Lo que hablaron dentro del templo quedo entre ambos. Ambos deseaban el bien de sus mundos, y eso basto para llegar a un punto medio.
Hor siguió al viejo sol de Kush como si se tratara de una antorcha normal. La luz que irradiaba Apedemak era cegadora y amplia, capaz de iluminar más allá de los límites de la ciudad, y solo porque era lo más contenido que podía en ese estado de ánimo. La humanidad y animales, cubrieron sus ojos o se escondieran en las escasas sombras que encontraban. Nadie podía ver su presencia ni atestiguar lo que ocurría.
Tanto las nechers como Soberanos de Kush, permanecieron expectantes desde la altura del templo. Ast y Amesemi deseaban ir, pero eran conscientes de que estar cerca de Apedemak y Sobek bajo esa condición, era imprudente. Solo Hor se atrevió a estar presente, con cero objeciones de Apedemak.
Ambos esperaron que el Soberano de Kemet emergiera del rio. Apedemak tenía su arco recargado en vertical con sus dos manos delanteras, y las traseras cruzadas tras su espalda. Para la expectativa de Hor, estaba muy paciente. Por cualquiera cosa, Hor se quedó detrás.
El rio de alzo en un muro de agua del grosor su ancho. El muro se alzó parejo por todo Kush, separando ciudades e impidiendo posibilidades de cruzar. El muro crecía rumbo al cielo a gran velocidad. Apedemak no se inmuto. Su luz reflejaba sobre el agua, y del otro lado del muro, podía verla y sentirla como rayos en lupa.
Sobek formo una réplica de su cabeza con agua, saliendo del muro. Y a su alrededor, millones de Aj-Sa cocodrilos flotando en el interior del muro acuático.
—Haces mucho drama—dijo Apedemak—. ¿Si sabes que puedo acabar con tus lagartijas sin problemas?
Sobek rio.
—Olvide que odias los juegos—dijo Sobek a través de su imitación.
—Esto no es un juego, es una pérdida de tiempo—cuestionó—. ¿Crees que me crearon ayer? Surgí a existencia mucho antes que tú, Sobek. Ni siquiera tengo que molestarme en usar mi arco. Tu única opción es entregarme a mi hijo, reponer todo este desastre y volver a su mundo lo antes posible.
La platica no sonaba a lo que esperaba Hor. Ambos adultos aseguraban tener poder sobre el otro a su modo. Pero algo no le estaba encajando. Conocía a Sobek desde siempre, era un Necher de renombre como Anhur, respectado por su poder e impenetrabilidad. Luchaba solo dando la cara de frente, dejando a sus Aj-Sa como relleno. En cambio, Apedemak, ni ganas tenia de usar su arma para enfrentarlo, confiaba en su mera capacidad y poder personal. Y si Apedemak acababa con Sobek, entonces eso significaba que fácilmente podría arrasar con Nechers inferiores.
“Si, debe ser eso—se dijo Hor—. Nadie saca sus cartas pesadas a la primera. Intenta intimidar a Apedemak con su poder militar. Pero antes, Apedemak ya destruyo a uno de ellos como si nada—miro a ambos adultos—. ¡Claro! Por eso secuestro a Meruel ¿para qué amenazas con el hijo de tu adversario, sino porque es su punto débil? Solo por eso, Apedemak no ha atacado primero.”
La figura de Sobek se acercó a Apedemak a medio cuerpo.
—Sabes cómo te lo daremos—señalo Sobek.
—Y todo por ese crio desabrido—señalo Apedemak a Hor. Hor respingo—. Han caído muy bajo si les urge eliminar un ser que no llega ni al estándar promedio de nuestra especie. Fácilmente se muere solo en el desierto y fin de sus problemas.
—Pensábamos lo mismo, pero siempre se las ingenia para sobrevivir. Tú, por ejemplo, lo estas amparando sin ninguna explicación. Los tuyos son cómplices de una amenaza política a mi mundo. Y no solo ocultaron al príncipe heredero, sino que también han retenido a otros príncipes.
—Lo dices por su hermana y primo—supuso.
—Hablo de mis sobrinos: los hijos del Gran Visir y Anqet, quien, además, es una Ojo Solar desertora.
—¿Quiénes? —cuestionó Hor asombrado.
Conocía de la existencia de ellos, obviamente, pero las circunstancias impidieron algún encuentro mutuo. Tampoco creía que los otros príncipes de Kemet tuvieran interés por conocerlos.
“¿Y esos que hacían aquí? —se cuestionó Hor—. Me pregunto si en algún momento nos los topamos.”
—¿Cómo supiste de ellos? —pregunto Apedemak cauteloso.
