“Memento mori”, “Recuerda que morirás”, ¿Puede ella pensar en eso? Siempre camina por los mismos lugares. Incluso cuando llueve. Su vista perdida en la nada y sus pies caminando en automático, me intrigan.
Su semblante frío, como si esperara la muerte en calma. Nada la sorprende, ni enmudece.
Observarla en la oscuridad, a sus espaldas y en lo lejano no es propio de un hombre decente y, aun así, lo hago. Pero cómo no hacerlo cuando su presencia me llama.
“No te acerques”, me dice su silueta reflejada en el ventanal. ¿Puede ver que la observo? No, no lo hace, no me mira fijamente, como si no sintiera que estoy a unos cuantos pasos. No es consciente de mí, aunque yo sí lo soy de ella.
Ni un roce de miradas. Mucho menos de palabras. Entre ella y yo, es más ella que mi propia existencia.
Porque al observarla siento tranquilidad. Es como si tuviera un permiso tácito, que me empujará a seguir haciéndolo. Si me enfrentará, lo perdería todo. Si se supiera objeto de mi atención, todo se derrumbaría. Y yo con ello.
¿Cuándo inicie a ser su sombra?
Recuerdo una frase que leía en algún lado, amor fati, aceptar el destino como parte de la vida, incluso cuando duele. Si solo verla es mi destino, acepto la condena.¿Fue cuando todo se derrumbó que observarla se volvió como verme en su reflejo? ¿o ya estábamos destinados?100Please respect copyright.PENANA5i0kLL9cAQ


