho, era desagradable—confirmo Alek—. El jabalí me lo vendió ayer.
—¡Miserable! —bramo Nyaring—. Era un joven bueno y trabajador. Digno de mi querida oruga, Ayen.
—Pues que baja dignidad tiene tu humana.
—¡¿Y te atreves a insultar a una pobre desafortunada?! ¡Eres lo mas vil en este mundo, Alek! Desde que introdujiste ese abominable negocio aquí, los espíritus añoran que sus humanos pequen lo suficiente para ganarse unas cuentas piedras brillantes.
—Los humanos ya pecaban mucho antes de que trabajara de esto—se defendió—. Tómalo como una depuración que minimiza la plaga.
—La única plaga aquí, es la ambición por esas piedras. ¿Qué valor tienes esas cosas?
—Su belleza es mayor que la de tus alas—insinuó Alek, ya cansado.
En ese momento, y viendo que el problema escalaba, intervine bajando de la choza. La mariposa callo ante mi presencia (¿y como no lo haría? Soy alguien de mayor rango que los espíritus) y tras notar que empatizaba con Alek, se retiró resentida. Sermonee a Alek sobre lo imprudencia de su actuar. Si bien, yo también me considero joven, tengo mas vida que el espíritu, y experiencia con mujeres de poca paciencia.
El siguiente día, la mariposa regreso. Esta vez, precavida de mi ausencia por una reunión que tuve con un dios local. Cuando volví, encontré a Alek pensativo, sentado a en la entrada de su choza.
—Ella regreso—me conto, Alek—. Volvió a reclamarme lo mismo, exigiéndome que le regresara al humano.
—¿Y qué hiciste? —le pregunte.
Alek sacudió la cabeza.
—Me acosaba tanto, que le ofrecí un negocio imposible—dijo—. Le dije que le regresaría al humano, si me daba sus alas.
Confieso, que me sorprendió su propuesta. Yo también lo vi como un negocio imposible, luego de conocer el orgullo y aprecio que la mariposa tenia de sus alas. Sin embargo, Alek me llevo dentro la choza, con cierta incredulidad. No soy capaz de describir lo que vi, no es algo que me gusté dar a conocer. Solo me saltare al trágico final de la joven Nyaring.
Alek cumplió en regresarle el humano que tanto deseaba, y este desposo a la reanimada Ayen. Para que los siguientes años, se diera a conocer la verdadera naturaleza del hombre sobre su mujer. Aquella oruga que tanto protegía Nyaring, abrió sus alas, pero jamás pudo volar alto. A su tiempo, ambos fallecieron, como se debe en la vida de los mortales. Pero los espíritus no mueren tan pronto, ellos viven miles de generaciones.
En las ultimas fiestas primaverales que asistí, ya no veía a cierta mariposa volar sobre muchos. A decir verdad, ni en el pueblo la veían fácilmente. Hasta cierto día que merodeaba por la orilla del rio y, vi una joven con túnica de mariposa acrea, llorar frente a su reflejo en el agua. La reconocí como Nyaring. Me acerqué para motivarla, pero esta me diviso antes. Se cubrió la cabeza con el manto, y trato de escapar.
Le conté lo sucedido a Alek durante la cena, y ambos meditamos el caso.73Please respect copyright.PENANAxCbuPSu7Xw
—My Lord, jamás hay que ceder ante la ignorancia de los humanos—concluyo Alek—. Para el siguiente año, la humana pudo olvidarse de su amado y no perder su tiempo añorando por un marido que no fue. Los humanos no pueden darse el lujo de desperdiciar su poca vida. Pero nosotros que somos casi eternos ¿Hasta dónde cargaremos con nuestros errores?
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