La figura de Sobek salió del agua en cuerpo completo.
—No tienes total control sobre los tuyos, al parecer—camino a su costado. El kushita lo siguió con la mirada a través de su rostro lateral—. Deberías desconfiar más de tus jóvenes.
Apedemak gruño bajo y dio un latigazo con la cola. Hor alcanzó escuchar una maldición condenatoria. Lo que no entendió era si el desgraciado era Dedun o Meruel.
—¿Dónde están? —volvió a preguntar con la paciencia tambaleando.
—Lo sabrás si nos entregas a los demás Sangre de Atum—camino a su derecha, fijo en Hor. El niño se había pasado la lanza envuelta de Anhur a sus brazos. Se detuvo cerca—. A ti también te conviene, si no quieres que tus nanas y hermana pasen lo mismo que tu guardaespaldas.
Hor contuvo el aire y aflojo su agarre. Los rostros laterales de Apedemak gruñeron mostrando los colmillos.
—Si le llegan a dañar una pluma a mi hijo—amenazó Apedemak—. Será su fin y los sabes, imbécil. ¿Quieres que evidencie que su mundo esta vulnerable?
Sobek lo miro, dejando entrever una chispa de alarma. Hor lo imito.
—¿De que hablas? —pregunto esta vez Sobek, ocultando su temor.
Apedemak se giro para que ambos lo vieran al rostro principal. Viéndolos a los dos de perfil, eran igual de grandes e imponentes. Sin embargo, Apedemak denotaba poseer un haz bajo la manga.
—En cada mundo, existe un Soberano que sobrepasa en poder a los demás, el más poderoso—explico Apedemak—. Yo soy el de Kush, pero Kemet ya no cuenta con la única Necher que me iguala en poder. Y estoy seguro que muchos mundos valorarían esa información.
***
Merseguer, realmente no era peleadora neta, sus duelos consistían de ataques sorpresas de envenenamiento, y Mehyt, era una experimentada combatiente contra monstruos serpientes e iguales. Por eso, la necher serpiente recurrió a su especialidad natural: Heka de tierra. Desde el inicio de su combate con Mehyt, endureció su cuerpo y lo materializo en roca. Una técnica ingeniosa contra alguien que dominara el fuego con un poder inferior a ella. Cosa que Mehyt superaba.
La leona, estrujada por la serpiente de roca, se prendió junto con la otra en llamas feroces. La victoria caería sobre quien de las dos resistía. Merseguer toleraba el nivel de temperatura tan extremo que sus hermanas emitían, sin embargo, una Ojo Solar con la marca despertada como Mehyt o Serket, rebasaban los límites de poder al que las normales como ella, conocían.
Intento morder o inyectar una aguja en su hermana para darle el acabose y retirarse sin dañarse más. Pero la piel de Mehyt quemaba tanto, que la punta de la inyección se derretía apenas tocaba su piel.
Mehyt subió la intensidad para apurar las cosas y resolver lo ocurrido con los fugitivos. La habitación reducida en la que estaban, no pudo retener más sus llamas y agrieto los muros. Propagándose por los demás cuartos del barco a través de las grietas. Ni recordó que Baba podría estar cerca, y en riesgo. Y aunque se acordara, le daría igual.
Cuando el cuerpo de Merseguer no pudo contenerse en la hoguera creada, este se tiño anaranjado y ablando como lava. Una vez así, Mehyt al fin pudo zafarse. Tomo distancia y extinguió el calor que estuvo creando. El cambio abrupto de temperatura, género que el cuerpo de la serpiente endureciera de golpe. Volviéndose, Merseguer, una estatua de cristal.
—¡Tú tienes la culpa por atacarme! —se justificó Mehyt a escasos centímetros de ella.
Merseguer acabo en una posición de contraataque. La rapidez de reacción de Mehyt sobre el heka, jugo en su contra. La leona contemplo un momento el caos en su entorno y gruño. La habitación también llego a cristalizarse en los alrededores. La humedad que evaporo al techo, pero que jamás escapo, se congelo. Nada nuevo para Mehyt, era una técnica que aprendió entre mezclas del heka de fuego y lunar.
Fue a la puerta para salir. La abrió y no daba con el pasillo como cuando entro antes, sino a la cubierta del barco. El exterior era total oscuridad, adornado por estrellas a la lejanía. Sin Baba, el cielo de Kush carecía de luminario nocturna. De no ser porque un pequeño destello de luz coronaba el mástil del barco. Meruel. Debajo de él, a medio mástil, estaba Serket adherida de los pies y manos con la vista enfrente. Y más debajo de ellos, colgado y envuelto por la cola de Serket, estaba Nefertum amenazado por el aguijón contra su cuello.
Mehyt rugió contra su hermana. Dio un paso y la escorpión acerco el aguijón sobre su víctima.
—Inténtalo y lo dejo peor que a Baba—amenazó Serket.
Mehyt freno.
—¡Te volviste loca! —reclamo Mehyt, rabiosa— ¡¿Qué pasa con ustedes, par de toxicas?!
—Tú sabes que nos pasa, queridita. Daña a mi cobra y yo daño a tu león—recalco molesta.
Mehyt miro a Nefertum. Por mucho que intentara creer que Serket estaba configurada con él para engañarla, el miedo en su sobrino era tan real, que acreditaban de las amenazas. Y conociendo los antecedentes de las nechers escorpiones, cumpliría sin remordimiento.
Tardo unos segundos en percatarse que Anqet y Tasenet no estaban en el espectáculo. Se volvió al cuarto y las encontró junto a Merseguer, intentando cargarla para llevársela. Su instinto la hizo escupirle una llamarada a Anqet, pero esta reaccionó rapido, tomando a la niña y retirándose. El fuego dio sobre Merseguer, y se calentó la suficiente para moverse. Anqet golpeo con una ola de agua a Mehyt, y esta azoto en humo sobre ella. Cuando Mehyt las volvió a buscar, estas tres escaparon frente a ella gracias a la velocidad de Anqet, y la encerraron nuevamente en la habitación.
Mehyt volvió a abrir la puerta, pero Serket altero los destinos y dio con la habitación donde estaban los enfermos. Justo en la parte donde yacía el cuerpo de Anhur.
Se dejo caer sobre sus pies y se rindió.
***
Serket al fin soltó a Nefertum y bajo del mástil.
—Perdón, cariño. No es personal—se disculpó con su sobrino, ayudándole a sostenerse—. Necesitaba una forma de distraerla sin que explotara.
Nefertum se sacudió aun nervioso. Anqet ayudaba a Merseguer a refrescarse con moderación, en lo que se regeneraba. Tasenet le pregunto si estaba bien, y la cobra afirmo con una débil sonrisa y una casi inentendible seña con la mano.
—No quiero ser desesperado—irrumpió Meruel descendiendo al piso—, pero Sobek está alzando un muro de agua hasta el cielo.
—¿Y eso que? —pregunto Serket.
Anqet, una vez acabo de ayudar, se acercó a Nefertum y le hizo una seña discreta. Ambos tomaron distancia del grupo con clara señal de no querer involucrarse, retirándose a la esquina mas cercana.
Serket dio un visto rapido a Merseguer y Tasenet, asegurando que ambas estaban bien, y se cruzó de brazos ante el kushita.
—Estamos en el punto medio de Kush—empezó a explicar Meruel—, por encima de la ciudad de Nuri. Kush está atravesado por un rio, y Meroe está del lado opuesto que nosotros. Si no cruzamos antes que nos alcance el muro, Sobek nos atrapara sin forma de llegar con mis padres.
El barco de Baba, estaba flotando en el cielo, cerca del palacio de Meruel. El cual estaba casi destruido por desquite de Baba.
—¿No podemos llegar por alguna puerta del palacio? —supuso Serket.
Meruel gruño.
—¡No! Baba destruyo la puerta con la que viajo—señalo a lo lejos, la puerta quebrada.
—Pues habrá que ir volando—sugirió Serket.
—Nana ¿sabes manejar un barco? —cuestiono Tasenet.
Serket bufo como si le ofendiera, pero Merseguer la delato con una mirada nerviosa.
—¿Eso que significa? —replico Serket a Merseguer—. Para su ignorancia, antes de que empezara la guerra contra el Duat, Kemet era terreno acuático durante mi niñez. Que actualmente no maneje tanto el heka de agua, no significa que este fuera de forma.
La dupla juvenil se asomó por el borde del barco, confirmando que estaban lejos de tocar suelo o las primeras nubes.
—Pero no estamos hablando de navegar en agua, sino en el espacio—interrumpió Nefertum.
Serket chasqueo la lengua.
—¿Cuánto tardarías volando de aquí a donde los demás? —le pregunto Serket a Meruel.
El kushita medito unos segundos antes de responder.
—Si vuelo directo a Meroe desde aquí, media hora—respondió Meruel—, pero considerando la velocidad con la que Sobek esta alzando el muro, alcanzaría a rozarlo. La otra opción, es cruzar el rio antes de ese punto y rodearlo por el lado externo. Para este momento, el muro esta casi a la mitad del trayecto para acá.
—¿Cómo puede alzar tan rapido un muro? Ni yo logro esa velocidad—recrimino Anqet.
—Es mas poderoso de lo que aparenta—añadió Serket—. La ironía es que se limite a un muro, cuando puede inundar todo un mundo. Y ya lo ha hacho en el pasado. Pero bueno, habrá que dividirnos.
—¡¿Cómo?! —exclamaron todos los jóvenes al mismo tiempo.
—Sobek está detrás del barco, este será su objetivo. Merseguer y yo los distraeremos desde aquí por medio de la ruta externa. Centraremos su atención para que todos ustedes—los señalo a todos—escapen ilesos por la ruta interna, la de cruzar el desierto lejos del muro.
El silencio domino a los chicos. Se miraron entre ellos y Nefertum fue quien alzo primero la voz.
—¡Espero, espera! ¿en qué momento nos comprometimos a cuidar de esos dos? —señalo a Tasenet y Meruel, este último le saco la lengua.
—Si—afirmo Meruel—. No necesito de nadie que me cuide.
—Que hayamos derrotado a un estúpido como Baba y tenido a nuestro favor las debilidades de Mehyt, no garantiza que libremos a Sobek con la misma suerte—regaño Serket—. El puede lidiar con todos nosotros a la vez sin hacer acto de presencia. Y la única forma de plantearle cara, es desatándome tanto como él. Lo cual los pondría en peligro. Tu—señalo a Meruel—. No tienes la experiencia, ni conocimiento para enfrentarte a un necher de ese nivel. Ustedes dos—detuvo a Nefertum y Anqet de reprochar—. Se mueven tanto en agua y tierra, son de ideal apoyo.
—¿Y nosotros que tenemos que ver con todo esto? —se quejó Nefertum. Serket alzo una ceja y Merseguer se cruzo de brazos—. Ya nos ayudamos mutuamente a ser libres, pero eso no significa que tengamos que seguir enrolándonos en este conflicto ocasionado por esa familia—miro a Tasenet. La niña se escondió entre los brazos de Merseguer—. Siento que no sea lo que esperaban escuchar, y no poder seguir auxiliando. Tengo otros problemas mas importantes que resolver primero y no pienso cargar con más—concluyo y subió al barandal con intención de saltar—. Vamos, An— extendió una mano a Anqet, que nunca le correspondió— ¿An? —volvió a verla.
Anqet se abrazaba a si misma, con la mirada puesta sobre Tasenet. Nefertum temió lo que pasaba y repitió el llamado. Anqet se froto con nerviosismo. Serket rio bajo.
—Parece que en el fondo si tienes el instinto de nosotras—aludió Serket.
Su tía fue a cargar a Tasenet. La niña cambio de brazos sin objeción y se aferró a la escorpión. Serket camino a donde Anqet. La gacela mantuvo su mirada fija en la pequeña sin perder la concentración.
—Cuando tenias la misma edad que esta niña, te paraste frente a nosotras y declaraste que eras una Ojo Solar tan autentica como tu madre—recordó Serket—. Juraste como nosotras. Te forjaste para ser defensora de Maat y proteger tanto al rey como a los niños—Anqet bajo la mirada—. Crees que caíste en deshonra el día que perdiste tus cuernos—acerco su dedo a ella y le alzo la barbilla para verla a los ojos—. Pero aun puede recuperar el valor que te da esa marca en tu espalda. Naciste con ella, y lo tendrás hasta el fin de tu existencia.
Los ojos de Anqet se humedecieron. Serket le deposito un beso en la nuca a Tasenet y dio un último abrazo.
—Esta, es la princesa Tasenetnefert, cuarta generación de la Sangre de Atum. Dual y futura esposa del heredero legitimo al trono del Bajo Kemet, el príncipe Hor—revelo Serket—. Por mi juramento al rey, pronto me vere impuesta a cazar a Hor, una vez pase su circuncisión. No podre cuidarlos más. Pero tú, tienes mas libertad por ser princesa de la Casa de Net, hija de la segunda Madona de Kemet. Por favor, cuídala mucho.
Le entrego a Tasenet, y Anqet la recibió sin objeción. La niña no correspondió con sus brazos, y en lugar de ver a su nueva cuidadora, busco a Nefertum, quien parecía resinado con la decisión de ella.
Sin decir más, Serket dio una ultima mirada ganadora a Nefertum y llamo a Meruel para que se fuera con ellos a regañadientes. Nefertum reclamo que el chico no podría con todos ellos, por eso Meruel revelo dos brazos extras que mantuvo guardados por años.
—¡¿Tú también tienes cuatro brazos como tu padre?! —se sorprendió el león.
—Si, pero no los uso salvo que se necesiten—aclaro el halcón—. Mas les vale que no pesen mucho. Y no se muevan mucho.
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